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viernes, 15 de junio de 2018

EVASIÓN

Resultado de imagen de evasión de responsabilidades
Es posible que vivas engañado y no te des cuenta. Cuando somos poco propensos a reflexionar y tampoco le damos mucha importancia a ello, con mucha frecuencia nos autoengañamos tratando de justificar nuestros actos y nuestra conducta. El autoengaño es algo muy frecuente que vive con el ser humano y lo traiciona a cada momento.

El ser humano tiende a evadirse de sus responsabilidades y, como eso no está bien ni es correcto, su mente busca la salida y la justificación. Se autotraiciona y se autoengaña. Y justificado puede actuar según sus intereses y egoísmo.

Las parejas se separan porque no se soportan o no se entienden. No sabemos si el no soportarse da lugar a la evasión de justificar que no se entienden. El caso es que cada cual busca su salida y eludir su responsabilidad. Mientras, si hay terceros - hijos - que lo paguen estos. Creemos que con atenderlos basta, pero bien sabemos que no. Pongámonos nosotros en su lugar y enseguida lo comprenderemos.

El caso es que en casa me siento mejor, más libre, hago lo que quiero y, si es en casa de papá y mamá, mejor que mejor. Todo está servido. Me limito a cumplir con algunas de mis obligaciones, pero no pierdo mi independencia, hago lo que me gusta y quiero y lo que pueda conseguir...

Pero eludo el esfuerzo de comprender, de soportar, de unir, de compartir, de dialogar, de luchar por ese amor al que yo quiero dominar y someterlo. O dicho de otra manera, al que yo destruyo con mi egoísmo. Será cuestión de pensarlo y de no evadirse, sino de mirarse y de ver si realmente amas o simplemente te amas.

sábado, 7 de julio de 2012

COMO ADÁN...


Continuamos actuando de la misma forma, es decir, seguimos autotraicionándonos como hicieron nuestros primeros padres Adán y Eva. Y es que a la hora de cometer una falta no la reconocemos, sino que tratamos de justificarla. Eso equivale a decir que no hemos fallado nosotros, sino que por causa de... hemos cometido dicho pecado.

O lo que es lo mismo, la culpa la tiene otro u otras circunstancias, pero nunca nosotros. Este acto reflejo e instintivo, que nace en nuestro corazón, se denomina "autotraición". Ha sido tratado en otro momento en este humilde blog, pero muy poco debatido. Y la autotraición es tema muy importante y necesario conocer para que no nos sorprenda.

Tiene que ver con nuestros propios juicios, perdón y actos de comprender, porque si no sabemos discernir cuando podemos estar autotraicionando estaremos avocados a engañarnos y a no madurar progresivamente. Porque cada vez que sintamos deseos de hacer algo que necesite otro que reclame nuestra ayuda, y no lo hagamos, posiblemente nos estemos traicionando.

Por tanto, la autotraición es un acto que dejamos de hacer en bien de otro, y que habíamos sentido el deber de hacerlo. Son nuestras propias omisiones en bien de los demás: perdonar, no hacer juicios, comprender, escuchar, servir...etc.

Pero, como Adán y Eva, sacamos nuestro dedo y señalamos al más próximo a nosotros. No aceptamos nuestro fallo, nuestra culpa, nuestra debilidad... sino señalamos como causa de mi pecado al otro. Esa soberbia escondida, traída al primer plano de nuestro corazón, es la culpable de nuestra propia cruz.

Y la única manera de vencerla es aceptarla y reconocerla. Admitida mi culpa, todo se hace luz, y se disipan las tinieblas. El pecado sigue ahí, la culpa no desaparece, pero se acepta la debilidad, se admite la pobreza y limitación, y se recibe humildemente el perdón y la misericordia. Todo queda limpio, y renace el propósito de mejorar, de no volver a caer, de saber que mi Padre Dios me quiere y me ayuda a ser salvado por su Bondad y Amor.

miércoles, 4 de febrero de 2009

El sentimiento de autotraición (VI) y último.


