SOBRE IMAGENES

Este blog toma las imágenes de Google - Pinterest - para sus reflexiones sobre inquietudes y otros acontecimientos alumbrados desde el Evangelio. Pide de antemano permiso para ello y de no ser así ruego ser avisado para retirarlas.
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martes, 31 de julio de 2012

ESPERAR DEMANDA SACRIFICIO




Se trata de nuestra salud y por conseguirla sacrificamos todo lo que sea necesario. Gastamos tiempo, paciencia, dinero; también nos empeñamos en ser disciplinados, nos privamos de caprichos y otras cosas que nos impidan o perjudiquen nuestra salud. En fin, hacemos todo lo necesario con el fin de lograr sanar. Eso es lo importante.

Y lo que nos jugamos es nuestra propia salud, una salud relativa porque de curarnos sabemos que tarde o temprano volveremos a enfermar, y en una de estas nos llegará la inevitable muerte. Sin embargo, no buscamos remedio para esa muerte, la definitiva. Esa es la pregunta, ¿existe alguna posibilidad de encontrar solución para alcanzar la vida eterna?

Al parecer no es tan preocupante esa cuestión. Al menos no parece que nos preocupe mucho, pues por lo que observamos a nuestro alrededor indica que así es. Da la sensación que esa posibilidad u oferta no ha sido ofrecida y se tiende a aceptar la muerte como algo normal e inevitable. Algo así como si el hombre se resignara a su destino temporal.

Sin embargo, esa oferta está desde hace mucho tiempo prometida, y se nos recuerda, por si la olvidamos, todos los día en cada Eucaristía que se celebre. Y, para más asombro, se nos ofrece como un reglo gratuito, que no significa por eso que sea fácil ni barato.

Hablo de la Vida de la Gracia, la que nos regala nuestro Padre Dios, ¡su propia vida!, para que seamos igual que Él, y vivamos eternamente y felizmente como Él. Ha sido ganada para nosotros por los méritos de su Hijo Jesús al morir en la Cruz por cada uno de nosotros. Y no es tarea fácil conseguirla.

Necesitamos morir a nosotros mismos, despojarnos de nuestros apegos e inclinaciones para poder estar en actitud de darnos por amor a los demás. Olvidarme del yo para darme al tú. Y eso no es algo fácil ni sencillo hasta el punto que por nosotros mismos no podremos conseguirlo.

Necesitamos la Gracia del Padre y la asistencia y guía del Espíritu Santo. Y eso lo tenemos en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía y la Penitencia. Son las puertas para fortalecernos y alimentarnos en la lucha diaria contra el mal.

De la misma manera que cuidamos nuestro cuerpo acudiendo al médico cada vez que lo necesitamos y observamos algo que no va bien, de la misma forma necesitaremos cuidar nuestra alma porque en ello nos va el tesoros más importante de nuestra vida, cual es la vida eterna. Significa esto que podremos hacer realidad ese ofrecimiento que se nos ha hecho: "Vivir eternamente feliz", y no morir incluso cuando le llegue el final a nuestra vida corporal.

Es entonces cuando empezaremos la verdadera vida, la eterna y gozosa al lado del Padre Dios. Y esta reflexión debe ayudarnos a darle mayor importancia al médico de la salvación, tanto corporal como espiritual, es decir, para siempre, que al simple médico que nos cura por un tiempo nada más.

Así pensaba mientras esperaba en un sala de médico esperando mi turno. Había mucha gente y se me ocurrió que si pensáramos en esta oferta, las iglesias tendrían que estar más llenas que los despachos de médicos. ¿No les parece? Ocurre que estamos ciegos porque al parecer no sucede así. ¿Qué nos pasa?

Abre, Señor nuestros ojos y despierta nuestra mente embotada y preocupada por los problemas temporales, cuando lo importante eres Tú, el Médico que nos das la salvación eterna. Amén.

viernes, 13 de julio de 2012

SI BUSCAMOS LA FELICIDAD, ¿POR QUÉ NO VAMOS A SER FELICES?

Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos...
Sería absurdo y descabellado pensar de otra forma. Jesús nos promete ser felices ya, y "ya" quiere decir desde este momento, aquí y ahora. No significa otra cosa, sino lo que realmente quiere decir. Y eso coincide con lo que cada uno de nosotros quiere, piensa y desea.

El creyente busca porque quiere encontrar lo que desea. Y lo que desea es acabar con la tristeza que en este mundo, tarde o temprano, le amenaza. Sabe, por propia experiencia, que en las cosas que este mundo le ofrece no se haya la felicidad. Lo ha experimentado, y lo experimenta en la realidad que contempla a su alrededor.

Conoces a muchos, cuando no por su propia experiencia, que hipnotizados por los espejismos que este mundo le presenta, pronto vislumbran que la realidad es otra. Vale más tarde que nunca, descubren que detrás de las ilusiones se encuentra el vacío, porque todo lo que nos mantiene nuestra ilusión es vano, efímero, caduco y sin sentido.

Se pierde nuestra mirada, no encuentra ninguna referencia que le dé sentido a su vida. Las cosas son eso, simplemente cosas. No van más allá del mero hecho de darte algo de felicidad fugaz, temporal, con fecha de caducidad. Pero, ¿y luego?, porque hay un luego. Aquí no termina. ¿Qué pasará después? ¿Qué me espera?

Volvamos a la Palabra de Dios, la que nos puede indicar el camino. En la 2ª carta a los Corintios leemos (8,7.9.13-15): Hermanos: Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. 
Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad.
Es lo que dice la Escritura. "Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba".

Creo que San Pablo nos deja el criterio muy claro, y más ahora en estos tiempos de crisis. La necesidad de compartir está descubierta.

martes, 10 de julio de 2012

EL TIEMPO DE LA VIDA

No sabemos cuánto tiempo tenemos. Se nos ha dado el regalo de la...

Es la eternidad, porque no tiene sentido mirarlo de otra manera. Hemos nacido para vivir eternamente, por muchas razones, y una, entre tantas, es que lo deseamos ardientemente así. Hasta tal punto que, morir nos asusta y a la vida le damos el máximo valor.

Pero la eternidad puede ser buena o mala. Buena, porque sería la dicha inmensa de vivir eternamente en gozo y plena felicidad. Pero mala, porque puede significar estar condenado a una vida angustiada, sin paz, sufriente para siempre. Eso sería el mal de los males, lo que nadie quiere.

Sin embargo, no somos conscientes de lo que nos jugamos a cada instante. Porque esa vida eterna, buena o mala, será en función de cómo la vivamos ahora mientras pasamos por la tierra. El tiempo de nuestra vida es solamente una prueba, un puente hacia la otra, la única verdadera. 

