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ÚTLIMAS REFLEXIONES

jueves, 11 de agosto de 2016

EL IRRESPETUOSO SE DESCUBRE



Hay gente irrespetuosa en todas partes. Y doy gracias a Dios porque así sea. No porque me guste ni porque quiero que hayan, sino porque ellos significan la oportunidad de amar y perdonar. Esa experiencia no es fácil, pues mi primer impulso y pensamiento fue replicar y descubrirle su arrogancia, su soberbia y su mala e irrespetuosa educación, pero, me mantuve y reprimí mi ímpetu.

No sé si eso es lo que Dios quiso que hiciera, porque a veces dudo si tendría que responderle y advertirle de su mala educación. Pero si es cierto que de haberlo hecho, seguramente no hubiese podido contenerme y habría faltado también yo. Pero, al margen de todo eso, los resultados son que esa persona perdió un posible cliente y dejó una nota negativa en su haber. 

No significa eso que le guarde rencor, ni que anhele venganza, pues eso me está prohibido por mi fe y por mi amor al Señor. Si Él me perdona a cada instante, ¿cómo me voy a presentarme delante de Él sin yo también perdonar? Está claro que nuestra cruz hay que cargarla y soportar esta arrogancia y mala educación de la que muchos hacen gala. Pero eso no nos exime de manifestarlo y decírselo en su propia cara. Sé que se lo dirán, pero me quedo con la duda si tenía que haber hecho algo más para evitar que otros pasen por lo que yo pasé.

Y, añadido a eso, negligencia o ignorancia al mandarme una prueba que no era aconsejable hacérme, en mi caso, por limitaciones técnológicas. Y luego disculpas o evasivas irresponsables. Porque un profesional tiene que saber que eso no debe hacerse en ciertas condiciones como eran, en este caso, las mías.

Pero lo más importante es que si esa persona no descubre su enfermedad y acude al médico, seguirá, erre que erre, cometiendo esos errores y malos comportamientos, que desdicen mucho de su persona, y lo asemejan más a la irracionalidad soberbia de los que se creen mejores que los demás. Porque ese será el punto de partida para empezar a curarse.

Y por eso rezamos, para que esas personas se den cuenta que tratan con personas, valga la redundancia, y que están para servirlas, no para que le sirvan. Peligrosa y grave enfermedad que necesia a un médico, pero no un médico cualquiera sino el mejor. Y ya sabemos de quien hablamos.

sábado, 30 de julio de 2016

UNA FE ENCARNADA



La fe no puede existir desencarnada, porque sería algo así como una fe hueca y vacía, sin sentido y más como un precepto o norma que como una experiencia de vida. Y eso ocurre en muchos cristianos. Su fe es algo como para sacarlo del ropero y volverlo a poner. Asistimos a la Eucaristía como un lugar donde nos vemos con personas a las que ya conocemos, y como un espacio que llena un espacio de mi vida, ya sea semanal o diario.

Pero la fe no incide en mis actitudes ni interpela a mi voluntad ni mueve mis criterios. La fe es simplemente un traje más de mi ropero que saco, me visto de fe, y luego me lo quito y lo pongo. Realmente eso no es fe, y debe interpelarnos, porque de esa forma perdemos el tiempo más tontamente que los que lo gastan en otras cosas ajenas a la presencia del Señor. La fe exige vivirla y encarnarla en tu vida.

Hay mucha gente que dirige su vida según ellos la entienden. Incluso se encuentran con derecho a ello y todo lo que le suponga creer en alguien debe primero pasar por el filtro de su conciencia e inteligencia. Y eso no es fe, sino otra clase de fe. Me explico, es fe, pero en ti mismo, y encaminarás tu vida según tus intereses y lo que tú entiendas. 

Pero creer en Jesús de Nazaret es otra cosa. Es creer en alguien que vive. No creemos en Alguien que estuvo tres años aproximadamente en este mundo y desapareció. Jesús Vive y está entre nosotros. De una forma especial y real en la Eucaristía, bajo las especies de pan y vino, donde se nos da espiritualmente para fortalecer nuestro espíritu y nuestra esperanza.

Hablar con Jesús es experimentar su presencia, su cercanía y su acción si le dejamos actuar. Soltar nuestra lengua y empequeñecernos humildemente es un signo de fe, de que queremos que se manifieste en nosotros. Que nos inunde de su Gracia. Es dar testimonio de que queremos creer y conocerle. Es poner esa libertad, de Él recibida, en sus Manos y decirle: Aquí estoy, Señor. Es fiarse y poner mi vida en sus Manos para que siga su Voluntad y no la mía.  Es tomarse en serio el Padre nuestro y rezarlo viviéndolo y llevándolo a la vida.  

Entonces experimentarás que tu fe es otra cosa, se encarna en tu propio mundo y proclama el Mensaje del mundo que Jesús vino a mostrarnos. El mundo al que estamos llamados.

lunes, 6 de junio de 2016

LA VIDA OFRECE MUCHOS CAMINOS Y MUCHAS ELECCIONES, PERO SÓLA UNA VALE LA PENA




Este camino no cumple la condición de llevarnos a Roma. Ese refrán tan conocido de que todos los caminos conducen a Roma no se cumple en esta ocasíon, porque en este caso sólo uno conducirá a la Roma Celestial que es el Reino de Dios. 

No todos los caminos sirven para llegar al Señor. Sólo hay uno marcado por Él y para eso ha enviado a su Hijo, nuestro Señor Jesús, con el fin de señalarnos e indicarnos el único y verdadero camino. Hoy lunes, en el Evangelio, nos lo pone claro: "Hay un camino marcado y señalizado por las Bienaventuranzas que no dan lugar a duda, y que ha sido el motivo de rechazo para muchos".

Pero ese camino necesita de una cosa clara y concreta: "Conocer a Jesús". Sin conocer a Jesús no se puede emprender el camino. Se hace necesario escucharle y tras la escucha conocerle. Jesús no nos pide nuestra fe y confianza sin darnos razón de su Divinidad y su Misión Mesiánica. Nos revela que es el Hijo enviado por el Padre para darnos a conocer su Amor, y nos lo va enseñando en parábolas: narración de un suceso fingido que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.

Jesús empleó esta forma de darnos a conocer la Voluntad de su Padre y, aparte de sus testimonios y su actitud misericordiosa, comprensiva, llena de ternura y amor ante los demás, nos fue, con parábolas, dándonos a conocer el camino hasta el Padre. Por eso, se hace necesario conocer sus parábolas para saber qué camino elegir entre los que nos ofrece este mundo. Una, no sé si la primera, podía ser, nos habla del Sembrador, Mateo 13, 3-9. Mc 4, 2-9. Lc 8, 4-8. Y nos la explica en Mt 13, 18-23. Mc 4, 13-20 y el Lc 8, 11-15. No sigamos adelante sin el esfuerzo y la actitud de conocer al Señor, porque su Palabra es la lámpara que quía nuestros pasos.

Posiblemente muchos de nosotros, empezando por el que escribe, estamos señalados en alguna de estas actitudes que Jesús representa en las semillas del camino, del pedregal, en abrojos o en tierra buena. Reflexionemos donde podemos estar, y pidamos, en y con confianza, sacar todo nuestro estiércol y mezclarnos con esa tierra buena de la que nos habla Jesús para dar frutos. El Señor nos escucha y nos proveerá de esta tierra buena.