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domingo, 8 de junio de 2014

EL PRESTIGIO FAVORECE LA SOBERBIA



Muchas veces sucede que mantener nuestro prestigio nos hace ensoberbecernos  y produce el efecto en nosotros de la soberbia. Es entonces cuando el Maligno se aprovecha de nuestra debilidad e intenta romper nuestro equilibrio y mansedumbre. Enciende nuestro prestigio y pone nuestra soberbia incandescente.

Experimentamos furia y enfado. Nos consideramos mal tratados aunque el motivo del enfado no haya sido intencionado sino producto de nuestra naturaleza humana. Somos imperfectos y, algunas veces, nos olvidamos de las cosas que nos proponemos hacer. El origen de esta soberbia es que nos sentimos pobres al comprobar que no hemos podido satisfacer nuestro ego de poder. 

Ese favor, que nos habíamos comprometido resolver nos ha fallado, y nos importa más nuestro prestigio que la solución que pretendíamos. No responder a lo que nos pedían es lo que nos fastidia. E incluso, muchas veces por el afán de prestigio, nos saltamos la legalidad para hacer algo que consideramos un privilegio, aunque en ello pisemos a otros.

María sabe mucho de eso, pues ella pudo experimentar algo así cuando Jesús, su Hijo, respondió, aludiendo a los que le advirtieron que su Madre y sus hermanos le buscaban, que su madre y hermanos eran los que cumplían la Voluntad de su Padre del Cielo. Sabía Ella muy bien a qué se refería Jesús, y no le importó y supo aceptarlo, antes de ensoberbecerse o tomarlo a mal, ante la mirada y pensamientos de los que le miraban y rodeaban.

Miremos a María, la Madre de Dios, que supo estar siempre, llena de humildad, a la altura de verdadera Madre. María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros.

martes, 10 de septiembre de 2013

EL PELIGRO DE LA SOBERBIA



Ocurre con frecuencia que cuando las cosas no pintan como yo quiero, me revelo y cambio de actitud y hasta de forma de comportarme. Mi cara incluso se transforma y todo mi ser se torna agresivo y orgulloso. Es la acción de la soberbia, que entra en mí y me prepara para que entre el Maligno y gobierne en mi corazón.

Tienes derecho; eres mejor; tienes razón; los otros están equivocados y no tienes por qué doblegarte. Las cosas deben ser como tú las piensan y las deseas. ¿Por qué, en mi propia casa, tengo yo que someterme a los intereses de otro? Esto es mío y no tengo por qué compartirlo con nadie. Nadie me lo ha regalado y lo he conseguido con el sudor de mi frente.

Estas y otras muchas pregunta pasan por tu cabeza en décimas de segundo. Él, el Maligno, se encarga de que estén bien puestas y presentadas, y hasta que parezcan reales y verdaderas. La razón te asiste y no tienes por qué dar el brazo a torcer. Sigue adelante cueste lo que cueste. Fuera todo atisbo de comprensión, de humildad y de amor.

El antídoto: el amor: lo perdona todo, lo olvida todo, lo aguanta todo, lo pone todo en su lugar... El amor, aun a pesar de parecer lo contrario, es lo que, pasado un tiempo, dar el fruto justo y esperado: Nos damos cuenta que nos hemos peleado por tonterías y cosas caducas y que no sirven para darnos la paz y la felicidad buscada.

Inyectarnos todos los días una buena dosis de amor para curar la soberbia es una buena solución. El lugar es el Sagrario y donde lo despachan es en la Eucaristía. Allí se da gratis el Alimento verdadero que nos inundará de paz y amor.

sábado, 1 de diciembre de 2012

NUESTRA SOBERBIA NOS PUEDE...

 en el monte de Sión y en Jerusalén, castigará el fruto

jugar una mala pasada y distorsionar la realidad en la que vivimos. Distorsionarla hasta el punto de creernos lo suficientemente fuertes para ser capaces de dirigir nuestra vida y de proclamarnos dueños de nosotros mismos. Es algo que se cuela sin darnos cuenta, y que quizás no notamos, pero la realidad que vivimos nos lo pone al descubierto y nos lo enseña cada día.