No obstante, ocurre que nos asustamos y nos preocupamos temerosamente cuando experimentamos que nuestra vida, la de aquí abajo, está en peligro. Un buen aviso incluso nos cambia radicalmente, sin embargo, permarnecemos indiferente o distraídos ante lo verdaderamente importante, cuidar la que va a durar para siempre. Porque cuidada esta, no hay ningún miedo ni peligro lo que pase con la otra, la que ahora tenemos.

Y todo dependerá de los actos de amor que vivamos en esta. Es lo único que importa, el amor. Y amar es importarte la vida del que ahora quizás lo pasa mal porque no ha sabido hacerlo bien. No todos tenemos lo suficiente para saber hacer las cosas. Unos somos más débiles que otros, y, por eso, unos dependerán de la bondad de otros.

Claro que, al final, cada cual ha de asumir sus propios errores y aceptar su propia cruz, pero en el camino tus cruces serán también la de otros. Porque Jesús, de forma voluntaria, gratuita, y solo por amor, compartió tu cruz y se la echó a su espalda. ¿No he de hacer yo lo mismo?

jueves, 12 de mayo de 2011

¿QUÉ PENSAMOS NOSOTROS?

El mismo día de la Resurrección, iban dos de los discípulos hacía un pueblo...

En la conversación de los discípulos con el peregrino desconocido impresiona la expresión que el evangelista san Lucas pone en los labios de uno de ellos: «Nosotros esperábamos...» (Lc 24, 21). Este verbo en pasado lo dice todo: Hemos creído, hemos seguido, hemos esperado..., pero ahora todo ha terminado. También Jesús de Nazaret, que se había manifestado como un profeta poderoso en obras y palabras, ha fracasado, y nosotros estamos decepcionados.

Este drama de los discípulos de Emaús es como un espejo de la situación de muchos cristianos de nuestro tiempo. Al parecer, la esperanza de la fe ha fracasado. La fe misma entra en crisis a causa de experiencias negativas que nos llevan a sentirnos abandonados por el Señor. Pero este camino hacia Emaús, por el que avanzamos, puede llegar a ser el camino de una purificación y maduración de nuestra fe en Dios.

Esta breve introducción, recogida del "Evangelio del día meditado", de Catholic.net, nos puede servir, al menos a mí me lo parece, para reflexionar sobre nuestro propio drama. Porque este es el drama del mundo donde vivimos, un mundo de envidias, de luchas internas, de batallas de odios y venganzas, de ambiciones desmedidas y de muertes. Un mundo donde la esperanza de un mañana mejor y eterno nos mantiene en pie.

Es en este mundo donde JESÚS quizo vivir y en el que luchó, hasta el extremo, por todos nosotros. Y, como ÉL, a nosotros nos toca vivir lo mismo y luchar de la misma forma. Por eso, desde ahí, el sufrimiento, las adversidades, la enfermedad tienen sentido, y la vida cobra todo su valor como don de DIOS. Un mundo entendido así encuentra sentido al camino a recorrer. Del otro lado está incompleto y pierde su sentido.

Por eso, a la hora de compartir y transmitir, podemos preguntar a los que buscan y se precian de estar bien encaminados sobre el sentido de sus vidas. Y si no lo tienen plenamente dibujado porque carecen de mucho sentido, valga la redundancia, podemos ofrecerle el que nosotros tenemos: Vale la pena vivirla hasta sus últimas consecuencia, porque es un regalo de DIOS y todo cobra sentido en ella, y vale para alcanzar la verdadera, la que nunca acaba.

Simplemente, el hombre es esperanza y esa esperanza determina y da sentido a su vida. Cuando deja de ser esperanza, el hombre ha muerto. La única salida que tienen está fundamentada en su esperanza. Y la esperanza del hombre es DIOS, no hay otra.

miércoles, 2 de febrero de 2011

¿QUÉ SENTIDO TIENE VIVIR PARA MORIR?

Morir para vivir

Sabemos, de nada vale mirar para otro lado, que algún día, y no muy lejano, tendremos que enfrentarnos a la muerte. Hemos estado en muchos tanatorios acompañando a familiares, amigos y vecinos por la muerte de un ser querido, pero muy pocas veces hemos pensado seriamente que a nosotros nos tocará un día también. Y eso es lo único cierto y seguro que sabemos.

¿Qué sentido tiene vivir para en un tiempo más o menos corto morir? Nacemos para luego morir y realmente eso no tiene mucho sentido. Nos preocupamos desesperadamente por curar nuestras enfermedades y toda nuestra vida es una lucha por mantenernos sanos. No regateamos en hacer sacrificios por evitar caer enfermo, pero, sabemos, que tarde o temprano caeremos y en una de esas caídas no levantaremos más. ¿Tiene esto sentido?

Todos buscamos la vida desesperadamente, incluso aquellos que, postrados en cama, están destinados a pasar su vida de esa forma. Recuerdo ahora el tan comentado y controvertido caso de Ramón Sampredro , porque buscan desesperadamente la muerte para vivir. La eutanasia es una forma de en la muerte conseguir la vida, el descanso. El hombre está llamado a vivir, pero no una temporada, sino para siempre. Sólo así tiene sentido la vida.

Conozco a algunos jóvenes desesperados después de hundirse en la esclavitud de la droga que piden desesperadamente ayuda, que están sometidos y acabados, que no son dueños de sí porque su voluntad la han entregado y que no son capaces de dejarse ayudar. Sólo se puede esperar a que sean capaz de levantarse con la ayuda necesaria, pero mientras sólo buscan subsistir dominados por eso que creían que les iba a dar la felicidad.

Una y otra vez se les ofrece una ayuda seria, pero ya su voluntad está poseída y su libertad encadenada. Es un pozo difícil de salir. Las estadísticas de reinserción señalan que un tanto por ciento mínimo, incluso después de varios intentos, escapa de esta cárcel. 

Pero hay muchas formas de vivir encadenados que nos impiden liberarnos de caminar hacia nuestra propia libertad y hacia la vida eterna. En este camino, los contratiempos y enfermedades que nos acechan de forma natural para acabar con nuestra vida terrenal, son nuestros mayores aliados, porque nos preparan, nos sacuden y nos advierten que esta vida no es la verdadera vida, sino que es la que tendremos que dejar para conseguir la otra.

Porque Resucitar, promesa que nos ha hecho JESÚS de Nazaret, no es volver a vivir, sino haber conseguido la verdadera vida, por eso hay que morir a esta, que no acabará nunca. Y esa es la importante, la que vale la pena buscar, la que verdaderamente da sentido a mi vida. 

