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jueves, 24 de noviembre de 2022

¿SE TE HA PERDIDO ALGO, O BUSCAS ALGO QUE NO ENCUENTRAS?

Lc 21, 20-28

¿Qué buscas? ¿Lo sabes? Supongo y creo que lo mismo que yo, ¡la felicidad! ¿Y quién te la propone y te la garantiza? Hasta el momento no he encontrado a nadie de este mundo que me la pueda garantizar. Prometer sí, pero falsas promesas que la propia experiencia las descubre. 

Sin embargo, Jesús de Nazaret, Rey del Universo, que ha venido a este mundo nuestro, nos la propone y garantiza. No nos la impone sino propone. Y espera que tengamos buen gusto y sepamos elegir.

La felicidad que nos da este mundo ya la vamos conociendo. Los más viejos nos pueden aportar mucha experiencia y en la medida que vamos viviendo vamos experimentando que aquí, con las cosas que este mundo no aporta y ofrece, no se encuentra.

Ahora, tuya es la decisión. Elige y camina. Jesús nos ha dejado un hermoso programa, las Bienaventuranzas, que su propio nombre nos lo dice: Seremos bienaventurados, nos lo garantiza. Nada pierde por conocerlo y experimentar. ¡Al contrario, puedes ganar eso que tanto buscas, la Felicidad y Vida Eterna! Pero, ¡cuidado, mucho cuidado porque también puedes perderlo! Y sabes que a partir del final de este mundo todo será eterno. Donde vayas será para toda la eternidad.

Realmente, conviene, ¡y mucho! pensarlo muy seriamente y tomar un camino porque la cosa no es para juegos. Nos jugamos la Felicidad y Vida Eterna, y es eso precisamente lo que buscamos con mucha ansiedad y esfuerzo. Y lo tenemos muy cerca. Jesus nos lo dice a cada instante, nos llama y nos buscas y está disponible a encontrarse contigo. De momento, te espera tamibén en el Sagrario de cada iglesia. ¡No pierdas el tiempo!

lunes, 18 de junio de 2018

¿ES ESA LA FELICIDAD?

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Es posible que tú no lo quieras ver, pero quien te ve de afuera experimenta una gran pena y descubre una esclavitud que te somete y te destruye. Eres un esclavo, le decía aquel buen amigo a su otro amigo. Estás sometido por el vicio y la lujuria que alimentas con el alcohol. Te pierdes y botas tu vida por la borda por un puñado de horas de alcohol y un rato de placer. Realmente, poca cosa.

Alberto sentía nauseas al ver a su amigo derrotado trasnochado. Había salido el viernes a las dieciocho horas y regresado el sábado sobre las 18 horas. Veinticuatro horas sometido al vicio y al desorden; veinticuatro horas donde mandaba el alcohol, el abandono y el placer; veinticuatro horas perdidas en tu vida, porque pierdes tu conciencia y dominan tus apetencias.

¿Y ahora qué? ¿Te sientes feliz y satisfecho? Todo lo contrario, respondió Fernando. Me siento cansado, vacío, dolido por mi irresponsabilidad, desecho y destrozado. Sin voluntad y en manos del sueño al que no puedo resistir. ¿Te das cuenta de tu esclavitud? No puedes resistirte, y cada vez estarás más sometido y esclavizado por este hábito, dependencia y vicio. Serás un pobre hombre sin voluntad para responder a tus responsabilidades.

¿Es esa la felicidad que buscas? Le recriminó Alberto. ¡Pues vaya felicidad! Una felicidad que destruye, que somete, que esclaviza y deja insatisfecho y vacío. Una felicidad para irresponsables, mediocres, hombres sin voluntad dominados por las pasiones. ¿Es eso felicidad o pobreza? Descúbrete y reconócete lo que realmente eres y entonces, si así lo decides empieza a buscar el camino de la libertad, porque sólo cuando seas responsable, te reconozcas pobre y busque el bien y la verdad serás libre.

La felicidad no está en el placer ni en las pasiones, sino en el acto voluntario, libre y responsable de actuar buscando siempre el bien, la verdad y la justicia. Es así como el hombre encuentra sentido a su vida y gozo en su camino. Fue como un pensamiento que Fernando experimentó dentro de sí mismo, pero aturdido por el cansancio se quedó profundamente dormido.

miércoles, 9 de mayo de 2018

TRABAJO Y COMPROMISO

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Hemos sido creados para alcanzar la felicidad. Esa felicidad que desde el principio de nuestra vida perseguimos. Los experimentamos incluso en los primeros años cuando los juguetes o cualquier otra cosa la queremos para nosotros solos y nos cuesta compartirla. Y pataleamos por conseguir nuestras apetencias y gustos. Sí, sin lugar a duda, hemos venido a este mundo de la mano del Creador para alcanzar la plena felicidad.


Porque, en este mundo no está ni se encuentra. Desde que nacemos todo lo que se mueve en nuestro entorno nos prepara para el compromiso y el trabajo. Nuestro camino es trabajar responsablemente, y ello exige un compromiso. Un compromiso donde está contenido el amor. Amar es comprometerse responsablemente.


No se trata de gustos ni de apetencias. Están ahí, pero maduradas y llevadas desde el compromiso y la responsabilidad. En eso consiste nuestra vida, trabajo y compromiso, y en la medida que lo vivimos con coherencia y fidelidad, la alegría y la felicidad brota desde nuestro interior. Es entonces cuando las fiestas y las celebraciones tienen sentido y se viven con plenitud y verdadera alegría, porque llenan plenamente sin dejar ningún vacío ni remordimientos de conciencia.


No ocurre así cuando se toma la vida con cierta irresponsabilidad. Una irresponsabilidad soterrada y escondida en medias verdades. Cumplo con esto, pero eludo lo otro. Esto me gusta y lo tolero, pero lo otro choca con mi egoísmo y lo evito. Crezco en la dirección que me dirige mis apetencias, mis intereses y mis egoísmos, pero todo lo demás lo rechazo. Es decir, soy responsable a media. 