El hombre legisla según su conciencia y sus intereses. Nadie tiene que decirle lo que debe hacer, y él sabe suficientemente donde está el bien y el mal. De tal manera que sus leyes le basta para organizarse y estructurar la sociedad en la que vive. Su inteligencia y los avances técnicos que desarrollan lo hace el dueño y señor del universo.

Se siente grande y poderoso, y por supuesto él es su propio dios. Por lo tanto, fuera de mi vista todo tipo de religión o creencia, solo le importa la tierra donde vive y la forma cómo él la va cuidando y manteniendo para seguir habitándola. Se experimenta rey del universo.

Pero lo que vemos no parece decir eso. La tierra está latiendo a un ritmo que no le es natural. Se ve perturbada por innumerables esfuerzos que la castigan y mal tratan. Se ve contaminada y empieza a notarse cansada y muy deteriorada. Percibe cambios que la confunden y la trastorna. Su vejez ha empezado a dar señales de que se siente enferma. Al parecer el hombre quiere pero no puede o no sabe tratarla.

También, la convivencia no parece tener buena salud. Se percibe muchos malos tratos de género. El hombre quiere dominar a la mujer y la mal trata. Proliferan los abusos sexuales de todo tipo, y el hombre y la mujer empiezan a satisfacer sus apetitos carnales y egoístas sin tener en cuenta a los demás. La vida empieza a ser más difícil que lo propiamente natural. El hombre es una amenaza para el hombre. Se convierte en su más peligroso depredador.

El panorama no es nada alentador. Se enciende la llama del desamor, la discordia y nacen las guerras, los enfrentamientos y atentados que terminan en muertes y asesinatos. Mueren muchos v´citimas de otros, sobre todo los más débiles y pobres. Se condena a millones de seres vivos en el vientre de sus madres, porque molestan a sus progenitores. No hay tiempo para el servicio y sacrificio por los demás. Se pierde el sentido del amor. La vida se empobrece y...

¿Qué está ocurriendo? ¿Quizás el hombre se ha perdido? ¿Es posible que necesite buscar su propio origen? Él tiene la palabra, pues solo él puede cambiar la situación.

domingo, 9 de septiembre de 2012

SER POBRE PARA SER NECESITADO...

 - YO NO NACI PARA SER POBRE, NI VOS... NI NADIE!
no significa tener o no tener. Ser pobre es estar en disponibilidad de recibir. Porque no es fácil ser receptor. Nos cuesta dejarnos ayudar porque nuestra soberbia no acepta la pobreza. Ser pobre implica estar necesitado, no precisamente de ayuda material, que también sí, sino de aprender, de ser alumbrado, guiado, aconsejado, llevado...

Ser pobre es reconocerse pequeño y limitado, y en consecuencia necesitado de Aquel que da respuesta a todas nuestras necesidades. Pero no es fácil sentirse pobre. Es más, diría que nadie, aunque hablamos mucho y proclamamos que los pobres son lo preferidos de Jesús, quiere ser pobre.

Entendemos la pobreza, aunque sabemos que no, más en sentido material que espiritual, y la crisis actual es más espiritual que material. Nos cuidamos de las necesidades materiales y descuidamos las espirituales. Ser pobre es un concepto que debemos reflexionar profundamente e interpelarnos en ese sentido.

No es pasar hambre, dificultades y necesidades. No poder educarse, estudiar y vivir dignamente. Eso no es ser pobre sino desgraciado. Jesús viene precisamente para salvar a los pobres, pero no solo de vivir mal sino de la soberbia de pensar que con el dinero y lo demás todo está arreglado. Precisamente si compartieramos un poco mejor los bienes, todo sería distinto.

Pero la pobreza de la que hablamos o queremos reflexionar va en otro camino, porque precisamente ser pobre no consiste en tener o no tener. Porque desgraciado aquel que no aspire a ser pobre y no se sienta pobre. Eso significaría tener cerrada la puerta de acceso a la Vida de la Gracia. Se hace necesario aceptar la pobreza, sobre todo espiritual, que nos permita ajustarnos a poder entrar por el camino angosto, porque por el ancho y espacioso lo tenemos más fácil.