Se puede vivir sin pan, sin levadura y sin una cuenta en el banco, pero jamás se podrá vivir sin sentido. Lo que da sentido a mi vida es la meta a la que me dirijo, y esa, quieras, te des cuenta o no, es conseguir vivir eternamente. De nada vale huir de esta, a pesar de pasarlo muy mal, porque es precisamente esta vida con la que podemos ganar la única y verdadera que existe. Ésta es sólo un cromo por la que cambiamos la verdadera.

Y el cromo se llama amor, y amor no como nosotros lo sintamos y nos parezca, sino amor tal y como nos ha enseñado JESÚS, y el ESPÍRITU SANTO nos indica. Sólo así podemos obtener y salvar nuestra verdadera vida. Por todo ello, necesitamos pensar un poco más y mirar más allá de lo que tenemos delante. Vemos el mar y pensamos que nunca nos vamos a mojar, pero sabemos que un día nos llegará nuestra propia ola y nos envolverá. Para entonces debemos estar pertrechados de la vestimenta necesaria que nos mantenga limpios y no nos empape del agua de este mundo, sino de la que viene de arriba.



sábado, 15 de enero de 2011

LA PRESIÓN PUEDE SER OCASIÓN DE MUERTE

El ciclista Alberto León es hallado muerto en su domicilio

Yo no hago mal a nadie, no robo, no mato, ni deseo mal. Incluso, si puedo ayudo a cualquier persona que necesite algo que yo pueda darle. Estas palabras están en boca de mucha gente, de todas, diría, y seguramente la hemos oídos muchas veces al invitar a alguien a cambiar, a tomar un giro nuevo en su vida.

No necesito cambiar, es la respuesta más común escuchada a la invitación de reflexión, al conocimiento de uno mismo, a la búsqueda de lo que deseamos: "La felicidad". Nos autodifinimos felices, suficientes, sin necesidad de nada. Damos gracia, eso sí, a la vida por lo bien que nos ha tratado y se hace difícil encontrar, en una mirada superficial, problemas en la vida de cualquier persona.

Sin embargo, si escudriñamos un poco salen enseguidas más problemas de los que esperamos y conocemos. Si vamos analizando nuestra vida tanto exterior como interior nos apercibimos de mucha inmadurez, limitaciones, vanidad, egoísmos, actitudes que denotan una preocupación egoísta, que generan violencia, encienden venganzas, enfrentamientos, envidias...etc.

El desconocimiento de uno mismo genera soberbia y una persona ensoberbecida actua de forma egoísta y enfrentada a los demás. Porque la soberbia te hace suficiente, más que el otro y te enfrenta al otro, te engríe y te pierde. Todo lo contrario que la humildad y sencilles, que te acerca, comparte y acepta tus propios errores y fallos.

Y todo eso te conduce a la desesperación y desesperado caes en la depresión y de ahí a quitarte del medio sólo hay un pasito (ver aquí). Hemos reflexionado mucho sobre estas conductas humanas, pero mientras no nos toque muy cerca no caemos en la importancia y realidad de ellas. Es por lo que nos sirve, para alumbrarnos y despertar a la realidad el triste suceso acaecido a Alberto León que nos señala que estas cosas que reflexionamos no están desencarnada de nuestra propia realidad.

El desconocimiento de DIOS genera desesperación, porque cuando todo está apoyado en las cosas de este mundo, todo se desmorona cuando hemos caído en la trampa de la vanidad, del placer, de las riquezas, de lo fácil, de lo cómodo y rápida ganancias para el disfrute y... Una enfermedad, un meternos en actos de mentiras, de fraudes, de viciós, de... generan situaciones que nos llevan al precipicio y, si no hay más, desesperados, nos lanzamos al abismo poniendo fin a nuestra vida.

Siempre, como el hijo prodigo, hay esperanza para aquel que cree en su PADRE del Cielo, porque la principal caresteristica de DIOS es su Misericordia, por eso nos ama tanto, y por eso estamos y esperamos ser salvados. Nunca harémos méritos para poder merecer nuestra salvación. Todo es debido a su Misericordia. Por eso, cuando estamos en sus Manos y confiamos en su Misericordia, podemos alcanzar la serenidad, la tranquilidad, el sosiego y, puestos en su presencia, aceptar nuestros fallos, nuestra miserable vida y confiar que en ÉL podemos alcanzar la paz y el perdón.

El sentido de nuestra vida cobra una dimensión de esperanza, de gozo en el perdón y Misericordia de nuestro PADRE DIOS. Seguro estoy que la vida de Alberto León hubiese tomado otro camino, como la pueden tomar todos aquellos que se sientan imputados por sus debilidades y fallos. Delante de DIOS sólo hay comprensión, abrazos y amor Misericordioso para acoger y perdonar a los que quieran aceptarlo. 

Eso fue lo que hizo Dimas, el buen ladrón, y ya conocemos la respuesta de JESÚS. Y esa es mi fe, por la que también he superado mis noches tristes, mis fallos y pecados y mis desesperaciones. Confieso que mi propio vaso de agua estuvo también a punto de desbordarse y por mi cabeza pasó esa posibilidad. Por la Gracia de DIOS, no sin aportar esfuerzo y humillaciones, pude encontrar la esperanza y la paz de regresar al camino de la Casa de donde nunca debería haber salido.

Por eso, de no encontrar un PADRE abierto a recibirme, a no culparme, a no recriminarme, a olvidarse de lo sucedido, de mis culpas, de mis fallos, de mis pecados y... posiblemente no hubiese entrado en la Casa, ni me hubiese decidido regresar. Habría terminado antes.

Y eso debe ayudarnos a pensar que todas esas personas sorprendidas y despertadas de unos sueños irreales, adornados de mentiras, de fraudes, de montañas de cosas caducas, deben ser tratadas con cuidado, asistidas por personas que les den motivos de esperanzas, de que hay un camino de regreso a pesar de lo duro y difícil que puede presentarse, pero lleno de esperanza y de paz.

¿Qué falta hacen los curas o seglares creyentes en JESÚS en estos casos? ¿Cuantas vidas se pueden salvar si hay una atención espiritual interior que de esperanza a este mundo caduco y desesperado? Y, encontraposición, este gobierno nuestro empeñado en desterrar y desaparecer la única vía de esperanza y salvación, "la cruz", donde se pueden agarrar todos aquellos desesperado que por su rumbo extraviado han perdido la esperanza.

lunes, 15 de noviembre de 2010

EL SENTIDO DE LA VIDA



Siempre he pensando, y sigo pensando, que lo único importante en esta vida es preguntarse por la otra, porque en esta sabemos cual es el final. Ignorar este interregante que todos llevamos clavado en nuestro carazón es algo así como esconder la cabeza bajo el ala y mirar para otro lado.

