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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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martes, 20 de junio de 2017

DAR VIDA, FUENTE DE FELICIDAD

Dar la vida es el misterio más grande que el hombre puede ser. Y digo misterio porque, si el hombre ha llegado a saber como se engendra una nueva vida, no sabe por qué se produce esa vida. Sí, sabemos que el óvulo es fecundado por el espermatozoide, pero, ¿por qué ese óvulo y espermatozoide son capaces de producir una nueva vida humana? ¿De dónde viene esa esencia y sustancia que originan un nuevo ser? Sin lugar a duda, el misterio de la vida es un interrogante que el hombre no puede resolver.

Sabe engendrar, pero no sabe de donde viene ese poder para engendrar. La vida sólo le pertenece a Dios. A ese Dios, dueños y Señor de vivos y muertos, que ha Resucitado al Hijo para su gloria y para salvar a todos los hombres.

Dar vida es fuente de felicidad, porque a través de ella, el hombre y la mujer se unen en un proyecto de amor del que nacen esos frutos, que son los hijos, y, a través de ellos, experimentan y aprenden a darse y a dar. Cuando se es padre o madre, se experimenta el verdadero amor. Despierta el deseo de darse, de renuncia, de generosidad, de amor incondicional. Cuando se es padre o madre se descubre el germen de la felicidad y se experimenta que en el darse se esconde ese gozo que buscamos inútilmente en otras partes.

Porque sólo en el darse reside el gozo de la verdadera alegría y felicidad. Por eso, dar la vida y acompañarla en todo su camino es lo que realmente llena la vida del hombre y la mujer, que unidos en verdadero amor e incondicionalmente dispuestos a toda renuncia y sacrificio, se dan el uno al otro y a los hijos. Eso llena y da verdadero sentido a la vida y hace posible que nazca la felicidad en ellos.

Y todo esto porque, hoy, a las 02, 50 horas de la madrugada ha nacido una niña, dando un peso de 3, 750 kgr. y midiendo 50 cm. Esa niña es mi nieta, que hace el número cuatro de todos mis nietos. Curiosamente, nieto, nieta, nieto y nieta. En ese orden. Dos niños y dos niñas. Elevo mis oraciones un día más para que, auxiliados por el Espíritu Santo sepan emprender el camino de sus vidas hacia la Casa del Padre.

sábado, 17 de junio de 2017

TRÍPODE

Con el nombre de trípode se conoce a un determinado armazón de tres pies que se emplea para sostener instrumentos geodésicos, fotográficos...etc. Su peculiaridad sustancial es su fuerte y seguro sostén que permite suspender esos instrumentos con seguridad en una posición cómoda para ser examinados o utilizados para un fin específico.

De igual manera, y con mayor profusión, los creyentes, debemos hacer uso de un trípode que nos sostiene nuestra vida espiritual y nos vigoriza en nuestro seguimiento a Jesús. No podemos comprometernos a seguirle y no prepararnos ni fortalecer nuestros músculos espirituales, porque nos cansamos y le perdemos de vista. Es fundamental buscar un trípode donde apoyarnos y descansar nuestra vida espiritual.

Fundamental es la Palabra. La diaria reflexión-estudio de la Palabra a la luz del Espíritu Santo, que nos indica y arroja luz a nuestra vida y nos alumbra el camino a seguir y vivir. Nuestra, también diaria, relación con el Señor. Una relación concretada en nuestras oraciones con las que le pedimos, le damos gracias y le escuchamos. Porque orar es también permanecer en silencio, pero con el corazón sincronizado con el Espíritu del Señor. 

Y la vivencia de esa Palabra y fruto de la oración en nuestra vida. El resultado de plantar esa semilla de la Palabra, regada con la oración, no puede ser otro sino las obras. Las humildes obras de nuestra acción apostólica, que alumbramos en la Palabra y fortalecemos en la oración para madurar el fruto.

Es posible que no veamos resultados; es posible que nos perdamos en el camino; es posible que nuestros intentos terminen en fracaso, e incluso se rían de nosotros. Todo es posible, pero lo importante son nuestras buenas intenciones y nuestro espíritu por darle cumplimiento, no sólo a la Palabra sino a nuestras obras según la Voluntad de Dios. Difícilmente sin la ayuda de ese trípode no podríamos seguir los pasos de Jesús.

miércoles, 7 de junio de 2017

INSTALADOS



De repente, una idea inundó mi cabeza, y según consumía mi tiempo de aseo, empecé, sin poder evitarlo, a reflexionar mentalmente sobre una idea que en estos últimos día me asalta. ¿Estoy yo instalado? Porque, sin darnos cuenta, todos apoyamos nuestras vidas en unos proyectos que hemos tenido y que, algunos cumplidos, y otros no, estabilizan el tiempo de nuestra vida y mueven nuestros hilos vitales. Este vídeo, que publicó una amiga en "donde compartir..." disparó esta humilde reflexión.

Pero, ¿es eso lo que Dios quiere de mí? ¿Es eso para lo que Dios me ha pensado y dado la vida? Observamos sorprendidos que Dios llama, y lo hace invitándonos a salir de nuestra tierra. Nuestra tierra, compuesta de estiércol e impurezas, pecados y hábitos o apegos, que instalan mi conducta y forma de vivir egoísta, narcisista e individual. Y que, buscando tu propia felicidad, ocurre lo que a José  Ángel Llamas, que experimentas que no has escogido el Camino que Dios te ha señalado, sino el que tú has elegido.

Invitó a Abrahán a salir de su pueblo e ir a una tierra prometida. También a Jacob, a Moisés...etc. Incluso, José tuvo que ser vendido y llevado a Egipto para que Israel colmase su hambre en Egipto años después. Los planes del Señor son sorprendentes, imposibles e increíbles para nosotros, porque no alcanzamos a entenderlo.

Hay muchos síntomas que nos puede indicar que estamos incómodos. Incluso, después de realizar lo que aspirábamos. Nos sentimos insatisfechos, ansiosos, y desilusionados. ¿Y esto es a lo que yo aspiraba y en dónde había puesto mi felicidad? El mundo se nos cae y el sin sentido nos toma y nos destruye. Y, en el mejor de los casos, todo lo conseguido no sirve para nada, porque tiene fecha de caducidad. Y es que vivir sin esperanzas, es vivir desesperados y vacíos.

Tratemos, sin prisas, pero sin pausas, y confiados en el Espíritu Santo, en responder a lo que Dios realmente quiere de nosotros. Busquemos en utilizar nuestro tiempo para darnos y ofrecernos en ayudar a conseguir un mundo mejor, más humano, más justo, más solidario, más igualitario, más repartido, más equitativo y en donde, todos, podamos vivir en paz, justicia, verdad y amor.