SOBRE IMAGENES

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domingo, 3 de junio de 2018

SOMETIDO A LOS PODERES DEL MAL

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Juan tomó conciencia de que había caído de nuevo en la red del Maligno. Perdió su propio control y no pudo controlarse y en su corazón, herido por el pecado de orgullo y soberbia, se desató la tormenta y la furia. Se veía impotente para volverse atrás. Sabía que iba en dirección errónea, pero no podía mantener silencio y sus palabras irrumpieron como flechas hiriendo el corazón de su hijo.

Todo empezó cuando advirtió, ahora cabía la posibilidad de que estuviese equivocado, que su hijo dijo dirigió unas palabras a su madre en alusión a lo que su padre, Juan, comentaba en esos momentos. Todo sucedió de repente, como si el mismo demonio lo preparara. La verdad es que está siempre al acecho para aprovechar cualquier momento. Su interpretación, de lo comentado por su hijo, fue un torbellino que desató su lengua y aceleró los latidos de su corazón. Ocurrieron los reproches y las malas interpretaciones de intenciones y el ambiente se caldeó de un olor a resquemor y rabia. Hubo un cruce de palabras y de petición de perdón por parte del hijo, pero sin dar lugar a la reconciliación sino a una promesa de cortar el diálogo en lo sucesivo. La tormenta había llegado y el corazón empezaba a sufrir. 

Afortunadamente no se había llegado a la violencia ni al insulto descontrolado. Posiblemente, aunque a veces creamos que no, el ángel de la guarda tomaba también parte en el asunto. Gracias a él los disparos se habían contenido. La tarde noche se presentaba tensa, desesperante y angustiosa. Fueron momentos peligrosos y donde, sin paz, el diablo se encuentra a sus anchas. ¿Cómo reconciliar el sueño? Un misterio que sólo la presencia del Espíritu Santo lo puede explicar. En Él, Juan pudo soportar las embestidas de la tempestad que se desataba en su corazón, y llenarse de toda la paciencia que necesitaba para permanecer en silencio y recibir la misericordia de Dios.

Poco a poco fue recobrando la calma y llenándose de paz. Ahora venía lo más difícil, humillarse y pedir perdón. Porque, el perdón necesita humillarse y rebajarse para, empapado de humildad acercarse al perdón. Ese pensamiento era lo que revoloteaba por su agitada e intranquila mente. Antes, como una medicina eficaz y preventiva, el rezo del santo rosario le llenó de la fortaleza que necesitaba para abrirse al perdón y buscar, auxiliado y apoyado en el Espíritu, ese momento oportuno. Y así sucedió, el Espíritu Santo provocó el encuentro que hasta parecía que el hijo esperaba. Se fundieron en un fuerte y emocionado abrazo por unos largos segundos que les llenó de amor y paz. Padre e hijo se habían mutuamente perdonados.

Entonces, Juan comprendió que también le había dado un gran y fuerte abrazo a Dios, porque cuando le prometemos un abrazo a Dios lo realizamos dándoselos a los hermanos. Y cada ocasión que, por tus propias debilidades tenga que perdonar o pedir perdón a un hermano, recuerda que el abrazo también se lo estás dando al Padre del Cielo. Entonces, Juan recordó aquellas palabras de Jesús: "Quién dé un vaso de agua a quién lo necesite no le faltará su recompensa".

jueves, 6 de junio de 2013

¡BIENVENIDO A LAS DIFICULTADES Y TROPIEZOS!



Nos hacen sufrir, nos exasperan, nos quitan la tranquilidad y nos someten a grandes pruebas, pero, llegada la paz experimentamos que las necesitamos. Hablo de las dificultades y tropiezos que nos salen al camino de nuestra vida, que tratamos de evitar y nos esforzamos en prepararnos para que ello no ocurra. Sin embargo, ocurre y eso nos hace reflexionar y crecer en madurez y perfección.