El ajetreo y las suplefluas distracciones que este mundo nos ofrecen son los primero obstáculos para distraer nuestra atención, y para manipular nuestra mente con el fin de que no pensemos y nos sometamos a la carrera vertiginosa de la rutina, el vicio y la dependencia.

Y todo, lo existente en este mundo, es basura caduca que no se sostiene por sí misma, ni vale un pimiento. Y es más, resulta que estamos dispuestos a vender nuestro único y valioso tesoro por un puñado de basura sin valor. Tal es nuestra locura que parece increible que lleguemos a ese extremo. Pero la realidad que nos rodea demuestra que es realmente así.

Les dejo con una muy buena reflexión que puede llevarnos a pensar en este interrogante.

Crónica
Juan Serrano 

El tiempo propicio para hacerse la pregunta por el sentido de la vida es siempre. Los caminos que pueden ayudarnos son todos, y son complementarios. Crónica de un acto plenamente universitario, que da voz a diversos saberes, y que tiene la pretensión de suscitar una pregunta más que de dar una respuesta.

Durante la vida cotidiana, en el día a día, es muy fácil que las cosas importantes pasen desapercibidas. Nos preocupamos mucho de cosas muy sencillas (quizá las más necesarias para ese día a día) y padecemos como una falta de atención crónica ante las grandes cosas que suceden delante de nosotros. 

El Instituto John Henry Newman, de la Universidad Francisco de Vitoria, ha puesto delante de la comunidad universitaria la pregunta más importante a la que tenemos que enfrentarnos: la pregunta por el sentido de la vida. ¿Por qué nos levantamos cada mañana? ¿Para qué hacemos las cosas? ¿Qué sentido tiene estudiar? En esta pregunta caben todas las inquietudes de los hombres, y responderla es la principal tarea de la vida.


Para ayudar a afrontar esta exigencia de sentido, cuatro ponentes, cada uno desde su ámbito científico, han puesto un atisbo de la respuesta ante el público. Juan Bautista Fuentes, Ignacio Yepes, César Nombela y Florencio Sánchez, LC. han sido los representantes de la filosofía, el arte, la ciencia y la teología, respectivamente, en este encuentro.


La jornada se ha abierto citando una entrevista al doctor Severo Ochoa: "No tengo ni una sola respuesta para nada de lo que de verdad me interesa. [...] Soy un extraño sabio... un sabio que no sabe nada". Y desde ese honesto "no lo sé", el Instituto John Henry Newman ha comenzado el curso.

César Nombela, catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense de Madrid, ha comenzado preguntándose por su destino. "Ser humano es tener corazón, es decir, afecto por la realidad: solamente se puede aspirar a encontrar las respuestas verdaderas desde una actitud humilde y, al mismo tiempo, desde la radicalidad de la pregunta. 

Atreverse a conocer [hablando del ámbito científico] no excluye ni mucho menos una apertura a la verdadera trascendencia de la vida humana. En el s. XX, la ciencia se ha dado cuenta de que el mundo es un mundo abierto a la indeterminación: la propia ciencia positiva reconoce que algunas cuestiones no pueden ser conocidas con certeza empírica".


Por último, Nombela apostaba por la promoción de un encuentro entre fe y razón para alcanzar la visión de que la trascendencia es el lugar propio (y no la ciencia empírica) donde se han de buscar las respuestas a los interrogantes últimos por el sentido de la vida.


 
Para Ignacio Yepes, compositor y director de Orquesta, la búsqueda por el sentido de la vida no está lejos de la búsqueda por la belleza y la armonía. Yepes ha querido dirigir nuestra mirada hacia el lugar, el ubi de donde procede la belleza: en el corazón del arte es necesario mantener una conversación con lo trascendente, una fidelidad a la dimensión espiritual, que es el ámbito propio de lo artístico.


Solamente "desde un amor intuitivo extraordinario es desde donde podemos llegar a comprender el sentido profundo de la pregunta por el sentido de la vida". El arte no se puede apresar, hay que dejarse llevar por él, porque su misión no es responder, sino suscitar la pregunta. "El diálogo del artista con lo trascendente es el diálogo del creador con su Creador".


El profesor Juan Bautista Fuentes, profesor de Antropología de la UCM, ha dicho que "el trágico eclipse del espíritu humano nos envuelve por completo", haciendo referencia al predominio absoluto de una sociedad económico-técnica y al tipo político totalitario. "Hoy, -ha afirmado- los fines sociales de la economía están totalmente olvidados, y aparece un estado intrínsecamente totalitario, porque su pretensión es abarcar la totalidad de la vida humana. Estamos por eso desarraigados de la vida comunitaria".


"¿Cuál es la solución? -proseguía- No es meramente técnica, económica o política: la respuesta está únicamente en el corazón de cada uno, en su pecho". Lo que tenemos a nuestra disposición para rehacer la vida comunitaria y vencer la soledad espiritual es "tener una actitud humilde que sea fundamentalmente agradecida. Uno está agradecido cuando tiene la conciencia de que algo le ha sido dado gratuitamente. Pero aún así, el agradecimiento es algo que brota del pecho de cada uno".

El sacerdote Florencio Sánchez LC ha comenzado citando el discurso del Papa a los representantes de las religiones en su reciente viaje a Gran Bretaña, afirmando que la religión no es la respuesta inmediata a las preguntas, sino que es también la búsqueda de algo muy profundo: de algo o Alguien por quien merezca la pena vivir. La teología, el arte, la ciencia y la filosofía comparten la pregunta, pero difieren en el método. La teología busca si de arriba se ha dado una respuesta.


"¿Cuáll es nuestra tarea en la Universidad? -ha continuado Sánchez- Es verdad que hay un eclipse del espíritu humano, pero debemos ser optimistas, ya que "explorando uno llega a la conclusión de que la necesidad y la pregunta no la hemos puesto nosotros, por lo tanto, la búsqueda no es solamente nuestra, sino que "el que puso las preguntas nos busca a través de ellas, de las preguntas del corazón". 

Este encuentro, que ha reunido a cerca de 270 personas, ha ayudado a seguir construyendo una Comunidad que unida busque la Verdad de la realidad, la Verdad de la propia vida, fin último de cada ciencia y de la Universidad en su conjunto.

viernes, 8 de octubre de 2010

SOMOS HUMANOS E HIJOS DE DIOS


Puedes argumentar lo que quieras; puedes negarte y rechazar tu propio destino; puedes renunciar a alcanzar  lo que desesperadamente buscas, aun sin saberlo, ser feliz, pero de forma eterna, PARA SIEMPRE, porque de lo contrario la felicidad sería parcial y no completa.

