SOBRE IMAGENES

Este blog toma las imágenes de Google - Pinterest - para sus reflexiones sobre inquietudes y otros acontecimientos alumbrados desde el Evangelio. Pide de antemano permiso para ello y de no ser así ruego ser avisado para retirarlas.
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sábado, 27 de mayo de 2017

SÓLO CONVIERTE DIOS

Los demás, es decir, los que están a tu lado, no se fijarán en tu oración, ni tampoco en tus actos de piedad. Quizás, eso le indique que eres un hombre piadoso y creyente, pero sólo confiarán en ti y estarán seguro cuando conozcan tu vida y ella hable como y de acuerdo con tu oración.

Jesús convence, no sólo por sus Palabras, llenas de sentido, de autoridad y amor, sino porque después son refrendadas por y con sus obras. Tú, y también yo, convenceremos, no por nuestras oraciones, sino por nuestros actos y obras; por nuestra conducta y actitud; por nuestra generosidad y comportamiento; por nuestra solidaridad y comprensión...etc, y por muchas cosas más que se descubren en el amor.

Y, a pesar de todo esto, no te creas mejor que nadie ni un héroe, sino un instrumento por el que Dios, por y con su Gracia, y a través de ti, inunda de fe y convierte a esa persona, que, quizás, tu esfuerzo y respuesta de amor, en y por el Espíritu Santo, ha servido para abrirlo a la acción del Amor de Dios.

martes, 13 de enero de 2015

NO SE TRATA DE HACER MÉRITOS



A veces desesperamos por querer convencer o convertir a aquellos que se confiesan sin fe, o simplemente que no creen. Sin llegar por eso a confesarse ateos. No creo que sea bueno desesperarse, porque no se trata de que tú los convierta. El uno que puede convertir es Jesús, porque es Él el  único que enseña con autoridad, nunca falla y tiene poder sobre la vida y la muerte.

Por lo tanto, nada de desesperos ni de hacer méritos de conversiones. Porque quien tiene mérito es sólo el Señor. Él es el único admirado y altísimo sobre y en toda la tierra. Si en algún momento tu testimonio o palabra sirven para que una persona se abra a la fe, es mérito del Señor que te ha tomado como instrumento para tocar el corazón de esa persona.

Todo es Gracia del Señor, y nosotros simplemente debemos esforzarnos en ser buenos testigos y vivir en su Palabra según su Voluntad. Lo demás será obra y Gracia del Espíritu Santo que actúa en aquellos que se abren a su Gracia. Eso nos debe llenar de serenidad, tranquilidad y esperanza, porque se trata de poner todo lo que podamos de nuestra parte sin esperar nada a cambio. La conversión es cosa del Señor y de que cada cual responda libremente al amor que el Señor deposita sobre él.

Vivamos, pues, en la tranquilidad y la paz de responder de nuestra parte a todos aquellos talentos que el Señor nos ha dado, poniéndolos al servicio de los demás. Preocupándonos de ser útil a la llamada del Señor y dejando los resultados para la cosecha que sólo al Señor corresponde recoger.

miércoles, 18 de junio de 2014

LA GRACIA DEL ESPÍRITU PIDE TU PERMISO


Tamara Falcó

Ser libre implica que eres tú quien decide si dejas entrar al Espíritu Santo o le cierras la puerta. Dios, nuestro Creador nos ha dado la liberta para que seamos nosotros los que decidamos el aceptarle o no. Adán y Eva lo han rechazado, o mejor, le desobedecieron, y tocados nosotros por ser sus descendientes sufrimos las inclinaciones y tentaciones de la carne. No es fácil optar por la Vida de la Gracia, porque también juega esta partida el Príncipe del mundo, el diablo, y tiene mucho poder.

Sin embargo, Dios ha querido que seamos libres para decidir, y, hasta que no tomemos esa decisión, no actuará la Gracia del Espíritu de Dios que nos ayudará a entender, superar y ver de forma más clara que nuestra única salida es aceptar el Amor de Dios. Porque Dios Padre es Amor Inmenso que nos ama con la locura de enviar a su Hijo, el amado y predilecto de su Amor para, en Él, por Él y con Él revelarnos el amor del Padre.

Y, en nombre del Hijo, nos envía el Espíritu de Dios que se sostiene en el Amor del Padre y el Hijo. Y ese Espíritu Santo que nos busca, nos acompaña y espera que le abramos el corazón para entrar y hacer morada en nosotros. 

Así nos lo transmite Tamara Falcó en su experiencia de encuentro con el Señor. Leer más...

lunes, 16 de diciembre de 2013

SIEMPRE ES HORA DE MUDANZA

Igual que el ave mudas las plumas, tú y yo mudamos nuestro corazón. Sólo que podemos negarnos, pues somos libres. Más si lo hacemos, quizás no nos demos cuenta y sea muy lento, pero, por la Gracia de Dios, tenemos una vida, no sabemos cuánto tiempo, para mudar.

Conviene hacerlo, pues con los años se ha endurecido y no nos sirve para amar. Importa, pues, no demorar la muda, ni tampoco apurarla. Simplemente ponte en marcha, abre tu corazón, entrégalo al Espíritu Santo y Dios dirá. El camino te irá hablando y enseñándote lo que Dios quiere de ti. Tú, simplemente, entrégate.
Igual que el ave mudas las plumas, tú y yo mudamos nuestro corazón. Sólo que podemos negarnos, pues somos libres. Más si lo hacemos, quizás no nos demos cuenta y sea muy lento, pero, por la Gracia de Dios, tenemos una vida, no sabemos cuánto tiempo, para mudar.

Conviene hacerlo, pues con los años se ha endurecido y no nos sirve para amar. Importa, pues, no demorar la muda, ni tampoco apurarla. Simplemente ponte en marcha, abre tu corazón, entrégalo al Espíritu Santo y Dios dirá. El camino te irá hablando y enseñándote lo que Dios quiere de ti. Tú, simplemente, entrégate.
Es posible que no adviertas la caída de tus plumas, pero tus huellas ponen al descubierto, como el cabello se vuelve blanco, que cada día tu corazón se hace más blando y carnoso. La piedra muere y se hace carne, comida para que otros mejoren y recuperen sus esperanzas.

Y sin saber cuándo ni cómo, tu imagen se va pareciendo a Aquel que buscas y a quién quieres parecerte. Es el camino y la mudanza; no te pares y acompáñate para que no vayas solo, pues solo es imposible amar y si no amas serás piedra siempre. 


Si no mudas tu corazón, como el aguila muda las plumas, no encontrarás el camino que lleva a Jesús.

domingo, 28 de octubre de 2012

¿TÚ CONVERSIÓN DEPENDERÁ DE MÍ?

. ¿Cómo Vencer el Temor para Testificar? Muchos Cristianos tienen
Es algo que no sé, ni sabré nunca, pero es una posibilidad que el Espíritu Santo haya descargado esa misión en ti o en mí y dependerá de ti o de mí que nos esforcemos en dar todo lo que nos ha sido entregado para con nuestra palabra y testimonio dar fe y vida de nuestro Señor Jesús.

