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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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domingo, 10 de abril de 2016

UNA EXPERIENCIA RECONFORTANTE



La vida te presenta diferentes momentos. Sería monótona y aburrida ir siempre en la misma dirección, que no es lo mismo que ir en la buena dirección. Una recta prolongada y larga cansa e invita a correr y al despiste. Por eso, alternar rectas con curvas ayudan a estar atentos y vigilantes.

Ayer, me contaba un amigo, tuve un día fatal, mejor una noche. Cansado y casi medio dormido, con la intención de coger la cama, me dirigí a entrar el coche en el garaje. Quería irme lo más pronto posible a la cama, pues al día siguiente tenía que madrugar. La sorpresa fue que la luz interior del coche, que cierra con la puerta, permanecía encendida. Siempre tengo la costumbre de permanecer unos segundos para ver que la luz se apaga.

Y, ayer, fue uno de esos días que algo no funciona. La luz permanecía encendida. Reconozco, me decía el amigo, que me puse furioso. Experimente que la paz se me escapaba de mi corazón. Sin embargo, me contuve, pues tenía una solución en la recámara: desconectar la bombilla para evitar el peligro de que la batería se gastara. Y hecho esto, observé que continuaba encendido el recuadro donde cuentan los kmts. 

Eso ya me desconcertó más, porque no tenía experiencia de ello ni sabía como solucionarlo. Entonces, continuó mi amigo, la paz salió de mí como una exhalación y hasta constesté mal a mi mujer que se había acercado con la buena intención y deseos de, preocupada por mí, ayudarme. Experimenté impotencia al no poder con mis fuerzas controlarme, y temí perder los estribo.

Afortunadamente puede quedarme ahí y, aunque malhumorado, irme a la cama. Indudablemente, pasé mala noche, pero con las oraciones de la noche pude tranquilizarme. Preocupado no dormí bien y desde las cinco estaba despierto. Empecé a ofrecerme al Señor y a ponerme en sus Manos, y todo, como por arte de magia, sucedió bien. Llevé el coche a taller y el resultado era un pequeño botón al que había que pulsar y, tanto la luz de la puerta como del cuadro se apagaban. 

Pensé como una simple tontería puede levantar una muralla entre dos personas. Pensé en la poca confianza que tengo en el Señor y, a pesar de que en Él pude tranquilizarme, experimenté la debilidad de mi fe. Me dí cuenta como el Señor está presente en nuestras, tantas pequeñas como grandes, cosas, y saca provecho de ellas para nuestra vida. Pues esos momentos sirvieron para activarme, alegrarme y darme cuenta lo hermoso que es la vida cuando se vive en la presencia del Señor. 

Gracias amigo por compartir tu buena y reconfortante experiencia. Nos has hecho mucho bien y nos has dado un testimonio de saber que Dios, como un buen Padre, está atento a nuestra tontería también.

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