SOBRE IMAGENES

Este blog toma las imágenes de Google - Pinterest - para sus reflexiones sobre inquietudes y otros acontecimientos alumbrados desde el Evangelio. Pide de antemano permiso para ello y de no ser así ruego ser avisado para retirarlas.
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viernes, 28 de septiembre de 2012

APLAUSOS QUE NO HACEN RUIDO...

 Dios mío, en Ti confiaré. Mi escudo eres Tú. y la fuerza de mi

pero llenan y ensanchan el corazón. Normalmente cuando oímos ruidos y algarabía jubilosa a través de aplausos, identificamos que algo bueno ha sucedido: se ha alcanzado un objetivo, se ha metido un gol, se ha ganado una batalla...etc. El aplauso conlleva alegría y aprobación de que se ha hecho bien lo que se tiene entre manos. Se aplaude jubilosamente.

Sin embargo, hay actos que llevan implícito un aplauso callado, sin hacer ruido, silencioso y sin alteraciones. Nadie lo nota a simple vista porque está escondido en la raíz de la vida. Es humilde y pasa desapercibido porque se hace rutina, común, normal. Y no estoy diciendo que lo normal no lleva aplauso. ¡Todo lo contrario! 

Sería lo normal lo aplaudible porque es lo que persevera lo notable, lo que no es tan común. Y eso es digno de ser aplaudido. Un servicio callado, humilde y atento en la visita a un enfermo. Un permanecer paciente en atenta escucha ante el desahogo de un amigo o enemigo. Unas frecuentes visitas a la cárcel para servir y acompañar a los privados de libertad...etc.

Una respuesta justa, comprometida, servicial en tu profesión laboral. Un estar y responder a tu vocación familiar, de padre o esposa. Un empeño en hacer tus responsabilidades con ganas, entusiasmo y solidariamente. Esos son los aplausos que no se escuchan pero que están ahí, porque nuestro Padre del Cielo los observa y los premia con sus Aplausos. 

Y, verdaderamente, son esos aplausos los que importan porque son los que más valen y los que aplauden en verdad. Nuestro público es el Padre del Cielo. Es Él el verdaderamente es importante y el que nos debe importar que nos vea y aplauda.

lunes, 16 de julio de 2012

UN JOVEN RICO, PERO...

El tesoro de mi playa
 Sin esperanzas, solamente las que pueden dar el dinero y los bienes materiales, pero nada más. Valores materiales corruptos, efímeros, caducos, que tienen sus días contados, ¿y luego qué? Porque, quieras o no, sabes que llegará un día que tendrás que despedirte de todo lo que has atesorado en este mundo, luego, ¿para qué sirve todo este frenético egoísmo en atesorar, incluso a costa de pasar por encima de cualquiera, tesoros que la polilla y la carcoma los roen?

Esa fue mi reflexión al terminar de hablar con una persona sobre el pasado de la vida. Sí, compartía que podía haber sido muy rico si hubiese comprado, en aquel tiempo podía hacerlo fácilmente, aquellos solares en aquella playa. Hoy disfrutaría de una posición económica envidiable, y viviría con todas las comodidades y placeres que se me antojaran.

Sin embargo, cuando me lamento de no haber aprovechado tal oportunidad, inmediatamente me digo, ¿qué hubiese sido de mi vida? La tentación del Maligno que está al acecho para atormentarme y desorientar mi camino, es pronto rechazada por la Gracia de Dios, al plantearme lo verdaderamente y más importante.

Porque la cuestión es encontrar, no los tesoros que la vida te ofrece, sino el verdadero y único tesoro que vale la pena perseguir, conseguir y atesorar. El Tesoro que nunca perece; el Tesoro que permanece para siempre; el Tesoro que te llena, ayer, hoy y mañana; el Tesoro que enciende tus esperanzas cada segundo, cada minuto, cada hora y día de tu vida.

Y esa es la respuesta. Gracias Señor porque hoy estoy delante de Ti. Porque Tú eres el Bien mejor de mi vida, y el Tesoro más hermoso y pleno al que aspiro. He escogido lo mejor. ¡Bendita la hora en la que no pensé en nada de eso! ¡Bendito los momentos que desviaron mi mente y apetencias hacia otros lugares e intereses! ¡Bendito al Ángel de mi guarda que me condujo por caminos de encuentro contigo, mi Dios y Señor! ¡Bendito la hora de entrar, aun de manera inconsciente, por esa puerta estrecha que Tú me propones!

Porque, ¿qué sería de mi vida sí ahora fuese rico pero me faltaras Tu? ¿Qué esperanzas tendría cuando mi vida tocase a su final? ¿Quién podrá llenar mi vida de alegría, esperanzas, vida eterna en plenitud que el final de esta vida me alegrase más que temiera? 