No sabremos nunca si un gesto o palabra haya calado tan profundamente en el alma de alguien que nos observa o escucha que desde ahí pueda llegar al encuentro con Jesús. ¡Nunca lo sabremos! Sin embargo, eso debe ser un arma que nos impulse a no desfallecer y a continuar nuestra labor.

Ya no nos hace falta estimularnos con las visitas, los comentarios o cualquier otro estimulo. Solo Dios basta. Y el gozo de poder servirle, como instrumento de mediación para otra persona, es la llama que nos hace seguir en el camino. Eso debe de ser suficiente como para continuar el camino y seguir en unidad dando testimonio de vida y palabra.

Por eso, caminar juntos es bueno, gozoso y estimulante, pero sobre todo fortalece, porque vigoriza nuestra fe y, al compartirla, la hace más sólida y solidaria. Nunca solo es bueno hacer el recorrido porque en comunidad se hace presente el dar y recibir, y eso da nacimiento al amor y en el amor está Jesús.

Ahora que hacemos caminos juntos, emprendemos una aventura gozosa de encontrarnos en él con Jesús en muchos lugares y estaciones. Porque cada vez que tengamos la oportunidad de compartir estamos también compartiendo con el Señor.

Y ese criterio debe ser, apoyado en el Espíritu Santo, la fuerza y el ánimo que nos impulse en este mundo bloguero a continuar el camino de evangelización, porque Jesús nunca se cansará de acompañarnos, de animarnos, de impulsarnos, de hablarnos, de fortalecernos, de empujarnos, de darnos sabiduría y luz, de asistirnos y llenarnos de perseverancia, de constancia. 

Jesús camina con nosotros y eso nos basta. Amén.

lunes, 21 de noviembre de 2011

SIN DIOS NO HAY SALIDA

Qué importante es descubrir en la actualidad que sólo Dios responde a la sed

Puedes buscarlo, negarlo e incluso rechazarlo. Puedes hacer lo que te plazca, pues se te ha dado la libertad de poder hacerlo. Obsérvate como el único animal racional, y por eso, con tu racionalidad, eres el único que puedes plantarte ante tu Creador y no sonreírle, negarle y darle la espalda. Ningún ser viviente tiene esa libertad ni esa capacidad. Sólo tú.

Pero, en virtud de ese atributo también se te pedirán responsabilidades y tú mismo, llegada la hora, harás tu propio juicio. Porque, por mucho que te escondas, como hizo Adán, verás tu propia desnudez y sentirás tú remordimiento y el peso de tu propia culpa. Intentarás señalar a otros como culpables de tus propios actos, pero nadie te podrá librar de tus responsabilidades. Serás tú tu propio juez.

En lo más profundo de tu ser, de tu propio corazón, anhelas ser feliz, pero no una felicidad, aunque te confundes con las cosas de este mundo, fugaz y temporal, sino una felicidad plena y eterna. Buscas y buscas, pero no la encuentras, y tu dilatada vida te va indicando que aquí será imposible. Aquí significa en este mundo.

Sin embargo, sientes dentro de tus entrañas que estás llamado a la vida, a la vida eterna y plena de felicidad. ¿Dónde está?, te preguntas. Sin embargo no buscas lo suficiente, ni con el mayor interés y empeño. Es algo contradictorio, porque cuando algo tan importante, como es la vida para siempre y plenamente feliz, está en juego, tú pones el empeño y esfuerzo necesario. Sin embargo, no ocurre así. Se pierde el Tesoro eterno y se cambia por basura y chatarra temporal y caduca. Realmente estamos ciegos.

Este vídeo que a continuación expongo y que he recogido de Buigle, recoge la necesidad que el hombre tiene de darle sentido a su vida, y, tarde o temprano, pasará eso, porque sin DIOS la vida pierde todo su sentido. Estamos hechos para la vida, y, morir, no como paso de esta vida a la verdadera, sino morir para siempre, que depende de ti, sería un grave error. Sólo tenemos que despertar. Y este vídeo nos puede ayudar. Les dejo con él.

sábado, 29 de octubre de 2011

METANOIA, CONVERSIÓN ES VOLVERSE NUEVO


A la hora de seguir a alguien o de cambiar de hábito se suele permanecer en la misma situación o continuar con el mismo ritmo y rutina de vida. Y eso es pedirles peras al olmo. Siempre he defendido que el mayor peligro, de un adicto a cualquier sustancia, se presenta en el momento de su integración a la normalidad de la vida. Mientras permanezca en el ambiente de rehabilitación, la perseverancia está garantizada.
Las dificultades empiezan a la hora de enfrentarse a la vida diaria. Son los momentos de las tentaciones, de la autodisciplina, de la firmeza y la renuncia. Es volverse al revés como el pulpo y empezar de nuevo, como volver a nacer. Hay que romper con el ambiente y cambiar de mentalidad.

Igual ocurre con la vida espiritual. Seguir a JESÚS implica un cambio de valores y mentalidad. No se puede intentar seguirle en una pactada connivencia con los hábitos actuales y los criterios de este mundo. Hay que romper con todo lo viejo que encierra a nuestro corazón en una coraza de piedra, atenazado por los apegos, hábitos y costumbres que lo encadenan y lo ciegan.

Es necesario romper con todo aquello que esclaviza a mi razón, a lo que estoy unido, con lo intrascendente, con lo material, lo inmediato, lo caduco y perecedero, porque en ellos no se encuentra la felicidad. Porque no buscamos una felicidad para el momento, para un tiempo, sino que buscamos lo eterno, lo duradero. Y eso no anda por aquí en este mundo. No hay nada ni nadie que nos lo proporcione. No somos de este mundo.

Parecemos ciudadanos de una tierra sin horizontes y sin futuro. Porque todo lo acumulado tiene fecha de caducidad, incluso nosotros si nos apegamos a ello, y nada tiene sentido. ¿De qué me vale tener ahora si mañana no tengo? No tiene buena lógica eso, pues pan para hoy, y hambre para mañana no nos resuelve nada.

Necesitamos levantar nuestra mirada a la eternidad, dar prioridad a lo eterno, porque eso es lo que sentimos y queremos. Valores que permanezcan en el tiempo y llenen nuestra vida de esperanza. Valores cargados de espiritualidad que den sentido pleno a nuestra vivencia diaria,  como la familia, la amistad, la justicia...
Indudablemente que ese cambio exige una metanoia, y esa metanoia exige esfuerzo, lucha contra corriente, renuncias, sacrificio. Se hace estrecha la puerta y, para entrar, no se nos permite llevar la mochila del bienestar, de las comodidades, del éxito, del poder, de la ambición... Tenemos que andar ligeros y despegados, porque la puerta se estrecha mucho y, llenos de cosas, las huellas de JESÚS se nos pierden.

Realmente, beber de la metanoia se hace amargo y muchas veces se nos atraganta el digerirla. Pero se hace necesario para curarnos, para continuar firmes el camino. ÉL es el centro, no nosotros. Y ÉL cargo con esa Cruz que tanto nos cuesta beber y llevar. Necesitamos cuidar más la paz interior que las cuentas bancarias. Ese es el cambio que necesitamos. Estar caminando en medio y con los dos nos atascará el camino, y seguro, nos perderemos.