Espero poder terminar con esta tanda de reflexiones por ahora, puesto que el tema nunca podrá darse por terminado, ya que está dentro de nosotros y va con nosotros donde quiera que vayamos. Sin embargo, como toda obra, hay que dejarla por acabada, pues como el polvo, nunca terminaremos con él por mucho que limpiemos, así nos pasará con nuestros autoengaños y autotraiciones... Como es habitual, dejo el enlace del último capítulo por si los que no siguen la serie quieren engancharse para coger el sentido: pinchar aquí. También, quién quiera leerlos todos para su reflexión y comprensión, pinchar aquí.

Si me autotraiciono, terminábamos en la última reflexión, mis pensamientos y mis sentimientos empezarán a decirme que tengo justificación para lo que hago o dejo de hacer. Se hace ahora conveniente y necesario examinar cómo mis pensamientos y sentimientos hacen y llegan a esas conclusiones. Podemos, para empezar, observar cuando me pareció Nancy peor, ¿antes o después de que me autotraicionara? Supongo que coincidiremos que después.

¿Y cuando suponemos que nos parecieron más apremiantes otros intereses, como mis responsabilidades laborales de la mañana siguiente, antes o después de que me autotraicionara? También, supongo que coincidiremos que después. Todo cobra más importancia y valor después que nos justificamos, puesto que son los argumentos que exponemos para nuestra justificación.

Ahora pensemos si ella nos parece, o suponemos, que es en realidad tan mala como nos pareció después de que su marido la observase así tras haberse autotraicionado. Creo que en una reflexión sincera tendríamos que converger en que "no". Las personas no son tan malas como nos parecen en un momento dado. Solemos decir al final: ¡no era mala persona!


Pero, suponiendo que fuese así, es decir, mala persona tal cual la describe su marido después de haberse autotraicionado, o sea: perezosa, desconsiderada y hasta una mala esposa, ¿supondría eso una diferencia? De ser así, debemos suponer que lo sería antes también de que su marido se hubiese autotraicionado. Es decir, que antes de conocernos debería de haber sido perezosa, desconsiderada y mala persona. Claro, si lo es ahora, también lo sería antes ¿No se va a convertir ahora de repente?

Eso nos debe llevar a muchas conclusiones que tendrán mucha relación con el diálogo y la forma de relacionarnos. También, a considerar las motivaciones e intereses que nos inclinan a unirnos y hacer un proyecto de vida común, referido a este planteamiento que exponemos. Y, de igual forma, podría extrapolarse a otras muchas cuestiones.

Pero, si fuera así, fijémonos bien en esta reflexión, creo que debería haberme levantado para ayudarla aunque fuese perezosa y desconsiderada. Antes de que me autotraicionara, no consideré sus defectos como razones para no ayudarla. Sólo sentí de ese modo después de autotraicionarme, cuando utilicé sus defectos como justificaciones de mi propio comportamiento. ¿Tiene esto sentido?

Lo contemplamos desde otra perspectiva. Recordemos lo que decíamos hace un momento. Aunque Nancy fuese perezosa y desconsiderada, ¿cuándo creemos que nos lo parecía más: antes o después de autotraicionarme? Indudablemente, coincidiremos que después. Así que, aunque fuese perezosa y desconsiderada, lo cierto es que al autotraicionarme la consideré más perezosa y desconsiderada de lo que era en realidad. Y eso, en todo caso, es algo que hizo su marido y hacemos nosotros en nuestras vivencias personales, no ella o los otros.

Así que pensemos. En la situación que hemos descrito, me autotraiciono y pienso que no me voy a levantar para ayudar a Nancy, debido a lo que ella me está haciendo, porque la considero perezosa, desconsiderada y todo lo demás. Pero, ¿es eso verdad? Claro que no, a él, su marido, le parece que es la verdad, pero no lo es.


En efecto. La verdad es que sus defectos me parecieron motivo suficiente para reflexionar si debía ayudarla o no únicamente después de que yo hubiera decidido no ayudarla. Me concentré en ella y exageré sus defectos sólo cuando necesité justificar los míos. Al haberme traicionado a mí mismo, la verdad era precisamente lo contrario de lo que yo creía que era.

