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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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martes, 20 de abril de 2010

Mi Abogado


Siempre me he imaginado una cosa así, y sigo imaginándomela, porque la vida no tiene otro sentido. Todo en este mundo es caduco y, por mucha felicidad que recibas, todo termina y detrás aparece el vacío y la frustración.

Otra cosa, en la que acabo de reparar, es que todos los excesos son, a corto y largo plazo, perjudiciales para el ser humano, y, en esta vida, lo que nos somete y esclaviza son los excesos, pues la moderación (templanza) es la virtud que nos disciplina y nos exige fortaleza para evitar y luchar contra nuestras propias apetencias y deseos excesivos y desmesurados.

De tal forma que nada te pierdes por esforzarte en tener una vida moderada, controlada, disciplinada tal y como nos enseño nuestro gran y único abogado defensor JESÚS. Realmente vale la pena elegirlo, ser su cliente, y descansar en sus Manos, pues nos llenan de serenidad, esperanza y paz. Y si no lo piensas así, este cuento te puede ayudar a clarificar tu mente y recibir luz, porque la única realidad es que un día estaremos sentado en ese estrado.

Después de vivir una vida "aceptable", mi tiempo en la tierra llegó a su fin. La primera cosa que recuerdo es estar sentado sobre un banco en la sala de espera en lo que parecía ser una corte o palacio de justicia. Las puertas se abrieron y estaba instruido para entrar y tomar asiento en la mesa de la defensa. Mientras miraba alrededor vi al fiscal - un hombre de mirada villanesca que gruñía mientras clavaba los ojos en mí. Él definitivamente fue la persona más mala que yo alguna vez haya visto.

Me senté y miré hacia mi izquierda, donde, sentado, estaba mi abogado - un amable y suave hombre cuya apariencia me pareció familiar para mí. La puerta rinconera se abrió repentinamente y el juez apareció vestido completamente con túnicas sueltas. Él irradiaba una presencia impresionante mientras se movía a través del cuarto. No podía quitar mis ojos de él. Mientras él tomaba su lugar detrás del banco, dijo, comencemos".

El fiscal se levantó y comenzó su declaración inaugural, "mi nombre es Satanás y estoy aquí para mostrarle porqué este hombre debe estar en el Infierno". Él comenzó por describir las mentiras que yo había dicho, las cosas que había robado, y cómo había engañado a otros en el pasado. Satanás dio cuenta de otras perversiones horribles que estuvieron una vez en mi vida y cuanto más hablaba, más abajo en mi silla me hundía.

Estaba tan avergonzado que no podría mirar a alguien, incluso a mi abogado, mientras el Diablo decía de los pecados que yo aun había olvidado totalmente. Molesto como estaba con Satanás por revelar todas esas cosas acerca de mí, estaba igualmente molesto en mi representante, quien se sentó allí silenciosamente - no ofreciéndole ninguna forma de defensa en absoluto.

Yo sabía que era culpable de todas esas cosas, pero yo también había hecho algún bien en mi vida - ¿No podía al menos cancelar parte de las malas cosas que había yo hecho? Satanás acabó con una furia y cerró diciendo, "este hombre me pertenece en el infierno, puesto que él es culpable de todos estos cargos, y no hay persona que pueda demostrar de otra manera".

Cuando fue su turno, mi abogado preguntó primero si él podría acercarse al estrado. ¡Satanás gritó, "Yo objeto!,"Pero el juez comentó,"No Ha Lugar", y llamó por señas a mi abogado para acercarse. Mientras él se levantaba y comenzaba a andar, le pude ver en su plena majestad y esplendor. Me percaté porqué él me parecía tan familiar. Mi abogado fue Jesucristo, mi Señor y mi Salvador. Él se paró frente al estrado y suavemente dijo al juez, "hola Papá," y luego él empezó a dirigirse al tribunal.

"Satanás estaba en lo correcto en decir que este hombre ha pecado. No negaré cualquiera de estas alegaciones. Y sí, el pago del pecado es la muerte, y este hombre merece ser castigado". Jesús tomó un aliento profundo y recurrió a su Padre con brazos extendidos y proclamó, "Sin Embargo, morí en la cruz a fin de que toda persona pudiese tener vida eterna. Puesto que este hombre me ha aceptado como su Salvador, él es mío".

Mi Señor continuó, "Su nombre está escrito en el libro de la vida, y nadie puede arrebatarlo de mí. Satanás todavía no entiende que este hombre no debe aplicársele la justicia, sino más bien la misericordia". Cuando Jesús se sentó, él hizo una pausa silenciosa, miró a su Padre y contestó, "No hay nada más que necesite hacerse. Yo lo he hecho todo".

El juez levantó su mano poderosa, cerró de un golpe con el martillo, y gritó de sus labios, "Este hombre es libre. La pena para él ya ha sido pagada por completo. ¡La causa es desestimada"!

Como Su Señoría me dejó ir, podía oír a Satanás discurseando y delirando, "no me daré por vencido, yo ganaré la próxima vez". Le pregunté a Jesús mientras él me daba mis instrucciones a dónde debía ir después, "¿Has perdido alguna vez un caso?" Cristo cariñosamente sonrió y dijo, "todos los que han venido a Mí, y me han pedido que los represente, han recibido el mismo veredicto que tú— ¡Pagado en su totalidad!".

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