Sólo así estaremos en la disponibilidad de convertir nuestro corazón de piedra en un corazón de carne. Un corazón de carne prometido por el SEÑOR, y, en ÉL, seguros de conseguirlo: "os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne (Ez 36, 26)".

Un corazón endurecido por el racionalismo, orgulloso, superior, engreido, vanidoso y autosuficiente... por un corazón de carne, pobre, sencillo, humilde, tierno, suave, cordial, obediente...etc. Fuera de  individualismo, de superioridades, de seguridades, de fuerzas, de madurez orgullosa que nos conducen a posturas egoístas, cobardes, inconfesables, temerosas de la verdad...
Tenemos que hacernos como niños, necesitados de un PADRE, limitados, sujetos a equivocarnos, necesitados de ayuda, de compartir, de ser asistidos, enseñados...etc. Tenemos que morir a ese hombre viejo, y resucitar en el hombre nuevo llamado a vivir eternamente.

sábado, 5 de febrero de 2011

¿DÓNDE TIENES TU CORAZÓN?


Nuestro proceder obedece a ciertas motivaciones y deseos que pululan en nuestro corazón. Nos conducimos por la vida siguiendo los impulsos de las cosas que guardamos en nuestro corazón. Nuestro tiempo depende y es para las cosas que llenan nuestro corazón. De esta forma, todo lo que hagamos está y llena nuestro corazón.

Si nuestro corazón guarda deseos de grandezas, ambiciones y riquezas, estaremos inclinados a poner esos objetivos en el punto de mira de nuestra vida. Y esa será nuestra meta a alcanzar, así todo lo que nos rodea queda en un segundo plano y supeditado a conseguir lo que anhela mi corazón.

Si, por el contrario, mi corazón guarda deseos de ser admirado, de ser deseado y centro de todo lo que me rodea, estaré movido a trepar en prestigio, fama y logros que me ayuden a ser admirado por los demás. Si pongo todo me empeño en considerar que la felicidad me la da el trabajo, la pasión, el juego, el ocio, el deporte...etc., todos mis afanes estarán inclinados a conseguir esos objetivos. Todo será según lo que contenga mi corazón.

Y si lo lleno de DIOS, ÉL será mi todo y mi meta. Es entonces cuando descubro que la felicidad consiste en hacer de mi vida finita una vida infinita. Es decir, la vida que se me ha dado es para no perderla sino para llegar, a través de ella, a conseguir la Verdadera, que empieza con la muerte. Morir es entonces vivir. No hay nada que temer, ya lo han dichos nuestros últimos Papas.

Entonces despertamos, abrimos los ojos y observamos que el amor, lo que buscábamos, está a nuestro lado. Nada puede sustituir al calor humano, al gesto, a la sonrisa, a la verdad que nos hace y despierta la solidaridad, la comprensión, la comunicación, el diálogo, el afecto, el cariño, la verdad, la humildad...etc., o lo que es lo mismo el amor.

¿Dime donde gastas tu tiempo y dinero y te diré lo que guardas en tu corazón?

miércoles, 19 de enero de 2011

LA MEDIDA DE NUESTRA FE

... medida de nuestros diezmos y ofrendas no dicta la...

Iba caminando y durante el camino mi mente va y viene discerniendo todo lo que le entra por los ojos y por la experiencia de lo vivido en el momento. Había ido a comprar pan, un pan especial hecho con levadura madre, y en el regreso, de repente, mi mente fue asaltado con el pensamiento de desprenderme del pan comprado ante la petición de un indigente que me lo pidiera.

Experimenté que no estaba tan dispuesto a entregarlo, pues era el pan para el fin de semana y no se encuentra a la vuelta de la esquina, pues he de ir a buscarlo a un sitio determinado porque no se encuentra en todas partes. Pensé en la multiplicación de los panes y peces y observé que el joven de los cincos panes y peces podría haber pensado lo mismo.

Mi fe descubrió su medida y su entrega. No estaba seguro de responder y me dije: ¡Cuanto camino me queda por recorrer! Pero lo importante es darte cuenta, ¡conocerte!, de como está tu disponibilidad, hasta donde llega tu desprendimiento y a qué estás dispuesto. Inmediatamente te das cuenta de donde te encuentras y de que necesitas mucha Gracia y fuerzas para poder remontar tus propios apegos.

En breves segundos experimentas una debilidad de vencido, de bajar los brazos, de levantar la mirada en plan de protesta y, con rebeldía, clamar porque no puede ser, porque es imposible, porque no se puede. Pero, aguantada esa tempestad y abandonado en ESPÍRITU, renace la esperanza de que en, con y por ÉL todo se puede.

Poco a poco renace tu fe y la esperanza de que todo llegará en el SEÑOR, porque de ÉL nos viene todo y en ÉL encontraremos la fortaleza y sabiduría para entregarnos totalmente. Podríamos decir, junto con el leproso, ¡SEÑOR, si tu quieres puedes hacer que venza mis apegos y egoísmos! Y la única condición es que tú quieras y te entregue con esperanza y paciencia, porque querer es creer y creer es esperar, confiar y mantenerte firme hasta que llegue lo esperado.

Podemos ser santos porque hemos sido creados para eso. No como nosotros queremos, pero si los santo que quiere DIOS que seamos. Cada cual tiene sus talentos y su misión, y en eso consiste ser santo, hacer y cumplir la misión que DIOS quiere de ti.
Ahora, con la noticia de la beatificación de Juan Pablo II, vibramos de alegría y nos congratulamos gozosamente en la esperanza de que todos podemos aspirar a la santidad. Y no pensarlo y desearlo significa no tener fe, o tenerla en una medida muy mediocre e instalada. La fe es la aspiración a ser santo por la Gracia de DIOS y no desear eso es desconfiar de, en ÉL, poder lograrlo.

Pero, no perdamos de vista, que ser santo no es hacer grandes prodigios ni heroicas hazañas, sino simplemente cumplir la Voluntad del PADRE, como hizo José y la humilde y sencilla María. Todo lo demás que pueda acontecer es ya cosa de la Gracia de DIOS.

sábado, 25 de diciembre de 2010

NO HAY ESTRUCTURA JUSTA SIN SERES HUMANOS QUE QUIERAN SER JUSTOS.

Feliz NAVIDAD

Sin lugar a duda, todos queremos la justicia y la paz. Me atrevo a decir que todo ser humano, aún los más revolucionarios e irracionales, en lo más profundo de su alma desean la justicia y la paz, porque, esa, es una de las aspiraciones intrínseca a la propia naturaleza humana.

Toda persona humana, si fuese capaz de abrirse y seccionarse interiormente, y derramar todos sus pensamientos y deseos más profundos, descubriría la aspiración más profunda de desear ser feliz y eterno, y eso sin paz y justicia sería una utopía.

