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miércoles, 9 de febrero de 2011

JESUCRISTO: DIOS Y HOMBRE VERDADERO

Jesucristo, Dios y Hombre

El símbolo de la fe resume los dones que DIOS hace al hombre como Autor de todo bien, como Redentor, como Santificador y los articula en torno a los tres "capítulos" de nuestro Bautismo - la fe en un solo DIOS: el PADRE Todopoderoso, el Creador; y JESUCRISTO, su hijo, Nuestro SEÑOR y Salvador; y el ESPÍRITU SANTO, en la Santa Iglesia (segunda sección).

Quisiera reflexionar sobre este resumen que fundamenta la fe del creyente católico y salir al paso de posibles desviaciones e interpretaciones que desvían y personalizan la fe en ambiciones y protagonismos personales separándose de la verdadera y única revelación.

La Biblia es un compendio de la Palabra Revelada escrita en sucesivas épocas muy distantes unas de otras, pero que conforman un todo coherente y entrelazado sin lo cual no se puede interpretar ni entender. Es como una trapera, en boca de un buen amigo teólogo, donde cada pieza encaja en su sitio adecuado. Así dispuesto, el Antiguo Testamento no puede ser entendido sin conocer el Nuevo Testamento y a la inversa. Ambos contienen un proceso revelado que necesita de su entera lectura para su comprensión.

Y así y todo, la palabra original, escrita en griego, tiene una significado difícil de trasladar en su interpretación a capricho de lo que cualquiera quiera entender. Porque una cosa es lo que se quiere decir y otra, muy diferente, lo que se dice. Por lo tanto, hay que mirar a la tradición y a las prácticas, sin perder la sustancia original, para ir entendiendo el proceso revelado.

Por eso, esa labor ha sido conferida, no a cualquiera, sino a la Iglesia, sucesora de la obra y mensaje de JESÚS de Nazaret que, asistida por el ESPÍRITU SANTO, va desvelando la verdad recibida por el verdadero camino que JESÚS ha trazado.

JESÚS dice: aquellos que me confiesen a MÍ delante de los hombres, YO les defenderé delante de mi PADRE (Mt 10,32). JESÚS no sólo nos dice que le confesemos, sino que lo que digamos lo hagamos, es decir, confesarlo con la palabra y la vida. Palabras y hechos.
Porque hay quienes han entendido que sólo la palabra y ya está. O quienes hace hechos pero no confiesan con la palabra el por qué y razón de los hechos.

Porque si confiesas con tu boca que JESÚS es el SEÑOR y crees en tu corazón que DIOS le resucitó de entre los muertos, será salvo (Rm 10, 9). 

No hay entonces  dos sujetos sino uno solo. JESÚS de Nazaret es JESUCRISTO, y JESUCRISTO, el HIJO de DIOS, es JESÚS de Nazaret. Si no es así, JESÚS estaría muerto, hecho probado que vive y está cada día en la Eucaristía, "quien come mi Cuerpo y bebe mi Sangre vivirá eternamente" (Jn 6, 51-59). Y cómo vive es imposible entender que hayan reencarnaciones de su propio ESPÍRITU... Estaría duplicado y con dos naturaleza, la encarnada nuevamente.

Porque JESÚS, sin dejar de ser ESPÍRITU, tiene Naturaleza humana como tú y como yo, pues en sus apariciones aparece con cuerpo que algunos, como Tomás llegaron a palpar. Él perdona los pecados y eso solo se le puede atribuir a DIOS, pues ese fue el motivo que sus contemporáneos esgrimían para acusarle de blafemar al proclamarse DIOS.

Y es que la razón está puesta por DIOS para que podamos llegar a ÉL hasta cierto punto, a partir del cual empieza nuestra fe. Igual que nos fiamos del panadero, del lechero, del médico...etc. Necesitamos creer en ÉL después de entender por la razón que hay razones, valga la redundancia, para creer. Pero no podemos creer en un DIOS extraño, que nos sorprende con cosas irracionales que no podamos ni razonar; con cosas que no tienen ni pies ni cabeza.

DIOS, a la hora de hacer un milagro, que es romper las leyes naturales, lo hace para curar o salvar al hombre de un apuro o circunstancia especial, y para demostrarle que es DIOS, pero no para asombrarlo o vanagloria personal, pues DIOS no necesita de eso ni de nosotros para nada. Nos ama libremente y porque quiere. Hasta ahí no podemos llegar porque nunca lo entenderíamos, como no entendemos que alguien haya hecho algo gratuitamente, al menos nos cuesta e inmediatamente pensamos que la razón de hacerlo es porque vive y está en la presencia de DIOS.

De la Biblia, ¿si no dime de dónde?, todos sacan sus conclusiones e interpretan a su manera lo que mejor les parece, pero ésta, está sostenida por la Tradición de la Iglesia. Si no es la Iglesia la Biblia no tendría fuerza ni ningún prestigio, porque es el colegió apostólico quien la ha mantenido y la Tradición de las primeras comunidades cristianas las que nos la han hecho llegar hasta nuestros días (Hch 2, 42).

La Biblia es la historia del proceso revelado de la Palabra de DIOS a un pueblo elegido y a través del cual DIOS se hace presente entre los hombres. Llegado el momento culminante, por lo que todo fue hecho, DIOS toma naturaleza humana y se encarna de María, por obra del ESPÍRITU SANTO, en JESÚS de Nazaret, que Resucitado y vencedor de la muerte, Reina y vive hoy entre los hombres hasta el confín del mundo.

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