Pero, a pesar de que nuestras actuaciones sean así, nuestra conciencia nos descubre la única verdad. Y nos delata en nuestro interior. Detrás de esas juergas, esparcimientos, busca de felicidad exterior, adulterada, excitada con toda clase que nos pueda servir, que nos someten a no cumplir con nuestro compromiso, hay siempre un remordimiento de conciencia y un darnos cuenta de que no hemos hecho lo que deberíamos hacer. Sabemos la mierda - perdonen la expresión, pero es la palabra adecuada - que somos y lo infeliz que eso nos deja. Y para olvidar, más de lo mismo, hasta que la situación se pone seria y los efectos hacen su presencia.

La vida es trabajo y compromiso, y eso, aunque nos exige esfuerzo y sacrificio, es donde se esconde esa felicidad que buscamos. En esos, los mayores, nuestros mayores, nos ganan en experiencia y en testimonios. Los que han llegado nos lo transmiten y nos pueden servir de alguna referencia. Porque no hay otro camino ni otro destino. Estamos hechos para amar, y amar es un compromiso.

Amar es dar la vida. Lo saben los esposos que, porque se aman, hacen una donación recíproca de su vida y asumen la responsabilidad de ser padres, aceptando también la abnegación y el sacrificio de su tiempo y de su ser a favor de aquellos que han de cuidar, proteger, educar y formar como personas. Lo saben los misioneros que dan su vida por el Evangelio, con un mismo espíritu cristiano de sacrificio y de abnegación. Y lo saben religiosos, sacerdotes y obispos, lo sabe todo discípulo de Jesús que se compromete con el Salvador (del Comentario: Rev. D. Carles ELÍAS i Cao (Barcelona, España)

Pero eso es un proceso, que necesita tiempo, paciencia y mucho tacto. El árbol da frutos, pero esos frutos no son para él, los regala y de ellos se alimentan otros. Llegar a esa perfección es un camino duro y costoso, y se necesita ayuda, pero sobre todo, la Gracia del Espíritu Santo. Porque, es así como nos ama Dios.

viernes, 16 de febrero de 2018

¿MORTIFICARNOS? ¿PARA QUÉ?

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¿Para qué mortificarnos? Es una pregunta que tiene su misterio y su respuesta. El hombre busca todo lo contrario, la alegría, la fiesta y el bienestar. Estar bien significa estar alegre y festivo. Luego, ¿qué sentido tiene el sufrimiento y la mortificación? Siempre ha sido un medio de control, de equilibrio y de austeridad. Y, hoy, en los tiempos modernos se ha convertido en el menú presente en todas las dietas. 

Se hace ayuno cada día aligerando las dietas y privándose de muchos alimentos que gustan a los sentidos gustativos, pero se mortifican y se privan de degustarlos en bien de la salud o de la silueta corporal. Todo se pospone y encamina hacia una meta o fin. El cristiano se prepara y dispone a la lucha de cada día tratando de sostenerse sobrio, equilibrado y dueño de sí mismo con la práctica del ayuno y otros sacrificios. Es ahí y desde esa perspectiva donde se encuentra el verdadero sentido al sacrificio. Renunciar para vencer la tentación y para desprenderse de tus propios egos.

Renunciar para compartir, porque, de conservarlo para provecho propio pierde todo su sentido. Se trata de ser capaz de renunciar para darse. Y es que el amor se fundamenta en eso. No hay amor que no renuncia por el bien del amado. El amor busca el bien del que ama, así Dios busca nuestro bien, porque nos ama con verdadera locura. Y, por eso, busca nuestra salvación entregándose en su Hijo, nuestro Señor Jesús, a una Muerte de Cruz para salvarnos.

Pero, la finalidad del ayuno y la mortificación no es la meta cristiana. Es un medio que nos puede ayudar, pero no la medida de la perfección. No es lo que Jesús quiere en nosotros, porque Él ha venido a darnos vida, alegría y plena felicidad eterna. Por lo tanto, tenemos que ayunar de todo aquello que nos tienta, que nos arrastra al egoísmo, al interés por nosotros mismos, a buscarnos y satisfacernos y olvidarnos de los demás. A ser indiferentes al dolor y sufrimientos de los otros. Ese es nuestro ayuno y el que debemos practicar cada día de nuestra vida en este camino y mundo.

Pero, buscamos llegar al Señor y en Él disfrutar eternamente del gozo y la alegría que bulle dentro de nuestros corazones. Porque, para eso hemos sido creados.

domingo, 13 de septiembre de 2015

CAMINO DE RENUNCIAS

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La vida tiene un camino, el verdadero, es camino de renuncias, sacrificios y sufrimientos. Quien pierde su vida la ganará para siempre en gozo y felicidad. Es lo que nos dice Jesús.

Sin embargo, quien la gana, buscará en ella la despreocupación, el confort y la felicidad, que no encontrará sino en apariencias. Esos perderán todo, hasta su propia vida que la vivirán eternamente en ausencia de Dios y, quien sabe como.

Si tú, igual que yo, quieres ser feliz, busca la felicidad donde único puedes encontrarla. La llave la tiene Jesús de Nazaret.

sábado, 16 de mayo de 2015

RENTABILIDAD



¿Quién no busca que sus actos y acciones tengan rentabilidad? Hasta en la Iglesia se miden los resultados por los números o asistencias de fieles. La primera pregunta sobre una reunión, conferencia o celebración es sobre la asistencia de gente. Es algo inherente a la mente humana. Estamos cogidos por nuestra razón económica y eso lo extrapolamos a todas las circunstancias de nuestra vida.

Sin embargo, el Reino de Dios no se experimenta por ahí. Para Jesús hay algo mucho más importante, el amor. El amor que no se mide por economía, sino por entrega, generosidad y gratitud libre y desinteresada. El amor que su propio pueblo no entendió ni esperaba. Porque para vencer hay que ser más fuerte. 

Sólo el poder y la fuerza son los signos de victoria que entiende el mundo. Un Mesías que se presenta pobre, humilde, sencillo y con el arma del amor parece loco y disparatado. Jesús pierde para vencer. Podríamos significar que la victoria se esconde detrás de la derrota. De la derrota del amor, la Cruz, aparente signo de derrota y fracaso, se convierte en la Resurrección de Jesús, signo de Victoria y de Redención.

