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viernes, 6 de agosto de 2010

TABOR: LA ESPERANZA QUE NOS MANTIENE


Hoy es día de Tabor, y decir Tabor es decir esperanza, gozo y alegría a la puerta de la esquina. Es la meta que todo ser viviente humano espera alcanzar. Para muchos está nublado esa vista taboriana, pero otros, de forma privilegiada, los apóstoles Pedro, Santiago y Juan fueron obsequiados con un adelanto de lo que les esperaba al final del camino.

Mirado de otro ángulo, Tabor puede ser también tentación, si nos dejamos llevar por nuestras apetencias mundanas, porque invita a instalarte, a permanecer, Pedro lo exultó de alegría al invitarse a permanecer gozando de extraordinaria vista, a no querer bajar al mundo que espera esa respuesta y proclamación de la eterna felicidad al final del camino de Cruz.

Tabor nos invita a bajar, JESÚS les acompañó en la bajada, y a seguirle hacia el Calvario, porque si ÉL pasó el calvario de la Cruz fue porque era preciso para Resucitar después, pues morir es condición sin ecuanon para luego resucitar, nosotros tenemos que hacer lo mismo para luego resucitar gloriosos como ÉL en, por y con ÉL.

Desde esa mirada, la Cruz se hace aliento en lugar de desaliento; desde esa mirada, la Cruz se hace gozo en lugar de tristeza; desde esa mirada el Camino se hace alegría en lugar de desanimo y cansancio. Porque nos espera todo aquello que nos gusta, que deseamos y esperamos alcanzar.

No tengamos miedo, como nos dijo Juan Pablo II, de bajar de nuestro Tabor propio. Gocemos de su presencia y permanezcamos todo el tiempo que necesitemos para fortalecer nuestra batalla diaria, pero no permanezcamos en el monte, bajemos al campo de batalla, allí donde tenemos que gastar toda la Gracia recibida, luchando con el arma del amor, la paciencia, el compartir, el acompañar, el levantar, el proclamar, el transmitir ese gozo de exultar que el PADRE exclamó: "Este es mi HIJO, mi elegido: "Escuchadle".

Ahora, el camino se hace más llevadero, más ligero, más suave. Sabemos que hay que llevar una cruz, y se hace pesada y gravosa, pero la meta que nos espera nos hace la boca agua. Recordar la maravillosa vista y gozo que nos espera en el Tabor, y ya, sin necesidad de bajar, nos ayuda a ver tan pequeña y poca cosa nuestros sufrimientos, nuestros desánimos, nuestras luchas, que vale la pena decir: "¡SEÑOR, gracias por todo, nadie me apartará de TI, porque TÚ eres la fuente de agua que busco y que me sacia plenamente!"

miércoles, 29 de abril de 2009

EL VALOR DE LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE.


Acabo de llegar de regreso a casa. Partimos a las ocho y treinta de la mañana, vía Las Palmas, la capital de la Provincia, porque los provincianos isleños, para cualquier eventualidad rutinaria, como es el caso de un simple revisión del D.A.I. tienen que desplazarse a Las Palmas a realizar la revisión allí. Son las desventajas de los hijos de las islas pequeñas, como es mi caso, y cada beneficio de la avanzada técnica te obliga a tomar el avión y correr a la Meca donde se encuentran los avances más del momento.

Los pequeños disfrutamos, en el lado positivo, de más tranquilidad, más sosiego y menos ajetreo, aunque cada vez es menos, por esto del turismo y el crecimiento globalizado. Toda mejora comporta unas molestias, que al final no compensan tanto como parece. Es lo oído y comentado de la envidia que suscita el no poder disfrutar del remanso y tranquilidad que, todavía, se encuentra en las llamadas islas menores.

Pero, mi reflexión de hoy va por otro camino. Primero quiero decir que un D.A.I. es un desfibrilador automático implantado, cuya misión es lanzar una descarga eléctrica, por medios de unos electrodos unidos al corazón, sobre el mismo, y pararlo, para que, pausadamente, recobre sus latidos normales y vuelva a la normalidad. Es el equivalente a las llamadas palas (desfibriladores) que dan los choques eléctricos cuando alguien, por una arritmia galopante, queda fulminado y inmerso en la llamada "muerte súbita". A mí me ocurrió eso hace, ahora el ocho de junio, seis años. Pero de eso hablaré en otro momento.


La vivencia, durante todo el día en Las Palmas, ha sido rica en matices y, por supuesto, una bendición del SEÑOR. Fue un gozo compartir un rato de charla con un amigo de Cursillos de Las Palmas, del cual recogí material para nuestro Cursillo de Lanzarote. También, fue un vivencia estupenda en orden a otros valores y el experimentar que el amor está muy por encima de los intereses y los criterios meramentes humanos.

Constatar, de forma evidente y real, que cuando no se está en la Casa del PADRE, y aún estandolo, como es el caso del hijo mayor de la parábola del prodigo, no se entiende que a un hijo perdido, equivocado, accidentado, fracasado, engañado, frustrado y marginado, se le pueda esperar con los brazos abiertos y compartir tu riqueza con él. Constatar, que dar, pero siempre en correspondencia a recibir, es algo que está implantado en el corazón del hombre justo, equitativo, recto e intransigente con la ley y lo que corresponde a cada uno.