De esta manera es como distorsionamos la imagen del otro. Pero al mismo tiempo distorsionamos también nuestra propia imagen. Recuerden como él se considera a sí mismo después de haberse autotraicionado: trabajador, importante, justo, sensible. Se experimentaba a sí mismo como un buen padre y un buen marido, más ¿estaba actuando realmente en ese momento como tal? Concluiremos que no, puesto que al mismo tiempo que exageraba los defectos de Nancy, también minimizaba los propios. Es decir, exageraba sus propias virtudes.

Y todo esto nos suele pasar sin darnos mucha cuenta. La suficiencia de la persona humana está en proporcionalidad directa con sus deseos de justificación. Todo lo queremos justificar y cuando no podemos justificarnos buscamos razones para hacerlo. Así nos va en el mundo. El mundo del Antiguo Testamento: guerras, divisiones, explotaciones, sexo, deseos de la mujer del otro y a la viceversa, divorcios, muertes, hambre...etc. El hombre todo lo quiere justificar, y ante la necesidad de sentir la Gracia de DIOS, que nos es dada gratuitamente, el hombre se revela y se niega a tomarla. Esa es la Buena Noticia, el Nuevo Testamento: JESUCRISTO que nos revela el Amor del PADRE y nos regala un corazón capaz de comprender y perdonar. Desde ahí, desde la aceptación de ese grandioso regalo de aceptar la Misericordia de DIOS en su HIJO JESUCRISTO, el mundo se vería de otra forma, con otro corazón que sólo es trasplantado con un renacer de nuevo desde el agua y el ESPÍRITU.

sábado, 31 de enero de 2009

El sentimiento de autotraición (V).


Conviene leerse las reflexiones anteriores para entrar en la trama de lo que tratamos de profundizar y clarificar para el encuentro con uno mismo. Es por eso por lo que siempre al principio pongo este enlace que remite a los posteriores, ver aquí, y quedar actualizado en lo que se refiere al tema general. Son muy importantes los conceptos que se barajan y se hace necesario tenerlos muy presente. Ni que decir tiene que se debe, y lo aconsejo, empezar por el primero (I).

La influencia en nuestros comportamientos y, por consecuencia, nuestras actitudes con respecto a los demás dependen de una elección fundamentada. Es algo más profundo que nuestros comportamientos y habilidades. Es lo que se llama el autoengaño: "la incapacidad para darse cuenta de que uno tiene un problema". Recuerden la primera reflexión donde presentábamos una serie de respuestas que no queremos dar, pero las damos. Esa incapacidad de no darnos cuenta es el autoengaño, y eso es el mayor problema que tenemos en nuestra vida, pues de ahí arranca nuestra conversión y actitudes hacia el bien.

De todos los problemas que hay en las familias, organizaciones, mundo laboral, internauta, sociedad...etc. ese es el más común y el más destructivo. Diría que las causas de que el mundo esté como está, están escondidas en ese problema. Determinar si yo estoy dentro o fuera de la Caja es la clave a la solución de todos nuestros problemas.

Volvamos ahora a la anécdota del niño que llora, (IV), supongo que los que hayan leído la reflexión habrán sacado sus conclusiones y hayan llegado a ver lo que sucede en la realidad con estos problemas que están ahí, junto a nosotros, en nuestro cotidiano vivir y relacionarnos. También, supongo que conocerán muchos casos, próximos o de oídas, que por estas o similares situaciones hayan llegado a lo que inmediatamente planteamos.

En ese preciso momento, mientras estaba allí acostado oyendo llorar a nuestro hijo, ¿cómo se imaginan que empecé a ver y sentir Nancy? Así terminábamos el capítulo IV.


Después de haberme traicionado a mí mismo, empecé a ver a Nancy: perezosa, desconsiderada, desagradecida, insensible, simuladora, mala madre y mala esposa. Perezosa puesto que permanecía en la cama indiferente a los llantos de David; desconsiderada y desagradecida a todo lo que su marido hacía por ella; ¿simuladora?, puesto que igual simulaba dormir para permanecer allí ricamente tumbada sin hace nada.