Puedes gritar, llorar, esconderte, huir, mirar para otro lado, dormir, seguir tus propios pasos, no pararte, continuar corriendo, no escuchar, no preguntarte nada, no mirar en tu interior, no pensar que pintas en este mundo, no buscar tu origen, tus respuestas...

Pero vayas donde vayas siempre buscarás el destino al que estás llamado: ser eternamente feliz", y eso solo lo ha ofrecido JESÚS de Nazaret. Vale la pena escucharle y conocerlo.

sábado, 3 de julio de 2010

VIVIR EN LA MEDIOCRIDAD NO TIENE SENTIDO


Todos sabemos que la vida es breve. Para unos mucho más que para otros, pero para todos se nos se nos hace breve. Ocurre que, dependiendo de nuestras circunstancias y tiempo, experimentemos en algunos momentos que hay mucho tiempo por delante y nos parezca larga. Es el caso de los jóvenes, pero en poco tiempo y sin darse cuenta los años van pasando y nos parece muy rápido todo.

Por mi propia experiencia puedo asegurar que esto ocurre, al menos a mí, y recuerdo, en mis años de juventud, cuando observaba a mi madre algo mayor y me compadecía por su proximidad a su fin. Sin embargo, para mí todo era diferente y me parecía que mí vejez era algo muy lejano y había mucho tiempo por delante. Ahora me preguntó cómo es posible que todo haya pasado tan rápido.

También, observo que algo igual debe pasar con mis hijos. Ya algunos tienen hijos y, de recordarlo corriendo y jugando hace muy poco, ahora ya me parecen adultos que han recorrido muchos años de sus vidas. Realmente, la vida se pasa rápida y hay que aprovecharla. Porque lo pasado no retorna y lo perdido es irrecuperable. Se podrán hacer otras y nuevas cosas, pero lo que no se hizo se quedará sin hacer.

Cuando una persona es abuelo, por primera vez, como es mi caso, experimenta una sorpresa agridulce, dulce por la vida de un nuevo ser y, particularmente, por su nieto, pero agrio por lo de abuelo, por esto de verse algo mayor y más cerca del fin terrenal. Y digo terrenal, porque para un creyente hay una diferencia, y esa es también mi experiencia, que convierte lo agrio, relatado anteriormente, es también dulce y hermoso.

Parodiando a Santa Teresa, digo como ella que cuando llega ese momento, esperado y aceptado, no por el hecho en sí que siempre supone un morir y sufrir, sino por lo que supone de terminar el camino de lucha e inquietud por la perfección (a lo que estamos llamados para ser santos) y, lo mejor y más grande, descansar en la presencia y la dicha, por su Misericordia, del gozo eterno de contemplar a DIOS, y para siempre.

Un creyente empieza a vivir con el morir en este mundo, para comenzar eternamente la dicha a la que aspira en la presencia de su PADRE DIOS. Por lo tanto, morir no es gran pérdida, al contrario es el fin del calvario para empezar el principio sin fin del gozo y felicidad eterna. La pérdida está en perder esa dicha y gloria por la cosas (basuras) de este mundo. Ahora, en boca de San Pablo: "todo lo estimo basura ante la ganancia de alcanzar el Reino de DIOS", con lo que estoy totalmente de acuerdo.

Ante esta realidad de la brevedad de la vida, muchos toman sus preocupaciones, se apresuran desde la juventud a sacarle jugo a la vida; creen con fe ciega que esa es la mejor forma de aprovechar la juventud, y en realidad hacen una sola cosa, dedicar los primeros años de la vida a hacer feliz el resto de ella, hacen alianza con el vicio: la botella, la droga, el sexo, uno de ellos o los tres a la vez... mejor los tres que uno, se triplica el placer.

No es infrecuente en estos jóvenes la pereza y el abandono en el estudio, la ligereza e inmadurez en el amor con toda clase de experiencias y el abandono de los restos de fe y valores morales de la infancia. Su fin es la felicidad, pero no la que se deriva de una consecuencia como resultado de toda un vida dedicada a amar como servicio y entrega a los demás, sino la que se desprende de la inmediatez rápida y placentera del gozo sensual, carnal o lúdico.

La ley es el placer; a más placer más vida. Si uno es avanzado en años suele apresurarse aun más que los jóvenes porque piensa: estoy haciéndome viejo y no he disfrutado lo suficiente: "¡comamos y bebamos, que mañana moriremos!", es el famoso adagio latino "Carpe diem": "Sácale jugo a la vida"... Y dicho y hecho, se dan prisa en apurar las copas, porque la fiesta se acaba. Están ciegos y se precipitan a la muerte.

Todo esto explica la movida de los mayores por los viajes, tercera edad, fiestas, nuevos casamientos, experiencias... el tiempo es poco y hay que apurar... Y nos parecía eso de los gladiadores algo lejano, pues es de rabiosa actualidad: "antes de que nos sorprenda la muerte, vamos a disfrutar todo lo que podamos... después DIOS dirá. ¡Necios, no sabes que DIOS ya ha dicho en su HIJO JESÚS su Palabra!, y nos ha relatado en la parábola de aquél que teniendo tanta riqueza para vivir cómodamente hizo sus graneros más grande para almacenar todas sus pertenencias y vivir sin problemas y placenteramente, más esa noche fue sorprendido por la muerte.

Compran ratos y tiempos de felicidad que, por mucho que se afanen en mantener, son solos destellos fugaces y efímeros que se diluyen de la misma forma que se dan. Pronto caen en la trampa de saberse esclavos de esas sensaciones placenteras y que cuanto más las experimentan y viven, más las desean y les someten a buscarlas. Han quedado atrapados por la dependencia y, buscando ser libres, han conseguido ser esclavos.

Buscamos lo mismo: "la felicidad", pero uno lo hacen, creyéndolo mejor y más seguro, por el camino del mundo que tienen delante, y otros lo hacen por la vía del amor, no egoísta, entregado al servicio de hacer feliz al otro. Los primeros se consumen en ellos mismo porque lo consumido es caduco y se acaba; los segundos aún muriendo a ellos mismos y renunciando a su felicidad carnal e inmediata, perviven en el gozo de experimentar la felicidad del dar gratuitamente traducido en paz, serenidad y un sentimiento de bienestar.

