lunes 19 de marzo de 2012

AMAR, PERDONAR Y COMPARTIR

... que de llevar a la práctica: “Obras son amores...
Sabemos por experiencia propia que quien no es capaz de amar, perdonar le es más difícil. Porque quien no ama no perdona. De la misma forma, compartir nos exige amar, porque solo comparte aquel que, al menos, quiere amar.

Al compartir me descubro y me presento ante los demás. Eso no significa que debo abrirme en mis sentimientos más intimos, pero si debo presentar mis ideas, mis criterios y el camino que trato de seguir en mi vida. Y eso me exige coherencia, y de la coherencia se desprende el nacimiento de un compromiso. Compromiso que complica y exige esfuerzo en mi vida.

Así que, compartir cuesta, y se hace duro y molestoso. Por eso pienso que cuesta compartir. Porque en el "partir con" estamos comprometidos a ver con mucha frecuencia la película de nuestra vida. Y verla con Alguien que pueda aconsejarnos y clarificarnos en la verdad. Y eso gusta poco, o, al menos, molesta mucho. Ponernos en manos de otro se hace difícil y duro.


Y, ¡claro!, ¿en manos de quién? Solo hay uno, el Espíritu Santo, capaz de guiarnos por la vía de la Verdad y del Amor. Sentirse interpelado y dirigido no es lo que más nos gusta. Ese fue precisamente la disputa de nuestros primeros padres, y lo que les llevó a rechazar al Señor. Estamos nosotros en esa misma actitud.

 Quizás sea peor la nuestra, porque nos quedamos en el medio, entre Pinto y Valdemoro, pues decimos, pero no hacemos, somos tibios, porque mucho compartir pero solo de palabras y no de hechos. Y claro, no convencemos. Y es más, al final solo va a importar la cantidad de amor que llevemos en nuestra alforja, lo único que podremos llevarnos de este mundo. Por eso, si queremos empezar debemos, no dejar las palabras, pero si aderezarlas con vida que transparenten amor.

jueves 8 de marzo de 2012

¡DIOS MÍO, ESTÁN CIEGOS!


Sentado delante de la tele. No suelo verla mucho, pero si me interesan las noticias y los comentarios de lo que sucede a mi alrededor. Estaba encendida y Berta, mi mujer, me llamó la atención sobre un matrimonio con dos niños gemelos singulares, pues mientras uno lucía un estado normal, el otro, aun destacando por su vitalidad y la alegría propia de los niños, yacía sentado en una silla de ruedas, aunque eso no le impedía jugar y moverse de aquí para allá, claro, con la silla.

Eran gemelos, pero diferentes, tanto en estatura como en salud. Sin embargo, ambos lucían la sonrisa y la alegría tanto en los labios como en sus ojos y cara. Sus gestos desenfadados y alegres ignoraban las diferencias, y también, eso lo pongo yo, el peligro posible que habían poder corrido.

Porque, tal como están las cosas hoy, sus padres podían haber elegido dejar vivir a uno sólo, y condenar al otro a morir. No cabe en ninguna cabeza pensar esto al presenciar y ver a ese niño jugando, loco de alegría junto a su hermano. No es posible entender ni pensar que unos padres se puedan plantear eso. 

Y si lo hacen es porque todos nosotros, la sociedad, les empujamos a hacerlo poniendo en tela de juicio que el ser humano lo es en el momento de la fecundación. No después ni en otro momento más tarde, sino en ese momento preciso quedan todas sus características, que componen el ADN de una persona humana, ya nacida en el seno de su madre.

Es terriblemente trágico pensar que muchos niños como ese hayan sido condenados a morir por nacer con alguna anomalía. O incluso otros que, sin tener ningún impedimento, hayan sido víctima del bienestar, la comodidad o la usencia del sacrificio y el amor.

Sin embargo, verlos correr, saltar de alegría y llenos de esperanza, delatan a todos aquellos que continuan matándolos simplemente por evitarse problemas. La vida es la vida, no solo un derecho, sino lo que cualquier ser humano tiene, su vida. Y eso, su vida que nadie se la ha dado, en todo caso han colaborado o se han servido del placer sexual, nadie está facultado para quitársela.


lunes 5 de marzo de 2012

SON LOS HOMBRES LOS QUE MATAN


No viene el sufrimiento de parte de Dios, son los hombres, "nosotros", los que lo engendramos y hacemos que exista. Porque el mundo, la Creación, fue pensada sin sufrimientos, un lugar de bienestar, un paraíso.