Signo de amor que realmente salva al hombre. Sólo importa la rentabilidad final, porque de nada vale subir mucho al principio para luego caer hasta el abismo al final. Mejor permanecer, aún en la tristeza, en el dolor, para luego terminar en la felicidad eterna. Esa es la verdadera y única rentabilidad. El éxito del Amor.

miércoles, 9 de julio de 2014

LA CEGUERA MÁS PELIGROSA



Hay muchas enfermedades que nos impiden ver. La más natural es la enfermedad ocular que ciega nuestra vista y nos envuelve en la oscuridad. Pero no es la más peligrosa, porque, sí, es verdad que no puede apreciar los colores ni las formas, pero puedes ver con la imaginación del alma, oír los sonidos de los pájaros y tocar con tu sentido del tacto. Eso te puede dar una idea del mundo que te rodea que con tu imaginación cobra color, forma y vida a la luz de tu vida.

Sin embargo, hay otra ceguera más peligrosa. Tan peligrosa hasta el punto de dejarte ciego para siempre, y para siempre significa eternamente. Es la ceguera del alma, esa ceguera que te permite ver los colores, las formas y vivir la vida intensamente y apasionadamente, pero de forma egoísta y sólo buscándote a ti mismo. Es la ideología del que proclama que la vida son cuatro días y hay que vivirla intensamente sea como sea. Sería decir que lo único que tienes es esta vida presente y no aspiras a más.

Puedes deducir que ceguera tan peligrosa podemos padecer. Es la ceguera que te impide ver que has sido creado/a para amar, y que si no amas estás desviándote de tu vocación y destino hasta el extremo de ser infeliz, porque quien no ama nunca podrá ser feliz. Y ese es el resultado que podemos apreciar en aquellas personas que, cegadas por las apetencias y ofertas del mundo, se desvían del camino para el que han sido creadas.

Sólo el amor te hace feliz, y eso lo experimentas cada vez que tu corazón, en lo más profundo de tu ser, descubre que cuando te das de forma sincera y gratuita se enciende una luz dentro de ti que te hace sentirte gozoso/a y lleno de vida y esperanza. Es ese Dios que estás ignorando y que te espera lleno de Amor.

jueves, 6 de marzo de 2014

SEGUIR LO QUE VALE LA PENA



Admiro a mucha gente, y entre ello a algunos compañeros en su perseverancia y voluntad para estar cuidando la forma y mantener la actividad física con largas caminatas y paseo en bicicletas, cuando no a pie. Transmiten fuerza de voluntad y una fe en el ejercicio físico como complemento necesario para mantenerse bien y cuidar la salud.

Sin embargo, me pregunto que por mucho que se afanen, en vano sus esfuerzos porque, tarde o temprano, les vendrá su hora y su deterioro con la muerte. Lugar que todos, a muy pesar nuestro, visitaremos. No obstante, no quiero significar ni decir que esos esfuerzos no sean convenientes, buenos y necesarios, pues también debemos y tenemos que cuidar nuestro cuerpo.

Pero, resulta paradójico que existiendo la posibilidad de, sin dejar de cuidar lo uno, cuidar el espíritu que mantiene la esperanza de conservar ambos eternamente, a eso no se le preste cuidado ni se tenga en cuenta. Sorprende que se valore poco lo verdaderamente importante, pero detenido un instante observamos que la gente camina muy deprisa y piensa muy tarde, lento y muy poco.

Convendría reflexionar un poco más, porque la cuestión es de suma importancia, lo más importante diría, porque no jugamos, no sólo la vida sino la vida eterna. Y reflexiona hasta el punto de sorprenderme a mí mismo, porque hasta hoy no me cabía en mi corta cabeza lo que dijo santa Teresa: "...No me mueve mi Dios para quererte, que aunque no hubiera cielo te quisiera y aunque no hubiera infierno te temiere..."

Pero ahora llego a entenderlo, y podría decir lo mismo. Y es que aunque el Señor fuese un invento de los hombres, merece la pena cuidar el espíritu que el hombre tiene, y amar, pues ya desde aquí se vive mejor y en paz. Y es que ese deseo de ser alguien y ansia de felicidad sólo se alcanza amando y sembrando la paz y las buenas obras. Nadie se acuerda de lo bien que has vivido, ni de tus buenos momentos, sino de lo que has amado y has hecho por los demás.

De las grandes orgías, pantagruélicos banquetes, borracheras y fiestas por todo lo alto nadie se acuerda. En todo caso las desean, y desesperan por no poder vivirlas de nuevo, pero sólo queda vacío y tristeza. Se acuerdan de lo que tú has amado y has dado por amor. Sólo quedan tus buenas obras.

Y, claro, resulta que esa experiencia te pone otra vez, sin otra alternativa, delante de Dios y te hace exclamar: Gracias Dios mío porque existes y porque me haces feliz hasta el punto de amarte sin pedirte nada a cambio.

sábado, 11 de enero de 2014

LA VIDA ES UN CAMINO Y VALE LA PENA ENCONTRAR LA SALIDA



Nadie nos ha pedido permiso para crearnos, ni tampoco hemos tenido oportunidad de elegir los padres, hermanos y familia en la que hemos nacidos. Mucho menos el país o la ciudad, y menos todavía el color o la raza. No cabe duda que Alguien nos ha puesto aquí sin contar con nosotros.

Y ese Alguien deberá ser todo poderoso e infinitamente inteligente. Una inteligencia que no podemos abarcar ni comprender ni nos cabe en nuestra limitada inteligencia. Descubrimos entonces que necesitamos la fe. Pero sí alcanzamos a preguntarnos que si nos han puesto aquí, también nos habrán dejado una salida que se prolongue y continúe en otro lugar. Sería un absurdo crearnos, darnos esa inquietud y deseos de felicidad y ahogarnos con la muerte y fin.

Nuestra cabeza alberga esperanzas porque su corazón así lo entiende y se lo dice. Esperamos vencer, alcanzar la felicidad y ser eternos. Es lo más sensato y de sentido común, Y, mejor todavía, que Alguien nos lo ha dicho, nos lo ha prometido y nos lo ha demostrado con su propia Resurrección. Y hay muchos que lo han testimoniado, experimentado y vivido.