Son las llamadas pruebas que todos necesitamos para desarrollarnos y crecer, tanto físicamente como mentalmente, para alcanzar la madurez y el estado de discernir lo bueno de lo malo. Poner el dedo en el fuego nos descubre el dolor físico, y la pérdida de un ser querido el dolor psíquico. Ambos dolores los necesitamos para experimentar la necesidad del deseo de salvación.

No estoy diciendo que tenemos que aprender a quemarnos o desear la muerte de alguien querido, sino que el dolor que experimentamos en nuestras vidas, inevitable que los tengamos, nos enseñan el camino y nos descubren la necesidad de salvación. Sentirnos impotentes y frágiles nos mueve a la búsqueda de protección, y solo en Dios encontramos esa esperanza. Y lo sabemos porque Jesús, nuestro Señor, nos lo ha revelado y enseñado.

No se trata de desear sufrir ni de buscar sufrimientos. No, se trata de que la vida nos pone contratiempos y obstáculos inevitablemente, y de ellos aprendemos. Aprendemos para darnos cuenta de que al final del camino, si los superamos y aceptamos según la Voluntad de Dios, alcanzaremos la felicidad eterna en la presencia del Padre.

viernes, 2 de septiembre de 2011

CUANDO LLEGAN LAS TORMENTAS


Tormentas siempre hay. Con el inicio del mundo se inició también la tormenta, porque sin tormenta no creceremos fuertes y bien enraizados en la tierra firme, a prueba de toda clase de tormentas y tempestades. Sin embargo, luchamos para evitarla, pero sabemos, o al menos debemos saberlo, que son muy necesarias para madurar y hacernos fuertes ante la adversidad.

Cuentan que un aficionado a plantar árboles no los regaba lo suficiente. Algo extraño porque de todos es sabido que los árboles necesitan agua. Sin embargo, esa necesidad de agua les hizo buscarla y en el intento hundieron sus raíces lo más profundo posible para conseguirla. El esfuerzo y la lucha diaria por alcanzarla les fortaleció sus raíces así como las afianzó fuertemente a lo más profundo de la tierra.

¿Qué ocurrió entonces? Mientras otros árboles muy bien cuidados y mimados hasta el exceso de no verse nunca privados de tan preciado liquido y toda clase de abonos fueron abatidos y derrumbados por los primero vientos y tempestades, estos otros, crecidos en el esfuerzo, la lucha y sacrificios, permanecían erguidos y firmes ante los contratiempos climatológicos que la vida le imponía.

Igual nos ocurre a nosotros si no crecemos y maduramos en el sacrificio de vencernos ante las tempestades de nuestros propios sentimientos y deseos. Si a la primera de cambio cedemos ante nuestros apegos, caprichos o sentimientos, pronto veremos que en las primeras embestida que la vida nos depara, nuestra voluntad será débil y nuestra libertad se verá encadenada y sujeta a los vientos y huracanes de nuestras pasiones, deseos o sentimientos.

Por eso es muy necesario permanecer vigilantes, atentos, orantes y en lucha diaria contra nosotros mismos. No se trata de masoquismo ni de reprimirse, sino de vencerse ante las desviaciones y cómodidades que nos presentan la vida fácil, cuando sabemos que es difícil y debemos estar preparado. Porque la tormenta llegará, bien como tsunami, como huracán, como terremoto, como simple autotraición, como sentimientos no controlados, apegos, egoísmos...etc. ¡Seguro!, llegará.

Y si nuestros criterios, voluntad no están bien arraígado y firmes en CRISTO, así era el grito de guerra de estas últimas JMJ, seremos presa fácil de nuestros sentimientos y deseos, que buscan lo fácil, lo cómodo y todo aquello que nos, aparentemente, no hagan la vida dura y difícil. Y no, por eso, estoy diciendo que hay que buscar la dificultad y el sufrimiento, sino que hay que estar preparado para afrontarlo y asumirlo, como nos lo enseñó JESÚS en la Cruz.