De la misma forma que Dios nos hizo libres, libres hasta para rechazarlo. De la misma manera nos permite hacer el bien o el mal. Todos somos responsables de las guerras, de los abortos, enfermedades, accidentes, crímenes, muertes, cambios climáticos...etc. Porque la enfermedad entró en la Creación por nuestra soberbia y suficiencia., pues hemos sido pensados eternamente.

Sentimos que eramos capaces de administrarnos por nuestra cuenta, y dejamos plantado al Creador. No creímos en su promesa de amor y felicidad, y pensamos que nosotros podríamos satisfacernos solos. Y emprendimos nuestro propio proyecto. ¿Qué pasó? Que en su Misericordia el Señor nos ha regalado la muerte para, tener la oportunidad de empezar de nuevo a una nueva vida, la que teníamos antes de perderla por el pecado.

Pero, claro, necesitamos redimirnos, bueno, no, porque ya lo estamos en su Hijo Jesús, pero si necesitamos hacer y vivir lo que Jesús nos dice, y eso es simplemente "Amar". Por lo tanto, lo que va a decidir nuestra eternidad gozosa es nuestra cuenta de amor. 

Una cuenta de amor cuyos intereses serán gratuitos y puestos al servicio de los demás. De los que más los necesiten. Eso es todo, pero tan sencillo de entender y muy difícil de llevar a la práctica. Tanto es así que muchos están en la puerta sin decidirse a entrar por el mal testimonio que los que están dentro les dan.

Dios mío, ayúdanos a ser lámparas que alumbren el camino y señalen la entrada a aquellos que se quedan en la puerta porque nuestras turbias lámparas no les dejan ver. Queremos hacerlo, Señor, pero nos fallan las fuerzas. Estamos apegados a este mundo que nos arrastra y nos debilita. Danos la paciencia para mantener la fe firme, asidos al Espíritu Santo y, a pesar de nuestras caídas y deshonras no permitas que nos perdamos.

martes 28 de febrero de 2012

HACER LO QUE REALMENTE QUIERO HACER


Si diera rienda sueltas a hacer lo que quiero, lo que vulgarmente decimos me pide el cuerpo, me perdería totalmente, porque aunque sientes el tirón y deseo de abandonarte a tus apegos y pasiones, también experimentas y percibes que ese no es buen camino. 

El dejarte ir a favor de la corriente trae malas consecuencias y pronto percibes que eso es cierto. Es, pues, necesario luchar, y oponerte a todo aquello que su mal o excesivo uso puede llegar a serte perjudicial. No cabe duda que a la conclusión que llegas en poco tiempo es que lo bueno, lo que realmente todos buscamos y queremos va a costar trabajo.

Cuando decides emprender ese camino, pronto te das cuenta que el recorrerlo es muy serio y se hace duro y difícil. Experimentas que, con casi total seguridad, te vas a quedar solo en muchos momentos, o que son muy pocos los que lo siguen. La conclusión no tarde en llegar, el mundo tiene otros criterios y querer enfrentarse a ellos es navegar contra corriente.

Por eso está el mudo como está. Todos buscan la felicidad en él, y en él no está. Pero se hace difícil convencerles que buscan en vano. Sientes en tu interior eso de que "en vano se cansan los albañiles si el arquitecto no construye la casa". Porque solos nadie puede lograr ni alcanzar nada. Pero muchos se empeñan en enfrentarse solos, rechazando toda ayuda, sobre todo la que nadie debe rechazar.

Y nos hartamos de buscar y buscar felicidad caduca, esa que prometen en los periódicos o la tele: "Vivir la vida que son cuatro días; pásalo bien y no te preocupes cómo ni por qué; vive tu vida y piensa en ti, disfrútala y no sufras..." Y corremos detrás de esas promesas como locos olvidándonos que todos esos premios son caducos, se marchitan. No hay futuro con todo eso.

Claro, el otro camino es un camino martirial, de sufrimiento, de cruces, de inseguridades, de esos de los que a nadie les gustan. San Pablo decía que no hacía lo que quería, y sin embargo, aun no queriéndolos hacía lo que no quería. Creo que es lo que nos pasa a todos, hacemos lo que no nos conviene y, no hacemos, lo que realmente nos conviene. 

Esa es nuestra lucha. Ese es nuestro compromiso, el martirio. Porque Aquel que nos ofrece la plena felicidad, y para siempre, se abandono de su divinidad tomando nuestra naturaleza humana para indicarnos que el camino es la cruz mientras andemos por aquí abajo. Su vida terminó en la Cruz. Posiblemente ya la conozca o, al menos, hayas oído hablar de Él.

