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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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domingo, 18 de enero de 2009

El sentimiento de autotraición (I)


Una noche, hace ya bastantes años, cuando David todavía era bebé, me despertaron sus gemidos y llantos. Probablemente tendría unos cuatro meses. Recuerdo que miré el reloj. Era la una de la madrugada. En ese instante, tuve la impresión, o la sensación, o el sentimiento de algo, el pensamiento de que debía hacer algo. "levántate y atiende a David, para que Nancy pueda dormir".

Esta clase de sensación es muy básica. Todos somos personas. Yo he crecido como persona, lo mismo que todos ustedes. Y cuando estamos fuera de la "caja" y vemos a los demás como personas, "Ley Natural", experimentamos una sensación muy básica respecto a los demás; es decir, son como yo, tienen esperanza, necesidades, preocupaciones y temores. Y de vez en cuando, como resultado de esa sensación surge en nosotros la impresión de que hay cosas que tenemos que hacer por los demás, cosas que deseamos hacer por ellos.

Pues aquella fue una de tales ocasiones. Sentí el deseo de hacer algo por Nancy. Pero, ¿saben que pasó? Pues que no hice nada. Simplemente me quedé allí, en la cama, oyendo llorar a David. Podría decirse que traicioné mi "sensación" de lo que debía haber hecho por Nancy. Quizá sea una forma muy fuerte de expresarlo, pero la realidad es que al actuar en contra de mi sensación de lo que era apropiado, traicioné mi propio sentido de cómo debería ser con respecto a la otra persona.

Eso es lo que se llama autotraición: "un acto contrario a lo que siento que debería hacer por otro". El autotraicionarnos es lo más común que existe en el mundo. Posiblemente no nos demos cuenta o no tomemos conciencia de ello, porque lo hacemos espontáneamente y de forma casi aparentemente natural, pero está cohabitando diariamente con nosotros. Es el producto de nuestra condición humana y debilidad carnal que nos hace pecadores y pobres.

Cuantas veces entramos en el ascensor y la puerta automática empieza a cerrarse cuando vemos que otra persona se acerca apresuradamente hacia la puerta. En un instante pensamos que debemos mantener la puerta abierta para que pueda entrar, pero no lo hacemos y sólo contemplamos como la puerta se cierra delante de sus mismas narices. En otros momentos sentimos la sensación de que debemos ayudar a nuestro hijo o esposa, pero luego decidimos no hacerlo.


También nos ocurre que muchas veces hemos sentido que deberíamos pedir disculpas a alguien y no llegamos a hacerlo. O sabiendo alguna información que entendemos que es importante para alguien o para un colaborador, la ocultamos y la guardamos para nosotros mismos. Y cuántas veces hemos evitado quedarnos un poco más para terminar algún trabajo para otra persona y, sin decírselo a nadie, decidimos marcharnos a casa.

Todas estas acciones tan cotidianas y habituales en nuestra vida son autotraiciones, momentos en los que tenemos la sensación de que debemos hacer algo por los demás, y no lo hacemos. Y esto no es ninguna idea grandiosa, sino tan sencilla como suena, y tan habitual como que va con nosotros a todas partes. Pero las implicaciones que se derivan de ella son asombrosas, y también extraordinariamente complicadas.

Por su contenido y su complejidad y por lo profundo del tema, creo que dejaré para otro momento seguir ahondando en sus consecuencias y aplicaciones para nuestra vida. Diría que abrimos un primer capítulo de un interesante debate que nos puede ayudar mucho en nuestras reflexiones diarias y en nuestro crecimiento personal, porque primero hay que crecer y madurar como persona, para luego responder a la responsabilidad que se deriva de serlo.

Todo esto no me erige como conducto ni maestro del tema ni de nada. Solamente como parte de un compartir y reflexionar sobre nuestra conducta que, entre todos, pretendemos buscar luz y caminos para crecer. Hasta la próxima.

6 comentarios:

  1. ouchh!!! me quedó el saco como decimos en México.
    Ya hablando en serio, la verdad es que muchos tenemos muchas autotraiciones. Quizás por eso al rezar decimos: porque he pecado mucho en pensamiento, palabra y omisión. Esas autotraiciones serían como omisión, no?

    Tendremos que trabajar para evitarlas, bueno, yo sí je je

    Saludos. Hilda

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  2. Nunca estaremos libres de todo pecado, por eso siempre tenemos que estar en actitud de conversión y necesitados de la Gracia, en CRISTO, de nuestro PADRE DIOS.
    Ese es el Camino de conversión. El autotraicionarnos nos acompaña constantemente, si bien, en algunos momentos nos liberamos y nos sentimos en paz y limpios. ¿No lo has notado? Cuando nos confesamos y presentamos, a corazón abierto, nuestra pobreza y limitaciones ante el SEÑOR sentimos esa paz que apaga nuestras culpas. Luego, vuelven nuestras apetencias y limitaciones a tentarnos y nuestra soberbia vuelve a reinar. Estamos otra vez en situación de autotraicionarnos y necesitamos el perdón.
    Es por eso, claro, ¿quién nos conoce mejor que el SEÑOR?, por lo que el SEÑOR nos dejó la puerta de salida de nuestra cárcel en el sacremante de la penitencia.
    Seguiremos hablando. Me alegro que estés en el alero.
    Un abrazo en CRISTO.

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  3. Hola Salvador,

    Me parece enormemente interesante el concepto de "autotraición" como parte (y en ocasión raiz) de ese "pecado" del que "hablábamos antes" en mi blog.

    En efecto, la autotraición es una consecuencia absolutamente natural de nuestra propia humanidad, si fuesemos ángeles posiblemente no viviríamos ese tipo de experiencias que tanto aprendizaje nos proporcionan.

    Lo malo de la esos momentos en los que nos creemos "Dios", es que nos cierra los ojos evitando el proceso de aprendizaje.

    Me ha parecido una estupenda reflexión si señor.

    Un abrazo.

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  4. Experimentamos nuestra naturaleza humana caída y tocada por las limitaciones que nos esclavizan y nos atenazan. Comprendemos entonces que nuestra libertad, de la que tanto se habla, consiste en liberarnos de esas ataduras, apegos, egoísmos, para ser libres. Y eso nunca lo conseguiremos desde el hombre y por el hombre. Hay que buscar más arriba, pero no por arriba perdernos en algo indefinido, etereo, energía, sino en algo tan humano como yo, pero al mismo tiempo Divino: JESCUCRISTO. ÉL es la clave y se hace necesario conocerlo a fondo, pero más que conocerlo, experimentarlo. Esa es mi experiencia.
    Un abrazo amigo Ave.

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  5. me pareció interesantísimo lo que cuentas hoy..........
    sirve para reflexionar y para ir modificando ciertas acciones en la vida diaria.........
    un abrazo y gracias por compartirlas

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  6. Estoy de acuerdo. Pienso que nuestra actitud debe ser esa.
    Un abrazo.

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