Ahora, por mucho que este sentimiento conviva y permanezca en nosotros, no podrá nunca aflorar si no hay en nosotros una actitud de desenterrarlo y emergerlo a flote, a la superficie de nuestra vida, aplicándolo en nuestra convivencia diaria. No basta con proclamarlo y manifestarlo, si, más tarde, no se concreta. Posiblemente, el Mensaje de JESÚS no corre ni contagia como debiera porque no se vive como se debe.

Y en eso todos nos sentimos publicanos y pecadores, porque, no sólo lo sentimos, sino porque lo somos. Somos criaturas débiles y pecadoras. Propensas a fallar en nuestros más puros y buenos sentimientos, porque nos sentimos atraídos por poseer, por ser los más fuertes, por ambicionar las mayores riquezas, por soltar y dar riendas sueltas a nuestras más bajas apetencias carnales, por afirmar nuestro orgullo, nuestra vanidad y deseo de dominio.
Esas actitudes humanas y pecadoras son las que nos llevan a equipararnos a DIOS y rechazar sus proyectos y mandatos. Nos sentimos fuertes y capaces de hacer las cosas y satisfacer nuestros buenos deseos por nosotros mismos. Y, pronto, experimentamos que caemos en nuestra propia trampa. Somos víctimas de nuestras propias vanidades y ambiciones.

Experimentamos que somos incapaces de vencernos y quedamos sometidos y esclavizados a nuestras propias pasiones. Tomamos conciencia que no puede haber estructura justa si yo no me esfuerzo en ser justo y en aplicar, a mi propia vida, esos pensamientos y deseos de aplicar la justicia y la paz. Porque sólo eso hará que el mundo empiece a ser mejor, primero, en la parcela donde yo me muevo y, después, por contagio, en otros ambientes.

De esta manera, como por arte de magia, el mundo iría cambiando y posibilitando que la paz y la justicia sean proclamada y vivida. En estos momentos, especialmente hoy, donde se proclaman buenos deseos de paz y justicia, no deben quedar, como desgraciadamente siempre ocurre, en simples palabras vacías sino en sistematicos hechos que vayan aplicando y transformando la vida en un espacio de convivencia, justicia y paz más real y verdadero.

Y eso exigen una conversión, un vuelta de rosca a mi corazón donde los últimos sean los primeros; donde lo primero sea la educación, el fomento de virtudes, la búsqueda del bien libre, porque se es libre para hacer el bien; el pleno y responsable amor, porque amar es ser fiel y servidor durante toda tu vida, no por una temporada egoísta o cuando tus sentimientos instintivos y carnales demanden otra pareja o satisfacciones.

Y eso exige una mirada más atenta y protectora de la célula fundamental de los pueblos: "Las familias", de la vida y procreación de los hijos, de las libertades a educarlos y buscar lo mejor para ellos. Eso exige ser serio y querer lo mejor para tu pueblo.
Ahora, ¿dónde encontrar esa estrella que nos ilumine y nos guíe por ese camino? La pregunta es: ¿Somos capaces nosotros de lograrlo por nosotros mismos? ¿La experiencia de miles de años qué nos dice? ¿Experimentamos esperanza de lograrlo o sentimos necesidad de Alguien que nos guíe? 

¿Sabemos de dónde venimos y a dónde vamos? Porque si no lo sabemos estamos perdidos y, perdidos, nos sentiremos fracasados, vacíos y avocados a la depresión y... Al final todo queda reducido a lo siguiente: "Lo que gané no lo tengo, lo que tengo lo perdí, sólo tengo lo que di". Eso es precisamente lo que quedará de mi vida y sólo tendrá valor lo que haya dado de forma desinteresada y gratuita en aras de una mejor justicia y paz.

sábado, 3 de abril de 2010

¿ES ÉSTA MI CRUZ?


Siempre he pensado que seguir a JESÚS comporta sacrificio y dolor. Y siempre, he pensado también, aunque con oscuridad y confusión, que la vida de un creyente cristiano es un misterio de gozo en el dolor. Porque se hace difícil entender que seguir al sacrificio y dolor pueda comportar alegría y gozo. Un cristiano triste no pega, ya que la tristeza significa frustración y fracaso, y un cristiano se caracteriza por el triunfo de la vida sobre la muerte, por tanto, alegría y gozo en el dolor y en el sufrimiento porque ellos no tienen la última palabra.

¿Cómo estar sereno, tranquilo, en paz y, por lo tanto, en un gozo y alegría contenida sufriendo? Ese es el misterio de todos los que han alcanzado a experimentar la Cruz y compartirla en el SEÑOR. Porque no se puede entender, a lo largo de la historia, tanto dolor, tanto camino contracorriente, tanto valor ante la adversidad, ante el martirio, ante la renuncia, aún a juego de la propia vida, ante las dificultades, pasiones, tentaciones, burlas, ofensas, violencias, y muchas cosas más, sin una Gracia especial que convierta todo eso en una dulce dolencia con sabor a música celestial y a esperanza eterna.

Un cristiano, cuando ha experimentado el encuentro real con JESÚS, sabe que su vida va a estar apoyada en tomar, bendecir, partir y entregar. Porque eso fue lo que hizo su Maestro y SEÑOR JESÚS. Tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos.

Tomó el pecado de cada uno de los hombres y cargó con la culpa de todos para que pudiésemos ser perdonados y salvador en la presencia de DIOS PADRE. Y tomar es, no solamente coger, sino hacer suyo la culpa de los demás y pagar por ella hasta el extremo de dar su propia vida. De la misma forma, yo tengo que tomar la culpa de todos los que están a mi alrededor, de todos los que se cruzan en mi camino, de todos los que forman parte de mi relación diaria, de todas mis responsabilidades, de todos mis actos, de todo el bien que debo y puedo hacer por los demás.

Y eso pesa, se hace molesto, complica, compromete, desinstala, nos saca de nosotros mismos, nos llaga y preocupa. Y no queda todo ahí, sino que ese dolor de lucha contra nuestras propias apetencias y comodidades lo tenemos que bendecir, que aceptar, que tomarlo con voluntad libre de llevarlo a nuestros hombros, a nuestras espaldas, crucificarnos en él.

Pero, ese toma y bendecir, tengo que partirlo, ( partilo con = compartir) , con los que, como yo, están necesitados también de tomar y bendecir, para que en nuestro compartir nos podamos aliviar los unos a los otros. Tanto el tomar como el dar necesita un acercamiento y una voluntad libre de compartir todo lo que hemos recibido y se nos ha dado gratuitamente. Gratuitamente porque al final todo se queda de nuevo aquí, y nosotros regresamos de la misma forma que hemos venido.

Por lo tanto, al regresar, si no hemos ofrecido todo lo tomado; si no hemos bendecido tolo lo tenido; si no hemos partido y compartido todo lo que se nos ha puesto en nuestras manos y, por lo tanto, entregado todo hasta el extremo de dar nuestra vida cargando con esa Cruz, nuestro encuentro con JESÚS no ha sido entendido, ni escuchado, ni obedecido, ni aceptado. Sólo hemos seguido nuestra voluntad, pero no la de ÉL.