Y es que, el deseo más profundo del hombre es amar, y cuando lo hace de forma verdadera siente el inmenso gozo eterno de sentirse feliz sin limites. Eso siempre estará guardado en su corazón hasta el día que tenga que rendir cuenta. No le pedirán nada que no sea cuanto amor ha despachado, pues sólo de eso será juzgado. Lo demás habrá muerto y caducado.

Por eso, algunos piensan que la vida es demasiado breve para ser pequeña, para ser mediocre; ellos también tienen prisa, pero otra clase de prisa y afán, y por eso, desde la misma juventud ponen las bases para hacer constructivo el resto de esa vida. No esperan a ser adultos para sentar la cabeza y así: "Aprietan en el estudio, aunque les llamen malditos; no juegan con el amor, porque saben que se queman; no dan un puntapié a sus valores morales, porque saben que los necesitan.

Si al llegar a la madurez se percatan de que van rezagados, aprietan el paso porque les queda menos tiempo para hacer algo grande en este mundo. Y si han llegado a la tercera edad, y ven su tarea bastante incumplida, es lo normal en el peregrino, pues por eso peregrina, se apresuran a hacer y completa lo que no hicieron en la juventud y en la madurez, podría ser mi caso, porque saben, porque ven que ya no tendrán más tiempo y que, ahora o nunca. Es un don por la Gracia de DIOS percibir esto.

Cuando llega el final de la vida lo que se dieron prisa en divertirse y nada más, y los que se dieron prisa en cumplir su misión, ambos, miran hacia atrás, uno para decirse a sí mismo, aunque no quieran verlo ni reconocerlo, : "más me valiera no haber nacido", se sienten insatisfechos y desesperado por la cercanía del final. Otros para decir: "realmente valió la pena vivir".

La vida es breve, para ti, para mí, para todos... Pero tienes tiempo,ahora, de preguntarte: ¿Cuál es tu prisa? ¿"Carpen diem" o "aprovecha el tiempo" porque la vida es demasiado breve para ser mediocre?

Si la vida es breve y además la maltratas, eres un pobre hombre. Se vive una vez, se cumplen quince años sólo una vez. A ti te corresponde saber lo que haces con esa pequeña vida.

sábado, 12 de junio de 2010

¿DÓNDE ESTÁ EL MAPA DE MI VIDA?


Algunas veces hemos oído frases como esta. "Estoy algo desorientado, voy sin rumbo..." Y, posiblemente la hayamos pronunciado nosotros en alguna ocasión. Caminar sin saber a donde vamos es algo sin sentido y contrario a nuestra propia naturaleza. El ser humano necesita saber qué hace y a donde va, por mucho que trata de orientar su vida siempre hay caminos y lugares que no descubre y que no entiende. Su horizonte siempre es incierto, y en la medida que se acerca, más se le aleja. Siempre estará buscando esa línea imaginaria que la tiene delante, pero que nunca alcanza.

En ese recorrido ha intentado de todo. Ha descubierto muchas cosas que le hacen el camino más llevadero y agradable, pero también se ha encontrado con nuevos peligros y apetencias que le hacen dudar, peligrar su integridad y le ponen su vida en peligro. Se da cuenta que en la medida que más descubre, más interrogantes se le plantea. Recuerda, cuando mira para atrás para ver el punto de partida, que antes las cosas eran más simples, más sencillas y menos cuestionables.

Todo era más lento, más despacio y menos complejo. Sin embargo, ahora la velocidad amenaza con romper nuestro equilibrio, con confundir nuestra identidad, con no dejarnos pensar, con nos dejarnos examinar y contemplarnos, con no dejarnos mirar quienes somos y a donde vamos. Tenemos muchas más cosas, y podemos elegirlas, pero al mismo tiempo nos sentimos atados y menos libre. Con tanto lío nos percibimos agobiados, angustiados, confundidos. Incapaces de tomar decisiones y buscamos refugio en evasiones que nos ayuden a olvidar: alcohol, drogas, pastillas, placeres, juegos,...

Hemos progresado, pero notamos que descansamos peor, incluso, muchas veces, nos cuesta reconciliar el sueño. Vamos tejiendo nuestra propia tela de araña en la que quedamos atrapado. Empezamos a perder la noción de quien soy, y a desdibujarse la cartografia de nuestra situación y rumbo. Ya no sabríamos decir cual es nuestro lugar exacto. Estamos perdido, confundido, sin sentido y el mapa de nuestra vida está perdido. ¿A dónde vamos?

Aborto, eutanasia, libertinaje, relativismo, cada cual hace lo que le apetece y le viene en gana. Apetencias egoístas, intereses, concupiscencias...etc., rompen la convivencia de virtudes que deben de ser el equilibrio del ser humano. Sin control no seremos libre sino estaremos a merced de lo que cada uno quiera. Y el ser humano siempre quiere lo que no le conviene, porque lo que realmente le conviene le cuesta aceptarlo y quererlo: todo aquello que, aunque duela, le hace bien y le dignifica.

Nos cuesta llevar una dieta saludable; nos cuesta llevar disciplinadamente una vida equilibrada con ejercicios físicos y hábitos saludable; nos cuesta dejar de fumar, beber, comer de forma desmesurada; nos cuesta trabajar tanto lo necesario como pasarnos en él; nos cuesta servir y comprender las debilidades del otro; nos cuesta responder a las responsabilidades contraídas cuando van contra nuestros intereses... Nos cuesta todo aquello que significa realizar la verdad y, por eso, el mundo está como está.

Necesitamos control de nosotros mismos, y por nuestra cuenta experimentamos que es imposible. Es por lo que estamos destinados a recurrir a Alguien que nos alivie, nos fortalezca, nos oriente y nos ayude a encontrar el mapa de nuestra vida.


jueves, 12 de noviembre de 2009

SIN SENTIDO

A través de la prensa e Internet he leído la brutal agresión producida por el huracán Ida. De como arrasó el Salvador y sembró el terror y la tragedia. De pronto, he sentido el dolor y sufrimiento que están padeciendo todas esas personas de allí. A los problemas del acontecer diario se une esta inseguridad climatológica que amenaza cada años con huracanes y fuertes lluvias. Han pasado por el Salvador varios huracanes que, (Fifi (1974), Gilbert (1988), Andrew (1992), Mitch (1998), Stan (2005)[25] y Félix (2007 y ahora Ida (2009), han sembrado la desolación, destruido familias y azotado el país.

Es diferente contarlo y vivirlo desde la barrera, aunque el sentimiento sea sentido y solidario, nunca se acerca a la experiencia de vivirlo en tus propias carnes. Sentirse, de alguna forma, continuamente amenazado debe ser duro y tenso soportarlo. Sin embargo, esa posibilidad vivida tan cerca y amenazante debe inclinarte a valorar más el tiempo y la propia vida. Y ese riesgo debe originar una mirada más serena y profunda hacia dentro, hacia lo más profundo del corazón, donde podemos encontrarnos para desde ahí tender las manos a la solidaridad y fraternidad.

