SOBRE IMAGENES

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miércoles, 26 de febrero de 2014

PERDER PARA GANAR



El cristiano es un perdedor en este mundo, por eso no atrae mucho, en principio, seguir a Jesús, porque tienes que remar contra la corriente de este mundo donde el éxito es ganar y ser mejor que el otro. Y a eso nos cuesta mucho renunciar porque nuestro egoísmo nos pide más y más. Las consecuencias son luchas entre hermanos, guerras, odios y venganzas.

La ley del talión, antiguamente establecida como medida que regulaba la justicia y la venganza, hoy sigue vigente pero sin límites. No hemos avanzando sino retrocedido. Sin embargo, el cristiano experimenta que cuando pierde en este mundo siente la alegría, el gozo y la dicha de que gana, gana en paz y felicidad y se siente mucho mejor, porque gana la esperanza de una vida nueva en plenitud y eternidad.

No sólo descansa el perdonado sino descansa más aquel que ha hecho el esfuerzo de perdonar, porque al hacerlo su corazón se asemeja más al de Jesús y se acerca a Dios.


viernes, 9 de noviembre de 2012

EL GOZO DE PERDER...

 “Si pierdes no sufres injuria alguna, y así el perder lo...

nos confunde muchas veces, porque no se trata de perder sino de ganar. Pero lo que para unos, según el mundo es perder, para otros según el amor de Dios es ganar. Y si te atreves a experimentarlos puedes comprobar que cuando amas y pierdes aparentemente, ganas.

He sentido por propia experiencia lo que trato de compartir, y puedo decir que he sido y soy más feliz ahora que tengo lo justo y muchas veces me falta, que cuando he tenido de sobra y siempre me sobraba. Por un lado he experimentado la necesidad de un Padre que me ayude y proteja. Alguien a quien recurrir...

Y claro, no existe nadie sino el Padre Dios que esté dispuesto a escuchar tu petición de ayuda. A acompañarte en tus problemas, en tus necesidades... A comprenderte y a ayudarte. Porque Él te ama hasta el punto que dio la vida por ti y la da cada día en cada Eucaristía que se celebra. No se puede dar más.

Porque dar es más grande que recibir, y redunda en más satisfacciones y beneficios incomparables que guardar y acaparar para uno mismo. Porque desprenderse de honores, de prestigios, de fama y todo privilegio es mucho más satisfactorio que tomarlos. 

Porque ser libre para querer y hacer el bien es el gozo y la dicha más grande que cualquier ser humano haya experimentado. Y no es cosa de creerlo sino de experimentarlo, pues quien lo experimenta no lo abandona más. El gozo de amar es la mayor dicha del hombre. Quizás he puesto mal el título de esta reflexión, pues podría ser mejor: "Ganar es el mejor negocio que el hombre puede hacer y encontrar".

Por todo ello, no lamentes cuando te critiquen, injurien, culpabilicen, desprecien, te pidan y se aprovechen de tu buena disposición y actitud por amor a Jesús. No pierdes, ganas un lugar a su lado y de eterno gozo y felicidad eterna.

martes, 22 de mayo de 2012

NECESITAS PERDER PARA APRECIAR EL GANAR

-vendió su primogenitura por un plato de lentejas-

Sí, ocurre sin darnos cuenta que las cosas que nos acompañan toda la vida pierden su verdadero valor al tenerla al alcance de la mano. Un vaso de agua puede oscilar en tener un valor casi incalculable, incluso valer una vida, a no valer nada en situaciones de abundancia.

Las cosas, experimentamos, dependen del lugar, del momento, de la demanda, de muchos factores que hacen que su valor crezca o disminuya. Sin embargo, cuando vivimos en nuestras propias carnes una necesidad o exclusión, despertamos a experimentar el valor de eso que necesitamos o excluimos.

Así, Esaú vendió a su hermano José su primogenitura por un plato de lentejas, o, por un vaso de agua, cuando has estado un tiempo sin beber, pagas su valor duplicado. Las cosas se advierten cuando se extrañan o faltan. Pero, observamos que esas vivencias ocurridas por aventuras, distracción, accidentes o ambiciones nos hacen, aun no siendo queridas, mejor y nos ayudan a crecer como personas.

