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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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lunes, 21 de enero de 2013

CRUCES EN EL CAMINO


En muchas ocasiones buscamos nuestras cruces fuera de nosotros mismos. Incluso nos revelamos cuando las circunstancias nos son adversas suplicando que nos sean evitadas. Llegamos hasta mirar con un poco de inconformismo a nuestro Padre Dios. Parece que tenemos derecho a exigirle que las adversidades y obstáculos no sean evitados.

Al parecer no miramos a nuestro derredor. Nos parece que debemos tener más privilegios o, al menos, ser escuchados más que otros. No reparamos que otros, con la misma dignidad de hijos que nosotros, sufren esas adversidades que nosotros no queremos. ¿Nos consideramos mejor?

Las enfermedades, accidentes, errores, tumores...etc., son circunstancias de la naturaleza que nos afectan al azar por suerte. Todos estamos en este mundo, y todos participamos del juego natural de la vida. No son unos mejores que otros. Todos participamos del ruedo de la vida, y el azar nos regala buena o mala suerte. Nuestro Padre Dios no se mete en estas cosas. Nos respeta a todos por igual.

Sin embargo, y esto es lo importante, Él nos ha prometido la salvación final, que es la verdaderamente importante y definitiva, y esa es la que debemos buscar y pedirle. Y para eso debemos buscar y encontrar nuestras cruces, pero nunca fuera de nosotros, porque están dentro. Se trata de saber nuestras apetencias, nuestra forma de situarnos en la vida, nuestro carácter y nuestra actitud ante las situaciones que la vida nos dispone.

Experimentamos que eso es lo difícil cambiar, y esa son nuestras cruces. Sólo cambiando desde ahí podemos aceptar todo lo demás que se nos presente en la vida. Buscar la paciencia cuando observo impaciencia en mi vida; buscar la generosidad cuando me encierro en mis egoísmos; buscar el desapego cuando me apego a mis inclinaciones carnales... Buscar la lucha diaria en vencerme para despojarme de mí mismo y darme a los demás.

En esa lucha experimento que necesito la fuerza y el poder del Espíritu Santo, e injertarme en Xto. Jesús, pues solo no resistiría, y menos vencería. En Él vivencio que el yugo se suaviza y la carga se hace ligera, y en el camino soporto mis cruces.

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