Y resulta que aprendiendo a sufrir, "aceptándolo", empezamos a experimentar que nuestra búsqueda, que tanto perseguimos y anhelamos, está escondida ahí, en el sufrimiento. Sí, no se entiende. Es un misterio, pero se experimenta y da gozo al final. Porque en la medida que más se profundiza y se sufre, más Gracia recibes y más fortaleza adquieres para superar tales adversidades.

No se entiende, pero ocurre así. Para muestra, la vida de todos los santos. Me vienen a la memoria Santa Teresita de Lisieux, Padre Pio de Pietrelcina, entre otros muchos, por ejemplo. La Eucaristía es un compromiso martirial, y quien no entienda eso difícilmente dará sentido a sus sufrimientos.

Porque todos sabemos que llegaran. Nadie escapará a la enfermedad, al dolor... Puede ser que si no directamente, sí indirectamente. La cruz es el final de esta vida para dar luz a la verdadera y eterna. Por eso, buscarle sentido al dolor y al sufrimiento tiene sentido, porque nuestro primer rechazo, pecado original, nos ha marcado ese camino, y para salir de él necesitamos un Reparador que nos redima. Y esa reparación se hizo en una Cruz. Cruz que nosotros también hemos de beber.



Y quiero aprovechar esta reflexión para agradecer a mi amiga "caminar" ese detalle que ha tenido de acordarse de mí. No tiene valor el premio sino el esfuerzo de buscarme entre otros para concederme su premio. No son mis méritos, que no los hay, sino la actitud de contarme entre sus amigos que presupone el conocerme y haberme visitado. 

Por eso, desde esa actitud, yo también quiero recordar, agradecer y conceder este premio a otros cinco compañeros, porque el premio no admite más, para que lo reciban como un hola y recuerdo de sus esfuerzos en continuar esta lucha que nos es necesaria y nos ayuda a trabajar y esforzarnos en conseguir lo que nos llena de gozo y eternidad.

Y estos son los compañeros que he designado, y que les sugiero los visiten. Les aseguro que valdrá la pena hacerlo:
Siguiendo a Chesterton
Tari Hiatzi hasta la luz
A Dios rogando y con el rock sonando

Liebster es una palabra en alemán, que según la definición que acompaña este premio, quiere decir "querida(o), amada(o) o favorita(o)". La idea de este premio es apoyar a blogs que tengan menos de 200 seguidores para que puedan crear más conexiones y que otros blogs los conozcan.
Estas son las reglas a seguir:
- Agregar el botón a tu blog
- Seleccionar a 5 personas y dejarles un comentario de que han recibido un premio.
- Animar a tus lectores a que visiten los blogs que has escogido.


lunes 20 de febrero de 2012

NECESITO OÍR Y LUEGO VER, PERO VER SOBRE TODO LA LUZ

En la esperanza de la vida eterna, la cual...

A lo largo de mi vida he sufrido muchas enfermedades. Hasta ahora todas han sido vencidas, y, por la Gracia de Dios, no han sido demasiadas dolorosas ni de larga duración. Todas, por decirlo de alguna forma, han sido de andar por casa y de fácil remedio.

Sin embargo, a mí, por la Gracia del Espíritu, me han bastado para descubrir la necesidad de ser sanado, no de estas enfermedades de pacotilla, sino de la verdadera que amenaza mi vida para siempre y la pone en peligro de perder, "siempre", la dicha de vivir gozosamente, lo que busco, la plena felicidad en la presencia de Dios.

Así y todo, he estado al filo de la navaja, y a punto, doy gracias a mi Ángel de la Guarda, de perderlo todo. ¡Dios mío, me estremezco al pensarlo! Ha sido la única vez que, sin darme cuenta, he estado en el otro mundo, unos veinte minutos, en manos de vender mi alma al demonio. Porque no estaba preparado ni viviendo en la presencia de Dios.

Al menos, eso es lo que yo pensaba. Ahora, después de unos años, me he dado cuenta que el Señor estaba ahí, y veía todas mis andanzas, todas mis cegueras, todas mis ignorancias y mis debilidades. Y, como al paralítico, me ha curado, no solo mi enfermedad física sino también mis enfermedad espiritual. Y me ha dicho, anda, camina y no peques más.

Y tratas de ser tú ahora ambulancia, camillero, vehículo que acerques a otros a mí. Y eso, en, con y por Él trato y me esfuerzo en responderle. 