De cualquier forma, el hecho de que estuviese dormida o no, no tiene menos importancia que el hecho de que, él, su marido, creyera que lo simulaba. Ahora, detengámonos y observemos como su marido percibió la situación una vez que se hubo traicionado. Esa realmente es la cuestión. Así pues, desde la perspectiva de ese momento, si Nancy fingía estar dormida y dejaba llorar al niño, ¿cómo creen que puedo conceptuarla como madre? Supongo que coincidiremos que como mala madre.

¿Y cómo esposa? Pues algo parecido, es decir, mala, desagradecida, como alguien que no le hace suficiente caso y todo eso. De forma que, una vez que me hube traicionado a mí mismo, podemos imaginar que empecé a ver a mi esposa como "perezosa", "desagradecida", "que no me hace caso", "insensible", "simuladora", "mala madre" y "mala esposa". Realmente asusta y difícilmente esa situación podrá salvarse de la ruptura e insultos.

Y no es nada irreal, ni imaginario. Es la pura realidad como las personas empiezan a verse de esa manera una vez que se hayan metido en la Caja y traicionado. Y podrán imaginarse como, simultáneamente, empezó a verse a sí mismo: "víctima" (de todos sus defectos y vicios), trabajador, (alguien que trabaja duro para la familia y, por lo tanto, es importante), y si se llega a levantar a atender a David, diría que se veía como una persona justa y lo suficientemente sensible como para oír los llantos del niño.

Y si soy sensible para escuchar a mi hijo pensaré de mí mismo que soy un buen padre. Y si pienso de mí que soy trabajador, justo, sensible, buen padre, seguramente tendré de mí la opinión de que soy un buen esposo. Un buen esposo que tiene que soportar a una esposa como la que cree tener. Así que este simple sentimiento de no responder a lo que creo que debo hacer hace en mí que nazcan una serie de sentimientos y juicios que me llevan a ver a, en esta anécdota, que podemos extrapolar a muchas otras situaciones, a Nancy y a mí mismo, su marido, de la siguiente forma:


Ella, Nancy: perezosa, desconsiderada, desagradecida, insensible,simuladora, mala madre y mala esposa. Él, su marido: víctima, trabajador, importante, justo, sensible, buen padre y buen esposo.
Ahora sobre esta situación, veamos lo siguiente. ¿Creen que cualquiera de estas ideas y sentimientos sobre Nancy me invitan a reconsiderar mi decisión y hacer lo que en un principio sentí que debía hace por ella? Supongo que coincidiremos que no, sólo harán justificarme que no haya hecho nada. Me dan razones para permanecer en la cama y no atender a David.

Así que: 1º "Un acto contrario a lo que siento que debería hacer por otro es un acto de autotraición".
2º Cuando me traiciono a mí mismo, empiezo a ver el mundo de una forma que justifica mi autotraición". Si me autotraiciono mis pensamientos y mis sentimientos empezarán a decirme que tengo justificación para lo que hago o dejo de hacer.

Aquí me paro hoy, porque creo que hay mucho contenido para revisarnos y tratar de vernos tal como somos, pues sólo desde ahí podemos construirnos y crecer en madurez y bondad. Hasta la próxima.

martes, 27 de enero de 2009

El sentimiento de autotraición (IV).


Mirando atrás, las experiencias interiores, aquí, de esas dos personas, aunque mostraban los mismos comportamientos externos, (sentados junto a un asiento vacío - observar a otros pasajeros - leer el periódico), fueron diametralmente diferentes. Y esa diferencia es de suma importancia, porque tiene, yo diría, es la causante de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, tanto de bien, como de mal.