Siempre podrás negarte, porque te han dado esa capacidad de libertad, pero nunca podrás negarlo a Él, porque estuvo y está entre nosotros. Su Resurrección es un hecho atestiguado por muchos que nos lo han trasmitido, pero nuestro corazón lo descubres a menos que reflexiones un poco.

Porque llevamos dentro su sello y semejanza: ansiamos ser felices y eternos

viernes, 7 de diciembre de 2012

INMENSAMENTE FELIZ, PERO...


eso no significa que haya llegado a la plenitud. Sí, hay un gozo y una felicidad que, incluso en muchos momentos del camino, te sientes cansado, angustiado y tentado a dejar de remar contra corriente. Sí, hay muchos momentos que se hace oscuridad en tu vida y hace presencia la tristeza o desesperación.

Pero pronto viene la Luz de nuevo. Amanece el día y la tentación de la oscuridad queda vencida, superada. Y se reanuda el camino. Más si cabe cuando lo haces acompañado, cuando no vas solo. Por eso, el grupo, la comunidad, los demás son importantes en tu vida y en tu caminar.

Jesús así nos lo enseñó cuando escogió a un grupito y nos mandó a amar y amarnos. Sabía de nuestras necesidades y apoyos. Y sí lo experimentamos, sobre todo los que caminamos junto a otros. Se siente la palmadita, el ánimo, la comprensión, el servicio, la atención... el amor.

Pero en este recorrido vital hay un denominador común: La alegría de saber que tras la meta encontraremos aquello que perseguimos: La felicidad eterna. Esa esperanza vivida a cada instante, cada día, en las tribulaciones, en el trabajo, en los contratiempos, en las penas, pero también en las alegrías encienden tu vida, la levantan y la ponen en acción: "Caminante no hay caminos, se hace caminos cuando andas, pero no un andar indiferente, porque simplemente hay que caminar, sino un andar esperanzado, feliz y gozoso de que llegaremos a la meta final, aquella que el Padre nos ha prometido".

Y eso borra toda tristeza, todo disgusto, todo abatimiento, todo desánimo. Concluyes en que detrás de los avatares de este camino solo subsiste un sentimiento: "El gozo de sentirte inmensamente feliz".

jueves, 9 de agosto de 2012

TAMBIÉN NOSOTROS HEMOS SUBIDO AL TABOR

 - La Iglesia celebra la Transfiguración del Señor

muchas veces, pero quizás no nos hayamos percatado o hemos estado despistados. Sin embargo, ahora, en estos momentos de silencios podemos hacer memoria y recordarlos. ¿O es qué no recuerdas aquellos días que te sentiste muy gozoso, muy contento y muy optimista cuando todo marchaba viento en popa?

¿O cuando tuvistes aquella confesión y experimentaste la alegría de sentirte alegre y feliz? ¿Y no recuerdas aquella Eucaristía que te saltarón las lágrimas? Posiblemente habrá habído más tabores en tu vida, pero ahora lo importante es descubrir que también están en tu vida.

Son momentos de ánimo, de palpaditas que te empujan y animan a seguir adelante. También no conviene proclamarlo a los cuatro viento, porque muchos no te entenderían, pero permanecen ahí guardados en tu corazón.
 
Pero también hay momentos de confusión, de tristezas y de sufrimientos. Los tabores hacen falta para ayudarnos a superar los de aquí abajo, porque no podemos permanecer siempre subidos al Tabor, se hace necesario bajar, guardar silencio y caminar por este mundo que nos llama.

Subir a Tabor es necesario, y nos hace falta. Jesús no nos deja solo y nos anima con más frecuencia de la que creemos, pero nos invita también a bajar y, en silencio, seguir el camino hacia nuestra propia cruz, porque solo en la cruz se contagia la luz del Tabor. Así nos lo mostró Jesús.

viernes, 13 de julio de 2012

SI BUSCAMOS LA FELICIDAD, ¿POR QUÉ NO VAMOS A SER FELICES?

Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos...
Sería absurdo y descabellado pensar de otra forma. Jesús nos promete ser felices ya, y "ya" quiere decir desde este momento, aquí y ahora. No significa otra cosa, sino lo que realmente quiere decir. Y eso coincide con lo que cada uno de nosotros quiere, piensa y desea.

El creyente busca porque quiere encontrar lo que desea. Y lo que desea es acabar con la tristeza que en este mundo, tarde o temprano, le amenaza. Sabe, por propia experiencia, que en las cosas que este mundo le ofrece no se haya la felicidad. Lo ha experimentado, y lo experimenta en la realidad que contempla a su alrededor.

Conoces a muchos, cuando no por su propia experiencia, que hipnotizados por los espejismos que este mundo le presenta, pronto vislumbran que la realidad es otra. Vale más tarde que nunca, descubren que detrás de las ilusiones se encuentra el vacío, porque todo lo que nos mantiene nuestra ilusión es vano, efímero, caduco y sin sentido.

Se pierde nuestra mirada, no encuentra ninguna referencia que le dé sentido a su vida. Las cosas son eso, simplemente cosas. No van más allá del mero hecho de darte algo de felicidad fugaz, temporal, con fecha de caducidad. Pero, ¿y luego?, porque hay un luego. Aquí no termina. ¿Qué pasará después? ¿Qué me espera?

Volvamos a la Palabra de Dios, la que nos puede indicar el camino. En la 2ª carta a los Corintios leemos (8,7.9.13-15): Hermanos: Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. 
Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad.
Es lo que dice la Escritura. "Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba".

Creo que San Pablo nos deja el criterio muy claro, y más ahora en estos tiempos de crisis. La necesidad de compartir está descubierta.

lunes, 28 de mayo de 2012

¿CUANDO NOS SENTIMOS LLENOS PLENAMENTE?

Hay días en que nos sentimos así, vacías en algunos...

No cabe ninguna duda que todos anhelamos ese sentimiento: "Sentirnos plenos de sentido y felicidad". Pero no parece fácil lograrlo. Muchos momentos de nuestra vida están vacíos, y cuando nos ocurre eso nos sentimos mal y hasta llegamos a desesperarnos.

Es entonces cuando buscamos sensaciones que nos ayuden a sustituir esos insatisfechos sentimientos, y, por desgracia, la válvula de escape es siempre la misma: alcohol, droga, sexo... que al final nos dejan todavía más vacíos y desesperados. Al mismo tiempo van mutilando y esclavizando nuestras vidas.