Y nuestra alegría y gozo no llegar a explotar ni a manifestarse eternamente. A lo sumo exulta en breves momentos como resultado de efímeros sucedáneos temporales, caducos que, falsamente nos engañan pero que nos dejan vacío, tristes, sin sentido y rumbo. Sólo una vida de Cruz, al igual que JESÚS, nos señala el Camino de la Resurrección, porque para Resucitar primero hay que morir.

Es un contra sentido, pero es, porque los criterios de JESÚS no son los nuestros ni los del mundo. Por eso lo mataron, porque no entendieron el DIOS que ellos querían entender; el DIOS que ellos habían entendido y deseaban encontrar. Un DIOS amor que en el parto da la vida por su hijo se hace duro y difícil de entender, pero, cuando se ama como un verdadero padre y madre, se hace y se comprende, y se encuentra el verdadero gozo de felicidad que esconde el verdadero amor.

miércoles, 24 de febrero de 2010

ES LA HORA DE CAMBIAR, ¡CONVIRTÁMONOS!


Se nos va el tren y cuando nos demos cuenta hemos perdido la oportunidad de subirnos. Puede ocurrirnos que nos estemos entreteniendo demasiado en esperar signos que nos den la suficiente garantía de que este es el camino a recorrer, porque realmente, todavía, no estamos convencidos. Diríamos que nuestra situación está en la disyuntiva de mirar a un mundo que no nos llena plenamente, pero que tiene su encanto y nos gusta, y el interrogante que, nacido de nuestro interior, de nuestra propia esencia, nos interpela por una vital trascendencia que arde en nuestro corazón.

Sin saber por qué nos encontramos divididos, interrogados, enfrentados, llamados a discernir y elegir un camino. Llegados a este punto, el más fácil, cómodo y divertido, también más barato, es el que tenemos delante. Es de resultados inmediatos, presente, nos satisface y nos gusta. Presenta inconvenientes, pero los aceptamos como parte integral del mismo y lo asumimos desde la lucha, el sacrificio y el esfuerzo. ¡Es la vida, decimos, y nos consagramos diariamente a la tarea!

El otro es, aparentemente más lejano. No se ve muy claro y sus resultados están escondidos detrás del esfuerzo, del trabajo, de la renuncia, de la lucha, incluso con más riesgos que la cosecha, pues no sólo depende de que llueva o no, sino que nunca sabemos que resultado va a tener. Es más, no se corresponde nuestros esfuerzos con los resultados que esperamos, y siempre estaremos en el filo de la navaja teniendo como respuestas los fracasos, incomprensiones, mentiras, engaños, traiciones, deshonores,.. todo lo que queramos imaginar.

Puesta las cosas así se entiende que, a la hora de elegir, pidamos garantias y signos. Es lógico y normal desde nuestro punto de vista humano, y por eso lo manifestamos y, hasta cierto punto, lo exigimos al Creador: "si quieres que crea envíame signos de tu poder y amor". Hace días se nos hablaba de que a ÉL mismo le habían hecho esa propuesta en su etapa de preparación en el desierto. Y hoy se nos habla de que nos presente sus credenciales en signos y señales.

En esta reflexión que me brota de lo más profundo de mi ser, y en el intento de responderme afianzado en mi fe, por la que doy gracias a mi DIOS, busco respuestas que me hagan discernir y elegir el camino verdadero. Y no hay otro sino ÉL, porque de no ser así seríamos seres determinados, como los animales, y no libres. ¿Para qué la libertad si estoy pidiendo que me digan lo que tengo que hacer? Si quiero ser libre tendré que usar esa capacidad y, por lo tanto, fiarme de quien me habla con la verdad y no con la mentira.

Y creo que está claro, queridos amigos. La Verdad no está en este mundo, y en eso no voy a pararme ahora porque creo que no hace falta. Está más que claro. que el agua. La Verdad sólo está en Aquel que ha sido capaz de morir en el acto más político del mundo, muerte de Cruz, por defender la libertad del hombre como bien de todos. Y eso supone tener claro el camino a elegir. Los habitantes de Nínive así lo entendieron.

jueves, 18 de febrero de 2010

SI NO HAY TRASCENDENCIA, NADA SOMOS.


Sí, estoy de acuerdo en que estamos en la tierra y que sentimos sed, hambre y muchas necesidades perentorias, tan necesarias como el aire que aspiro para poder sentirme vivo hasta la próxima bocanada que, espontáneamente, tomo de nuevo de la abundante atmósfera que me lo regala. ¿Qué pasaría si mis agradecidos pulmones sintieran el vacío y la carencia de aire repentinamente?

Puedo decir que tengo esa respuesta, pues la he experimentado cuando sufrí mi desvanecimiento, muerte súbita, que me dejó fuera de este mundo unos veinte minutos. No sé si afortunadamente o desafortunadamente fui devuelto a este mundo, pues después de leer el libro de María Vallejo- Nágera, "entre el cielo y la tierra", mis dudas o deseos han sido tentados.

De cualquier forma, mi regreso lo interpreto como un volver a terminar lo que el SEÑOR desea que termine, y en eso estoy. Temeroso por no ser capaz de responder a la confianza que ÉL ha depositado en mí, pero, al mismo tiempo, confiado en, con su Gracia y en el ESPÍRITU, pueda conseguir responderle. Desde ahí, todo tiene sentido: la oración, el ayuno, la limosna, el compartir, el comentario, la solidaridad, el acompañamiento, la renuncia, la humildad, el desapego, el sacrificio, el último lugar, la paciencia, la suavidad, la comprensión, la bondad...

Y, para todo eso, se hace necesario aprovechar nuestro tiempo, el ahora, tiempo de Cuaresma, que nos prepara para entrenarnos, para fortalecernos, para intimar y tomar confianza, para desprendernos de tantos ruidos, distracciones, voces, tentaciones, compulsiones, apegos... que no tienen otra salida que decesos y endriagos que nos someten y destruyen.

Pero, unido a todo esto, y en lucha constante, el ser humano es algo más. No sólo se puede quedar en lo que necesita su corporalidad, sino que necesita mirar más allá de lo que tiene delante e interiorizar en su necesidad trascendente que le da sentido a todo su ser integro. Si esa introspección el ser humano está perdido, porque no es sólo pan sino también espíritu. Y como tal, ambos necesitan educarse, desarrollarse y trabajarse.

A lo largo de la historia, se ha creído, con frecuencia, que la creación de instituciones bastaba para garantizar a la Humanidad el ejercicio del derecho al desarrollo. Desafortunadamente, se ha depositado una confianza excesiva en dichas instituciones: lo afirma Benedicto XVI, en su encíclica social Caritas in Veritate, y añade: "En realidad, las instituciones por sí solas no bastan, porque el desarrollo humano integral es ante todo vocación y, por lo tanto, comporta que se asuman libre y solidariamente responsabilidades por parte de todos.

Pero el Papa no deja ahí su reflexión. "Este desarrollo - continúa - exige, además, una visión trascendente de la persona, necesita a DIOS: sin ÉL, o se niega el desarrollo, o se le deja únicamente en manos del hombre, que cede a la presunción de la auto-salvación y termina por promover un desarrollo deshumanizado.