Antes sabía de su Misericordia, de su Amor, de su salvación, pero yacían escondidas y casi muertas dentro de mí. Esas eran mis parálisis más graves, y las que realmente necesitaban urgencias de ser curadas. Hoy, por su Gracia, he despertado a su verdadera sanación, la que cura, no solo la enfermedad física, sino la verdadera salvación que conduce a la vida eterna.

miércoles 15 de febrero de 2012

A VECES, EL DESCANSO OBLIGADO NOS VIENE BIEN.

Todos tenemos en el interior sentimientos no resueltos, aunque no siempre ...


Nadie tiene duda de lo que cuesta aparcar un tiempo para pensar y reflexionar. Sí, todos sabemos que nos es muy necesario, pero en la frenética carrera que llevamos, la reflexión, es cosa, al parecer, de poca importancia.

Pero, la vida nos presenta oportunidades para que, detenidos, nos empeñemos en reflexionar, así sea por obligación. Son esos momentos que calificamos de desgracias o mala suerte, pero que obligados no nos queda más remedio que digerir y gastar.
Cuantas veces hemos cogido la cama sin tiempo para cogerla, pero la fiebre, el dolor o los síntomas nos obligan a ello. Entonces, después de una lucha contra nosotros mismos no nos queda otra alternativa que claudicar y disponernos a pasar el tiempo lo mejor posible. Y es cuando en esa calma que nos va viniendo, empezamos a darnos cuenta que no ha sido muy malo lo que nos ha pasado, pues advertimos que nos hacía falta pensar y poner nuestras cosas en orden.

Descubrimos lo bruto que somos, los riesgos innecesarios que corremos por no cuidarnos un poco y lo intrascendente de nuestra vida que quemamos sin saber cómo ni para qué. Nacen en nuestro interior preguntas que nunca habíamos dejado pararse en nuestra mente, y nos damos cuenta que mirarse un poco nos viene bien.

Después de algunas semanas, relajados y más serenos, valoramos mejor el tiempo, y también nuestra vida. Quizás no fue nada, pero pudo ser peor. Sin embargo, lo descubierto en estos relajados días me han traído una nueva visión de ver las cosas, y, posiblemente, un enfoque diferente a mi camino.

No será nada nuevo, pero si comprender que en las cosas que busco nada que me llene plenamente encontraré. Quizás haya que buscar en otro lugar, y eso ya es mucho descubrir.

domingo 12 de febrero de 2012

¿DE DÓNDE NACE LA ESPERANZA?

Entonces, en medio de la confusión, la desesperanza y el caos ...

Hace tiempo, cuando participaba en los cursos de preparación al matrimonio, solía decir que la confianza era hija del diálogo, porque al dialogar el conocimiento iba naciendo entre la pareja, y, en consecuencia, del conocimiento brota la confianza.

Hoy, al leer una reflexión sobre la esperanza, me he preguntado, ¿y la esperanza, cómo nace y se instala en nosotros? Porque sabemos por experiencia que su carencia es el mal de muchas situaciones y conflictos que traen graves consecuencias. Perder la esperanza nos desequilibra y nos desespera, y en un estado de desesperación nos cegamos y perdemos el control de nosotros mismos.

Luego, ¿qué ocurre cuando nos desesperamos? Pienso, y lo hago en directo, sin meditarlo antes,  que al cansarnos de esperar empezamos a desesperar, sentido común. Pero, dicho cansancio se va produciendo por una pérdida de confianza. Se deja de confiar y entra la duda y, poco a poco, la desconfianza, que de no poner remedio, desemboca en confusión, desconcierto y desesperación, a punto de la locura.

La esperanza está apoyada en la fidelidad, en la honradez, en la justicia y en la verdad. Porque todas estas virtudes te dan motivos y razones para esperar y mantenerte siempre en una actitud de esperanza. Una persona que inspire confianza basa sus actos en acciones transparente que explican todos sus pasos, aun en los errores y equivocaciones.

Cuando los hechos, en el diálogo, nos salen desde la sinceridad, desde la verdad y actitud de abrirse, sin tapujos ni mentiras, lo comunicado llega turbio y nublado, y al no tener una visión clara de lo que ocurre, nace la duda y la desconfianza, hija del diálogo, y desde esa plataforma se empieza a romper la esperanza, para convertirse en desesperanza.

Un diálogo no sedimentado en roca firme genera dudas, ello lleva a perder confianza, y de no apartarse de ahí y continuar la comunicación mal entendida, la desesperanza hace señal de aparición en la convivencia de las personas. Y de ahí a la locura solo falta una chispa.