¡Gracias Señor, porque me has llevado a elegir la mejor opción, elegirte a Ti y tratar de, con tu Gracia, seguir tu Camino, tu Verdad y tu Vid!. Amén.

jueves, 9 de febrero de 2012

LA PRUEBA DEL ALGODÓN


Con esta frase se anunciaba ciertos productos que trataban de demostrar que pasando un algodón se demostraba que, al usar el producto, todo quedaba blanco como el mismo algodón. No trato aquí de hacer publicidad, sino de coger ese símil para equipararlo al gozo que se siente cuando se experimenta que se ha cumplido con hacer el bien que se debía.

Y es que cuando compruebas que los resultados esperados se manifiestan en aquella o aquellas personas a las que tratabas de ayudar, tu ser experimenta un gozo y una paz que te inunda y te llena plenamente. Es entonces cuando comprendes que la felicidad no está en las cosas ni en las riquezas y bienes, sino en tu interior.

Depende, pues, de lo que almacenes en tu interior, pues de llenarlos de objetos y cosas que te alegran la vida y te hacen ilusionarte, tu felicidad, siendo gozosa no es plena. Se acaba y dura poco, porque esas cosas con las que te has rodeado son caducas y vacías, y al final van desapareciendo irremisiblemente. Todo se hace viejo.

Sin embargo, las buenas obras permanecen, no envejecen. Al contrario, se hacen nuevas, se hacen presente y su simple recuerdo te llena de gozo y te hace revivir esa felicidad que estaba dormida en el pasado. Siempre están dando rédito y beneficios. Son los mejores ahorros e inversiones de tu vida, porque van a parar al mejor Banco, al Reino del Cielo.

El que pierde su vida por MÍ, la ganará, y el que deja todo por MÍ recibirá el ciento por uno. No son Palabras de un cualquiera, sino del propio JESÚS, el Hijo de DIOS hecho Hombre, el Muerto y Resucitado, fundamento de nuestra fe. 

Quien quiera creer que lo experimente y sabrá pos sí mismo que nada en la vida tiene valor. Sólo tus buenas obras te darán valor.

jueves, 26 de enero de 2012

HAY MUCHAS PERSONAS INTELIGENTES, PERO...

eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: vivir.

Sí, así al menos lo parece. Hay muchas personas inteligentísimas que sus éxitos los avalan y lo reflejan. Desde la cima de los grandes triunfadores, tales como Stephen Hawking, Bill Gates...etc, hasta personas más sencillas que han cosechados triunfos, habilidades, prestigio y riquezas.

Son triunfadores que adquieren gran popularidad, influyen y gozas de un reconocido prestigio. Sin embargo, lo verdaderamente importante no es eso, porque si al final todos vamos a terminar mal, envejeciendo y descomponiéndonos, mal está en no pensar en algo más. Y digo pensar porque los animales no pueden plantearse esto que yo ahora planteo, ellos sólo viven y cuando se acabe esa vida, todo se ha consumado.

Nosotros, seres vivos racionales, pensamos, y nos proponemos metas, anhelos y esperanzas. Queremos eternizarnos y vivir gozosamente en plenitud de felicidad. Sentimos eso dentro de nosotros, y lo deseamos ardientemente. Será, pues, de inteligente buscar esa meta, porque de nada sirve lo otro. Simplemente, jugamos con cosas caducas.

Conclusión: Plantearnos metas de eternidad es lo único verdaderamente importante. Todo lo demás, aun gozando de importancia no puede compararse con eso. Por lo tanto, lo que dará la talla de nuestra inteligencia será el lugar donde tengamos colocado nuestro punto de mira, o dicho de otra forma, cual es nuestra verdadero Ideal.

Un ideal pequeño, apropiado para andar por este caduco mundo, o un Ideal Grande, de altos vuelos que nos prometan la esperanza de alcanzar la inmensidad eterna de la felicidad. Vale la pena pensarlo. 

sábado, 8 de octubre de 2011

NIVELES DE VIDA


Lo más grande que una persona tiene es la vida. La vida, su vida, es la esencia del amor. Pero, hay muchas clases de vida, y buscar la verdadera es lo más importante que nos ocupa en nuestro camino.

Hay una vida aparente, que se produce cuando estamos en un estado de coma, que nos permite seguir viviendo asistido por medios técnicos que nos ayudan a realizar las funciones necesarias para mantener la vida. Es la llamada vida vegetativa. Vivimos pero no sentimos. Estamos ausentes aunque nuestro corazón late.

Hay otra vida que aún estando dependiente, llegamos a sentir y a disfrutar de los sentidos que nos permiten saborear y paladar los deleites de la vida. Pero no llegamos a más. No alcanzamos a conocer, ni a entender, ni a poder comunicarnos. Estamos a un nivel más que vegetativo, pero permanecemos inmóvil, ausentes, sin participar.