Nunca podré entender ni comprender los sentimientos que pueden estar pasando por esa niña que ha perdido toda su familia en una corriente de agua que se la ha llevado. ¡En unos segundos sola en este mundo! ¡No puede haber nada más duro y desolador! El horizonte sin horizonte, no hay nada más allá y no se vislumbra esperanza. Todo desconcierto, oscuridad, dolor, sufrimiento y deseos de desaparecer. Inevitable pregunta, ¿por qué, SEÑOR?. Difícil entenderlo, sin embargo, son los momentos de la confianza, del abandono, de la fe.

Siempre hay alguna figura, del Antiguo o Nuevo, que nos alumbra y nos vivencia el camino con la actitud de su propia vivencia. En este caso miro para Job y en él busco la luz que transforme mis desesperanzas, tribulaciones, debilidades, en firmeza y abandono en el SEÑOR. Porque nada más pesado que lo que pueda soportar mis propias fuerzas va a permitir mi PADRE que tenga que cargar. Mi cruz la podré cargar yo sólo, claro, acompañado, asistido e injertado en JESÚS mi y nuestro Redentor.

Un padre, mi PADRE no puede estar alegre al verme sufrir, ni tampoco abandonarme en el sufrimiento y el dolor. Algo pasará, y mira si pasa, yo, aún en la distancia, y otro antes que yo, me ha movido a clamar solidaridad con esta niña. Somos tú y yo los que tiene el PADRE para que ayudemos a la huérfana. Sí, es verdad, que estamos lejos, pero podemos hacer lo más grande, rezar. La oración mueve montañas, y JESÚS nos ha dicho que todo lo que pidamos al PADRE en su nombre, el PADRE nos lo dará.

Pues, confiemos y hagámoslo, y llamemos a María, la Madre, para que unidos a ella no hay ninguna posibilidad de que el PADRE pueda desoír nuestra plegaria. El sábado es un buen día, el día elegido por nuestro amigo Ángel para que todos unidos en el Santo Rosario imploremos, con la intercesión de María a la cabeza, la intervención del PADRE en favor de esa niña desamparada y sola. Y si podemos unirnos al Papa, a las cinco y media de la madrugada (hora canaria) por Radio María, seremos muchos los que alzaremos nuestra voz pidiendo ayuda por todos los afectados en el Salvador por el huracán Ida.

Sabemos que materialmente y físicamente poco o nada podemos hacer, pero unidos en oración podemos hacer mucho. Por eso, al menos, ofrecemos ese sacrificio de estar a la misma hora, aunque nos cueste, unidos en oración. Es nuestra aportación dolorosa, esforzada y sincera de compartir nuestro esfuerzo, que quizás no representa mucho ante ellos, que lo han perdido todo y muchos, como esa niña, se han quedado solos.




viernes, 30 de octubre de 2009

EL DON MÁS PRECIADO: LA VIDA.


Nuestro primer deseo debe ser amarnos tal y como DIOS nos ha creado. La autoestima es tan necesaria como la vida misma, porque no podemos amar a DIOS si no somos capaces de amar lo que ÉL ha creado. Partiendo de ahí, todo lo demás se puede superar porque es DIOS, que me quiere con locura, quien me acepta primero. ¿Cómo no voy yo a aceptarme tal como soy?

El tomar conciencia de esto nos ayudará a superar muchas cruces en nuestra vida, porque querer quitar las cruces de nuestro camino es querer darle la espalda a JESÚS. El seguidor de JESÚS de Nazaret no puede renunciar a la Cruz, porque sin la Cruz no hay vida cristiana y menos encontrarnos con JESÚS.

Y esto no significa que seguir a JESÚS es aceptar una vida de martirio y sacrificios, sino entender que nuestra vida, queramos o no, está llena, por el pecado, de cruces, miserias y dificultades. Sólo necesitamos mirar para el lado contrario y experimentar que esto sucede en todo ser humano. Tarde o temprano, la misma muerte, tendremos, todos, que sufrir nuestro propio calvario.

Esto, entonces, significa que aceptado nuestro caminar al lado de JESÚS todo se recorre de forma diferente y los sufrimientos, miedos y temores son asumidos y vividos desde la esperanza y el gozo en la Misericordia del PADRE. La vida, ese don tan preciado y regalo de DIOS, cobra todo su sentido cuando es ofrecida a entregarse a la Voluntad del PADRE que la ha creado y la ama hasta dar la vida por ella en su HIJO JESÚS.

Y todo esto porque sentimos desde lo más profundo de nuestro ser una inmensa fuerza de amor que colma todas nuestras ansias de felicidad. El hombre cuando ama con verdadero amor es cuando realmente se siente feliz. Y eso significa que cuando sacamos nuestra semejanza con nuestro Creador, somos amor como ÉL, es cuando realmente somos felices, lo que todos queremos.

Y esto no hace falta madurarlo o reflexionarlo más, porque es tan evidente como la fruta que necesita su tiempo para madurar. Todos lo hemos experimentado y lo experimentamos cada día. Y, al contrario, cuando vamos contra nuestro primario y más importante deseo de amar nos sentimos vacío, insatisfecho y contrariado. Esto, también, a menos que le prestemos un poco de atención, caeremos en la cuenta que nos sucede.

Por lo tanto, la vida es algo tan natural y bueno que no podemos sino sentirnos agradecidos por ser parte de ella, por tener vida, y por darla, en colaboración con nuestro PADRE DIOS, por un acto de amor que nace de lo más profundo de nuestro ser.



Por todo ello debemos animarnos y arrimarnos a defenderla, a pesar de las molestias y sacrificios que nos pueda ocasionar. Ahora, a las puertas de este congreso en Zaragoza, aportemos con nuestra presencia, y si no, con nuestras oraciones, lo más importante, la petición al PADRE que nos de fortaleza, sabiduría y paz para defenderla y estar dispuestos hasta dar la vida por ella.

Desde aquí, y unidos a todos los hermanos blogueros ruego que mañana en la oración del Santo Rosario pidamos por los frutos de este congreso.

sábado, 21 de marzo de 2009

Reflexionando en voz alta.



El camino andado es un tesoro muy valioso, pues dependiendo de que sepamos tirar piedrecillas para marcarlo y volver al punto de origen, dependerá que sepamos retomar las sendas de la verdad y no perdernos en la oscuridad del sin sentido y de la contradicción.