Y esto no es una simple quimera, sino la propia realidad existencial del ser humano. No creo por lo que dicen, ni oigo o escucho, creo porque experimento, por mí mismo, que lo que siento en lo más profundo de mi ser es lo que quiero hacer y lo que me hace feliz. A pesar de que no siempre lo logro, porque hago lo que no quiero, me someten mis pasiones corporales, pero quiero lo que no hago, y me esfuerzo en ello porque ahí encuentro el gozo y la dicha.

Y eso sólo me lo ofrece JESÚS, no sólo porque ÉL lo sabe y me lo propone, sino porque es la verdad que subyace en mi corazón, sellada a fuego, y es lo que más deseo aun sin saberlo. Por eso, San Agustín llegó a descubrirlo y a inmortalizarlo al decir: mi alma intranquila no descansará hasta llegar a TI, mi SEÑOR. Y todo lo que no sea eso es mentira y construir sobre arena.

Ocurre que en la medida que más se adentra en la mentira, lo falso, lo demagógico, más se avanza en continuar haciendo más, valga la redundancia, de lo mismo. Aún sintiendo que te hundes, más ayudas a hundirte. Es el camino soberbio de la irrefrenable soberbia y de la incapacidad de reconocerte tus limitaciones y humanidad pobre. Y, paradógicamente, DIOS sólo te pide eso, lo único que tú tienes: "tus pecados". Tanto es su Amor que espera tus desechos para convertirlos en alegría, felicidad y eterno gozo en su presencia.

Aprovechemos este tiempo de salvación y confiemos en el regalo que DIOS, nuestro PADRE, nos ofrece dándonos la oportunidad de creer en el Evangelio y convertirnos.

lunes, 28 de diciembre de 2009

DE JESÚS DE NAZARET A PAPÁ NOEL


Los enemigos de la fe saben perfectamente cuáles son las fechas más queridas para los cristianos y que viven con má ilusión. Saben que la Navidad es una ocasión pintada para minar la resistencia de los creyentes y abatir su fe. Pero detrás de toda esta ofensiva de siempre se esconde una pregunta que me viene hoy, día en que se recuerda la muerte de cientos de niños al filo de cuchillos y espadas, a mi mente: ¿Por qué se persigue con tanto ardor y a muerte a los creyentes católicos?

Inmediatamente surge la respuesta firme y veráz que, el mismo JESÚS, nos dijo: "Seremos perseguidos como ÉL", y así ha sido durante todos estos dos mil nueve años que llevamos. Nos persiguen como fieras, nos maldicen y nos insultan. No somos respetados en nuestra libertad de educar a nuestros hijos según nuestra fe; no somos respetados en celebrar nuestro culto y ritos litúrgicos según nuestra fe y tradición.

Se ataca la estructura familiar, comunidad de vida y amor de los valores cristianos; se destruye la unión sagrada, indivisible y única de un hombre con una mujer injertados en el Amor de JESUCRISTO, que garantiza la indisolubilidad y la perseverancia ante todos los obstáculos que la vida les va presentando.

Se intenta desmantelar todo signo visible que haga referencia a JESÚS, tal es el Crucifijo, donde fue crucificado y muerto. Se intenta erradicar toda enseñanza de su vida y obra, y de toda palabra que nos hable de su amor por el hombre. Es algo que les atormenta y hacen de sus vidas todo un empeño en conseguir tal fin.

Han matado, como es el caso de esta fecha de hoy, incluso a inocentes; han quemado Belenes, como el de hace unos días en un determinado pueblo; siguen matando a niños indefensos, acorralados en el seno de sus madres. Ellos no pueden ni correr como los de Belén y sus alrededores. Sin embargo, JESÚS sigue naciendo en muchos corazones y ardiendo la llama del Amor que alimenta la búsqueda de la Verdad y la justicia entre los hombres y mujeres del mundo.

Y esto ocurre en todas partes del mundo. En nuestro propio país, España, y en otros sitios de forma más violenta fisicamente, pero no por eso más duras y trágicas. Sufrimos el acoso de ver como nuestros hijos son arrastrados a un desenfreno material, consumista, sexual, corrupto de valores y de degeneración, viciados por las drogas y sometidos a las apetencias irracionales de la carne y la dependencia.

Y nos impiden, o tratan de impedirnos que exijamos nuestros derechos de libertad a defender nuestros valores, que son los únicos que hacen al hombre más libre, más persona, más verdadero y, por consiguiente más feliz. Y debemos estar seguro de ellos y confiados, asistido por el ESPÍRITU, de convencer a todos aquellos que piensan de otra manera, pues su camino es de desolación, tristeza y muerte. La única libertad está contenida en la Única Verdad, encarnada en JESÚS.

Se hace necesario estar atentos a todos estos pasos y artilugios que nos introducen, que tratan de ir minando nuestra tradición y nuestra fe en pos de conseguir el desmadre del consumo, del placer, del bienestar acomodado y egoísta, de la individualidad, de la libertad mal entendida, de la fiesta y alegría pasajera, sustentada en el alcohol, sexo, dinero, drogas...etc. que encarna la paganizada figura de Papá Noel mezcladas con el Happy New Year.

Hay detrás de todo esto una aparente presentación de bondad, de solidaridad que sólo persigue consumir y consumir. También, los cristianos, debemos tener mucho cuidado con el mercantilismo a que nos someten la figura de los Reyes Magos. Papá Noel y Los Reyes son banderas desbancadas de su propia intención, para utilizarlas en agentes comerciales que sirvan a los intereses productivos de una sociedad que sólo mira las cajas, la riqueza, el poder y la fiesta.

No quiero, en mi vivencia, experimentar el sentimiento de que todo es malo y debe excluirse. Al contrario, experimento desde mi niñez con gran satisfacción todo ese mundo mágico y maravilloso de ilusiones y regalos que nos alegraban y nos hacían sentirnos mejores y con deseos de serlos. Pero, debemos conservar esta pureza de pensamiento e intención, y cuidarnos de no caer en los extremos de lo que, al parecer, estamos cayendo.

Sólo trato de alertar y llamar la atención a lo que todos, creo, estamos presenciando año tras año. Y experimentando como nuestro mundo sencillo, bien intencionado, solidario, justo, cargado de amistad, verdad y amor, se va estropeando en sus más importantes cimientos: los niños.

domingo, 24 de mayo de 2009

¿ES NUESTRA VIDA ASCENDENTE?


Me pregunto que está pasando en mí, y me hago esa pregunta porque si mi amistad con JESÚS no se concreta en unas consecuencias que se hacen obras y realidad, algo debe estar pasando en mí. Porque el encuentro debe concretarse en un estilo muy singular y práctico: el amor. Y el amor no puede quedarse en un concepto y buena intención, sino que debe plasmar mi estilo de vida.

Y ese estilo de vida tiene un modelo referente que marca claramente cual debe ser mi trayecto y mi progresión. Por eso, cuando me paro en el camino de cada día y me esfuerzo en revisar mi estilo de vida y mis avances, me acuerdo mucho de lo que público aquí y comparto con ustedes, porque mis palabras deben dar paso a mis obras, como predica iskander, un buen amigo, que testimonia su fe con obras.

