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viernes, 10 de mayo de 2013

EXULTO DE ALEGRÍA CON EL PAPA EMÉRITO BENEDICTO XVI

Benedicto XVI


Me llena de satisfacción compartir con el Papa emérito Benedicto XVI su esperanza y alegría en la promesa hecha por Jesús a todos nosotros: "volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría". Porque eso es lo importante y lo que todo hombre de buen gusto se afana en conseguir y buscar.

¿Qué sentido tiene, si no, tantos trabajos y privaciones en las dietas alimentarias, ejercicios físicos, tablas de gimnasias e innumerables sacrificios con los que se castigan hombres y mujeres con el fin de conservarse saludables y vivir unos cuantos días más? ¿Tiene eso mucho valor?

Pues, ¿cuanto más valor no tendrán el alargar la vida para Siempre esperanzados y confiados en la Palabra de Jesús, qué no solo nos lo ha prometido, sino que su Palabra siempre ha tenido y tiene cumplimiento? Es el tesoro buscado por todos, pero empeñados en buscar mal, donde no se encuentra y cerrando los oídos a la verdadera Palabra que nos revela, descubre y enseña el camino para encontrarlo.

He aquí las palabras del Papa Emérito Benedicto XVI, a las que aludo y comparto gozoso:

Jesús cuando, dirigiéndose a sus discípulos, afirma: "volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría". Son palabras que indican una propuesta rebosante de felicidad sin fin, del gozo de ser colmados por el amor divino para siempre. 

Plantearse el futuro definitivo que nos espera a cada uno de nosotros da sentido pleno a la existencia, porque orienta el proyecto de vida hacia horizontes no limitados y pasajeros, sino amplios y profundos, que llevan a amar el mundo, que tanto ha amado Dios, a dedicarse a su desarrollo, pero siempre con la libertad y el gozo que nacen de la fe y de la esperanza. 

Son horizontes que ayudan a no absolutizar la realidad terrena, sintiendo que Dios nos prepara un horizonte más grande, y a repetir con san Agustín: "Deseamos juntos la patria celeste, suspiramos por la patria celeste, sintámonos peregrinos aquí abajo." Queridos jóvenes, os invito a no olvidar esta perspectiva en vuestro proyecto de vida: estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre. Esto os ayudará a dar un sentido pleno a vuestras opciones y a dar calidad a vuestra existencia. Benedicto XVI, Mensaje para la XXV Jornada Mundial de la Juventud, 2010.  


jueves, 27 de diciembre de 2012

LUCES, CELEBRACIONES Y ALEGRÍA

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Son días que la alegría nos contagia, incluso sin ánimo de mucho festejo terminamos contagiado por tantas celebraciones y fiestas. La atmósfera nos envuelve y nos impulsa a saltar y celebrar y todo parece diferente y lleno de color. Parece un sueño y hasta nos sentimos drogados y atraídos. Es la Navidad, pero, ¿en realidad sabemos que celebramos y por qué?

En principio no parece importarnos mucho, estamos contentos y alegres, y eso es lo que importa. Ahora, las luces, los colores, los regalos, preparativos y demás acaparan nuestra atención y preocupaciones. Hay una agitación interior que nos descentra y todo se transforma en algarabía y entusiasmo que no nos deja pensar ni darnos cuenta del por qué de tanto alboroto.

La llegada de los familiares lejanos, los cercanos en la distancia pero lejos en el corazón, algunos invitados y la familia en general son el centro de nuestro interés. Nos afanamos en preparar todo y no dejar detalles que nos delaten y descubran nuestras debilidades y descuidos. Estamos tensos, pero nos prometemos una noche festiva, alegre y entusiasmante.

Sin embargo, llega la hora y pasa la hora, porque hemos apoyado y construido nuestra celebración sobre cosas perecederas, caducas y finitas. Todo, pasada la hora desvanece, y nos invade el vacío y posiblemente el sentimiento de tanto trabajo en balde. Lo hemos pasado bien, pero nos quedamos insatisfecho cuando no enfadado por algún contratiempo. La resaca, si hemos bebido, nos traerá cansancio y dolor de cabeza. Las luces se apagan y da la sensación que na ha nacido nadie. 

¡Bueno, si lo que pretendíamos era festejar el nacimiento de Alguien! Cuando construimos sobre arena suele pasar eso, llega la tempestad y todo se derrumba. La alegría encuentra buena tierra y hunde sus raíces cuando se instala en el centro del corazón y se riega con el amor. 

Ese amor abonado con el sacrificio, la disponibilidad, el olvido de ti para recordar al otro, la paciencia y el compartir encenderán las verdaderas luces y esas sí que durarán toda la noche de tu vida alumbrándote el camino hasta encontrar el verdadero gozo de la felicidad que salta hasta la vida eterna. 

Si en esos condimentos y regalos apoyas tu celebración, sí estarás celebrando la verdadera Navidad y esperando el nacimiento de un Niño Dios que alumbrará tu vida y te llenará de paz y amor.

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