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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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miércoles, 5 de septiembre de 2012

CUANDO NO VES LA SALIDA...



Agárrate al Señor

el horizonte se te nubla y la angustia y desesperación hacen presencia. Son momentos trágicos en los que puede ocurrir de todo, desde sumergirte en la esperanza y la serenidad, hasta desembocar en el disparate y la tragedia.

Ocurre, sobre todo, cuando las necesidades se hacen presente, y esa observación nos puede conducir a una necesaria y profunda reflexión. La vida cobra valor cuando se siente amenazada, y de igual forma, todo aquello que nos procura bienestar y placer. Cuando perdemos nos ponemos en crisis, también cuando ganamos, pero es en las pérdidas cuando surge la necesidad y la inquietud.

Nunca nos pondremos en camino si antes no tenemos necesidad de hacerlo, o sentimos la necesidad de, movidos por la inquietud, obedecer a nuestro impulso de búsqueda. El camino siempre nos supondrá riesgo, dificultades y compromisos. No hay otra forma de recorrerlo porque de no ser así no sería camino sino inmovilismo que no cambian sino que permanecen siempre en la seguridad.

Para descubrir hay que arriesgar, y el encuentro con Jesús supone siempre un riesgo de desnudarnos y dejar lo viejo para revestirnos de lo nuevo. Lo nuevo puede sentarnos mal, no ser de nuestro gusto, venirnos algo grande, pero haciendo los ajustes necesarios puede ser el molde que buscamos y que nos llene plenamente de felicidad. Ese molde nuevo es del que nos habla Jesús: "El Bautizo".

El Bautizo vivido en su total compromiso, sacerdote, profeta y rey, que nos reviste plenamente de la vida de la Gracia y nos hace coherederos de la Gloria del Padre en Jesús, nuestro Hermano mayor. 

Pero esa búsqueda de la vida nueva necesita un impulso, una inquietud, un movimiento que exige cambio, que exige desprendimiento, y eso solo se descubre en la pobreza, en la pobreza de descubrir que las cosas de este mundo solo nos sirven para, bien utilizándolas, servir a los demás, porque en el servicio descubrimos que amamos, y sí amamos estamos en la órbita de Jesús.

Por eso, simplemente por eso, cuando no veas la salida o te encuentres aparentemente en un callejón sin salida, procura esforzarte en mantenerte sereno, tranquilo, hay siempre un camino una salida, única y llena de paz: Jesús de Nazaret.

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