Puede ocurrir que teniendo esa vida e inteligencia para entender y comunicarnos no sepamos relacionarnos ni amarnos. Vivimos en un egoísmo material y carente de toda ternura y afectos que nos inclinan a amar. Permanecemos cerrados en nosotros mismos e insatisfechos porque necesitamos amar y ser amados. Es otro nivel de vida donde podemos estar anclados.

Y hay otro nivel que nos impulsa a descubrirnos como seres amados por el Creador y llamados a, saliendo de nosotros, meternos en el otro para desde ahí amarlo. No amo porque salgo de mí, sino amo porque metido en ti, salgo de mí. Las preocupaciones, sufrimientos y mortificaciones no tienen sentido si no se hacen desde el amor.

Porque te amo y, por eso, me atrevo a salir de mí, quedo olvidado de mí para preocuparme, sentir y sufrir contigo. Ese es el verdadero amor, el que nos enseñó y enseña JESÚS, y el que nos llena plenamente. Ese nivel es la verdadera vida, la que todos debemos buscar.

martes, 15 de junio de 2010

EL MURO Y LA ARAÑA.


Cuando hacemos el esfuerzo de pararno y, miramos para atrás, no con la intención nostalgica de lamentarnos y quejarnos, sino con la esperanza confiada de analizar los caminos por los que hemos transitado y extraer la experiencia y enseñanza de valorar realmente donde nos encontramos ahora, en ese momento, es cuando tomamos conciencia que tenemos un PADRE DIOS que nos cuida y nos acompaña proponiéndonos siempre el mejor camino para nuestra salvación integral y plena.

Es, entonces, cuando nos sale del corazón darle gracias por todo lo que ha hecho, lo que hace y lo que hará en el transcurrir y acontecer de nuestra vida. Lo verdaderamente importante, por mi propia experiencia, es despertar y descubrir el momento presente. Dónde me encuentro en este momento, y si estoy tomando conciencia de que estoy en su presencia es buena señal de que me he dejado llevar por sus consejos. Porque si algo importa en esta vida es vivir en la presencia del SEÑOR, y descubrir tan preciado tesoro es una bendición del PADRE Celestial.

Nuestro camino podría estar marcado por éxito, por la fama, por las riquezas, por tantas cosas que nos hubiese gustado seguramente, pero que, tarde o temprano, se irán derrumbando y caducando como corresponde a todo lo que pertenece a este mundo. Nada queda y todo perece. ¿De qué entonces me vale tanto anhelo y deseos por alcanzarlo? La moraleja del cuento de la cenicienta tiene gran profundida, porque todo lo de este mundo tiene su hora señalada y, por tantos afanes y anhelos que pongamos, no vale lo suficiente para arriesgar nuestra promesa de eternidad y gozo en plenitud.

Ese es nuestro verdadero e importante tesoro. Vivir eternamente y gozosos en plenitud junto al PADRE DIOS. Y lo es porque realmente eso es lo que arde en nuestro interior, aunque esté en muchos casos dormido, semidespierto y no muy consciente. A poco que reflexionemos, que vivamos una profunda experiencia despertamos y caemos en la cuenta.

Los caminos de DIOS son impensables para el hombre. Tenemos nuestros propios planes; trazamos nuestras propias rutas, pero nos equivocamos, porque nuestro corazón humano no puede ver con ojos desapegados, con limpieza pura ni con amor de renuncia. Y con un corazón así nuestros planes saldrán humanamente imperfectos, limitados, carentes del suficiente amor que nos haga amar por encima de nuestros apegos e intenciones egoístas.

Sólo agarrados y confiados en DIOS podemos encontrar el Camino que nos descubre la auténtica ruta hacia el encuentro con la inefable Gloria de sabernos hijos y coherederos del auténtico Reino donde la eternidad y el gozo será lo que nos espera.

Y eso exige una confianza y un fiarnos hasta el punto de pedir un muro de protección y encontrarnos con una simple arañita que impida atravesar el muro. Jamás se nos hubiese ocurrido proteger la entrada de una cueva con una simple araña, pero sus efectos fueron más fuerte que si de un muro se tratara. Y eso exige creer que lo que le pido me será concedido, pero en la divisa que realmente se cotiza y tiene un valor inefable, porque se trata, no del éxito, sino del verdadero y eterno éxito, y ese sólo lo puede dar nuestro PADRE DIOS.

miércoles, 13 de enero de 2010

LO IMPORTANTE ES COMO ACABA TODO.


No tiene sentido vivir sin mirar donde vamos, y cuando y como será el final del viaje. Porque, queramos o no, sabemos que en algún momento nuestro viaje se detendrá y, nos guste o no, tendremos que bajarnos y parar nuestro camino. En ese momento se acabó nuestra capacidad de elección y todo nuestro destino estará a merced de la Misericordia de DIOS.