Cuando estamos fuera de la "caja", es decir, estamos en paz, generosos, abiertos a la Verdad que está contenida en nosotros, nos vemos a nosotros mismos y a los demás más o menos como lo que somos: "personas". Personas con una misma dignidad y merecedoras de todo respeto y buen trato. Personas dignas de ser tratadas con todos sus derechos por el hecho de ser Hijas de DIOS, pues, aquí está la clave, ¿quién le da esa dignidad y el mismo tratamiento para todos? ¿La ONU, la justicia humana, Obama...?

Pero, cuando estamos dentro, es decir, poseído por mis egoísmos, soberbia, suficiencia, orgullo...etc. nos vemos a nosotros mismos y a los demás de forma sistemáticamente distorsionada: "los demás son meros objetos. Y consecuencia de ello será nuestro tratamiento hacia los demás. Es entonces cuando fallan los valores y la dignidad humana queda rebajada y denigrada hasta ser sometida y pisoteada.

No hay nada más importante que esto, puesto que en ellos está contenido toda respuesta de conducta humana, que incide de forma directa y muy responsablemente en las relaciones humanas. Y de estas relaciones se derivan todos los problemas de los cuales hablamos todos los días. Pero uno muy directo, del que depende, diría yo, todos los demás es "la relación familiar", es decir, la FAMILIA.

Recuerden la anécdota del bebé que llora, aquí, es por eso, por lo que les remito siempre, al empezar el tener en cuenta todos los acontecimientos, conceptos y actitudes que se manejan en estas reflexiones.

Tuve la sensación de que debía levantarme para que Nancy pudiera seguir durmiendo, pero no lo hice. Simplemente, me quedé allí, en la cama, junto a Nancy. Recomponiendo la situación, vemos que hay un sentimiento primario (un impulso de solidaridad, de generosidad... ley Natural) de intentar hacer algo para que Nancy pueda dormir. Inmediatamente viene la elección: lo hago (el bien, lo que nos gustaría hacer y sentirnos querer hacerlo), o no lo hago (autotraición). Es lo que nos pasa en la vida: puerta estrecha o ancha.

En ese preciso momento, mientras estaba allí acostado oyendo llorar a nuestro hijo, ¿cómo se imaginan que empecé a ver y sentir a Nancy? Podíamos en este momento cerrarnos los ojos y, en alta voz, decir lo que nosotros pensamos y cómo vemos a Nancy. Y creo que es el momento de dejarlo aquí y hacer ese ejercicio. Quizás nos sea mejor y más provechoso para todos que digamos primero lo que pensamos, y luego desarrollemos lo que suele pasar y como nos vemos

jueves, 22 de enero de 2009

El sentimiento de autotraición (III).


En los temas anteriores, la autotraición (I) y (II), (aquí) habíamos tratado el concepto de autotraición y las diferentes actitudes que podemos adoptar ante las personas. Ya sea las consideremos como "persona" o simplemente como un "Objeto". En este último, (II), estábamos ante la reacción experimentada por la actitud tomada por aquella persona frente al problema de la pareja en cuestión. Recordemos.

En las vivencias del avión tenemos dos situaciones en las que una persona está sentada en el avión junto a un asiento vacío, leyendo el periódico de forma ostensible y observando a los demás, que todavía buscan asientos en el avión. Eso es lo que sucedía en la superficie en cuanto al comportamiento de ambas personas. Sin embargo, ambos comportamientos denotan diferentes actitudes en uno y otro.

En el primero, el supuesto hombre, había menospreciado a los demás; ella, la mujer, en cambio, no. El hombre se sentía ansioso, tenso, irritado, amenazado y enojado, mientras que ella, la mujer, no parecía experimentar ninguna de esas emociones negativas. El hombre estaba allí sentado, culpabilizando a los demás que pudieran interesarse por el asiento donde había dejado su maletín; quizás alguno pareciera muy feliz, otro le mirase ceñudo, otro tuviera excesivo equipaje de mano, otro pareciese un parlanchín, y así sucesivamente.

