domingo 7 de febrero de 2010

¿REALMENTE TE QUIERO O TE NECESITO?


Nuestra vida y nuestra sociedad, mejor, el mundo, depende de nuestra propia relación de pareja, primero, y luego del entorno que, nuestra propia pareja, familia, crea alrededor de los frutos, los hijos, que conforman la comunidad familiar, puesto que la yuxtaposición de muchas parejas construyen los pueblos y ellos forman el habitáculo donde la vida de los seres humanos se desarrolla.

Es, por lo tanto, de incuestionable necesidad atender a la familia y protegerla, pues de ella va a depender el mundo que habitamos. Y esto es algo que no se puede discutir ni votar. No es cosa de minorías ni mayorías; ni de gustos o apetencias; ni de ideologías o simples caprichos del ego y de nuestra naturaleza hedonista. Simplemente, la familia es la primera célula de la sociedad y es lo primero que hay que atender con todo nuestro esfuerzo, dedicación y protección.

Y nuestro primer paso debe ir necesariamente en el camino de educarnos para educar, pues nadie puede dar lo que no tiene. En esta línea, si no estamos educados no podemos dar educación. Esto también está fuera de toda discusión, y la indispensable libertad del derecho de las familias de elegir y dar la educación que ellos creen conveniente. No da lugar a discusión, porque se cae de maduro que toda familia elegirá lo mejor para educar a sus hijos, y es de sentido común que lo mejor y más bello es educar en la verdad.

Por lo tanto, por simple razonamiento, creo que nadie pueda ponerlo en duda, la educación debe estar fundamentada en la verdad y no en ideologías partidistas o sectarias. Todo aquel que se precie de buen gusto buscará educar a sus hijos en la verdad, pues la mentira es falsa y de consecuencias trágicas para todos. Ahora, la pregunta brota como natural respuesta a lo que hemos concluido y determinado: Si de educar en la verdad se trata, ¿qué verdad seguimos?, o dicho de otro modo, ¿en qué verdad nos apoyamos?

Llegado a este punto, debemos clarificar y aunar criterios que nos clarifiquen el verdadero camino a seguir. Porque hay una sola verdad y un sólo camino. Y esto lo debemos tener muy claro, pues dos verdades descubrirían que una será falsa y otra verdadera. Igual ocurriría con los caminos. Igual que hay una sola madre, también hay una sola verdad. Por lo tanto, el problema, sigue en la actualidad, estriba en discernir cuál es la verdad y, si hay voluntad política, seguirla y aplicarla en la vivencia de nuestra vida.

Y para todo esto se hace imprescindible conocernos y sabernos capaces de dominar nuestras emociones y sentimientos. Porque dependiendo de saberme un ser humano capaz de ser libre para realizar el bien, en eso consiste la libertad, estaré en disposición de salvaguardar mi pareja, mi familia, mi pueblo, la sociedad, el mundo...

Sólo pensar lo que pensaríamos, valga la redundancia, de oír a un cónyuge decir. " te quiero hasta que engordes", o todo lo que ustedes puedan imaginar... bastaría para abrir un abismo profundo de reflexión y de interiorización sobre lo que está ocurriendo. Y es que ahí entra en juego el saber de nuestras emociones y sentimientos, y clarificar sus diferencias y no confundirlo con lo que realmente es el amor.

En una pareja que no tenga la suficiente confianza para saberse por encima de todas sus emociones, sentimientos, su diálogo será disperso, apoyado en medias verdades, desconfiado e inseguro, porque falta precisamente la seguridad de la que fluye la confianza. Debo de saber que el sentimiento de una madre, postrada junto al lecho de su hijo enfermo, no es querido, pero es aceptado y asumido con la responsabilidad y la entrega que da el amor.

Debo saber que las emoción que me producen un sentimiento de estética, de rutina, de diferente forma de pensar... debe estar sometida a la responsabilidad y a la voluntad del verdadero amor que supone responder a esa solidaridad responsable contraída. Lo contrario sería apetencias egoístas e interesadas... Lo contrario sería, no amor, utilizarte porque te necesito, pero no porque te quiero, o mejor, porque te quiero hasta... Hablamos de amores mediocres, incompletos, adulterados, falseados, y, ¿por qué no? amores apoyados en el eros, interés económico... por lo tanto, amores falsos.