Nunca he entendido, y cada día más, que los hombres y mujeres capaces de hacer grandes obras, aquí en la tierra, dotados de una inteligencia extraordinaria, para nosotros los hombres, y tocados por un talento superdotado para descubrir y realizar grandes logros que hacen la vida de los hombres y mujeres más agradable, más confortable, más humana, no sean capaz de darse cuenta que sus propias vidas terrenales terminaran un día.

Sí, por supuesto, que sé que lo saben, pero lo que no llego a entender es que, sabiendo y conociendo lo que nos va a ocurrir no reparen en meditarlo y reflexionarlo. Y digo esto dando por sentado que si que lo habrán pensado y meditado, pero, ¿qué eso no les haya movido a cambiar el rumbo, no lo entiendo? Sólo llego a la conclusión que, al final, no son muy inteligentes.

Pueden alegar diciendo que no creen en nada y, por lo tanto, nada tienen que cambiar. Sin embargo, se crea o no, la elección debe hacernos tomar una decisión y actuar en consecuencia. Por ejemplo, pienso que una persona que no crea, su actuación deberá ir dirigida a enriquecerse todo lo más posible en este mundo, y pasarlo lo mejor posible. Es en lo único que cree, y, por supuesto, lo único que tiene. Debe, en consecuencia, aprovecharlo lo mejor que pueda.

También, pienso, que todo estará muy sujeto a la estrella que cada uno tenga. Me refiero a la tan llamada suerte, pues a muchos la vida les depara, por mucho que posean y tengan, muchos sufrimientos, tropiezos, contrariedades, enfermedades...etc. Pero lo más clarificador y notable es que, a pesar de todo, la película termina siempre igual y la pregunta siempre es la misma: ¿Para qué tantos anhelos, esfuerzos, luchas, enfrentamientos, avaricia, guerras, poder, riquezas... sí siempre ocurre igual y todo termina de la misma forma¨"con la muerte".

Se desprende que hay algo más importante que todos deseamos y buscamos, y que está dentro de nosotros mismos, y que también, nos ha sido proclamado. Sería inteligente y muy importante escucharlo, darle gran importancia y observarlo. Conocemos ya nuestro fin terrenal, ¿no valdría la pena tratar de conocer nuestra continuidad? Porque todos ansiamos tenerla, y todo aquello que se desea y se ansía está dentro de la posibilidad de alcanzarlo.

De todas formas, lo conocido no nos llena plenamente, no nos satisface, pues nos morimos de miedo que nos llegue el momento de acabar y nos entristecemos en la medida que se acerca. La vejez, aquellos que pueden sentirla y vivirla, es un camino de plazos que nos indica como nos vamos deshaciendo y acabando nuestro vivir. ¿No vale la pena buscar otra posibilidad más de acuerdo con lo que sentimos dentro de nosotros mismos?

Desde esta reflexión, qué creo todos nos hacemos en algún momento de nuestra vida, es de dónde vivencio la experiencia de no comprender como permanecemos pasivos ante tal realidad y tan grande tesoro. Observo anonadado como se cambia la Vida plena y eterna por un puñado de años donde la rutina y la insatisfacción no nos deja ser libres y nos esclaviza buscando y buscando donde no hay sino un volver a empezar. Nada nos llena plenamente y tratando de buscar se nos va la vida sin encontrar ese tesoro que anhelamos, y que lo tenemos delante de nosotros mismos.

Detrás de esta vivencia experimento que no hay nada más inteligente y sabio que buscar el verdadero tesoro de nuestra vida. Y eso está vinculado a mirar cuál será el final de nuestro viaje. No para preocuparnos y estar pendiente, pero sí para vivir el presente, es lo que importa, más de acuerdo con lo que será nuestro final. Estamos llamados a una vida mejor y gozosa, pero eso nos exigirá unas actitudes que, sintiéndola en nuestro interior, debemos esforzarnos en que no sean ahogadas por nuestras tendencia humana que nos impide realizarlas.

Posiblemente tengamos la idea de pensar que una vez nos llegue nuestro final, todo acabará, y dejaremos de sentir y de padecer. Ojos que no ven, corazón que no siente, dice el refrán. Más no debemos perder de vista que, pase lo que pase, no moriremos, sino que permaneceremos vivos, sólo que estaremos a la derecha o a la izquierda del gozo eterno o de la condena a vivir desesperados para siempre. Esa es la carta que nos jugamos por mucho que queramos mirar para otro lado. Y esa es, según yo lo creo, la mejor forma de pensar y de ver las cosas. Como diríamos en nuestro lenguaje: "la manera más inteligente de entender la vida que nos ha sido regalada".

miércoles, 30 de diciembre de 2009

EL APLAUSÓMETRO.