La mujer, por su parte, no parece que culpabilizara a nadie sino que, al margen de que se sintiera feliz, ceñuda, cargada con equipaje de mano, parlanchina o no, comprendió que nosotros, la pareja, necesitábamos sentarnos en alguna parte. Y siendo así, ¿por qué el asiento que tenía vacío a su lado, y en este caso incluso su propio asiento, no era nuestro con tanto derecho como suyo? Allí donde yo sólo había visto amenazas, molestias y problemas, esa mujer simplemente vio a dos personas a las que les gustaría sentarse juntas.

Ahora, desde aquí podemos enjuiciar los problemas de Gaza, terrorismo, partidismos...etc. Podemos analizar el por qué de la falta de paz en el mundo y el por qué de todos los problemas que distorsionan la bondad con la que el mundo fue creado. ¿Es ese el concepto real de libertad y para lo que el hombre la utiliza? ¿O realmente la libertad es para emplearla en hacer el bien, tanto propio como común?

Llegado a este punto, fijémonos bien: ¿no es cierto que las personas que abordaron ambos aviones eran gentes con esperanzas, necesidades, preocupaciones y temores comparables y que todas ellas tenían más o menos la misma necesidad de sentarse? Pues si hemos contestado que sí, debemos suponer que ese supuesto hombre tenía un gran problema, puesto que no veía a la gente del avión de ese modo.


En aquel momento consideraba que, de algún modo, tenía más derecho o era superior a todos aquellos que buscaban un lugar donde sentarse y veía a los demás como inferiores a mí y menos merecedores que yo. Observemos ahora, mi visión, tanto de mí mismo como de los demás, se hallaba distorsionada respecto de lo que era la realidad, es decir, que todos nosotros éramos personas con más o menos la misma necesidad de sentarnos. Así pues, mi visión del mundo era una forma sistemáticamente incorrecta de ver a los demás y a mí mismo.

De algún modo, consideraba a los demás como menos de lo que eran, como objetos cuyas necesidades y deseos eran secundarios y menos legítimos que los míos. Era incapaz de ver problema alguno en lo que estaba haciendo. Me estaba autoengañando o, si lo prefieren, estaba dentro de la caja (lugar oscuro donde no me veo como soy ni veo la realidad tal cual es).

Por su parte, la mujer que nos ofreció su asiento vio la situación y nos vio a nosotros sin prejuicios. Vio a los demás como lo que eran, personas como ella misma, con necesidades y deseos similares a los suyos. Vio las cosas directamente, sin tapujos. Estaba fuera de la caja (estaba en la luz y la realidad= la Ley Natural).

Ahora, desde esta realidad, se puede afrontar todos los problemas que nos rodean y, sí los hombres son capaces de sentarse juntos y respetarse, ofrecerse sus asientos y tenerse en cuentas, comprenderse sus necesidades, preocupaciones, temores y esperanzas, el mundo irá cambiando hacia la concordia, el bienestar y la paz. Todo irá transformándose tal y como debió de ser siempre, pues así y para eso fue creado.

Paramos aquí por el momento y rumiamos toda esta perspectiva de vernos como personas u objetos en relación con los otros. Es importante saber cuándo me siento tratado como persona u objeto, y cuando trato yo a otro como persona u objeto. Si no lo hago nunca, puedo levantar la mano y tirar la piedra. Si en cambio, lo hago más veces de lo que pienso, debo alumbrar y clarificar como puedo ir mejorando. Si creo que es imposible, empezaré a pensar que no hay esperanza.

martes, 20 de enero de 2009

El sentimiento de autotraición (II)

Quiero sugerir que es aconsejable leer
http://salvadorvivenciasinquietudes.blogspot.com/2009/01/el-sentimiento-de-autotraicin.html antes de adentrarse en esta segunda reflexión. Las implicaciones que de todo esto se derivan están encadenadas y sin tener una idea clara del concepto autotraición se nos puede hacer más difícil entender sus consecuencias.

También, creo que antes de profundizar en esto, deberíamos clarificar el concepto "persona" y el concepto "cosa". Sin caer en la cuenta, lo damos por sabido y asumido, nos olvidamos de que delante de nosotros tenemos personas y también cosas, y muchas veces nos la diferenciamos, confundidos y cegados por nuestros intereses, nuestros valores y el beneficio de lo inmediato.