Y nada vale esconderlo, no mirarlo o pasar de puntilla, porque al SEÑOR no se le puede engañar, y de nada, sabido es, vale una fe sin obras, porque las obras delatan que realmente no hay fe. Y esa es mi constante preocupación, mi compromiso tiene que aterrizar en obras que testimonien lo comprometido. Más, el amor del PADRE, que JESÚS nos ha manifestado y enseñado, no nos señala acusadamente, sino nos mira con ternura, con animo y con bondad, para que nos sepamos perdonados, esperados, queridos y reemprendamos el camino con total confianza.


No debemos desesperar, porque desespero equivale a desconfianza, sino confiar e irnos entregando en el esfuerzo de mejorar y de avanzar. JESÚS nos enseña el camino. ÉL bajó, hecho hombre, a este mundo donde abunda el pecado y la injusticia, pero lo penetró de su Gracia y lo llenó de alegría y esperanza para todos aquellos que confían y creen en ÉL.

Y, una vez en él, nos enseña a subir, de Galilea a Jerusalén, de lo humano a lo sobrenatural, de lo concreto de cada día: nuestra vida, nuestro alimento, nuestras relaciones, nuestras justicias, nuestro compartir, nuestro respeto, nuestra libertad... a los valores, a lo espiritual. ÉL se cargó con todas las limitaciones de nuestro mundo y acepto la Cruz de aguantar, de soportar, de tener paciencia, de esperar, de comprender, de responder, de aliviarnos, curarnos... y en esa medida desde el infierno del mundo fue subiendo a la Gloria del PADRE.


Y hoy culmina su obra con la Ascensión a los Cielos, a la Gloria de DIOS PADRE, sentándose a la derecha. No sólo estaba todo terminado con la Resurrección, sino que se completa con la Ascensión, porque la Resurrección tenía que tener un final y un cometido. JESÚS no puede seguir entre nosotros tal como vino, y, ahora, una vez vencida la muerte emprende el camino hacia la Gloria junto al PADRE.

Y nos promete regresar, pero regresar para llevarnos definitivamente con ÉL al lugar donde ÉL mora, junto al PADRE. Allí nos está preparando un lugar, como nos ha prometido, para cuando vayamos con ÉL. Por lo tanto, antes tenemos que pasar nuestra cruz, nuestro examen de amor, no sólo, sino junto a ÉL y asistidos por el ESPÍRITU. Y ese examen debe ser ascendente, como ÉL.

Y ascendente significa que cada día hay que dar un paso más; que cada día hay que mejorar; que cada día hay que marcar el paso con este estilo nuevo de vida que nos asemeja a ÉL; que cada día debemos responder a nuestro compromiso; que cada día debemos colaborar en, desde nuestra parcela, construir un mundo nuevo, mejor, más en sintonía con su Verdad, con sus enseñanzas. Eso significa que cada día nos jugamos nuestra vida, y no de una forma experimental, de prueba, sino de una forma definitiva, para siempre. Aquí no hay medias tintas, ni compromisos a medias, sino una respuesta para toda la vida.

Por eso, termino esta mi vivencia reflexiva preguntándome sí mi vida lleva este camino de ir logrando y quemando etapas de mejoras, sí hoy quiero más que ayer al mundo, y menos que lo querré mañana. Sí estoy dispuesto a entregarme en los brazos del ESPÍRITU SANTO para doblegarme a su Acción, a su Voluntad, a sus Mandatos. Sí hoy quiero comprometerme para siempre con mi familia, con mis hermanos, con mi compromiso bautismal.

Pero sin traumas, sin desesperación, sin agobios, sólo con disponibilidad, humildad, actitud de servicio, de sencillez, de entrega, de docilidad, de fortaleza en sintonía con ÉL, de confianza y de saberme querido, perdonado en mis fallos y caídas, y, sobre todo, amado y esperado.

domingo, 30 de marzo de 2008

La convivencia del 30 de marzo


Poco a poco, como de costumbre, nos fuimos congregando los que acudimos a reunirnos en torno a ÉL. Podemos atrevernos a decir que estábamos los de siempre y alguno más que por obra y gracia del SEÑOR se van agregando por otros que faltan. De cualquier forma, estábamos los que quisimos estar y responder a la llamada de congregarnos en torno al SEÑOR. Porque una convivencia es es eso: reunirnos en torno al SEÑOR con los hermanos para compartir mesa, mantel y deseos de confraternidad y amor. El SEÑOR nos convoca para que tengamos la oportunidad de amarnos en el respeto mutuo, en la solidaridad, en el cariño, la palmadita en la mano, la escucha y el consuelo, la comprensión y la esperanza. Y eso se nota, porque sabemos que el ESPÍRITU está sobre nosotros y, a poco que nos dejemos llevar, sentimos su fuerza que nos ánima y nos une.

Era el segundo domingo de Pascua y se había sugerido hablar de conversión. El tema era apropiado, porque el momento litúrgico lo demandaba. Iniciamos el camino de resurrección en el esfuerzo de abrirnos y convertirnos un poco más a la acción de ESPÍRITU que esperamos venga sobre nosotros. Y ya reunidos los que estábamos, aproximadamente, a las once y media empezamos la tarea de compartir y celebrar un día más nuestra convivencia de marzo.

Se habló del termino conversión desde el punto de vista del significado de la palabra. Convertirse es caminar de un lugar a otro, es decir, mudarse, transformarse. Oportuno la reciente conversión de un musulmán en estos días aún a riesgo de su vida. Somos cristianos de fe, se dijo, por tradición apostólica, pero esa fe heredada la tenemos que personalizar en un encuentro personal con JESÚS, y esa es la clave: el encuentro.

Según haya sido nuestro personal encuentro con JESÚS, será nuestra progresiva conversión, porque el encuentro nunca termina sino que avanza y crece cada día más. Un encuentro que se pare o termine deja de ser encuentro para ser historia pasada de un encuentro. Un encuentro nace y crece hasta desarrollarse trascendentalmente. Nunca encuentra su fin porque siempre está en crecimiento. Crecimiento que me lleva a experimentar y vivir en mi vida la resurrección de CRISTO y la esperanza de resucitar en ÉL, por ÉL y con ÉL. Puedo entonces preguntarme, ¿que pasa en mi interior? ¿Soy consciente y experimento en mi un cambio que me transforma progresivamente de un hombre viejo al hombre nuevo que nació en el bautismo? ¿O por el contrario experimento en mí una dejación, una rutina, una horinzotalidad que me alinea y me acomoda? ¿En donde me encuentro? Porque donde hay encuentro, hay trascendencia porque se superaron las propias fronteras. Donde hay trascendencia hay Pascua y amor. Donde hay amor, hay madurez, que no es otro cosa sino una participación en la plenitud de DIOS, en quien no existe soledad.

Un cambio no es seguir más o menos igual. Un cambio es una revolución total y sistemática, es decir, poco a poco, pero con paso firme y convencido. Podemos expresarlo en el Salmo 51(50), 12-14:

"Oh DIOS, crea en mí un corazón puro

renuévame por dentro con espíritu firme
no me arrojes lejos de tu rostro

no me quites tu Santo ESPÍRITU.