No me cansaré de hacer referencias a mis reflexiones sobre la autotraición porque creo que son de vital importancia para la construcción de la pareja, y, por supuesto, para todo lo que de ella deriva. Modestamente, creo que todo lo que está pasando a nuestro alrededor tiene su principio en esta construcción humana que relaciona al hombre con la mujer. Porque va a depender de su primera piedra el futuro de su familia, y se se empieza a hacerlo sobre arena movedizas terminará por hundirse, y con ella todo lo que gire a su alrededor.

El aborto, el libertinaje, la esclavitud apoyada en la complacencia hedonista de satisfacer todas las apetencias y placeres de todo tipo. La voluntad desenfrenada de intereses materiales, de bienestar egoísta, de someter para tener y poseer, de ser por el tener, de primero yo y luego los demás, incluso sobre la familia, la falta de valores que dignifiquen y eleven a la persona... y todo lo que está ocurriendo en nuestro mundo, es el reflejo y consecuencia de todo lo reflexionado anteriormente.

¿Cómo y qué hacer para revertir esta situación? Creo que, siendo complicada por la fuerte corriente en la que estamos inmersos, la solución no está lejos de nuestro alcance a pesar de las dificultades. Depende de cada uno de nosotros. Primero buscando ser felices cada uno en nuestra propia familia, y facilitando al otro que pueda hace lo mismo.

No puedo hacer feliz a mí pareja, eso le corresponde a ella. Yo sólo puedo ayudarle a que sea mejor persona, y en esa medida, ella podrá ir alcanzando su propia felicidad. La felicidad la tenemos que buscar personalmente cada uno desde nuestras diferencias personales, porque no podremos nunca cambiarnos, sino comprendernos y ayudarnos a encontrar cada uno la verdadera verdad. Esforzándonos en eso iremos construyendo familias estables, responsables, esperanzadas en crecer y avanzar en busca de la felicidad, y, por supuesto, creando un mundo más en paz, justo, misericordioso y amoroso.

Y hay algo muy importante que no quisiera omitir. Se trata de la propia esencia del ser humano, estamos hechos para relacionarnos. Somos seres de relación, y eso significa que no vamos solos por la vida, sino que estamos enracimados y caminaremos, queramos o no, en racimos. Todos sabemos que cuando una uva se estropea, si no se corta estropea a las demás. Nuestra dependencia está condenada a la solidaridad, por eso, nuestro deseo más profundo es la solidaridad, el amor. La imagen que he escogido providencialmente ilustra muy bien lo que quiero expresar.

miércoles 3 de febrero de 2010

NUESTRO EGOÍSMO, LA CAUSA DE NUESTRA MADUREZ.




El hombre siempre estará preguntándose sobre el dolor, el sufrimiento y las contrariedades que la vida y su recorrido le plantean. Creo, en mi humilde opinión, que no hay tema más sugestivo e importante que pueda interesar más al hombre que este. Porque en ello le va la vida, el gozo y la felicidad. De nada vale ser, tener, si no hay paz, bienestar interior consigo mismo y, por supuesto, felicidad.

Nada importa más, y todo lo demás se considera basura si no se tiene lo primero. Ni que decir tiene que la vida contra la muerte es la meta que toda persona busca, pues estar atormentado, sin salud y en un constante desasociego te lleva a desear la muerte que, de alguna forma consideras que ya la tienes. Son, pues, los temas vitales que no podemos eludir aunque queramos mirar para otro lado y llenarnos de sucedáneos temporales que sólo nos dan pan para hoy, pero hambre para mañana.

Todo nuestro alrededor está embriagado, a menos que prestemos atención, a dar respuesta a esta inquietud. El cine, la prensa, los medios audiovisuales... no pueden desentenderse de esta inherente necesidad de responder a la verdadera y desesperante necesidad del hombre. Y, en los momentos puntuales de grandes tragedias, amén de las cotidiana de cada uno, el hombre aflora su propia esencia de mirarse su etiqueta y ver de dónde viene, a dónde va y qué es.

Estos días donde la tragedia reciente de Haití hace saltar a la actualidad la dormida pregunta que el hombre quiere enterrar. Donde unos simples temporales desbordan las malas planificaciones y la no voluntad política de darle soluciones, tal es el caso de las Islas Canarias, a lo que se sabe y preve que va a pasar. Donde se pasa hambre, hay carencias importantes de salud y educación, como es Bolivia, por poner un ejemplo, y su Presidente Morales, venido de esa realidad, no hace por luchar y tratar de solucionarlos, ¿qué responsabilidades le vamos a pedir a DIOS?