También observamos que cuando nuestra vida tiene un objetivo concreto, la cosa cambia. Ese objetivo llama nuestra atención, la ocupa y la mantiene activa y en guardia. No hay tiempo para otras cosas. Ahora toda nuestra atención está volcada en ese objetivo: darle estudios a mis hijos, por consiguiente hay que mantener el trabajo y trabajar duro; cuidar de mis padres que tanto han hecho por mí; sacar adelante la familia que ocupa toda mi vida; mantener y crecer la empresa, formar un equipo deportivo para el pueblo, voluntariados...etc. 

Muchos objetivos que pueden servirnos para mantenernos entregados y dados a los demás. Descubrimos que eso nos llena y nos activa, y le da sentido a nuestra vida. Sin embargo, sentimos miedo a la hora de envejecer y de que todos esos proyectos se acaben. El miedo a la jubilación existe, sólo que ahora hay otras alternativas para ocuparse y no desfallecer.

Pero, llegará. Todos sabemos que llega el momento donde debemos retirar el bastón de mando y apartarnos en el silencio de nuestro propio adiós. Y ahí podemos encontrarnos de nuevo con el vacío aterrador que deja nuestra vida sin sentido. Pensamos en la muerte, o entristecemos nuestra vida. ¿Qué ha pasado? ¿Ya no somos o no valemos?

Mejor buscar algo que no se acabe nunca, y que siempre, esté donde esté, nos llene plenamente. Vale la pena intentarlo.

viernes, 18 de mayo de 2012

LA FELICIDAD ESTÁ EN TODAS PARTES

... y compartir para ser feliz, porque "la felicidad está en todas partes, ...

Es una frase de Gustave Thibon a una pregunta que le hicieron: ¿Cuál es su ideal de felicidad terrenal? - La felicidad no se sueña. Está en todas partes, a condición de acogerlo todo como don de Dios.

Y coincido con su respuesta. La felicidad consiste, diría yo, con aceptar cada momento de tu vida como un camino para aprender de ello y mejorar. Corregir lo que has hecho mal, mejorar lo que has hecho bien, pero no tan bien, y perfeccionar según lo que Dios espera de ti.

 Y eso no se puede lograr sino haciendo de cada momento de tu vida un acto de amor. Amar cada cosa que vives tal y como la vives, buscando siempre el bien. Ahora en ese silencio que la vida te impone, acógelo con serenidad y aprovéchalo para mirarte lo que tienes sucio y trata de limpiarlo. O acepta ese momento de desespero y ansiedad tratando de buscar paz y serenidad.

O simplemente deja pasar el tiempo y acepta tu debilidad, tus apegos y limitaciones tratando de buscar fuerzas para imponerte a ellos. Pero sin angustias, sin soberbia, sin desesperos. Todo ocurre y sucede por algo y para algo. De todo se puede aprender, y todo es necesario para crecer en esta nuestra vida. No hay nada inútil ni innecesario.

Por eso, todo se vuelve valioso y gozoso si se utiliza para ser más feliz. En ese sentido, la felicidad está en todas partes, porque todo se puede aprovechar para convertirlo en ser más feliz. No se trata de enfrentarnos y de protestar por todo lo que nos ocurre, sino de adaptarnos, aceptarlo y transformarlo de la mejor manera posible en vivencias que nos sirva para aprender, crecer y mejorar.

Saber que el Espíritu Santo está con nosotros, y Él quiere y nos conduce a buscar lo mejor, lo que nos sirve para alcanzar lo que buscamos: la felicidad eterna. luego, si tenemos al que lo puede todo y quiere ayudarnos, solo tendremos que dejarnos ayudar, tener confianza y seguir sus consejos. Todo puede convertirse en un acto bueno y útil para mejorar en nuestra vida.  

Porque todo lo que persigue ser bueno para el hombre, será bueno para el hombre. Aun cuando no salga tan bueno, o en primera instancia sea aparentemente malo. Dios, nuestro Padre lo convertirá en bueno, porque Él es todo Bondad y Amor. Y del amor solo puede salir cosas buenas.

Sin embargo, ocurre que a veces esa bondad recorre caminos torcidos, bordea montañas y no sigue un camino recto. Necesitamos dar vueltas para encontrar el camino bueno, y solo con las vueltas aprendemos a encontrarlo.

jueves, 12 de abril de 2012

SIN RUMBO Y A LO LOCO

Perdido y sin rumbo... pronto todo terminaría...

Es lo que se me ocurre decir si me hicieran la pregunta de cómo está el mundo. Porque no puedo encontrar mejores palabras que lo definan tal y como se comporta. ¿Qué diríamos de aquellas personas que habiéndoles proclamado la posibilidad de la salvación, la rechazan y hacen lo contrario para alcanzar su condenación?

Supongo que unánimemente todos convergerían en manifestar un sí rotundo como afirmación de que están viviendo a lo loco y sin rumbo. No es para menos, pues ofrecida la salvación se empeñan en tomar el camino opuesto, la condenación.

En Rm 6, 8-11, se nos proclama: "Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre Él. Porque morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús".

Y esto está reciente, lo hemos celebrado, Xto. Jesús ha Resucitado. Resucita cada día en aquellos corazones que acogen esta verdad, porque su Palabra es Palabra de Vida Eterna. Su testimonio es histórico, es una verdad contrastada. Su sepulcro está vacío, nada fue encontrado allí. ¿Dónde está si no? ¿Es qué se puede esconder un cadáver tan importante? ¿Con qué medios y para qué fue escondido? ¿No es eso el mayor disparate del mundo?

Luego, ¿cómo te resiste a creerlo? ¿No te basta las centenares de apariciones que, también ahora, hasta los cincuenta días de su Resurrección se producen? Porque vive y se manifiesta a muchas personas cada día. Está presente en cada Sagrario, vivo y actual. Es el mismo Jesús que murió en la Cruz. Nos redime con su presencia, porque nos quiere y nos ama, por eso nos espera. Te lo aseguro, sólo necesitas dejarte abrazar por su amor incondicional e infinitamente misericordioso.

