Cuando se trata de informarse, conviene ir a fuentes donde su identidad sea la credibilidad.
En alguna ocasión oí decir a un señor que los blogs, referidos a los de buena intención o a los que se apoyan en su fe buscando la verdad, eran los auténticos mensajeros de la verdad.
Basaba su argumento en el hecho de que era la voz de mensajeros independientes que no estaban sujetos a nadie, sino a inquietudes nacidas de su fe o de propagar el bien, la verdad y la justicia.
Desde ese punto de vista, las siglas de derechas o izquierdas son pura demagogia y contradicciones.
Toda buena persona busca la igualdad, la justicia, la verdad y el respeto a los derechos humanos desde la libertad.
Y eso no es de derecha ni de izquierda, es de toda persona que busque hacer el bien y el bienestar de la sociedad en general.
Por lo tanto, los colectivos tanto de derecha como de izquierdas, y las ideologías en el mismo sentido, son pura falacia. Son estructuras políticas con la intención de apoderarse del poder para luego imponer su pensamiento, su ideología o sus intereses.
El partido o nombre es lo menos que importa. Importa su manera de pensar y actuar, y su programa y posterior actuación. Es en eso en lo que hay que fijarse.
Ahora, les invito a pensar, sobre todo a los inmigrantes: a los que están y a los que piensan venir.
¿Por qué vienen?
¿Huyen de alguien, de una determinada forma de gobernar, de unas políticas partidistas, autoritarias, dictatoriales que les quitan su libertad, no aplican la justicia sino su justicia y les imponen sus intereses?
Pues, si tienen la oportunidad, ahora con esa “ley de nietos” de votar, piénsenselo muy bien, porque si le hacen caso a quienes le dan esa oportunidad de tomar la nacionalidad española, puede volver a caer en la trampa de la que vienen huyendo.
Eso sí, tomen la nacionalidad, nunca está de más, pero entérense bien a quién van a votar, porque quien les está invitando a nacionalizarse lo hace con esa intención y les pone la condición de que le voten.
Quieren perpetuarse en el poder y buscan votos fuera de España, porque aquí saben que no los quieren. Y ahí esconden el engaño, y esa es la trampa.
De no actuar así, pronto se darán cuenta de que “han salido de Guatemala para entrar en Guatepeor”.
Cuidado, amigos inmigrantes. España, hasta ahora, ha sido una gran y buena nación, pero este Gobierno la está deteriorando y, aprovechándose de ustedes, quiere seguir en el poder.
No vuelvan a caer en el mismo error que nuestros hermanos cubanos, venezolanos y otros. Sus votos, como los nuestros, deben ser bien razonados y puestos en manos de quienes están limpios y prometen aplicar un programa que vaya directamente a buscar el bienestar del pueblo español.
Conviene también saber que España está abierta a todo el que quiera venir y se integre en su cultura y leyes, pero también conviene saber que, como todas las cosas, hay limitaciones de espacio, de trabajo y de servicios. Y si se satura, se deteriora el bienestar que todos buscamos.
Por tanto, se hace necesaria una política de control donde se respete a todos y se reestructuren las entradas. Porque, de lo contrario, es de sentido común, todos salimos perdiendo, tanto los que entran como los que están.