Por eso, cuando me preguntan por los resultados del 1 er Encuentro de Blogueros católicos con el Papa, no puedo evitar el dejar escapar una risita interior ante la inútil pregunta, porque en XTO, con XTO. y por XTO. nada puede salir mal. Todo en XTO.JESÚS, tiene que salir bien, lo que no significa que ante nuestros ojos parezca bien, sino que sean los que sean sus resultados, todo lo hecho en su Nombre y con buena intención, como decía nuestro amigo Jorge Cordero, será bendicido por DIOS. Y si ÉL lo bendice, los frutos serán buenos

Tarderemos en verlos y recogerlos. Eso no lo sabemos, pero seguro que nuestro PADRE DIOS no dejará que caigan en el vacío, ni se pierda nada que sea para bien de todos y cada  uno de sus hijos. Estaremos preparado, por su Gracia, para soportar, aguantar, trabajar, luchar y batallar contra la vida misma para mantenerla erguida, firme como una roca apoyada y arraigada en una fe profunda y enraizada en XTO.JESÚS.

Y puede que todo esto suene a teoría, a virtualidad o fantasía, pero ejemplos hay muchos. Empezando por el padre Tomás, que vió interrumpida su participación por la muerte de un familiar y nos ofrecio su oraciones y su aceptación, en lugar de derrumbarse y abatirse. Continuando por Mentos, que ya en su blog ha compartido su ofrecimiento y sacrificios. Por muchos que, sintiendo querer estar más tiempo con nosotros, tuvieron, contra su voluntad, que atender sus compromisos laborables o familiares. Por la hija de elegelavida, perdona que no recuerde su nombre, que nos alentó desde su situación ofreciéndonos todo su apoyo, su alegría y su entusiasmo que sólo se explica desde un estar injertada en XTO.JESÚS. Y cuantos más que no sabemos...

Detrás de cada encuentro, de momentos de compartir, de vernos y apoyarnos, se esconde ese esfuerzo por buscar el agua que necesitamos, pero que en su búsqueda nos fortalecemos, nos preparamos para soportar las inclemencias de nuestra subida hacia la Casa del PADRE. Porque siendo subida necesitaremos la ayuda de Quien nos ayude a subirla. Y esa ayuda ya nos ha venido: "Está en la Cruz de CRISTO JESÚS.

jueves, 26 de agosto de 2010

SI LA PUERTA ES ESTRECHA...


Si la puerta que conduce a la felicidad es estrecha ha de ser algo incomoda deslizarse por ella con facilidad y de forma cómoda. Se supone tormentosa, con obstáculos que nos complican el camino y nuestro peregrinar hacia donde queramos llegar. De hecho, la experiencia de nuestra vida nos dice que la mayor parte del tiempo está llena de dificultades, problemas, preocupaciones y sufrimientos.

Unas veces los sufrimos en carne propia y otras nos vienen de amigos muy cercanos o vecinos que conocemos y compartimos su dolor. También, los problemas de la época que nos toca vivir nos tocan y nos preocupan, y también nos hacen sufrir: aborto, tragedias (Pakistan...), injusticias...etc.

Deducimos que la mayor parte la pasamos más mal que bien. Y por mucho que intentemos huir nunca lograremos alejarnos lo suficiente. Parece que estamos destinados a sufrir y compartir el dolor que, de por sí, existe en el mundo. Esa es la pura realidad y todos tendremos vivencias que nos descubren esta realidad. En el camino de la vida, quieras o no, sufrimos y, también, por qué no citarlo, nos divertimos y pasamos buenos momentos, pero son los menos.

Yo, desde mi experiencia y a la luz del ESPÍRITU, y por su Gracia, quiero traer un poco de luz, al menos compartir mi vivencia de lo mismo. En principio parto de la realidad de la que venimos: "Somos seres de relación", es decir, estamos hechos para relacionarnos, de tal forma que "yo" sin "tú" no pinto nada en este mundo, y "tú" sin "mí" ocurre exactamente igual. Pero igual podemos decir de "yo" y "nosotros".