Es el hombre que no sabe de misericordia, no sabe de dar, simplemente por dar. Es el hombre que, puede dar algo, pero entiende que es un favor lo que hace y una generosidad de su parte. Es el hombre que, reparte en correspondencia a lo que cada uno se merece y le corresponde. Es el hombre que administra, y quien no ha sabido administrar, que lo pague. Es el hombre que lo suyo, es suyo, ganado con el sudor de su frente, y sólo a él le pertenece, y no puede repartirlo, pues eso estaría mal visto y sería de tonto.


Es el hermano mayor de la parábola del hijo prodigo, que se enfada cuando reparten algo, que siendo del PADRE, se adjudica suyo, porque el otro, ya no es su hermano, y lo de su PADRE era para ÉL. Es el hombre que no ve que todo lo recibido le ha sido dado, porque, primero tiene una vida que le ha sido regalada; segundo, porque tiene una voluntad y cualidades que le han permitido desarrollar su vida y ganar todo lo que tiene; tercero, porque otros le han ayudado a ganarla y porque su bien conservada vida ha sido un regalo que bien podía haber acabado. Cada día vivido en un regalo que no se aprecia, aún viendo como otros caen fulminados, pero, ¡son los otros!, a mí no me va a pasar eso, ni nada.

Y es el hombre que, ciego y apegado, no advierte que la vida le será arrebatada y con ella todo lo que almacena y niega que pueda servir para aliviar otras necesidades y sufrimientos. Es el hombre que hace proyectos y olvida que, quizás, esta noche será sus últimas horas y todo habrá llegado a su fecha de caducidad. Es la pobreza mayor que se puede experimentar, y pido al PADRE, por intersección de su HIJO, que en el ESPÍRITU rompa la puerta que esos hombres, buenos y no mal intencionados, le cierran a su acción.

En contraste a todo esto, al llegar a casa, después de un gozo contenido y una alegría exultante y sosegada en el SEÑOR, no pude dejar el escapar un sentimiento de compartir, ese gozo, con mis hijos y llamé a mi hija, simplemente para compartir con ella esa alegría de sentirme gozoso y manifestarle la alegría de estar de nuevo en casa y de participarle la noticia de que la revisión había sido satisfactoria. Y la sorpresa, que desató este torrente de sentimiento y reflexión, fue el escucharle la alegría que sentía que una persona, que participaba en el programa de "pasapalabra", al cual estaba enganchada y también su madre, había ganado el bote.



Ellas habían comentado que se sentían unidas a esa persona, porque compartían el sentimiento de que se merecía ganar el premio. Llevaba bastante tiempo manteniéndose en la cima del programa y su preparación y cualidades destacaban de forma inusual respondiendo casi a todas las preguntas. Hoy, había bordado el programa y con ello, obtenido el premio. Observé, al hilo de otro lado del teléfono, la alegría de mi hija, y también la de su madre. Ambas se solidarizaban con un desconocido, que a lo largo de varios programa consideraban que debía ganar el premio.

Su suerte o desdicha; su ventura o desventura; su alegría o tristeza; su premio o castigo lo habían hecho suyo y se unían, felizmente o no, con su apoyo, su aprobación y su deseo de que todo le saliera bien y ganara el premio. Se lo merecía, y, a pesar de algún fallo que pudiera tener a última hora, se sentían generosas y caritativas en perdonarselos y entregarle el premio.

Comprendía que la misericordia está por encima de los méritos o desméritos; qué la generosidad no se corresponde con lo justo, sino que brota del amor gratuito y misericordioso; entendí que los criterios humanos están barnizados por el egoísmo y la soberbia de querer ser más que el otro, pero que debajo de ese barniz, sí se raspa un poco, se encuentra la semejanza Trinitaria del Amor, que nos hace brotar esos sentimientos de fraternidad, apoyo, solidaridad, justicia misericordiosa, tolerancia amorosa y comprensión gratuita: en una palabra, Amor.

Amor que brota del corazón que DIOS ha implantado en el hombre. Amor que va más allá de las leyes y la justicia humana, que todavía prevalece en el Antiguo Testamento: ojo por ojo, y diente por diente. Amor que derrama perdón, misericordia, gratuidad, generosidad, compartir, ofrecer, sentir que lo pasas mal, y yo, renunciando a algo, que me ha sido dado, puedo aliviar tus penurias y sufrimiento. Amor, con el cual me están a mí también amando, esperando, regalando y deseando que aparezca en el horizonte, para salir corriendo y abriendo los brazos fundirse contigo en un abrazo de gozo, de misericordia, de perdón y acompañarte a entrar en la Casa del PADRE.

¡Cuanta ceguera inútil, que nubla nuestra vista! Qué mal cambiamos, pues compramos cosas caducas y finitas que más tarde o temprano tiraremos a la basura, por el tesoro infinito que nos llena de gozo, de alegría y nos sacia eternamente de una felicidad imperecedera que nunca más volverá a faltarnos.
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