Porque la pregunta es esa: ¿Por qué DIOS permite estas cosas? Eludimos nuestra responsabilidad para adjudicarsela a DIOS. O dicho de otra forma, admitimos que DIOS es nuestro PADRE cuando nos conviene pero, a la hora de justificarnos y culpabilizar, le señalamos a ÉL. Un PADRE, que sólo tiene el deber de cuidarnos, protegernos y abastecernos, pero nada más. De exigencias nada.

Simplemente, DIOS no permite nada, ni desea nada malo ni trágico para su criatura más preciada. Sólo quiere su bien, su gozo y felicidad eterna, pero le ha dado la posibilidad de ganárselo con su sudor y trabajo, y de forma libre y opcional. Puedes decir que sí, y puedes decir que no. Puedes, libremente, aceptar su Voluntad, o puedes no aceptarla. DIOS siempre la respetará, y no moverá un dedo. ¿O es qué no lo hizo así con su HIJO cuando fue Crucificado en el Golgota? ¿Entendería eso María, la Madre? Al parecer parece que sí, pues su respuesta fue. "Hágase tu Voluntad", y se entregó en obediencia a cumplirla.

DIOS aprovecha estos momentos, que suceden más por la mano del hombre que por otra cosa, para cincelar y modelar al hombre, y ayudarle a madurar, a comprender, a que le miren y entiendan que ÉL es su PADRE, y que sin ÉL nada pueden hacer. Son esos momentos cuando el sufrimiento y el dolor tienen sentido y despiertan en el hombre el deseo de solidaridad, de esfuerzo, de compartir, de entrega, de fraternidad, de... en una palabra, Amor.

Son esos momentos donde el hombre, por sí mismo, experimenta la vivencia de un DIOS AMOR cercano que le acompaña, le da esperanza y sentido a continuar la peregrinación y la lucha. Sólo con oírlo, aprenderlo, e incluso razonarlo no basta. A DIOS hay que experimentarlo y, por nuestra forma de ser, sólo en el dolor y sufrimiento experimentamos la necesidad de su Poder y de su Amor.

lunes 1 de febrero de 2010

VEMOS LA PAJA EN EL OJO AJENO, PERO NO LA VIGA EN EL NUESTRO.


Todo lo que puedas leer, oír y aprender es bueno, y sirve de mucho y para mucho. Sin embargo, no hay nada que se quede tan grabado que aquello que experimentas en la propia vivencia de tu propia vida. Hasta ese momento no has llegado a comprender y a hacer tuyo el hecho oído, leído o aprendido. A partir de ahora tu vida será diferente ante la vivencia de ese hecho.

Eso es lo que ha ocurrido y ocurre en la vida de muchas personas. Tras la vivencia de una situación concreta su interior cambia de forma radical y su voluntad ordena otro rumbo a sus actos diariamente realizados. Tal es el caso de aquella joven madre que, teniendo a su hijito de cinco meses en sus brazos, viendo las espantosas y trágicas imágenes del terremoto de Haiti, su corazón se conmovió y apesadumbrada por la suerte de aquellos niños, ahora huérfanos, corrió a depositar 100 euros, que no le sobraban, para cooperar y solidarizarse con la causa por ayudar a esos niños.

Todos conocemos muchos testimonios de personas que han dado un vuelco de 360 grados en la jerarquía de sus valores al experimentar en su propia carne la tragedia y miseria de otros. Ayer, observando por la tele, lo poco que trato de verla, al Padre Castellano y su ingente labor en Bolivia, pensé que allí no sería tan difícil responderle a JESÚS, porque el ambiente, la comunidad y todo lo que se respira alrededor te santifica y te hace sacar fuerzas de donde no las hay.

Es cuando comprendes que el ambiente es muy poderoso y ayuda mucho. Y cuando empiezas a descubrir que lo que buscas, eso que todos llamamos felicidad, está detrás del darse y entregarse. Incluso, aquellos que lo hacen desde la razón, y no movidos por la fe, descubren que nunca se sienten mejor que cuando se dan y entregan a ayudar a otros. Eso significa ser hombres nuevos, libres de todo egoísmo y apegos que te esclavizan, excluyen y someten.

