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lunes, 25 de diciembre de 2017

MOMENTOS COMPLICADOS (DESDE MI PROPIA EXPERIENCIA)

En muchas ocasiones nos complicamos nosotros mismo la vida. Confundimos la fiesta con el lucimiento, con el quedar bien, y hasta, de manera soterrada y aparente humildad, sorprender y buscar lisonjas. Posiblemente no nos demos cuenta, y hasta sea eso motivo de discusiónes y enfrentamientos. El autoengaño está presente y distorsionamos la realidad siguiendo nuestras propias directrices.

El problema es que nuestra soberbia no nos deja ver. La fiesta deja de ser fiesta cuando nos desborda y nos roba la serenidad y la paz. La Navidad no se construye en la algarabía y en el ruido. Navidad significa paz, serenidad y esperanza, y eso se busca en la serena reflexión y en la sencillez del compartir desde lo que se es y se tiene. No es una fiesta de engalanamientos ni lucimientos, que alborota tu corazón, lo distrae y lo desvía de lo que verdaderamente se celebra. 

Es una fiesta de armonía y de descubrir tu pequeñez, tu humildad e impotencia de saberte hijo de Dios y salvado por su Amor Misericordioso. Todo lo que se salga de ahí, no me atrevo a decir que sea malo, pero no favorece nuestro encuentro con el Señor. Nacer significa despojo de todo aquello que molesta a la vida e impide que crezca y madure dentro de nosotros. Nacer es dejar paso a la verdadera Vida, que nunca más será interrumpida, porque está llamada y destinada a vivir en el Señor y junto a Él eternamente.

Nacer es favorecer el reinado de la paz haciendo que entre y more en tu corazón. Nacer es hacerle hueco al Rey de la Vida, que te la ha dado y la sostiene para toda la eternidad. Nacer es vaciar tu corazón de todo aquello que contamina, que te promete luz y gozo, pero que se apaga pronto y te deja vacío y en la oscuridad. Nacer es dejar que la Navidad alumbre tu corazón y no fabricarte luces y luces que alumbran una noche, pero que se apagan para las demás.

Pero, verdaderamente naces y te transformas en un hombre nuevo cuando eres capaz de soportar, ser paciente y sostenerte en la esperanza de confiar en Aquel que verdaderamente pide nacer en tu corazón y que sólo Él basta para todo lo demás. Porque, Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y todo lo demás son añadiduras.

jueves, 27 de diciembre de 2012

LUCES, CELEBRACIONES Y ALEGRÍA

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Son días que la alegría nos contagia, incluso sin ánimo de mucho festejo terminamos contagiado por tantas celebraciones y fiestas. La atmósfera nos envuelve y nos impulsa a saltar y celebrar y todo parece diferente y lleno de color. Parece un sueño y hasta nos sentimos drogados y atraídos. Es la Navidad, pero, ¿en realidad sabemos que celebramos y por qué?

En principio no parece importarnos mucho, estamos contentos y alegres, y eso es lo que importa. Ahora, las luces, los colores, los regalos, preparativos y demás acaparan nuestra atención y preocupaciones. Hay una agitación interior que nos descentra y todo se transforma en algarabía y entusiasmo que no nos deja pensar ni darnos cuenta del por qué de tanto alboroto.

La llegada de los familiares lejanos, los cercanos en la distancia pero lejos en el corazón, algunos invitados y la familia en general son el centro de nuestro interés. Nos afanamos en preparar todo y no dejar detalles que nos delaten y descubran nuestras debilidades y descuidos. Estamos tensos, pero nos prometemos una noche festiva, alegre y entusiasmante.

Sin embargo, llega la hora y pasa la hora, porque hemos apoyado y construido nuestra celebración sobre cosas perecederas, caducas y finitas. Todo, pasada la hora desvanece, y nos invade el vacío y posiblemente el sentimiento de tanto trabajo en balde. Lo hemos pasado bien, pero nos quedamos insatisfecho cuando no enfadado por algún contratiempo. La resaca, si hemos bebido, nos traerá cansancio y dolor de cabeza. Las luces se apagan y da la sensación que na ha nacido nadie. 

¡Bueno, si lo que pretendíamos era festejar el nacimiento de Alguien! Cuando construimos sobre arena suele pasar eso, llega la tempestad y todo se derrumba. La alegría encuentra buena tierra y hunde sus raíces cuando se instala en el centro del corazón y se riega con el amor. 

Ese amor abonado con el sacrificio, la disponibilidad, el olvido de ti para recordar al otro, la paciencia y el compartir encenderán las verdaderas luces y esas sí que durarán toda la noche de tu vida alumbrándote el camino hasta encontrar el verdadero gozo de la felicidad que salta hasta la vida eterna. 

Si en esos condimentos y regalos apoyas tu celebración, sí estarás celebrando la verdadera Navidad y esperando el nacimiento de un Niño Dios que alumbrará tu vida y te llenará de paz y amor.

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