Es evidente que nos dejamos arrastrar por la inclinación natural a medir todo lo que hacemos. Y esa obsesión innata de nuestra propia vanidad nos lleva a medir todo tipo de resultados, éxitos, escuchas, audiencias...etc. Cada canal televisivo mide continuamente el nivel de seguimiento de sus programas. Si un locutor o un argumento aumenta el rating, es promovido. Si lo disminuye, es marginado de golpe, o poco a poco.

La prensa mide cuántos suscriptores hay, cuántas personas leen los periódicos, en qué lugar de la lista se encuentra este periódico concreto en comparación con otros. Otra actitud que nos enfrenta y reta a compararnos, a medir nuestras valías de unos frente a otros.

En el mundo de Internet, nuestro mundo, también hay fiebre por saber cuántos accesos se producen al día, a la semana, al mes, al año en el blog o página. Muchos blogs tienen sus propios medidores o contadores que indican el número de visitantes diarios, lugares de procedencia, artículos leídos...etc. Existen secciones que llevan como título lo más leído, lo más visto, lo más escuchado...

No faltan concursos donde la gente vota a favor de una idea o de otra, de un actor o de otro, de una canción o de otra, de un blog o de otro, de una página o de otra... Cuando hay publico, en festivales o programas televisivos, resulta posible medir el nivel de los aplausos gracias a un aplausómetro.

Los Gobiernos y los políticos viven bajo la manía de las encuestas. ¿Qué nivel de aprobación otorga la gente a este político, a esta ley, a esta decisión del presidente o del ministro? Números y más números indican quién asciende y quién desciende en el nivel de aplausos y aprobaciónes de la sociedad.

Lo mismo vale para las películas y los libros: "El éxito se mide por el número de espectadores o por las ventas de la novela en los primeros meses de estreno. Lo máximo para un guionista y un productor es ver cómo su película llega a ganancias récord en el primer año en los cines.

Tal comportamiento trae un significado implícito en esas actitudes que observamos en la vida diaria: "Cada cual vale según su productividad y rendimiento". Las cosas son valoradas en referencia a mis apetencias, a lo fácil, a los gustos, a lo divertido, a lo espectacular, a lo sorprendente...etc. sin pararnos a discernir y tomar conciencia de los valores y el significado profundo que encierran sus enseñanzas en cuanto al bien de la persona humana, qué es lo que verdaderamente importa.

Y ahora, me pregunto, en el cielo, ¿hay algo parecido? ¿Existen entre ángeles y arcángeles encuestas, aplausometros, números, para valorar a las personas que vivimos en la tierra? ¿Hay allá algo parecido a Internet donde se indique el número de accesos que los habitantes del mundo celeste realizan respecto de los seres humanos?

La respuesta, como es obvio, es negativa. Porque en el Cielo no se piden opiniones, ni se vota si es mejor el señor x o la señora y. Pero si lo hubiera... notaríamos en seguida cómo en el Cielo valoran lo que ocurre en nuestro planeta inquieto y emocionante de un modo mucho más profundo y más serio.

Porque entre los ángeles obtendrá un aplauso muy bajo lo que realiza un deportista famoso, un actor de primera fila, un escritor de Nobel en la tierra pero mediocre en su vida espiritual. Porque los aplausos se dispararían hasta el infinito ante esa señora pobre y olvidada en las estadísticas terrícolas, pero que todos los días hace mil sacrificio llenos de cariño para atender a su hijo enfermo, o por la mujer boliviana Marlene Huanuco Ricaldy, una mujer que arriesga su vida en una mina en la provincia de Oruro por sacar adelante a sus cincos hijos.

Si hubiera un aplausómetro en el Cielo nos daría muchas sorpresas, y nos permitiría abrir los ojos a lo importante, a lo que sirve en el tiempo y en lo eterno. Entonces, dejaríamos de lado tantos asuntos pequeños, casi mezquinos, que nos obsesionan en nuestro mundo humano. Y descubriríamos los temas realmente importantes, los corazones grandes, las hazañas que merecen ser reconocidas, según la única medida que vale eternamente: "El amor que tengamos hacia nuestro PADRE DIOS y hacia los hombres y mujeres que viven a nuestro lado.

Lo he repetido muchas veces, nada que no sea eterno tiene gran valor, pues está condenado a ser nada, pues de la nada ha salido, tarde o temprano. Sólo lo que permanece es lo importante, y el amor que seamos capaces de repartir y dar mientras caminemos por este mundo es lo verdaderamente importante.

En este año, que dentro de unas horas va a comenzar, es una buena oportunidad de preguntarnos dónde me encuentro yo y que me inspira a realizar mis actos. ¿Estoy tratando de buscarme, de endiosarme, de satisfacerme, de...?