Y, aun sin saberlo, los que no creen tenerla (la fe) están actuando porque la tienen, pues creer en la razón y sentido común, y sobre todo, en el hombre, es creer en su Creador. El hombre sin DIOS no es hombre, porque no existiría y nada, sin ÉL, tiene sentido. A pesar de no mirar para su Creador, están configurados a su imagen y semejanza, y es sólo por eso, por lo que aman a los otros hombres sin excluir condición, raza o color. Y sólo llegarían a perdonar y a amar al enemigo cuando su última motivación está dirigida, sustentada y apoyada en la acción del ESPÍRITU, que lo fortalece y lo llena plenamente del Amor que le viene del PADRE.

Tal es el caso de la siguiente carta que les invito a leerla y a propagarla, al menos sus criterios y actitudes, sin ánimo de acritud, agresividad y venganza, sino al contrario, con la esperanza de que nos demos cuenta que la razón y el sentido común nos lleva inevitablemente a descubrir al Creador, y en el Creador, al hermano, al otro que también ha sido creado por el Creador, y por lo tanto, hermanos en JESÚS, el HIJO predilecto del PADRE Creador.


CARTA DE UNA MADRE A OTRA EN EL PAÍS VASCO


- De madre a madre:


Vi tu enérgica protesta delante de las cámaras de TV en la manifestación de ayer a favor de la reagrupación de presos de ETA y su transferencia a cárceles del país vasco.

Vi cómo te quejabas de la distancia que te separa de tu hijo y de lo que supone económicamente para ti ir a visitarlo como consecuencia de esa distancia.

Vi también toda la cobertura mediática que dedicaron a dicha manifestación, así como el soporte que tuviste de otras madres en la misma situación y de otras personas querían ser solidarias contigo, y que contáis con el apoyo de comisiones pastorales, órganos y entidades en defensa de los derechos humanos, ONG,s, etc., etc.

Yo también soy madre y puedo comprender tu protesta e indignación.

Enorme es la distancia que me separa de mi hijo. Trabajando y ganando poco, idénticas son las dificultades que tengo para visitarlo. Con mucho sacrificio sólo puedo visitarlo los domingos, porque trabajo incluso los sábados para el sustento y educación del resto de la familia.

Felizmente también cuento con el apoyo de amigos, familiares, etc.

Si aún no lo sabes, yo soy la madre de aquel joven que murió cuando se dirigía al instituto y que al pasar cerca de un coche aparcado, éste hizo explosión a causa de la bomba lapa que tu hijo puso en los bajos de ese coche. En la próxima visita, cuando tú estés besando y acariciando a tu hijo, yo estaré visitando al mío y depositándole unas flores en su tumba.

Ah!, se me olvidaba: ganando poco y sosteniendo la economía de mi casa, a través de los impuestos que pago, tu hijo seguirá durmiendo en un cómodo colchón y comiendo comida caliente todos los días.

Otra cosa querida: ni al cementerio, ni a mi casa, nunca vino ningún representante de esas entidades que tan solidarias son contigo, para darme apoyo ni dedicarme unas palabras de aliento, y ni siquiera para decirme cuáles son MIS DERECHOS.

Concluyo añadiendo que todos, como recita la imagen, tenemos derechos humanos que, precisamente, son todo lo contrario que derechos inhumanos que van contra la razón, el sentido común y la propia dignidad y esencia del hombre. Seamos defensores y portadores de los derechos que derivan de la razón, de nuestra propia humanidad que nos dignifica y nos proclama "hombre", la criatura más perfecta y racional que habita en este planeta.

viernes 29 de enero de 2010

SINCERAMENTE, YO QUIERO SER FELIZ ETERNAMENTE, ¿TÚ NO?


Realmente, toda mi vida, desde muy joven, he sentido la inclinación de buscar lo imperecedero, lo que realmente vale para toda la vida. Hoy, después de muchos años de búsqueda, empiezo a comprender que nada de lo que nos rodea vale tanto como la vida misma y, sobre todo, cuando esa vida que se me ha regalado tiene la posibilidad de ser eterna y gozosa para siempre.