Pero esta realidad no debe angustiarnos. Primero porque Jesús lo sabe, sabe que eso nos va a costar mucho, y si Él nos lo ha propuesto así, nosotros debemos confiar que, con su Gracia, podemos hacerlo. Y su Gracia está garantizada. Él nos la ha dado gratuitamente en nuestro Bautismo.

Este razonar nos debe animar a continuar la marcha, la marcha dentro de la Iglesia, la marcha en torno a la Eucaristía, punto de encuentro de todos los sacramentos, y actitud confiada de llenarnos de paciencia porque sabemos que Él está ahí y nos escucha, y actuará cuando lo crea conveniente. 

Es nuestro Padre, nos ha entregado su Hijo hasta el extremo de morir por nosotros, y eso no se hace para nada. Él tiene más interés que nosotros en hacernos sus hijos eternos, gloriosos para que vivamos en su presencia en plena dicha y felicidad. Amén.

lunes, 16 de abril de 2012

Conclusiones de un compartir


No solo se hace necesario, sino que es muy importante, porque solo en el compartir la luz se hace presente sobre todo cuando se invoca a la Luz. Y es que los cristianos es algo que debemos de tener muy en cuenta. Cuando nos reunimos para compartir y enriquecernos con nuestras aportaciones y vivencias, debemos de saber que Jesús está ahí presente, ¡claro!, si lo hacemos en su nombre.

Y es en y por su nombre por quien lo hacemos, luego, ¿por qué no invocamos al Espíritu Santo para que nos ilumine? ¿Es qué nos da vergüenza o miedo?, o peor todavía, ¿es qué no los no creemos?

Hoy he compartido algo que voy rumiando, por la Gracia de Dios, estos últimos tiempos. Todo es compasión, porque Jesús es principalmente compasivo. Él ha venido a darnos su compasión, sobre todo a los más pobres y necesitados, sin distinción de color, de títulos, de riquezas, de prestigio, de importancia, de...

Todos son sus hermanos ante su Padre Dios, y a todos trata por igual, es decir, nos ama intensamente con locura. Y algo que me llama mucho la atención. No da consejos, ni marca tareas, ni da normas, ni exige. Todo lo da sin condiciones, le correspondas o no. Simplemente nos disculpa y perdona, y nos recuerda que no volvamos a caer en esa culpa.

A la mujer adultera, al hijo prodigo, al ciego, al endemoniado, a hijo de la viuda de Naín, al centurión... A todos los defiende, los sana, los alivia, los resucita, los... pero nunca reprende ni da órdenes y tareas. Solo les insinúa al que ha hecho algo malo que no vuelva a hacerlo, y les deja en paz.

Y lo hace cuando se necesita, cuando se impone la ley antes que el hombre. Para Jesús, la dignidad del hombre es lo primero, antes que el sábado, antes que la ley, antes que las normas, antes que los intereses, antes que la religión, antes que... Solo Dios Padre y después el hombre priman antes que todo lo creado.

Jesús solo enseña con su vida y su Palabra, transmite vida y obras, y contagia con su compasión amorosa hasta el punto que el hombre, sobre todo los desposeídos, los excluidos, los marginados, los no escuchados, los más pobres y necesitados son atendidos, aliviados y preferidos en su Reino.

Un Reino contrario a este mundo. Un Reino extraño, sorprendente, fuera de la lógica humana, no entendido por el sentido común humano. Un Reino que no concuerda con los derechos humanos que en este mundo se declara pero no se practica. Un reino que defiende la vida de todos aquellos que no tienen voz, que son considerados como estorbos, como obstáculos.

Por eso, la solución es cambiar o quitarlo del medio. Y hasta ahora han decidido quitarlo del medio. Son pocos los que lo aceptan, y por eso, el mundo sigue igual, oliendo a podrido, corrompiéndose y sumergiéndose en el caos y el sin sentido. El sentido común de los hombres cuando no descansa en Jesús, se vuelve sin sentido. 

Es, de nuevo, la siempre presente soberbia humana la que oscurece la vista del hombre, lo vuelve ciego y lo somete a sus propias pasiones. Le halaga y le ensoberbece hasta el punto de confundirlo haciéndole creer que él sólo puede alcanzar la felicidad. Estamos tocados por ese pecado, y solo en Jesús podemos encontrar remedio a sus males.
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