A lo largo de muchas de mis vivencias me he planteado estos interrogantes, y siempre he llegado a la conclusión de ponerme en MANOS del ESPÍRITU para que se haga lo que ÉL decida, pues sólo ÉL sabe lo que nos conviene y es para nuestro bien.

Finalmente, desde estos pensamientos, felicitarles y desearles a todos mis visitantes, amigos, como a los que yo visito, que este año sea una oportunidad para mirarnos más en nuestro interior y buscar lo mejor para el otro olvidándome de mí.

martes, 8 de diciembre de 2009

LO QUE VERDADERAMENTE VALE.


Siempre me ha interesado no sólo el principio sino, sobre todo, el final. Porque de lo que se trata, se dice con mucha frecuencia, lo importante no es como se empieza, sino como se termina. Es una gran verdad, pero como todas las verdades no suelen ser tomadas en serio y se quedan arrinconadas hasta cuando las circunstancias nos hacen volver a nuestra verdadera realidad.

En mi caso, por la Gracia de DIOS, he sentido siempre esa inquietud, y lo que me interesa de todo es su final, porque de nada me vale que sea muy bueno y gozoso si termina desapareciendo. Desde ese principio mi jerarquía de valores no está en el tener ni poseer, pues de nada me sirve si todo va a desaparecer. Claro está que, muchos dirán que estamos aquí y el ahora y el presente es lo que importa. Mañana veremos que sucederá.

Sin embargo, esa inmediatez por tener respuestas que nos sacien nuestras apetencias no nos hacen feliz a la larga, porque todo vuelve a su sitio, y la ansiedad y angustia hace presencia de nuevo. Podemos observar que al finalizar las vacaciones, puentes, como este que ya toca a su fin, no venimos mejor que lo que estábamos y nuestro estres y ansiedad sigue vigente. Podemos engañarnos diciendo lo que queramos, pero la realidad, en lo más profundo de nuestro ser, es que nada se soluciona, y las cosas no dejan de ser cosas y como cosas están llamadas a ser quemadas.

Por otro lado, el ser humano siente una necesidad de felicidad imperecedera. Algo que le sacie eternamente y le libere de la angustia de buscar, de mantener, de permanecer siempre en estado de alerta, de deseo, de búsqueda de algo mejor que le llene más y más. Y ese anhelo y desesperación nunca llegará a encontrar descanso hasta el último momento de nuestra vida. Y en ese momento, según y donde hayamos buscado, nos desesperaremos más porque, no sólo lo que hayamos conseguido, sino lo único que tenemos, nuestra vida, la perderemos.

Por todo ello, las cosas de este mundo pierden todo su valor salvo el que realmente tienen: ser medios que simplemente necesitamos para el recorrido de nuestra vida sin más fin que ese. Y tomamos conciencia que no hace falta mucho para que nuestra travesía se haga tranquila, con lo necesario y en paz. Sólo la persona humana es lo importante, lo demás son medios y no pasan de ahí.

Sin embargo, el mundo lo tergiversa todo e invierte los valores, y así todo anda mal y enfrentado. Y lo más importante, la vida y la persona humana, están al servicio de los bienes y las cosas materiales. Observamos que se valora mucho más otros intereses económicos que la vida de los inocentes niños nacidos en el vientre de sus madres; observamos que la dignidad de muchas personas están supeditada a los intereses del ciertos reyes poderosos, es el caso de Aminatou Haidar. Observamos que primero las cosas y luego las personas.

Así nos encontramos con pueblos subyugados; así nos encontramos con pueblos hambrientos; así nos encontramos con familias destruidas, con niños abandonados, con enfermos condenados a muerte, con miserias, injusticias, pobreza y todo un sin fin de atrocidades y tragedias. Todo está al servicio del egoísmo, la avaricia, el poder...

Pero, por mucho que se persiga y se afanen en buscar solución al problema del hombre y la mujer en el tener y poseer, nunca se conseguirá encontrar lo que realmente se busca, porque lo que queremos está dentro de nosotros, en nuestro corazón y es ahí donde debemos poner el acento. Todo lo demás podrá servirnos algún tiempo, pero luego solo queda vacío y soledad.

Por todo ello, cada día más me reafirmo en sentirme feliz, gozoso en buscar lo que todos deseamos por el camino del servicio, de los valores, de la justicia, del desapego, de la generosidad, del compartir, del escuchar, del respeto, de la libertad, de la igualdad, de la equidad, del reparto de bienes y riquezas, de la familia, del respeto a la vida, a la dignidad del ser humano, y en resumen, del amor.

miércoles, 28 de octubre de 2009

¡DÓNDE ESTÁ MI TESORO?


