ÚLTIMAS DIEZ REFLEXIONES

martes, 14 de mayo de 2013

SOMBRAS Y LUCES



De todo un poco, mucho de sombras y quizás menos de luces. Hay muchas oscuridades en nuestras vidas, oscuridades que nos impiden ver, nos desorientan y nos confunden. Y es en esos momentos cuando también equivocamos el camino. Por eso hay tantas cosas mal hecha en la vida de los hombres. 

Cosas mal hechas en el terreno político, social, familiar, legislativo, jucidicial...etc. Por eso, nuestro mundo está lleno de errores y atropellos. Por eso, hay enfrentamientos, guerras, muertes, pero también egoísmos, envidias que ensoberbecen y ocasionan asesinatos y toda clas de injusticias que siembran sufrimientos y el mal.

Cuando se sigue esa estela de oscuridad y ese camino de sombra autosuficiente, significa, aludiendo a las palabras del Papa Francisco: "estar satisfecho de sí mismo; estar convencido de no tener necesidad de salvación.¡Aquellas son las tinieblas! Cuando uno se adentra en este camino de las tinieblas, no es fácil dar marcha atrás. Por ello Juan continua, porque quizás este modo de pensar lo ha hecho reflexionar: ´Si decimos de estar sin pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros´. Miren sus pecados, nuestros pecados: todos somos pecadores, todos... Este es el punto de partida. Pero si confesamos nuestros pecados, Él es fiel, es justo hasta perdonarnos los pecados y purificarnos de toda iniquidad. Y nos presenta - ¿no es verdad? - a aquel Señor tan bueno, tan fiel, tan justo que nos perdona"

Quizás sea este el camino que necesitan reflexionar nuestros dirigentes, nuestros políticos, nuestros educadores, también nuestra Iglesia. 

"Cuando el Señor nos perdona hace justicia - prosiguió diciendo el Obispo de Roma- sobre todo a sí mismo, porque Él ha venido para salvarnos y perdonarnos", acogiéndonos con la ternura de un padre hacia los hijos: el Señor es tierno hacia aquellos que lo temen, hacia aquellos que van hacia Él y con ternura nos comprende siempre, quiere donarnos aquella paz que solo Él da. Esto -afirmó - es lo que sucede en el Sacramento de la Reconciliación aunque tantas veces pensemos que ir a confesarnos es como ir a la lavandería para limpiar la suciedad de nuestra ropa: Pero Jesús en el confesionario no es una lavandería: es un encuentro con Jesús, pero con este Jesús que nos espera, que nos espera como somos. 

La consecuencia de todo esto es la situación donde nos encontramos. La luz se hace cada vez más difícil de encontrarla. Da la sensación de que vivimos en un mundo cada vez más en sombra. Y es que no buscamos la luz donde se encuentra, sino en el mundo, donde no está.

viernes, 10 de mayo de 2013

EXULTO DE ALEGRÍA CON EL PAPA EMÉRITO BENEDICTO XVI

Benedicto XVI


Me llena de satisfacción compartir con el Papa emérito Benedicto XVI su esperanza y alegría en la promesa hecha por Jesús a todos nosotros: "volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría". Porque eso es lo importante y lo que todo hombre de buen gusto se afana en conseguir y buscar.

¿Qué sentido tiene, si no, tantos trabajos y privaciones en las dietas alimentarias, ejercicios físicos, tablas de gimnasias e innumerables sacrificios con los que se castigan hombres y mujeres con el fin de conservarse saludables y vivir unos cuantos días más? ¿Tiene eso mucho valor?

Pues, ¿cuanto más valor no tendrán el alargar la vida para Siempre esperanzados y confiados en la Palabra de Jesús, qué no solo nos lo ha prometido, sino que su Palabra siempre ha tenido y tiene cumplimiento? Es el tesoro buscado por todos, pero empeñados en buscar mal, donde no se encuentra y cerrando los oídos a la verdadera Palabra que nos revela, descubre y enseña el camino para encontrarlo.

He aquí las palabras del Papa Emérito Benedicto XVI, a las que aludo y comparto gozoso:

Jesús cuando, dirigiéndose a sus discípulos, afirma: "volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría". Son palabras que indican una propuesta rebosante de felicidad sin fin, del gozo de ser colmados por el amor divino para siempre. 

Plantearse el futuro definitivo que nos espera a cada uno de nosotros da sentido pleno a la existencia, porque orienta el proyecto de vida hacia horizontes no limitados y pasajeros, sino amplios y profundos, que llevan a amar el mundo, que tanto ha amado Dios, a dedicarse a su desarrollo, pero siempre con la libertad y el gozo que nacen de la fe y de la esperanza. 

Son horizontes que ayudan a no absolutizar la realidad terrena, sintiendo que Dios nos prepara un horizonte más grande, y a repetir con san Agustín: "Deseamos juntos la patria celeste, suspiramos por la patria celeste, sintámonos peregrinos aquí abajo." Queridos jóvenes, os invito a no olvidar esta perspectiva en vuestro proyecto de vida: estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre. Esto os ayudará a dar un sentido pleno a vuestras opciones y a dar calidad a vuestra existencia. Benedicto XVI, Mensaje para la XXV Jornada Mundial de la Juventud, 2010.  


martes, 7 de mayo de 2013

LA ORACIÓN NECESARIA PARA VIVIR EL AMOR



No hay otra respuesta sino vivir el amor. Y vivir el amor sabemos que es preocuparnos por las personas que nos rodean y viven en nuestra vida y se cruzan entre nosotros. De nada vale tanto rezar, tanto manosear y besuquear a las imágenes si no hacemos presente el amor en nuestra vida.

Tampoco servirán para mucho las Eucaristías y todos los actos de piedad y rezos que hagamos si nuestra actitud no es otra que la de esforzarnos en amar y amar. Y eso no es algo abstracto e intangible, se puede medir, medir en actos de amor. Actos de amor tales como escuchar pacientemente; actos de amor que se traducen en hacer compañía, servicio, amabilidad, entrega y hasta económicos.

Actos de amor que todos entendemos y sabemos que son y en qué consisten. Actos de amor para los cuales, ¡sí, ahora sí!, hace falta la oración, la cercanía e intimidad con el Señor, y sobre todo, la Eucaristía. Actos de amor que, de no estar a disposición y abiertos a la acción del Espíritu Santo, nos resultará muy difícil de concretar y realizar.

Pero, nada vale si no somos capaces de amar. Amar no es rezar, ni alabar y glorificar; amar no es postrarse en presencia del Señor y decirle una y mil cosas... Amar no es comer el Cuerpo del Señor. No, amar es dar la vida por servir y hacer el bien al otro y a los otros. Sean quienes sean. Amar es hacer lo que el Padre hace, cada segundo de nuestra vida, por cada uno de nosotros.

Amar por tanto es hacer la Voluntad del Padre. Lo hizo así Jesús y eso fue lo que nos enseñó. Nos envía el Padre, en nombre del Hijo, al Defensor para que podamos hacer nosotros lo mismo. Y claro está, para hacer eso, para amar, sí hay que rezar, vivir en el Espíritu Santo, recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor y caminar juntos en la Iglesia. Pero sin esto, sin amor, nada vale.