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martes, 12 de junio de 2018

LA VIÑA

Resultado de imagen de La Viña de tu corazón



Tu vida ha sido plantada para que tú, no otro, la cultive y la haga dar frutos. Frutos que no serán para ti, ni quizás tú los veas, sino frutos que estarán disponibles para el bien de los demás y ofrecidos gratuitamente. Frutos nacidos y cultivados por el calor de tu amor y el agua de tu misericordia. Frutos que te serán pedidos porque, previamente, se te han depositados en tu corazón.

Frutos que muchos esperan y que, quizás, sin saberlo los necesitan, porque el camino y orientación de sus vidas dependerá de que coman de esos frutos que esperan de ti. No los entierres en tu viña particular ni los dejes secarse. Ni tampoco los utilices para tu provecho propio, porque te han sido dados para el bien de otros que esperan por ellos.

Son tus talentos y cualidades, la viña plantada en tu corazón, para que dé frutos que sean la salvación de otros. Ponte en Manos del verdadero Labrador para que esos frutos sembrados en tu corazón den el fruto, valga la redundancia, apetecidos.

sábado, 25 de noviembre de 2017

EL GRITO DEL CORAZÓN

Hay momentos que tu corazón necesita hablar, no sólo dentro de ti, sino también al exterior. Necesita lanzar un grito de esperanza y de amor, porque no fue creado para vivir sólo dentro de ti, sino para comunicarse con otros y poder tener la oportunidad de amar. Necesita latir a ritmo de amor, y, para eso, necesita relación y amistad con otros. Y, en nuestro tiempo, cada vez se hace más difícil. El mundo se encarga de ocuparnos y separarnos.

Concretar una reunión con algunas personas. Incluso compartiendo la misma fe, nos cuesta y se nos hace casi imposible. Cuando no hay una cosa hay otra, y cuando no hay obstáculo, hay desgana o apatía. El resultado es que cada día nos separamos más. Alguien, con muy mala intención trata de cargarnos y separarnos. Y ocuparnos en muchas actividades puede ser una de esas salidas a conseguir el anhelado resultado de separarnos.

Por eso, aunque no es la solución perfecta ni la más adecuada, si puede ser una buena solución para, al menos, estar en contacto y compartir nuestra fe fortaleciéndonos y tratando de no vendernos a la seducciones con las que el mundo nos tienta. Y de, en nuestro lugar de convivencia, pertrecharnos y combatir contra esas luces con las que el mundo nos quiere encandilar y confundir.

Somos seres en relación, creados para relacionarnos en el amor, y eso nos exige juntarnos, unirnos y compartir. Se hace necesario buscar tiempo para dejar hablar a nuestro corazón y darle mucha importancia a ese tiempo. Será oro para nuestra alma y desahogo para nuestro corazón. La clave se esconde en darle la verdadera importancia a ese tiempo. 

Porque, ese es el tiempo verdadero de salvación. Un tiempo para escucharnos; un tiempo para mirarnos; un tiempo para discernir la trayectoria de nuestro camino; un tiempo para analizar el comportamiento de nuestro compromiso de amor; un tiempo para buscar espacio de relación personal y de encuentro con Dios.

lunes, 30 de noviembre de 2015

UN CORAZÓN LIBRE



A veces, por no decir casi siempre, tratamos de seguirte, Señor, llevando el mismo corazón, acomodado y endurecido. No nos damos cuenta que eso es lo mismo que correr detrás de una gacela, porque nunca la alcanzaremos. Ni tampoco, de esa forma, podremos alcanzar al Señor.

Para seguir a Jesús hay que nacer de nuevo. Nos lo ha dicho Él, no lo digo yo, pobre de mí. Y nacer de nuevo, no es volver al vientre de nuestra madre, como pensaría Nicodemo, sino transformar nuestro corazón y limpiarlo de toda atadura y contaminación mundana.

Son los criterios del mundo los que impiden ver a Dios. Porque su Reino no es de este mundo, y de no cambiar de corazón, sino continuar con un corazón mundano, nunca llegaremos a conectar con Jesús. Los santos han hecho eso, dejar el corazón del mundo, para tomar un corazón libre que, estando en el mundo, no pertenezca al mundo, sino piense y sea de Dios.

¿Nos parece difícil, no? Sí, realmente lo es, pero en el Espíritu Santo será posible, porque, ¡abramos los ojos!, para Dios no hay nada imposible.

sábado, 3 de noviembre de 2012

ESPÍRITU Y CORAZÓN

 Un sólo corazón y un sólo espíritu

Es a lo que nos referimos cuando notamos algo resaltable en las actitudes de alguna persona. Decimos: "Tiene un espíritu fuerte, decidido... o tiene un gran corazón". Y es que dentro del cada hombre, en su interior se encuentra lo más importante, lo que lo define y lo caracteriza, su espíritu y su corazón.

Porque del corazón salen todas las impurezas o purezas que el hombre fabrica, y su medida de amor se palpa desde dentro, desde lo que elabora su corazón. Y también, por su espíritu se vislumbra su humildad, su pobreza y su sinceridad. El hombre de espíritu pobre tiene su raíz en su espíritu, valga la redundancia, interior. Desde ahí enhebra todos sus actos y los conduces con sabiduría y caridad.

Porque el hombre sabio, pobre de espíritu y humilde es aquel que toma conciencia de que tiene mucho que aprender, y que sus conocimientos no dan para mucho. En otras palabras, sabe que no sabe. Sin embargo, el necio e ignorante es aquel que no se entera de que no sabe nada. Es ahí donde radica la pobreza espiritual. 

No se trata de ser apocado, timorato o acomplejado; no se trata de moverse tímidamente, no levantar la voz o sentir miedo por todas partes. El pobre de espíritu es el hombre que sabe que su vida está en Manos de Dios, y que sus pasos serán sabios y acertados si camina en el Espíritu Santo y tras las huellas de Jesús. Es ese el verdadero pobre de espíritu.

De tal forma, que aquel que sigue ese camino de pobreza espiritual y atiende a los impulsos bondadosos  de su corazón según la Ley de Dios, es el hombre que camina por el buen camino y en la senda de la verdad.



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