Jesús vive, y sólo Él es la brújula que puede encaminar y dirigir hacia su salvación a este mundo alocado, perdido y sin rumbo. Sin Él está perdido, porque sólo en Él encontraremos la verdad, el camino y la vida.

jueves, 5 de abril de 2012

SI LLEGÁRAMOS A COMPRENDERLO

Domingo de Ramos, procesión del Señor en la burrita (Arrecife)

Se nos escapa a nuestras posibilidades de comprensión. Sí, lo entendemos, pero no somos conscientes de ello. Nos, al menos a mí, resulta hasta difícil explicarlo. Entiendo que Dios es mi Padre, y sé lo que unos padres se preocupan por sus hijos, pero se me hace difícil tener presente como mis padres están pendientes de mí. 

De tenerlo muy presente, mi vida sería de otra forma. Porque Padre Dios está en todo momento pendiente de mí, y me cuida y protege. Y me guía y me señala el camino. ¿Cómo me di cuenta? Sin saber cómo, y sin caer en la cuenta. Todo ocurrió de forma natural y sin apenas llamar la atención. Los protagonistas, esa madre de color y su hijo que ven ustedes en la procesión en primer lugar.

Avanzada la Eucaristía, después de la procesión de Ramos, el niño no resistía la tentación de ir con los demás niños hacia el Altar Mayor donde permanecían sentados. No resistió el impulso, como niño, de saltar y moverse, y así se iba de un lugar para otro. Fue entonces cuando me percaté de cómo la madre estaba pendiente de su hijo. Daba algunos pasos adelante y estaba muy pendiente de todo lo que hacía. Su mirada no tenía otro destino que las piruetas y saltos de su hijo.

Entonces me dije a mí mismo que el Amor de Padre Dios tiene que ser como el de esa madre. Y, viniendo de Dios, es Infinitamente más grande e incalculable. Dios no nos deja ni un instante de nuestra vida. Igual que ese niño, sin darnos cuenta, Dios nos vigila, nos protege y mira por si nos ocurre algo. Incluso nos ha designado un hermoso y cualificado Ángel de la Guarda, que nos acompaña y nos indica por donde debemos ir.

Tenemos que confesar que casi nunca le obedecemos. Ni al Ángel ni a nuestro Padre Dios. En cuanto dejamos de ser niños nos emancipamos y seguimos nuestro propio camino. No queremos cuenta con nadie. ¡Con razón, ahora lo vemos más claro, Jesús nos dijo que tendríamos que ser como niños para entrar en el Reino de los Cielos!

Sí, porque mientras seamos niños, aun a duras penas, obedecemos y seguimos los consejos de nuestros padres. Pero en cuanto nos dan la libertad de mayores, empezamos a encharcarla y a estropearlo todo. Nuestra libertad, si no la ponemos voluntariamente en Manos de Espíritu Santo, a pesar de que tanto nuestro Ángel de la Guarda, como nuestro Padre Dios no dejan de mirarnos y cuidarnos, nos pierde porque no sabemos conducirla, dirigirla.

Vamos fortificando dentro de nosotros ese hombre viejo y de duro corazón que nos pierde y nos quita la paz y la verdadera felicidad. Perdemos la inocencia del niño limpio, puro, sencillo, transparente, disponible, sin doble intención e ingenuo que se aviene a la pureza y la verdad, para pasar al hombre ensoberbecido y amigo de sus propios egoísmos que no obedece sino a su verdad contra la verdad del otro.

Somos pobres, débiles, frágiles e inclinados a la soberbia, al pecado, y necesitamos la Sabiduría del Espíritu Santo para saber conducirnos y no dejarnos anular como hombres dignos e hijos de Dios, a lo que estamos llamados, a gozar eternamente del Amor de nuestro Padre en una dicha sin fin.

martes, 28 de febrero de 2012

HACER LO QUE REALMENTE QUIERO HACER


Si diera rienda sueltas a hacer lo que quiero, lo que vulgarmente decimos me pide el cuerpo, me perdería totalmente, porque aunque sientes el tirón y deseo de abandonarte a tus apegos y pasiones, también experimentas y percibes que ese no es buen camino. 

El dejarte ir a favor de la corriente trae malas consecuencias y pronto percibes que eso es cierto. Es, pues, necesario luchar, y oponerte a todo aquello que su mal o excesivo uso puede llegar a serte perjudicial. No cabe duda que a la conclusión que llegas en poco tiempo es que lo bueno, lo que realmente todos buscamos y queremos va a costar trabajo.

Cuando decides emprender ese camino, pronto te das cuenta que el recorrerlo es muy serio y se hace duro y difícil. Experimentas que, con casi total seguridad, te vas a quedar solo en muchos momentos, o que son muy pocos los que lo siguen. La conclusión no tarde en llegar, el mundo tiene otros criterios y querer enfrentarse a ellos es navegar contra corriente.

Por eso está el mudo como está. Todos buscan la felicidad en él, y en él no está. Pero se hace difícil convencerles que buscan en vano. Sientes en tu interior eso de que "en vano se cansan los albañiles si el arquitecto no construye la casa". Porque solos nadie puede lograr ni alcanzar nada. Pero muchos se empeñan en enfrentarse solos, rechazando toda ayuda, sobre todo la que nadie debe rechazar.

Y nos hartamos de buscar y buscar felicidad caduca, esa que prometen en los periódicos o la tele: "Vivir la vida que son cuatro días; pásalo bien y no te preocupes cómo ni por qué; vive tu vida y piensa en ti, disfrútala y no sufras..." Y corremos detrás de esas promesas como locos olvidándonos que todos esos premios son caducos, se marchitan. No hay futuro con todo eso.

Claro, el otro camino es un camino martirial, de sufrimiento, de cruces, de inseguridades, de esos de los que a nadie les gustan. San Pablo decía que no hacía lo que quería, y sin embargo, aun no queriéndolos hacía lo que no quería. Creo que es lo que nos pasa a todos, hacemos lo que no nos conviene y, no hacemos, lo que realmente nos conviene. 

Esa es nuestra lucha. Ese es nuestro compromiso, el martirio. Porque Aquel que nos ofrece la plena felicidad, y para siempre, se abandono de su divinidad tomando nuestra naturaleza humana para indicarnos que el camino es la cruz mientras andemos por aquí abajo. Su vida terminó en la Cruz. Posiblemente ya la conozca o, al menos, hayas oído hablar de Él.