Estamos hechos para vivir en relación y la propia experiencia nos dice que no podemos guardar nada para nosotros. Sentimos un enorme deseo de comunicarlo, de compartirlo, tanto sea bueno como malo. Y nuestro mayor deseo es hacer el bien aunque nos sintamos inclinado, por nuestra propia humanidad pecadora, a hacer el mal. Porque disfrutamos con el bien y cuando lo hacemos sentimos una alegría inmensa y duradera: "Eso nos hace feliz".

Desde estas experiencias concluimos que cuando nos buscamos a nosotros mismos y deseamos nuestro propio bien y gozo, estamos yendo contra corriente, porque sólo pensamos en nosotros y nos alejamos de nuestra misión y pura esencia: "seres en relación, hechos para amar". Y eso, tarde o temprano, nos hace sentirnos mal. Nos comportamos egoístamente y nos alejamos de conseguir la verdadera y eterna felicidad.

Cuando nos dejamos arrastrar por esa corriente hemos elegido entrar por la puerta ancha, por el camino más cómodo y fácil. Nos sentimos bien al principio, pero en la medida que vamos hacia dentro experimentamos desasosiego, angustias y remordimientos. Empezamos a sentirnos mal y a darnos cuenta que no hemos elegido el camino bueno.

Luego, el camino verdadero es el que nos pide renuncia, sacrificios, abnegación, austeridad, vigilancia, entrega, compromiso, lucha, molestarnos por los otros...etc. Es decir, olvidarme de mí y estar pendiente del otro, sobre todo de los más cercanos. Eso significa amar y entrar por la puerta estrecha, y eso cuesta y es difícil.

Por eso, necesitamos orar y rezar. Orar para hablar y, fundamentalmente, escuchar, y rezar para pedirle sobre lo hablado y escuchado. Por eso necesitamos entrenarnos, como los atletas, para estar preparados a la renuncia y al sacrificio, por eso el camino, sobre todo al principio, se hace antipático, duro y no apetecible para elegir, pero, por eso se nos advierte: "Esforzaos en entrar por la puerta estrecha" (Lc 13, 22-30). No podemos decir que no se nos ha advertido.

martes, 13 de enero de 2009

Vientos y tempestades. Tomado del blog, que recomiendo, de Rick Blaine


Un escritor inglés, del siglo pasado, cuenta en una de sus obras que en la playa cerca de su casa, una cosa muy interesante podía ser vista con frecuencia:
Un navío lanzando su ancla en el mar enfurecido. Difícilmente existe una cosa más interesante o sugestiva que esa. El navío danza sobre las olas. Parece estar bajo el poder y a la merced de ellas. El viento y el agua se combinan para hacer del navío su juguete.

Parece que va a haber destrucción; pues si el casco del navío fuera lanzado sobre las rocas, será despedazado. Pero observamos que el navío mantiene su posición. Aunque a primera vista pareciese un juguetito desamparado a merced de los elementos, el navío no es vencido. Cuál es el secreto de la seguridad de este navío? ¿Cómo puede resistir las fuerzas de la naturaleza con tanta tranquilidad?

¡Existe seguridad para el navío en medio de la tempestad porque él está anclado! La cuerda a la cual él está amarrado no depende de las aguas, ni de cualquier otra cosa que fluctúe dentro de ellas. Ella las atraviesa y está fijada al fondo sólido del mar. No importa cuan fuerte el viento sople o cuan altas sean las olas del mar… Su seguridad depende del ancla que está inmóvil en el fondo del océano.

Muchas veces nos sentimos en el medio de una tormenta, siendo tirados por las olas de la vida para arriba y para abajo y azotados por el viento de la adversidad. Nos parece, algunas veces, que no conseguiremos sobrevivir a determinados períodos de nuestras vidas.

Sin una vida espiritual, nuestra vida es como un navío sacudido por el mar enfurecido por las circunstancias incontrolables de la vida. Mas, confiando en Dios, experimentamos su presencia y amor como el ancla de nuestra vida. Nos sentimos corajudos y esperanzados. Esa esperanza mantiene segura y firme nuestra vida, así como el ancla mantiene seguro el barco.
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