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martes, 3 de septiembre de 2013

LA LENGUA AFILADA



Se nos escapa sin apenas notarlo, y ya cuando nos damos cuenta es demasiado tarde. Poner freno a nuestra lengua es algo que nos cuesta mucho, pues se nos suelta como algo casi natural e instintivo. Sin embargo, se hace necesario controlarla, pues Jesús nos invita a ello.

No hablar mal de los demás es Voluntad del Padre, ya que en el quinto mandamiento nos exhorta a no matar, y con nuestra lengua, a veces, matamos de forma más directa y fulminante que con otras armas. El Papa Francisco nos habla sobre eso y nos viene bien leerle y reflexionar. Leer más

2 comentarios:

  1. Estas frases me las dijeron a mí con burlas: "José Luis, nunca serás en la vida", "no tenemos la intención de ayudarte", "tampoco te ayudaremos a encontrar un trabajo", y otras palabras que no conviene mencionar. Pero esos rechazos, a la que el alma la recibe, terminarían en la desesperación. Pero Cristo en su compasión conmigo, me ayudó a no devolver mal por mal. Eran personas que yo confiaban, pero me mostraron desprecios. No me esperaba una reacción así, de rechazo cuando yo lo que quería es vivir en una comunidad mi vocación franciscana. Cuando me dijeron que no querían que yo fuese franciscano, el Señor pensó algo distinto a ellos, con bondad y dulzura, me llevó a la Orden Tercera de San Francisco de Asís, un verdadero regalo de Dios para mi, que yo no he rechazado.

    Nunca debemos hundirnos en la oscuridad de la tristeza, sino que es conveniente recurrir a la oración, sólo nos podemos fiar de Jesucristo y de María Santísima. Siempre han estado y están a mi lado, incluso cuando soy atacado por una fuerte tentación, ser más humilde y la tentación se alejará. La humildad verdaderamente expulsa la soberbia que pueda infectar nuestro corazón, el pecado, teniendo a Jesús y María Santísima lo podremos superar toda adversidad.

    El Señor me ha enseñado a amar a quienes a "cuchilladas", o a "golpe de palo", en sus palabras, y no tenerles resentimiento. De ninguna manera quiero ponerme al nivel de la injusticia y del odio contra nadie. Jesucristo me ha mostrado tal misericordia y bondad para conmigo, que yo también quiero hacerlo con los demás, pero no siempre se entiende mis intenciones, ya que no suele haber pregunta por medio del porqué esto o aquello.

    Pero es cierto lo que enseña también el Papa Francisco, pues la lengua afilada no es un arma de amor de Dios, sino que procede de un corazón que no ha dejado entrar a Cristo.

    Pero es cierto lo que enseña también el Papa Francisco, pues la lengua afilada no es un arma de amor de Dios, sino que procede de un corazón que no ha dejado entrar a Cristo.

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  2. • El Papa afirmó: «aquellos que en una comunidad hablan mal de los hermanos, de los miembros de la comunidad, quieren matar: ¡es lo mismo! El Apóstol Juan, en la primera Carta, capitulo III, versículo 15, nos dice: ‘Aquel que odia en su corazón a su hermano, es un homicida’. Nosotros estamos acostumbrados a las habladurías, a los chismes. ¡Cuántas veces nuestras comunidades, también nuestra familia, son un infierno donde se gesta esta criminalidad de matar al hermano y a la hermana con la lengua!»


    Intentaron matarme con palabras, pero el Señor me dio vida, y vida que la deseo también para todos los que atentan contra mí de la forma que el demonio les sugiera. Pues no quiero que ellos sean víctimas del Maligno, sino que vuelvan su corazón a Cristo.

    También en dos ocasiones, quisieron arrojarme por precipicios, uno más peligroso que otros, precisamente por tratar de evangelizar y porque había comenzado a dar catequesis a niños gitanos, y otros que no lo eran, en un barrio conflictivo, blasfemo y delincuencia. Actualmente aquel barrio ya no hay viviendas, pero en las cercanías, suele haber enemistad con la Iglesia Católica y los católicos.


    Los "chismes", las críticas, las calumnias, las murmuraciones, las palabras altisonantes, las blasfemias, la ironía, el cinismo, etc. Puede hacer daño al prójimo, pero también es como un suicidio, se mata así mismo con estas malas intenciones que salen del corazón. Intenciones por la que quien la dice, si se dice cristiano, él mismo apaga la llama de la fe, como si se soplara insistentemente la llama de una vela, con esta actitud reincidente en el mal hacia el otro, muchos terminaron por salir de este mundo, ya sin fe, sin amor, y sin la Esperanza en Cristo. Difamar a otros, y más aún si se calumnia a la Iglesia a los Papas, o trata de cambiar a capricho del hombre viejo, la verdad por la mentira, es un verdadero suicidio, y doloroso al final de sus días.


    Dulce Jesús mío, sabes las cosas malas que hay en mi corazón, en mi vida, ten compasión de mí.

    Dulce Madre de Dios, María Santísima, en los momentos más angustiosos, en las tremendas oscuridades de mi vida, siempre has estado a mi lado. Te suplico por todos aquellos, que encuentren la luz que lleva a la Patria Celestial.

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