Y resulta que aprendiendo a sufrir, "aceptándolo", empezamos a experimentar que nuestra búsqueda, que tanto perseguimos y anhelamos, está escondida ahí, en el sufrimiento. Sí, no se entiende. Es un misterio, pero se experimenta y da gozo al final. Porque en la medida que más se profundiza y se sufre, más Gracia recibes y más fortaleza adquieres para superar tales adversidades.

No se entiende, pero ocurre así. Para muestra, la vida de todos los santos. Me vienen a la memoria Santa Teresita de Lisieux, Padre Pio de Pietrelcina, entre otros muchos, por ejemplo. La Eucaristía es un compromiso martirial, y quien no entienda eso difícilmente dará sentido a sus sufrimientos.

Porque todos sabemos que llegaran. Nadie escapará a la enfermedad, al dolor... Puede ser que si no directamente, sí indirectamente. La cruz es el final de esta vida para dar luz a la verdadera y eterna. Por eso, buscarle sentido al dolor y al sufrimiento tiene sentido, porque nuestro primer rechazo, pecado original, nos ha marcado ese camino, y para salir de él necesitamos un Reparador que nos redima. Y esa reparación se hizo en una Cruz. Cruz que nosotros también hemos de beber.



Y quiero aprovechar esta reflexión para agradecer a mi amiga "caminar" ese detalle que ha tenido de acordarse de mí. No tiene valor el premio sino el esfuerzo de buscarme entre otros para concederme su premio. No son mis méritos, que no los hay, sino la actitud de contarme entre sus amigos que presupone el conocerme y haberme visitado. 

Por eso, desde esa actitud, yo también quiero recordar, agradecer y conceder este premio a otros cinco compañeros, porque el premio no admite más, para que lo reciban como un hola y recuerdo de sus esfuerzos en continuar esta lucha que nos es necesaria y nos ayuda a trabajar y esforzarnos en conseguir lo que nos llena de gozo y eternidad.

Y estos son los compañeros que he designado, y que les sugiero los visiten. Les aseguro que valdrá la pena hacerlo:
Siguiendo a Chesterton
Tari Hiatzi hasta la luz
A Dios rogando y con el rock sonando

Liebster es una palabra en alemán, que según la definición que acompaña este premio, quiere decir "querida(o), amada(o) o favorita(o)". La idea de este premio es apoyar a blogs que tengan menos de 200 seguidores para que puedan crear más conexiones y que otros blogs los conozcan.
Estas son las reglas a seguir:
- Agregar el botón a tu blog
- Seleccionar a 5 personas y dejarles un comentario de que han recibido un premio.
- Animar a tus lectores a que visiten los blogs que has escogido.


viernes, 30 de diciembre de 2011

FELIZ AÑO NUEVO


Pero debemos saber por qué felicitamos, porque decir las cosas por decirla empiezan a sonar mal y presentar una formalidad vacía de contenido y sin coherencia. Sabemos que es lo que se usa, lo que se entiende por normal, pero también sabemos que no es lo normal.

Porque lo normal es decir lo que se piensa y se hace, ya que de no ser así será una mentira, y mentir no le gusta a nadie, y menos pasar por un mentiroso. Por lo tanto, mi felicitación este año trata de invitar a pensar en que al prometer lo que se desea, no sólo se quede en que suceda, sino también que se viva empezando por mí, que es quien lo proclama y desea.

Es, pues, una felicitación con compromiso adjunto, porque de esa forma no sólo felicito sino que me incluyo en esa felicitación y participo, como integrante de ese mundo, de esa esperanza de construir un mundo mejor.

Y llegado el momento de desear y pedir, elevo mis oraciones para que el mundo tome conciencia de que de espaldas a DIOS será un mundo sin esperanzas y sin sentido, un mundo destinado a la caducidad de perder la alegría y el gozo de vivir eternamente en la presencia de DIOS. Y eso me compromete a vivir con más criterio y compromiso mi fe, mi confianza en DIOS para transmitirla y ser puente, aunque pequeño, de unión entre los hombres y DIOS.

Desear la paz, poniéndola primero en mi corazón con todos aquellos que me rodean, a pesar de sus odios y guerras, en todos los lugares del mundo, sobre todo en aquellos países que matan con las armas, con el hambre, con la marginación, con el desprecio...etc.

Desear la vida como don de DIOS, lo más grande recibido. La vida como medio de alabanza y salvación aunque sea a través de una cruz que nos martiriza y nos entristece. La Cruz de sabernos crucificados como ÉL, y de tomar conciencia que ÉL la comparte con nosotros, como el buen ladrón, a pesar de nuestra ausencia y desesperación. ÉL está allí porque no puede ser de otra forma.

La vida de muchos inocentes que son condenados desde el seno de sus madres, y que necesitan que tu voz y la mía salgan en su defensa, comprometida, constante y dispuesta a la lucha diaria por salvarla de la muerte. DIOS lo ha dejado en nuestras manos, depende ahora de nosotros hasta donde podamos, luego, cuando ÉL lo crea necesario, intervendrá.

Porque el mundo ha sido puesto para que nosotros lo administremos, y DIOS lo respetará hasta que decida su fin. Por eso, muchas vidas dependerán de nosotros, sobre todo la de los más inocentes.

También, no me quiero olvidar de aquellos que no lo ven así, de aquellos que piensan de otra forma. Sólo desear que queramos buscar la verdad, sin segundas intenciones, sin apegos ni egoístas intenciones, sólo deseando el bien de todos aunque pise mis egoísmos o sentimientos posesivos y humanos. Buscando la verdadera libertad que anhela descubrir el bien del otro. Buscando que el mundo sea más humano pero también más libre y que, sobre todo, el hombre encuentre lo que realmente quiere y busca: la vida eterna.

lunes, 26 de diciembre de 2011

EL HOMBRE DE LA VENTANA

... el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al... 

Se hacen muchos propósitos por Navidad, y también muchas promesas. Se desea felicidad y empezar una vida nueva. La proximidad del año nuevo invita también a comenzar de nuevo, y las agendas y todo lo que nos rodea nos empujan a eso. Son momentos de estadísticas, de recuerdos pasados y de un aliciente que nos contagia para comenzar una nueva andadura.