Verdad es que nos pasamos toda la vida buscando vivir mejor y sentirnos mejor. ¡Qué levante la mano quien no trata de situarse bien y vivir mejor! Todos perseguimos la salud, el bienestar y el tener una vida sin problemas y placentera. Por eso luchamos y nos desvivimos, y hasta rezamos al PADRE del Cielo para que nos llene de bendiciones y parabienes.

Es algo innato en cada uno de nosotros, y algo con lo que quizás tengamos que luchar, porque el camino de salvación no coincide exactamente con esas actitudes que sentimos y deseamos. La felicidad que tanto buscamos no es alegría ni gozo, eso es placer, porque nuestra felicidad deja de serlo en la medida que se acaba y caduca. Ser feliz comporta serlo siempre y no por temporadas o momentos. Felicidad lleva implícito el serlo eternamente, y si no es así, no lo es, aunque aparentemente sea un adelanto de lo que puede llegar a ser.

En este pensar y reflexionar nos adentramos en el sabernos felices sólo en y con DIOS, el PADRE bueno del Cielo, porque sólo ÉL puede darnos esa manantial de Felicidad eterna y gozosa. En esta línea decía Santa Teresita: "¡Qué gracia más grande cuando por la mañana nos encontramos sin ánimo y sin fuerzas para practicar la virtud! Entonces es el momento de poner el hacha a la raíz del árbol (a nuestra autosuficiencia y orgullo) a veces se ve una tentada a dejarlo, pero con un acto de amor, aun no gustado, todo queda reparado y con creces.

JESÚS sonríe y nos ayuda sin parecerlo. JESÚS no mira tanto la grandeza de las obras, ni siquiera su dificultad cuanto el amor con que se hacen". Y de nuevo: "Nuestra pobre naturaleza es nuestra riqueza, nuestro instrumento de trabajo. Es tan preciosa que JESÚS vino a la tierra expresamente para poseerla. ¿Quisiéramos no caer nunca? ¿Qué importa, JESÚS mío, que yo caiga a cada instante? Veo en ello mi debilidad, y esto es para mí una ganancia grande.

VOS veis en ello lo que puedo hacer, y por eso os sentiréis más inclinado a llevarme en vuestros brazos. Si no lo hacéis es que os gusta verme por el suelo. Si es así, no me inquietare, sino que seguiré tendiéndoos mis brazos suplicantes y llenos de amor. ¡No puedo creer que me abandonéis! Celina, (carta de Santa Teresita a Celina), si conocieras mi miseria! ¡Oh, si supieras! La santidad no consiste en decir grandes cosas, ni en pensarlas, ni en sentirlas: consiste en aceptar el sufrimiento.
"La felicidad no existe si no es compartida, porque de guardarla para nosotros mismos se convierte en placer propio y egoísmo, y muere en nosotros mismos de forma efímera y rápida. Sólo desde el compartir, partir con... los demás, tiene sentido y se perpetua aunque de forma finita porque sólo en la presencia del PADRE será eterna y verdadera.

Pero se nos enciende la esperanza de experimentar, todos lo hemos vivido, el gozo y alegría de compartir nuestros pedazos de felicidad, sobre todo los que nacen de lo Alto, con los demás. Es algo que se resiste a permanecer en nosotros y trasciende fuera de nosotros mismos para darse como torrentes de agua viva a los demás. Es la esencia de nuestro ser comunitario, la semejanza con la Trinidad.

Ser cristiano comporta luchar contra el placer (mortificación); resistirse al poder (humildad) y combatir nuestras ansias de poseer con el desprendimiento y la solidaridad (Caridad). Es la señal de estar dispuesto a seguir a JESÚS. El afán de vivir instalado en el confort, disponible con condiciones, con reparos... (joven rico," placer").

El prestigio y orgullo de poder, de ser en el valor de conocer y saber más y en medir nuestro valía en proporción a nuestros talentos y capacidades nos embriaga de suficiencia y vanidad que nos acerca al querer ser por tener, y en consecuencia a amarnos más que a amar... (poder).

La avaricia de estar entre dos aguas, mediocridad, dar pero tener, pensando en que las cosas no son simplemente medios caducos y sin más valor, y guardarlas en un rincón de nuestro corazón que no nos permite llenarlo enteramente de DIOS... (poseer).


Sólo cuando se descubre que mi verdadero tesoro está en darme, en amarme para mostrar ese amor que nace dentro de mí, y qué en la medida que me abandono en los brazos del SEÑOR seré capaz de abrazarme incandescentemente y contagiar ese fuego como el acero y la fragua, seré pura felicidad que cada día aumentará a los ojos de este mundo incrédulo y ciego que busca donde no puede hallar. Testigos todos aquellos que están a su derecha en estos momentos, los Santos, y a los que pido intersección para que la familia bloguera sea iluminada en esta verdad y sepamos encontrar nuestro tesoro para darlo y compartirlo con los demás, porque entonces es cuando será tesoro de verdad.

miércoles, 15 de julio de 2009

CADA SEGUNDO, CADA MINUTO, CADA HORA, CADA DÍA RECIBIMOS UN TESORO INIGUALABLE.