Desde esa perspectiva, todo lo estimo basura, diría San Pablo, y así quiero también decirlo yo ahora. Nada de lo que mi propia vida terrenal puede darme tiene sentido ni valor comparado con lo que puedo alcanzar en la otra que llamamos del otro mundo. Porque, una de las cosas que he llegado a entender, quizá, por obra del ESPÍRITU, es que mi vida no va a terminar, quiera yo o no quiera.

Mi vida va a seguir, sólo que estará gozosa y feliz eternamente, o desesperada, amargada y martirizada eternamente. Ambas posibilidades están ahí y son verdaderamente ciertas. Puedes creerme o no, pero lo son. Para muestra te sugiero leer "Entre el cielo y la tierra" de María Vallejo-Nájera, que supuso a su autora un cambio radical de vida.

Son testimonios serios, de personas de carnes y huesos. Algunos contemporáneos, como el Padre Pio de Pieltrelcina y otros muchos más, amén de la autora del libro, persona seria y formada que no están para engañar ni para perder el tiempo con tonterías. La cosa es mucho más seria de lo que algunos creemos, y el tiempo es oro que lo perdemos tontamente entre basurillas que consumimos y no nos llenan plenamente.

Y estamos avisados, pero que muy avisados, sólo que la mayor parte no quiere enterarse y andan ciegos, drogados por las cosas de este mundo que sólo ofrecen cachitos de felicidad perecederos que, al final, nos desesperan más. Es cuando, en la desesperación, encontramos las respuesta de vislumbrar que las cosas no nos dan la felicidad que buscamos, sólo en el darnos y amarnos encontraremos la felicidad buena, la que vale para SIEMPRE.

Tengo que confesar y admitir que la lectura de ese libro, providenciamente ofrecida por un compañero, ha supuesto un aire fresco que ha reforzado mi fe un poco más fuerte, no sin antes hacerme pasar, y lo estoy pasando, por momentos de tribulaciones, santo temor y desconcierto. Y, paradogicamente, no tenía ganas de leerlo, tenía otro material preparado para hacerlo, y confienso que me cuesta leer. Es uno de mis grandes defectos y pesares.

Ha sido como una luz, gracia actual, que me ha alumbrado la importancia de la oración, el ayuno y limosna de forma providencial y a las puertas de empezar, muy pronto, un nuevo tiempo litúrgico de la Cuaresma, tiempo de oración, ayuno y limosna.

Quiero narrarle una secuencia de este libro que me parece, como casi todo, importante para alumbrar esta vivencia que quiero participarles. Se trata de esclarecer la importancia del ejercicio del ayuno, ahora tan importante para ofrecerlo por nuestros hermanos de Haiti y otros que, por estar fuera de nuestro alcance físico, nos parece imposible hacer mucho por ellos, sí no son cosas materiales y económicas que enviarles, qué, algunos por carecer, nos quedamos inmóvil justificando no poder hacer nada.

Incluso, diría que más importante que dar es "darse", porque el darse significa más, y es casi irresistible para nuestro PADRE DIOS no aceptar un sacrificio de un corazón contrito y humillado. Porque el darse nace desde dentro del corazón y no puede engañarse en apariencias y sobras.

A la pregunta, ¿Padre, yo no entiendo eso del ayuno? ¿Para qué sirve además de para que el pantalón me cierre un poco mejor?, de la autora a un sacerdote misionero de la República Dominicana, que convive con los más pobres entre los pobres, éste contestó. "Es muy sencillo". Tú siempre tienes comida en el plato, mi gente no.

Obviamente, no puedes venir a ofrecer tu alimento del día a algún hambriento de mi aldeíta, pero si puedes ofrecer sustento a un pobre en tu barrio madrileño. Y puedes hacer algo mucho más valioso aún: puedes compartir con él su hambre. Esa que el padece a diario tú puedes sentirla sólo hoy. Así aprenderás lo que verdaderamente duele no recibir alimentación durante todo un largo día.

Tú lo solventarás mañana, pero el mendigo de la esquina de tu casa volverá a pasar hambre. Por eso, para compartir un día su dolor, ayuna hoy y, con el dinero ahorrado de ese almuerzo, cómprale a él un buen alimento para este día. Le saciarás el cuerpo y tú saciarás tu corazón. A tus ojos tu acción es nimia, pero a los ojos del hambriento, es vida.