Devuelme la Gloria de tu salvación

afiánzame con espíritu generoso

Un cambio supone volver la casa al revés. Supone abrir las ventanas, correr las cortinas, cambiar de muebles, trastocar los horarios, cambiar de actitudes, de programas, de valores, superar los miedos, en resumen vivir de otra forma al estilo de CRISTO.

Un cambio es no atesorar en la tierra, donde la polilla y el orín corroen, y donde los ladrones socavan y roban. Atesoren, más bien en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corroen, ni los ladrones socavan ni roban; "porque donde está tu tesoro, allí también está tu corazón" Mt 6, 19-21.

DIOS jamás mirará nuestras acciones cuando son mecánicas y sin corazón sincero.

Por nuestro compromiso de Bautismo y confirmación estamos llamados a la Santidad. El bautismos y la Confirmación nos consagran (consagraciones comunes) para ser santos. Esa es nuestra primera vocación, la segunda será el estado (gracia de estado) donde el SEÑOR nos ha puesto: familia u orden sacerdotal.

Estamos, pues, llamados a seguir a JESUCRISTO. Y, posiblemente, nos falte conciencia de estar vocacionados.

El SEÑOR nos pone retos y en esos retos nos hace crecer si le respondemos y lo aceptamos: "no vale decir, yo no estoy preparado para eso. ÉL te dará la Gracia de estado que necesitas para realizarlo. No nos va a pedir más que lo que nos ha dado.

Si no se tiene claro que la llamada a la Santidad es Cristificarnos, estamos yendonos por otro camino, o quedándonos acomodados: un cristianismo horizontal: ser generoso, buena persona, principios morales o éticos...sin una mística y mirada al SEÑOR no podemos dar los frutos que derivan del amor. Necesito estar injertado en CRISTO para caminar hacia la santidad a la que estoy llamado: "ser perfectos como mi PADRE es perfecto".

El joven rico (Mt 19,16+) era un hombre bueno, pero no estaba unido al SEÑOR. Podemos quedarnos en buenas personas, y reducir nuestro cristianismo a un predicación de mínimos: unas horitas de catequesis, la misa diaria o dominical, alguna que otra reunión y a confundirme en la gran masa social de igual forma que los demás. De tal forma que, nadie se da cuenta ni que somos seguidores de JESÚS, AQUEL que dio la vida por todos. No somos fermentos, es más quizás contribuimos más a ser desfermentos. Nos quedamos como si el cristianismo fuera una declaración de derechos humanos como la O.N.U.

¡Y es que necesitamos la masa cristiana para fermentar! ¿Y donde está la masa? Sin ninguna duda: La comunidad. La Palabra de DIOS nos dice en Hechos 2, 42-43: escuchaban la Palabra de DIOS; permanecían unidos; celebraban la Eucaristía(fracción del pan) y hacían oración.

El diablo trata de confundirnos: no quiero con no puedo. Está al acecho, para aprovechando nuestra debilidad carnal tratar de que bajemos la bandera y nos aferremos al no puedo. Es lo lógico y normal: somos débiles y lo normal es que fallemos. Nuestro PADRE DIOS sabe de que materia hemos sido hecho: barro. ÉL nos ha creados y sabe de nuestros desatinos y pecados, pero nos perdona, y ese es nuestro misterio: no entendemos el amor que DIOS nos tiene. ¡Estamos perdonados y llamados a ser santos. Y la Santidad es saber y decir: no puedo SEÑOR, pero quiero SEÑOR porque CONTIGO puedo. Y yo lo creo.

CRISTO y yo mayoría aplastante. Pablo nos dice: "todo lo puedo en AQUEL que me conforta"

Mírate sólo con los ojos de DIOS. No te mires con tus ojos, ni con otros

No tengas miedo en decir:

no puedo con esta piedad...

no puedo con esta hermana/o...

no puedo con este apóstolado...

no puedo con esta Ultreya...

no puedo con mis sentimientos...

no puedo con mis responsabilidades...

no puedo con mis catequesis...

no puedo con mi grupo...

no puedo con mi trabajo...

no puedo con mi familia...

no puedo con mi oración, PERO QUIERO SEÑOR,


Y CONTIGO PUEDO,


SEÑOR, porque TÚ me lo has prometido, y yo creo en TI.

Occidente ha sido más de vida ascética: ejercita más nuestras virtudes, nuestras actitudes y disposición. Eres tú quien conduces y caminas en el SEÑOR.

Oriente, por el contrario, ha sido más místico: ejercita más nuestros dones espirituales: quien conduce es el SEÑOR. Hay un abandono más espiritual a dejarse conducir en el SEÑOR.

La Mística es una vocación común de todos los cristianos y necesitamos tanto la ascética como la mística. Ahí se encierra el misterio de nuestra libertad. Hay que caminar y rezar al mismo tiempo. Hay que ponerse manos a la obra (por algo se nos ha dado unos talentos) y también ponerse en MANOS del que sin ÉL nada podemos. Ascética y mística son ingredientes fundamentales y básicos del componente cristiano. CRISTO, nuestro SEÑOR así nos lo enseñó.

El crecimiento en la unión con CRISTO es conversión. Si no experimento increscendo esa unión con CRISTO; si no experimento que aumenta mi deseo y mi compromiso, algo pasa en mi:


no quiero escuchar

no quiero oír

me molesta todo esto

no quiero complicarme

esto es un infierno

no se puede

la reunión, o la Ultreya o la comunidad es un tostón.

LA CONVERSIÓN ES UN CAMBIO DE CRUZ

CONVERSIÓN no es oír lo que quiero y hacer lo que puedo sin llegar a comprometerme, sino encontrar el camino hacia CRISTO y ese es un camino de Cruz.

SIN CRUZ NO HAY SANTIDAD

SIN CRUZ NO HAY GLORIA

NO HAY SANTIDAD SIN RENUNCIA Y SIN COMBATE ESPIRITUAL

El que asciende no termina nunca de subir, y va paso a paso. ser cristiano y estar en actitud de conversión es no cansarse nunca y estar siempre subiendo (mi carácter, mis miedos, mis faltas de paciencia, mi aburrimiento, mis aficiones, mis diversiones, mis egoísmos, mis comodidades, mis seguridades, mi bienestar, mi renovación, mi empezar de nuevo, mi actualización...) es quedarme despojado de todo para vivir como CRISTO (Cristificarnos). Una tarea inacabable y que no puedo hacer yo solo, sino con CRISTO en mí, por eso necesito la Mística (unión con DIOS) y la Eucaristía.

Forma parte de mi cruz el sentirme que estoy siempre partiendo de cero, que siempre estoy comenzando, que nunca avanzo lo que quiero, al contrario, parece que estoy retrocediendo. No importa sigue adelante.

JAMÁS EL QUE ASCIENDE NUNCA DEJA DE DESEAR LO QUE YA TIENE.

Por último se hablo de que nuestras Eucaristías sean encuentros con el SEÑOR que nos provoquen un espíritu de constante conversión progresiva.

¡Alabado y glorificado sea el SEÑOR!







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