He experimentado muchas veces sin saberlo, hasta descubrirlo a través de un libro, que leí, que cuando hago un viaje y nos llaman para embarcar, lo primero que pienso es instalarme bien cómodo en mi asiento y a ser posible, sin nadie que me moleste. Es algo instintivo e impulsivo que nace en mi mente de forma espontanea y egoísta.

Había llegado lo bastante pronto como para conseguir una de las primeras tarjetas de embarque. Mientras nos disponíamos a embarcar, oí decir al auxiliar que el avión no estaba completo, pero que sólo quedarían unos pocos asientos vacíos. Me sentí afortunado y aliviado de encontrar un asiento de ventanilla, con el otro libre al lado.

Los pasajeros que buscaban asientos seguían avanzando por el pasillo, evaluando con la mirada la mejor de las opciones cada vez más escasas. Dejé el maletín en el asiento vacío, saqué el periódico y me puse a leer. Recuerdo que miré por encima del borde superior del periódico hacia los pasajeros que se acercaban por el pasillo. antes la menor seña del lenguaje corporal indicativa de que se consideraba como una posibilidad el asiento donde estaba mi maletín, extendía más el periódico, procurando que aquel puesto pareciese lo más indeseable posible.

Mi comportamiento exterior lo puedo resumir en intentar ocupar dos asientos para mi mayor comodidad. Además, disimuladamente, leía el periódico y observaba a la gente que me lo pudiera arrebatar. En ese momento, la gente que amenaza mi asiento las veo, además de una amenaza, como molestias, problemas o algo así. Y, sin embargo, tienen el mismo derecho tan legítimo como el mío.

Pero, mi comportamiento no testimoniaba eso. Al parecer, para mí lo que contaba eran mis propias necesidades, mientras que la de los demás eran, en todo caso, secundarias. Sin embargo, sin darnos cuenta, nos consideramos los reyes del gallinero. Y en ese avión, sí los demás contaban para algo, sus necesidades y deseos eran muchos menos importantes que las mías.

Todo da un giro de 360 grados cuando ocurren cosas que nos dejan perplejos y nos dan el testimonio que, sintiéndolo dentro, está dormido y cegado por las turbulencias de los apegos intereses y egoísmos. Sucedió que en otra ocasión, Nancy y yo viajábamos juntos. De algún modo, se produjo un error en la asignación de asientos y nos encontramos con que no podíamos sentarnos juntos. El avión estaba lleno y la auxiliar de vuelo tenía dificultades para encontrar una forma de sentarnos juntos.

Mientras esperábamos en el pasillo, tratando de hallar una solución, una mujer con un periódico doblado apresuradamente se nos acercó desde la parte trasera del avión y nos dijo: "disculpen, si necesitan dos asientos juntos, creo que el de al lado mío está vacío y a mí no me importaría sentarme en uno de sus asientos". Todo en mí estalló como lava que irrumpe del cráter volcánico e inundó de luz todo mi ser recordando mis experiencias anteriores.

Esa mujer no nos había considerado como molestias o problemas. Al contrario nos había considerado como personas necesitadas de encontrar asientos contiguos. Ella no había dado prioridad a sus propias necesidades y deseos como yo había hecho con los míos. Para ella sus necesidades estaban al mismo nivel que las mías. Eran igual de importantes.

Estoy convencido que todos nuestros problemas nacen de esas apreciaciones y de según qué conceptos tengamos ante la realidad de nuestra vida y de lo que realmente somos. Estoy convencido que nunca, el hombre por el hombre, será capaz de discernir y encontrarse a sí mismo ante la realidad del otro. Siempre habrá enfrentamiento y retos porque no se ve igual y no se da un tratamiento igual. Esa mujer ejemplarizó lo que realmente se tenía que estar haciendo ahora mismo en Gaza, Congo, Palestina, África y... juzguen ustedes.