Siempre he tenido muy claro que, al final del camino, lo importante es, no sólo llegar, que realmente lo es, sino llegar con el tiempo marcado y dentro de las exigencias que tu propia vida te va descubriendo. Y descubro que nada tiene tanto valor sino aquello que te permite tener la esperanza de salvar tu vida y de alcanzar la plenitud de la felicidad eterna.

Y, sí realmente eso es una utopía, mi vida quedaría ahora mismo tocada. Y ya no digo ahora mismo, sino desde que empecé a buscar el sentido a esta vida. Siempre me he preguntado que sí no hay un buen puerto donde dirigirnos y donde buscar abrigo y esperanza, estamos perdido en la inmensidad del mar y en el sin sentido de la navegación errante, sin rumbo y esperando acabar, en muchos casos, cuanto antes.

Y es que, aunque hayan días de rosas y de aparente felicidad efímera, vienen días de espinas, de vino y embriaguez que amargan y hacen muy penosa la navegación por el mar de la vida. Diría que, sí contamos y nos fijamos, hay mucho más de mediocridad e infelicidad, que de alegría y felicidad. Por todo ello, siempre he estado en marcha, hacia adelante, buscando el camino que en CRISTO JESÚS encuentro plenamente, lleno de esperanza y de sentido, que alumbra mi vida y la orienta a ese puerto deseado donde atracaremos felizmente y recibiremos el abrigo eterno que nunca más nos dejará a merced de las olas y tempestades.





La felicidad es poseer la sabiduría
La felicidad es control de la propia vida.
La felicidad es la satisfacción de haberse hecho lo correcto, aún con sufrimiento.
La felicidad es la satisfacción de que se ha cumplido con el deber.
La felicidad, en suma, es el AMOR y el AMOR es DIOS.

Nuestra vida se mueve entre una historia (el pasado) y un proyecto (el futuro). La invitación del Señor es a estar preparados para lo que nos aguarda, con atención a los signos de los tiempos. A aprender de las lecciones del pasado, con optimismo y deseo de superación. Pero, sobre todo, a vivir intensamente el presente, el único instante que tenemos en nuestras manos para construir.

No lo podemos perder lamentándonos por los errores del pasado y, menos aún, temiendo lo que puede llegar en el porvenir. El mejor camino para afrontar el futuro es aprovechar el momento presente. Seamos previsores, ¡invirtamos y apostemos hoy por la vida eterna!

El ser humano nace, vive, muere con dos sellos indelebles: el sello de criatura de Dios, quien le comunica la inmensa dignidad que posee, precisamente por haberlo creado a Su imagen y semejanza; y el sello de su irrenunciable vocación social, que le exige ser comunión con todos sus semejantes, si quiere realizar la vocación que él, y nadie más que él, puede y debe realizar durante su existencia temporal.



La mayoría de las personas se detienen a reflexionar en el segundo sello, y se apoyan con frecuencia, mutilándola, en la expresión del propio Jesucristo, cuando afirma “Dad a Dios lo que es de Dios, y al césar lo que es del césar”. En el afán de dar al césar lo que es del césar, se olvidan de que hay que dar a Dios lo que es de Dios.

¿Y qué es de Dios?

Dar a Dios lo que es de Dios no es un asunto privado, es un asunto personal porque la fe no se le impone a nadie, porque ser cristiano es encontrarse personalmente con Cristo y pedirle que nos transforme en el amor, por el amor y para el amor para servirlo en los demás hombres, porque Cristo, que es Camino, Verdad y Vida, nos legó una fe cuyo objeto no es que cada cristiano cumpla ciertos preceptos y prácticas externas, sino que cada cristiano y todos juntos transformemos la realidad temporal con el espíritu del Evangelio, que es el espíritu del Amor, de la Justicia, de la Unidad y del Bien. Es cierto: el reino de Jesús no es de este mundo; pero el único lugar en el que los hombres preparan el advenimiento del Reino de Dios es este mundo.

Y siguiendo este rumbo trazado, según estas cartas de navegación, la nave se encamina hacia el único puerto donde encontrará los valores que hacen de la convivencia entre los hombres un Reino de justicia, amor y paz. Donde la libertad será respetada; la justicia equiparada en igualdad a todos los hombres; la vida sobre estimada con el don más preciado y al que nada, ni nadie puede extirpar e interrumpir, y así todo lo que se desprende de la propia dignidad del hombre.



Es cierto, y creo que hasta cierto punto hacen falta, hay muchas más cosas en la vida, pero sí el rumbo no está bien trazado corremos el peligro de encallar, perdernos o desviarnos del verdadero rumbo que nos debe guiar y conducir. Y desde este contexto quiero compartir con otros compañeros que citaré seguidamente, el reconocimiento de este premio Dardo, que me ha sido regalado por Hilda.

Pero, antes, quiero dar mi criterio sobre el significado de los premios. Me parece que es bueno reconocer, adherirse y acompañar el camino que una determinada persona realiza a través de estos magníficos medios, los blogs, que nuestra época ha puesto en nuestras manos. Me atrevería a decir que, incluso estamos de alguna manera llamados a utilizarlos y a sacarle todo el partido que queramos, pero, y viene al caso el tema, sin perder de vista que el objetivo es conducirnos al puerto seguro de la eternidad. Y que lo que nos hace grande es el servicio de, humildemente, darnos en amor a los demás con premios o sin premios. Eso, simplemente, no es sino un detalle de alguien que a tu lado te dice: Salvador, sigue adelante, pues este es el camino.

Y el rumbo trazado está directamente proporcional con la búsqueda del bien, de la justicia, de la libertad, de la defensa de la vida, de la solidaridad, de la igualdad en dignidad como personas, de sentido y el gusto de buscar lo mejor para el otro, como lo quiero para mí; de que haya bienes, oportunidades y distribución igualitaria para todos, tantos los que han nacidos en lugares más pobres, como los que tienen más, porque, en realidad, todo eso no es del Cesar, sino del único PADRE, común de todos, que es DIOS.



Así el mundo pintaría mucho mejor y sería un paraíso de autentica felicidad: como DIOS quiere. Y en esa línea comparto este premio, que resalta la defensa de todos estos valores, con los siguientes amigos, a los que desde aquí les animo a que sigan adelante sin desfallecer:


Es solamente un grito de Ultreya en el camino que nos refuerza, nos conforta y nos recuerda que el SEÑOR, como ÉL lo hizo camino de Emaús, nos alienta y nos manifiesta su compañia y asistencia amorosa. Espero que lo acepten y les ayude a continuar la grandeza de quienes se saben instrumentos del SEÑOR. Un abrazo en XTO.JESÚS para todos.
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