El riesgo de perder una cosa que valoramos nos hace observar más cuidado con ella. El riesgo de poner en peligro nuestra vida nos hace andar con más cuidado. La experiencia de haber vivido momentos trágicos y extremos hasta el punto de experimentarnos cerca de la muerte, nos hace reflexionar y meditar sobre esos interrogantes que la propia vida nos plantea.

Cuando algo nos falta sube nuestra consideración y estima a eso que nos falta. Nos sentimos privilegiados por poseerlo y nos alegramos el tenerlo. Hasta entonces pasaba desapercibido, no lo teníamos en cuenta, pero ahora su presencia es muy estimada y valorada.

Por eso, un verdadero encuentro pasa por una experiencia vital. Porque lo que no se conoce no se desea ni se extraña. Nunca se puede advertir. Más lo conocido se advierte y se extraña cuando se pierde. Por eso, la experiencia de Dios nace de un verdadero encuentro con Jesús, que nos habla del Padre y nos lleva a Él. Y conocido el Padre, no se puede vivir sin Él.

Desde esa experiencia de vida, el dolor, el sufrimiento, las carencias, la adversidad como la alegría, todo tiene sentido. De todo se saca hermosas lecciones. En todas se encuentra la felicidad y el gozo, porque la vivencia, positiva o negativa aparente, nos lleva irremediablemente al encuentro con la Voluntad del Padre, y en Él se esconden el gozo y la felicidad eterna que buscamos.

Verdaderamente, por la Gracia de Dios, todo tiene sentido en la vida, y vale la pena vivirlo desde Jesús e injertado en Él. Así, el relacionarnos con Él en todo momento cobra verdadero sentido y necesidad.

lunes, 30 de enero de 2012

PERDER ES EVANGELIZAR


Digo que perder es evangenlizar desde el criterio de saber perder, porque aquel que sabe y entiende que hay momentos que se tiene que ocupar el puesto de perdedor, no siempre se gana, da y testimonia ejemplo de honestidad, de honorabilidad, de sinceridad, de justo y de comprensivo, así como de humildad y de sabiduría.

JESÚS fue el gran perdedor, perdedor para ganar, porque terminar, después de su brillante vida al servicio de los demás y de forma gratuita, por amor, terminar en una muerte de cruz, la peor bajeza de aquella época, no es para echar cohetes.

Prueba de ello fue el abandono de todos sus mejores amigos, sus seguidores fieles, dispuestos a dar su vida, alguno de ellos como Pedro, unos días antes. La desbandada fue bien notada, y a muchos, como los de Emaús, tuvo que acercarse para abrirles los ojos.

El amor es perdedor en primer instancia, porque sólo el que ama está dispuesto a aguardar pacientemente la espera de aquel que se obstina en querer ganar siempre, incluso en los momentos que el otro lo supera. Podemos aprender mucho de eso en el plano deportivo y competitivo. Todo los pleitos que, contradictoriamente, originan montañas de beneficios económicos, están apoyadas en las discusiones, muchas hasta fingidas, de unos que defienden el no querer aceptar la superioridad del otro, y los otros que en correspondencia defienden su superioridad.

Y esto lo podemos extrapolar a todos los niveles, situaciones, realidades y estamentos de nuestra sociedad. La lucha está en no querer perder nunca, y de esa obstinación nace la soberbia, la madre de todos los pecados. Así siempre habrá un pleito entre Barcelona- Madrid, que siendo bueno en su competencia, es malo cuando se llena de soberbia y habita la prepotencia. Y esto se extrapola a la política, los partidos, las comunidades, la religión, la justicia...etc. Nadie se siente perdedor, nadie quiere amar y, en consecuencia, perdonar y nacen las disputas y los líos.

De ese testimonio, nacerá el ejemplo, y tal como sea el ejemplo, sera la imitación. Y si se dice verdad y actúa en verdad, se imitará verdad y vivirá en verdad. Y si no, se vivirá en mentira. O lo que es lo mismo, sin un buen testimonio apoyado en la verdad no se podrá evangelizar. Sólo la palabra vivida en la verdad, dará testimonio de la Verdad. Y para eso en muchos momentos de la vida hay que saber perder.
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