Por la extensión paro aquí y, al estilo de mi amiga Hilda, seguiremos en otro momento, porque todavía hay mucha tela que cortar. Espero que hasta luego. Un abrazo.

domingo, 18 de enero de 2009

El sentimiento de autotraición (I)


Una noche, hace ya bastantes años, cuando David todavía era bebé, me despertaron sus gemidos y llantos. Probablemente tendría unos cuatro meses. Recuerdo que miré el reloj. Era la una de la madrugada. En ese instante, tuve la impresión, o la sensación, o el sentimiento de algo, el pensamiento de que debía hacer algo. "levántate y atiende a David, para que Nancy pueda dormir".

Esta clase de sensación es muy básica. Todos somos personas. Yo he crecido como persona, lo mismo que todos ustedes. Y cuando estamos fuera de la "caja" y vemos a los demás como personas, "Ley Natural", experimentamos una sensación muy básica respecto a los demás; es decir, son como yo, tienen esperanza, necesidades, preocupaciones y temores. Y de vez en cuando, como resultado de esa sensación surge en nosotros la impresión de que hay cosas que tenemos que hacer por los demás, cosas que deseamos hacer por ellos.

Pues aquella fue una de tales ocasiones. Sentí el deseo de hacer algo por Nancy. Pero, ¿saben que pasó? Pues que no hice nada. Simplemente me quedé allí, en la cama, oyendo llorar a David. Podría decirse que traicioné mi "sensación" de lo que debía haber hecho por Nancy. Quizá sea una forma muy fuerte de expresarlo, pero la realidad es que al actuar en contra de mi sensación de lo que era apropiado, traicioné mi propio sentido de cómo debería ser con respecto a la otra persona.

Eso es lo que se llama autotraición: "un acto contrario a lo que siento que debería hacer por otro". El autotraicionarnos es lo más común que existe en el mundo. Posiblemente no nos demos cuenta o no tomemos conciencia de ello, porque lo hacemos espontáneamente y de forma casi aparentemente natural, pero está cohabitando diariamente con nosotros. Es el producto de nuestra condición humana y debilidad carnal que nos hace pecadores y pobres.

Cuantas veces entramos en el ascensor y la puerta automática empieza a cerrarse cuando vemos que otra persona se acerca apresuradamente hacia la puerta. En un instante pensamos que debemos mantener la puerta abierta para que pueda entrar, pero no lo hacemos y sólo contemplamos como la puerta se cierra delante de sus mismas narices. En otros momentos sentimos la sensación de que debemos ayudar a nuestro hijo o esposa, pero luego decidimos no hacerlo.


También nos ocurre que muchas veces hemos sentido que deberíamos pedir disculpas a alguien y no llegamos a hacerlo. O sabiendo alguna información que entendemos que es importante para alguien o para un colaborador, la ocultamos y la guardamos para nosotros mismos. Y cuántas veces hemos evitado quedarnos un poco más para terminar algún trabajo para otra persona y, sin decírselo a nadie, decidimos marcharnos a casa.

Todas estas acciones tan cotidianas y habituales en nuestra vida son autotraiciones, momentos en los que tenemos la sensación de que debemos hacer algo por los demás, y no lo hacemos. Y esto no es ninguna idea grandiosa, sino tan sencilla como suena, y tan habitual como que va con nosotros a todas partes. Pero las implicaciones que se derivan de ella son asombrosas, y también extraordinariamente complicadas.

Por su contenido y su complejidad y por lo profundo del tema, creo que dejaré para otro momento seguir ahondando en sus consecuencias y aplicaciones para nuestra vida. Diría que abrimos un primer capítulo de un interesante debate que nos puede ayudar mucho en nuestras reflexiones diarias y en nuestro crecimiento personal, porque primero hay que crecer y madurar como persona, para luego responder a la responsabilidad que se deriva de serlo.

Todo esto no me erige como conducto ni maestro del tema ni de nada. Solamente como parte de un compartir y reflexionar sobre nuestra conducta que, entre todos, pretendemos buscar luz y caminos para crecer. Hasta la próxima.
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