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ÚTLIMAS REFLEXIONES

miércoles, 30 de noviembre de 2016

SÓLO HAY UN CAMINO Y ESTÁ ESCRITO EN TU CORAZÓN. ERES TÚ QUIEN TIENES QUE DESCUBRIRLO

Todos los caminos conducen a la libertad, porque el hombre ha sido creado para ser libre. Por eso, todo hombre lucha por ser libre y quiere la independencia interior, pero se equivoca en una cosa fundamental, que sólo la verdad le hace libre. 

No consigue la libertad por el poder, ni por las riquezas, ni tampoco por las cosas del mundo. El hombre alcanzará su libertad por el amor. Porque amar es buscar la justicia y esa es la esencia de la verdad. Sólo cuando el hombre vive en el amor auténtico se encuentra con la verdad, y, entonces, experimentara que es libre. Libre para hacer el bien por amor.


"Caminos de libertad", es el resultado de la inquietud por responder a esa Palabra que posa en tu corazón, despertándola y prendiéndola de ese fuego que quema y contagia la experiencia del amor. Es la lucha por la libertad interior, que nos hace libres ante la elección de lo que exteriormente el mundo nos ofrece. Porque en la vida, no se es libre por voluntad y deseos, sino por amor. Sólo cuando uno ama es verdaderamente libre, porque amar significa vivir en la Verdad y la Verdad te hace libre.


sábado, 19 de noviembre de 2016

PAZ, PACIENCIA Y COMPROMISO

Muchas veces perdemos la paz y la tranquilidad. No es que pase algo, sino que nos ponemos nervioso quizás por nuestra responsabilidad. Nos cuesta tomar alguna responsabilidad y eso deja ver, o que somos muy responsable y nos da miedo fallar o no saber qué hacer; o no queremos complicarnos ni salir de nuestra propia tierra de paz y tranquilidad. Recuerdo que contra eso Jesús, Mt 10, 34, nos habla de que ha venido a traer la guerra y enfrentamientos.

Experimento que lo que debo hacer es descansar en el Señor, y proceder con tranquilidad y sosiego. Se trata de hacer, sin regatear, pero sin prisas, pausadamente, y poniendo la cabeza y toda la sabiduría que el Espíritu pone a mi alcance, para servir y amar. Porque servir es amar. Una vez más tratamos de entender en que consiste el amor.

Amar no es sentir, ni emocionarse, ni apetecer, ni gustar, ni sentir placer, ni muchas cosas más. Amar es la voluntad de hacer el bien como me gustaría que me hicieran a mí. Amar es, desinteresadamente, buscar el bien del otro y servirle para ese bien. Y si es persona que no puede devolverte el servicio, tu actitud de amor es todavía mejor. 

Tener fe es, por tanto, confiar en el Señor y tener paciencia. Las cosas no las hago yo. Las hace Él, sólo que utiliza mi torpe esfuerzo, limitado y humilde, y, Él, lo endereza y lo hace fructificar. Por lo tanto, pongámonos en sus Manos, porque está presente y nos acompaña, y no perdamos esa paz. Esa paz que es la que Él quiere realmente darnos. La paz que viene de sabernos salvados y amados por el Padre y que, acabado nuestro periplo en este mundo, iremos a esa mansión que Él nos prepara para toda la Eternidad.

sábado, 12 de noviembre de 2016

PERSEVERA Y NO DESFALLEZCAS

En muchas ocasiones experimentamos la sensación de desfallecer y abandonar el seguimiento al Señor. No nos salen las cosas y sentimos que no se nos escucha ni se nos hace caso. Todo, o casi todo nos sale mal, y nos preguntamos, ¿para qué rezamos? ¿Y encima, hoy, en el Evangelio, Tú, Señor, me dices que rece siempre y no desfallezca? Me siento cansado y tentado a no obedecerte y abandonar.

Sin embargo, no nos damos cuenta de que estamos vivos, ni tampoco recordamos aquellas enfermedades que a lo largo de nuestras vidas hemos tenido. Ni, quizás, aquel momento de apuro de que salí victorioso. O de aquella petición que sí me salió bien y me fue concedida. Posiblemente si en los medios y en la prensa se hablara de eso, las noticias serían ingentes. Porque cada día y a cada instante salen muchas cosas bien a todos aquellos que se lo piden al Señor. Supongo que los comentarios, si así lo hicieran, de muchas personas que puedan leer esta humilde reflexión, sobre las oraciones que han tenido una respuesta favorable, serían muchos.

Sí, el Señor nos escucha y nos atiende. ¿Cómo no lo va a hacer si es nuestro Padre? ¡Si ha sido Él quien nos ha elegido y nos quiere salvar! ¿Es qué no nos damos cuenta que nuestra vida es un examen y paso para la verdadera Vida en la que, sí, allí nos saldrá todo bien? Él nos alienta y nos anima a seguir adelante, a tener constancia y perseverancia, a no desfallecer porque el premio está al final. También nos lo ha dicho el Señor en el Evangelio del jueves, Lc 17, 20-25. Estemos preparados para ese momento y eso exige no desfallecer.

No pases por alto tus esfuerzos. Aunque ahora te parezcan pequeños porque has ido habituando tu vida a esa disciplina litúrgica de tu horario de misas, tus rezos del rosario u otros momentos de piedad. Estas acostumbrado y habituado y ya los haces sin costarte esfuerzo o sin darte cuenta. Pero cuentan para el Señor, porque los haces por y para Él. Valen lo mismo que los primeros días que, sí que te costaron y les diste bastante importancia. 

Ahora tienen tanto o más valor, porque te sobre pones a la aparente rutina, a la sensación que los haces sin esfuerzo, por costumbre, pero estás ahí. Perseveras y sostienes tu desfallecimiento y lo haces por el Señor. ¿Te parece poco? El Señor te anima, te ve y está contigo. Quizás por eso te alienta con esta parábola del juez injusto. ¡Adelante, no desfallezca!