Motivos no nos faltan y la esperanza, ¡tan necesaria!, nos predispone a ello. Sin embargo, no hay verdadera navidad si no nos disponemos a darnos y entregarnos a los demás. Se hace muy difícil hacerlo, porque ello entraña el olvido de uno mismo. ¿Cómo ser feliz olvidándote de ti mismo? Parece misión imposible, pero la experiencia nos advierte que debe ser así, porque buscándonos a nosotros mismos nadie lo ha logrado. 

Es más, se encuentra en el vacío, la desesperación y el fracaso. Y ese fracaso o frustración deriva en ira y un irascible, como consecuencia, comportamiento de actitudes que hacen insoportable la vida a los que te rodean.

Me parece una muy buena reflexión la que a continuación expongo sobre esta actitud del darse a los demás. Le da sentido a tu vida, y cuando parece que no tienes nada que hacer ni sentido tu vida, resulta que encuentras el mejor de los motivos para vivir y darte. Lean

El hombre de la ventana
Si quieres sentirte rico en esta Navidad, ve y comparte todas las cosas hermosas que has vivido.
Autor: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net

Cada uno tiene experiencias particulares de la vida. Ante ellas, unos somos optimistas, otros somos medio tremendistas, unos positivos y otros negativos, unos realistas y otros subjetivos.

Por decirlo así, cada uno se la va cocinando como quiere. Pero hay personas especiales que siempre te dejan un mensaje, siempre te dejan una palabra, un comentario que te abre puertas y ventanas a un mundo mejor. Así es, por ejemplo, el hombre de la ventana. Un hombre cualquiera, que vive en cualquier lugar, de cualquier época y que come cualquier cosa; un hombre que vivió, vive y vivirá siempre, un hombre como tú y como yo, porque dentro de cada uno de nosotros hay uno como él.

Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones.

Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas; hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, dónde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana. El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un precioso lago, patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad. Según el hombre de la ventana, describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos e imaginaba la idílica escena. Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando.

Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras. Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía. Se llenó de pesar y llamó a los ayudantes del hospital para llevarse el cuerpo. Tan pronto como lo consideró apropiado, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada, y tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo para lanzar su primera mirada al mundo exterior; ¡por fin tendría la alegría de verlo él mismo! Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama... y se encontró con una pared blanca. El hombre preguntó a la enfermera qué podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana.

La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared, y le indicó: “Quizás sólo quería animarle a usted”.

Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de la pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble. Si quieres sentirte rico, ve y comparte todas las cosas hermosas que has vivido o que te gustaría vivir.

sábado, 5 de noviembre de 2011

LA VIDA DEL BIENESTAR


Todos queremos ser felices y vivir una vida cómoda, sin problemas y en paz, pero, por nuestra experiencia, sabemos que no es así. La vida es complicada y nos presenta más dolores que alegrías. Sufrimos soledades, incomprensiones, enfermedades, locuras y desenfrenos; mentiras, infidelidades, explotaciones, dictaduras, caprichos, opresiones, sometimientos, egoísmos, violencias...etc., y supongo que más cosas.

También pasamos momentos felices, pero puestos en la balanza creo que ganarían los dolores y sufrimientos, a los buenos ratos y felicidades. Sin embargo, lo que buscamos son los segundos, y en eso pasamos empeñados toda nuestra vida. Se hace necesario esclarecer a donde vamos y que pretendemos porque en esa medida encontraremos y soportaremos mejor nuestro camino y sabremos donde está nuestra meta.

Si nos fijamos, los creyentes, todos los que se han empeñado en seguir a JESÚS, han pasado y vivido un camino martirial. Sus vidas están llenas de adversidades, fracasos, soledades, rechazos, sufrimientos, dolores, trabajos... Sus vidas están llenas de cruces. Y, si tratamos de entender, es lo natural y normal, porque al que siguen vivió un vida de Cruz, y terminó en la Cruz.

Por tanto, la primera señal es que seguir a JESÚS no es vivir una vida de bienestar, sino todo lo contrario. Es una vida de Cruz y de entrega y servicio a los demás. Incluso a aquellos que nos fastidian y nos hacen sufrir. Para un creyente, claro debe tener, su calidad de vida está en la calidad de cruces que esté dispuesto a asumir, sobre todo la Cruz del amor sin condiciones hasta el punto de dar su vida si es preciso.

No buscó JESÚS una vida de bienestar, sino que se preocupó por alcanzar el bien de todos los demás. Porque para que todos, y en ese todos está la clave, alcancen el bienestar, es preciso que tú y yo nos preocupemos porque eso ocurra. Y mientras nos empeñamos en loable tarea, pasaremos nuestra vida atado a la cruz que nos ha tocado vivir. Esa constante lucha por vencernos a nosotros mismos es la batalla que debemos librar cada día, y para vencer necesitamos estar agarrado a la Cruz Verdadera en la murió XTO.JESÚS.

Pero, ocurre, que negándonos a nosotros mismos, por amor a los demás, encontramos, sería imposible de otra forma y por otros caminos, lo que tanto buscamos: "El estado del bienestar y la felicidad eterna". Es la paradoja de la vida. No está la felicidad en conseguir las cosas de aquí abajo pensando que ellas nos darán lo que buscamos, sino en negarnos a nosotros para darnos a los demás por amor. He ahí la clave y el secreto.

Pero intentarlo sólo sería imposible y disparatado. Sólo con JESÚS y en ÉL podemos alcanzarlo. Es eso lo que han hecho todos los que veneramos y nos sirven de referencia con minúscula: "Caminar al lado de JESÚS de Nazaret". En ÉL podemos luchar contra nuestras propias adversidades, soledades, incomprensiones, infidelidades, enfermedad... Su yugo es suave y su carga ligera.

Nunca equivocarnos que en vivir bien y en bienestar y comodidades, pensando en nosotros sin mirar para los demás, es la respuesta a lo que buscamos y queremos. Ese camino es el camino de la puerta ancha, del error y la perdición. Tratemos de elegir el estrecho, la puerta por la que costará entrar, pero donde, detrás, está el Tesoro que buscamos.
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