Enseguida me viene al pensamiento. ¿No será esa la solución a tanta miseria y hambre que pasan en este momentos muchas familias que se han quedado desnudas y en la calle de un mes para otro?

jueves 21 de enero de 2010

DESCUBRIMOS NUESTRA FE EN LA VIVENCIA DE NUESTRA VIDA.


Sólo en la vivencia de experimentar la fe encontraremos la respuesta de saber la medida de la misma. Porque nos engañamos cuando decimos o creemos que tenemos fe, pero llegado el momento de tomar la decisión que la misma nos compromete, no somos coherentes con esa fe que habíamos defendido y testimoniado de palabra.

Ahí se esconde la dualidad de nuestra doble cara. Practicamos unas manifestaciones religiosas que luego no son expresión de nuestro diario vivir, ni testimonio de nuestro compromiso temporal donde realizamos nuestra vida. Diríamos que celebramos unas creencias que luego no tienen correspondencia en la vida que vivimos.

Nuestra fe, a lo que llamamos fe, camina por un lado, y nuestra vida, lo que realmente creemos, va por otro. Al ritmo que marcan las costumbres, las leyes, los hábitos, la sociedad, los egoísmos, los intereses, las riquezas, los bienes, los placeres, el bienestar, la calidad de vida.... Hablamos de generosidad, de compartir, de preocuparnos los unos de los otros, de solidaridad, de amor... pero vivimos en la individualidad, en el ego, en lo personal, en lo posesivo, en el interés, en lo mío...

Y, llegado el momento, experimentamos que nuestra fe no es tanta fe, sino sólo tradiciones, costumbres, sentimientos, afectos... que están dentro y queremos soltar, pero que ahogamos en los apegos, miedos, debilidades de nuestra carne y sentimientos de los que deseamos escapar, pero no nos arriesgamos a hacerlo. Posiblemente no tengamos fe.

A este respecto, quiero compartir con todos ustedes esta historia o anécdota que alumbra lo que, quizá, de forma torpe, he querido explicar, pero que deja muy claro el grado de fe que tenemos. Los que han tenido la dicha de poder experimentarlo y responder dejándolo todo en sus Manos, son los que han llegado al gozo de alcanzar la eterna felicidad: "Los Santos".

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua inició su travesía después de años de preparación, pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros.

Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo hasta llegar a la cima. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada.

Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y los estrellas estaban cubiertas por las nubes. Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires… caía o una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pesaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.

Seguía cayendo… y en esos angustiantes momentos, le pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida.

Él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos… Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura. En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar:

“AYUDAME DIOS MIO.”

De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó:

“¿QUE QUIERES QUE HAGA?”

“Sálvame Dios mío”

"¿REALMENTE CREES QUE TE PUEDA SALVAR?"

“Por supuesto Señor”

"ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE…”

Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró mas a la cuerda y reflexionó …

Cuenta el equipo de rescate que el otro día encontraron al alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda … A DOS METROS DEL SUELO …

… ¿Y tú? … ¿Qué tan confiado o aferrado estás de tu cuerda?

… ¿Por qué no la sueltas?

lunes 18 de enero de 2010

EN EL DESPOJO DE MÍ MISMO POSIBILITO EL ENCUENTRO CON JESÚS.


Hemos oído hablar mucho sobre la oración. Todos sabemos mucho sobre la oración, sobre todo, diversidad de oraciones y diferentes maneras de orar. Y, hasta nos hemos podido autoestimar en muchos momentos, creyentes orantes y expertos en orar, o dicho de otra forma, expertos en hablar con DIOS.

Porque la oración es el camino por el cual hablamos con DIOS y nos relacionamos con ÉL. Sin embargo, no llegamos a convencernos del gran poder de la oración, al menos yo, porque de tenerlo tomaríamos conciencia de todo lo que podemos hacer. Se nos ha dicho que seríamos capaces de mover montañas y de hacer grandes prodigios tantos como JESÚS (Jn 14, 12-14).

"Todo cuanto pidan en la oración, crean que ya lo han recibido" (Mc 11, 24). Y no hay justificación ni peros que valgan, porque estas son Palabras del Maestro y lo que ÉL dice se cumple. Lo que ocurre es que no estamos convencido del todo, y nuestra fe se tambalea. No ocurrió así con aquel centurion romano que sí creía, y su fe fue alabada por JESÚS, y su deseo fue cumplido. Lo mismo ocurrió con aquella mujer cananea.