Cuando cansado de correr, no sólo físicamente, sino también mentalmente, decidimos parar, nuestros pulmones toman aire y nuestro cuerpo se oxigena y se sosiega, es, entonces, cuando en la lenta recuperación de nuestro palpitar, nuestro yo toma conciencia de su propio existir y deja que su mente le interpele y le pregunte. Aparecen las preguntas de siempre: ¿A dónde voy?, ¿ de dónde vengo? y ¿quién soy?

Y en ese devenir reflexivo sobre nosotros mismos observamos cuantas cosas recibimos a diarios y cuan poco las valoramos. Posiblemente hemos llegado a creer que nos pertenecen y que tenemos derecho a que nos sean dadas, quizás mejor, pensamos que son nuestras y que nadie nos las deben quitar. Es algo así como aquel cuento de "quién se ha llevado mi queso", que refleja mucho de la realidad donde nos movemos.

Cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día recibimos un tesoro inigualable ,que nos es dado de forma gratuita y para nuestro bien. Lo primero, al despertar, es la vida tras el misterio extraordinario del sueño que nos viene y chequea todo nuestro cuerpo para dejarlo en buen estado para la siguiente batalla. La familia que nos acoge y nos quiere, el pan que otros han amasado y preparado para que yo pueda comerlo tranquilamente en casa o en otro lugar.


El coche que me espera para transportarme al lugar deseado; el trabajo; los amigos, los bienes que esperan a que me sirva; los servicios, la solidaridad de otros que me escuchan y atienden; la posibilidad de corresponder a tanto bien recibido con la misma moneda y, de esa forma, cooperar a que todo sea mejor y en servicio para el bien común de todos. Hay muchas cosas que agradecer, pero lamentablemente sólo lo hacemos cuando las echamos de menos y las perdemos.

Cada segundo tenemos la oportunidad de amar y dejarnos amar; cada minuto tenemos la oportunidad de realizar lo que más deseamos: amar profundamente; cada hora podemos realizar el fin último para el que hemos sido creado: amar para sentirme mejor; cada día es un regalo divino para satisfacer lo que más quiero: sólo amar.

El deseo más profundo del hombre es amar, y durante toda su vida no hace otra cosa. El hombre ama cuando quiere alcanzar el mayor trabajo para darle bienestar a su familia; el hombre ama cuando encuentra a la compañera por la que se siente atraído y le manifiesta su amor entregándose en cuerpo y alma; el hombre ama cuando, producto del amor con su amada da lo frutos de los hijos; el hombre ama cuando está dispuesto al sacrificio por la familia; el hombre ama hasta en las más bajas apetencias por las que se deja esclavizar; el hombre ama hasta en sus pasiones que le matan y le pierden. El hombre todo lo que hace está movido por el amor.


Y no puede ser de otra forma, porque el hombre es semejante a DIOS y DIOS es Amor. Sólo que el hombre, nublado por el pecado, quiere encontrar el amor por sí sólo y se equivoca y se pierde. Busca donde no está: "las pasiones", y encuentra "no felicidad", sino vacío y perdición. Le ocurre que equivoca el camino y tanta es su ceguera que pasa toda su vida erre que erre.

Por eso, cada segundo, minuto, hora y día tenemos una oportunidad para darnos cuenta del tesoro tan grande que llevamos en vasijas de barro. Tenemos la oportunidad de sabernos dueños de un tesoro inigualable, y que podemos conservar cuidándolo con la actitud de aceptarlo, compartirlo, ofrecerlo, entregarlo, ponerlo al servicio, disponerlo para el bien común.

Todo ello recibiéndolo con gratitud y ofreciéndolo gratuitamente, tal como lo hemos recibido. Son los dones con los que hemos sido agraciado y que son para administrarlo y compartirlo: nuestro tiempo, paciencia, escucha, atención, disponibilidad, suavidad, bondad, servicio, entrega, solidaridad, justicia, equidad, bienes, talentos... y muchos más. Cada día será un regalo precioso poder ofrecer todo ese tesoro que nos ha sido entregado para el bien de otros que quizás su fin es esperarlo.

Y nuestro tesoro se hará más grande,en lugar de empequeñecer. Es cuando podemos comprender que "al que tiene se le dará más todavía, pero al que no tiene se le quitará incluso lo que tiene". Cuanto más grande sea tu tesoro en el Cielo, porque entregas tus talentos aquí en la tierra, más dado a engrandecerse será, pero cuanto más pequeño sea, porque retiene tus talentos aquí en la tierra, más pequeño se te quedará.
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