La oración de fe no consiste en decir: ¡SEÑOR, SEÑOR!, sino en disponer el corazón para hacer la VOLUNTAD del PADRE. Es JESÚS quien nos invita a llevar a la oración, lo hizo con sus discípulos, esta Voluntad de cooperar con el plan divino (Mt. 9, 38). El desprendimiento de nuestra voluntad es la clave para estar dispuesto a cumplir la Voluntad de DIOS.

Hacer oración es, por tanto, conectar con el corazón de DIOS. Porque cuando uno conecta, todo lo demás se desvanece y queda en segundo plano. DIOS preocupado por mis problemas, pero yo preocupado por los problemas de DIOS (Jn 4, 30-38). Unos siembran lo que otros recogerán más tarde.

Orar es algo tan profundo como llegar al convencimiento de que DIOS se encarga de todos mis problemas en la correspondencia de que yo me preocupo por todas aquellas cosas que hacen sufrir a DIOS.

Porque en la medida de que DIOS nos ha hecho libre, todas las respuestas y problemas de los hombres están en la respuesta y solución que yo de al deseo que DIOS quiere de mí. Y mis problemas serán añadiduras que DIOS se encargará de ir solucionando en la medida que sirvan para irme perfeccionando y desapegando hasta tener el corazón plenamente libre y descansado en el SEÑOR.

Creo, sinceramente, que ese ha sido el recorrido de todos los que han alcanzado llegar a conectar con DIOS, y, por supuesto, alcanzar la Santidad. Pero, también creo, que para llegar ahí hay un paso previo que necesitamos madurar y perfeccionar. No puedo ponerme a hablar con alguien, con el que quiero llegar a algún acuerdo, sin antes no estar dispuesto a ceder en algún punto y comprender otros.

Cuanto más en el terreno divino cuando se trata de hablar con mi único y creador DIOS y PADRE. Antes de ponerme a hablar, tengo que hablarme a mí mismo y, viendo mi propia película, estar dispuesto a desapegarme y olvidarme de ella entregándola en manos de DIOS. No podré nunca entablar una seria amistad si no estoy dispuesto a renunciar a mis ideas, mis proyectos, mis egoísmos, mis apegos...

Porque, sí eso no es así, estaré hablando con condiciones, con miedo a qué, lo que el SEÑOR quiera de mí, no sea lo que yo quiero, y, en consecuencia, será muy difícil responderle de forma neutral y abierto a cumplirlo. ¿No es el SEÑOR la Verdad Absoluta? ¿No es el SEÑOR la única Verdad y QUIÉN sabe lo que es mejor para mí? Entonces, ¿a qué tanto miedo y negación a hacer su Voluntad? ¿Qué es lo que realmente me lo impide? ¿Mi fe?

Porque de tener fe podría desapegarme y someter mis deseos y pasiones a la Voluntad del que creo. ¿No nos ocurre eso cuando estamos delante de algo que nos llena plenamente y nos interesa? ¿No somos capaces de hacer lo que está a nuestro alcance para lograrlo?

El ejemplo, una vez más, María, y José, y muchos otros que han seguido después señalándonos el camino a seguir, y la forma de encontrarnos con el SEÑOR. Realmente es difícil, es para echarse a temblar, y soy el primero en aceptarlo, pero sería equivocado no admitirlo y mirar para otro lado. Hay que confiar en el ESPÍRITU SANTO y saltar al vacío abandonándonos en las Manos del SEÑOR.

miércoles 13 de enero de 2010

LO IMPORTANTE ES COMO ACABA TODO.


No tiene sentido vivir sin mirar donde vamos, y cuando y como será el final del viaje. Porque, queramos o no, sabemos que en algún momento nuestro viaje se detendrá y, nos guste o no, tendremos que bajarnos y parar nuestro camino. En ese momento se acabó nuestra capacidad de elección y todo nuestro destino estará a merced de la Misericordia de DIOS.

Nunca he entendido, y cada día más, que los hombres y mujeres capaces de hacer grandes obras, aquí en la tierra, dotados de una inteligencia extraordinaria, para nosotros los hombres, y tocados por un talento superdotado para descubrir y realizar grandes logros que hacen la vida de los hombres y mujeres más agradable, más confortable, más humana, no sean capaz de darse cuenta que sus propias vidas terrenales terminaran un día.

Sí, por supuesto, que sé que lo saben, pero lo que no llego a entender es que, sabiendo y conociendo lo que nos va a ocurrir no reparen en meditarlo y reflexionarlo. Y digo esto dando por sentado que si que lo habrán pensado y meditado, pero, ¿qué eso no les haya movido a cambiar el rumbo, no lo entiendo? Sólo llego a la conclusión que, al final, no son muy inteligentes.

Pueden alegar diciendo que no creen en nada y, por lo tanto, nada tienen que cambiar. Sin embargo, se crea o no, la elección debe hacernos tomar una decisión y actuar en consecuencia. Por ejemplo, pienso que una persona que no crea, su actuación deberá ir dirigida a enriquecerse todo lo más posible en este mundo, y pasarlo lo mejor posible. Es en lo único que cree, y, por supuesto, lo único que tiene. Debe, en consecuencia, aprovecharlo lo mejor que pueda.

También, pienso, que todo estará muy sujeto a la estrella que cada uno tenga. Me refiero a la tan llamada suerte, pues a muchos la vida les depara, por mucho que posean y tengan, muchos sufrimientos, tropiezos, contrariedades, enfermedades...etc. Pero lo más clarificador y notable es que, a pesar de todo, la película termina siempre igual y la pregunta siempre es la misma: ¿Para qué tantos anhelos, esfuerzos, luchas, enfrentamientos, avaricia, guerras, poder, riquezas... sí siempre ocurre igual y todo termina de la misma forma¨"con la muerte".

Se desprende que hay algo más importante que todos deseamos y buscamos, y que está dentro de nosotros mismos, y que también, nos ha sido proclamado. Sería inteligente y muy importante escucharlo, darle gran importancia y observarlo. Conocemos ya nuestro fin terrenal, ¿no valdría la pena tratar de conocer nuestra continuidad? Porque todos ansiamos tenerla, y todo aquello que se desea y se ansía está dentro de la posibilidad de alcanzarlo.

De todas formas, lo conocido no nos llena plenamente, no nos satisface, pues nos morimos de miedo que nos llegue el momento de acabar y nos entristecemos en la medida que se acerca. La vejez, aquellos que pueden sentirla y vivirla, es un camino de plazos que nos indica como nos vamos deshaciendo y acabando nuestro vivir. ¿No vale la pena buscar otra posibilidad más de acuerdo con lo que sentimos dentro de nosotros mismos?

Desde esta reflexión, qué creo todos nos hacemos en algún momento de nuestra vida, es de dónde vivencio la experiencia de no comprender como permanecemos pasivos ante tal realidad y tan grande tesoro. Observo anonadado como se cambia la Vida plena y eterna por un puñado de años donde la rutina y la insatisfacción no nos deja ser libres y nos esclaviza buscando y buscando donde no hay sino un volver a empezar. Nada nos llena plenamente y tratando de buscar se nos va la vida sin encontrar ese tesoro que anhelamos, y que lo tenemos delante de nosotros mismos.

Detrás de esta vivencia experimento que no hay nada más inteligente y sabio que buscar el verdadero tesoro de nuestra vida. Y eso está vinculado a mirar cuál será el final de nuestro viaje. No para preocuparnos y estar pendiente, pero sí para vivir el presente, es lo que importa, más de acuerdo con lo que será nuestro final. Estamos llamados a una vida mejor y gozosa, pero eso nos exigirá unas actitudes que, sintiéndola en nuestro interior, debemos esforzarnos en que no sean ahogadas por nuestras tendencia humana que nos impide realizarlas.

Posiblemente tengamos la idea de pensar que una vez nos llegue nuestro final, todo acabará, y dejaremos de sentir y de padecer. Ojos que no ven, corazón que no siente, dice el refrán. Más no debemos perder de vista que, pase lo que pase, no moriremos, sino que permaneceremos vivos, sólo que estaremos a la derecha o a la izquierda del gozo eterno o de la condena a vivir desesperados para siempre. Esa es la carta que nos jugamos por mucho que queramos mirar para otro lado. Y esa es, según yo lo creo, la mejor forma de pensar y de ver las cosas. Como diríamos en nuestro lenguaje: "la manera más inteligente de entender la vida que nos ha sido regalada".