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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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miércoles, 30 de diciembre de 2009

EL APLAUSÓMETRO.


Es evidente que nos dejamos arrastrar por la inclinación natural a medir todo lo que hacemos. Y esa obsesión innata de nuestra propia vanidad nos lleva a medir todo tipo de resultados, éxitos, escuchas, audiencias...etc. Cada canal televisivo mide continuamente el nivel de seguimiento de sus programas. Si un locutor o un argumento aumenta el rating, es promovido. Si lo disminuye, es marginado de golpe, o poco a poco.

La prensa mide cuántos suscriptores hay, cuántas personas leen los periódicos, en qué lugar de la lista se encuentra este periódico concreto en comparación con otros. Otra actitud que nos enfrenta y reta a compararnos, a medir nuestras valías de unos frente a otros.

En el mundo de Internet, nuestro mundo, también hay fiebre por saber cuántos accesos se producen al día, a la semana, al mes, al año en el blog o página. Muchos blogs tienen sus propios medidores o contadores que indican el número de visitantes diarios, lugares de procedencia, artículos leídos...etc. Existen secciones que llevan como título lo más leído, lo más visto, lo más escuchado...

No faltan concursos donde la gente vota a favor de una idea o de otra, de un actor o de otro, de una canción o de otra, de un blog o de otro, de una página o de otra... Cuando hay publico, en festivales o programas televisivos, resulta posible medir el nivel de los aplausos gracias a un aplausómetro.

Los Gobiernos y los políticos viven bajo la manía de las encuestas. ¿Qué nivel de aprobación otorga la gente a este político, a esta ley, a esta decisión del presidente o del ministro? Números y más números indican quién asciende y quién desciende en el nivel de aplausos y aprobaciónes de la sociedad.

Lo mismo vale para las películas y los libros: "El éxito se mide por el número de espectadores o por las ventas de la novela en los primeros meses de estreno. Lo máximo para un guionista y un productor es ver cómo su película llega a ganancias récord en el primer año en los cines.

Tal comportamiento trae un significado implícito en esas actitudes que observamos en la vida diaria: "Cada cual vale según su productividad y rendimiento". Las cosas son valoradas en referencia a mis apetencias, a lo fácil, a los gustos, a lo divertido, a lo espectacular, a lo sorprendente...etc. sin pararnos a discernir y tomar conciencia de los valores y el significado profundo que encierran sus enseñanzas en cuanto al bien de la persona humana, qué es lo que verdaderamente importa.

Y ahora, me pregunto, en el cielo, ¿hay algo parecido? ¿Existen entre ángeles y arcángeles encuestas, aplausometros, números, para valorar a las personas que vivimos en la tierra? ¿Hay allá algo parecido a Internet donde se indique el número de accesos que los habitantes del mundo celeste realizan respecto de los seres humanos?

La respuesta, como es obvio, es negativa. Porque en el Cielo no se piden opiniones, ni se vota si es mejor el señor x o la señora y. Pero si lo hubiera... notaríamos en seguida cómo en el Cielo valoran lo que ocurre en nuestro planeta inquieto y emocionante de un modo mucho más profundo y más serio.

Porque entre los ángeles obtendrá un aplauso muy bajo lo que realiza un deportista famoso, un actor de primera fila, un escritor de Nobel en la tierra pero mediocre en su vida espiritual. Porque los aplausos se dispararían hasta el infinito ante esa señora pobre y olvidada en las estadísticas terrícolas, pero que todos los días hace mil sacrificio llenos de cariño para atender a su hijo enfermo, o por la mujer boliviana Marlene Huanuco Ricaldy, una mujer que arriesga su vida en una mina en la provincia de Oruro por sacar adelante a sus cincos hijos.

Si hubiera un aplausómetro en el Cielo nos daría muchas sorpresas, y nos permitiría abrir los ojos a lo importante, a lo que sirve en el tiempo y en lo eterno. Entonces, dejaríamos de lado tantos asuntos pequeños, casi mezquinos, que nos obsesionan en nuestro mundo humano. Y descubriríamos los temas realmente importantes, los corazones grandes, las hazañas que merecen ser reconocidas, según la única medida que vale eternamente: "El amor que tengamos hacia nuestro PADRE DIOS y hacia los hombres y mujeres que viven a nuestro lado.

Lo he repetido muchas veces, nada que no sea eterno tiene gran valor, pues está condenado a ser nada, pues de la nada ha salido, tarde o temprano. Sólo lo que permanece es lo importante, y el amor que seamos capaces de repartir y dar mientras caminemos por este mundo es lo verdaderamente importante.

En este año, que dentro de unas horas va a comenzar, es una buena oportunidad de preguntarnos dónde me encuentro yo y que me inspira a realizar mis actos. ¿Estoy tratando de buscarme, de endiosarme, de satisfacerme, de...?

A lo largo de muchas de mis vivencias me he planteado estos interrogantes, y siempre he llegado a la conclusión de ponerme en MANOS del ESPÍRITU para que se haga lo que ÉL decida, pues sólo ÉL sabe lo que nos conviene y es para nuestro bien.

Finalmente, desde estos pensamientos, felicitarles y desearles a todos mis visitantes, amigos, como a los que yo visito, que este año sea una oportunidad para mirarnos más en nuestro interior y buscar lo mejor para el otro olvidándome de mí.

4 comentarios:

  1. Una magnífica reflexión para el último día del año. Realizar un examen de conciencia sobre nuestro obrar con Dios. Como tú dices, solo en el cielo encontraremos los verdaderos aplausos merecidos y sin envidia de nadie. ¡qué vacios y efímeros muchas veces los que nos toca escuchar y que tantas veces nos engañan!
    Que 2010 sea todo para mayor gloria de Dios. Un abrazo

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  2. Comparto esta reflexión contigo, Salvador. No me gustan los balances, ni las encuestas ni los premios como ésos que se les conceden a los blogs. Cada persona tiene una parte de Dios dentro de sí y es, por lo tanto, única, especial e irremplazable. Todo lo que plasmamos en nuestras reflexiones es un reflejo de lo que tenemos en nuestro interior... "Por sus obras los conoceréis"...
    Sí, nos deberíamos dejar llevar por la voz de nuestro espíritu, los impulsos de nuestro corazón, la expansión de nuestra conciencia... sólo esto nos da el pasaporte seguro al éxito en nuestra vida en todos los aspectos.
    Salvador, feliz año nuevo, que lo disfrutes en familia y lo vivas con intensidad.
    Enhorabuena por haber publicado tus estupendas reflexiones.
    ¡Saludos cordiales!

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  3. Las apariencias es lo falso, lo engañoso y lo podrido que llevamos dentro. Sentimos la inclinación a mostrar lo que queremos ser, y no lo que realmente somos. Esa es nuestra equivocación, porque sólo siendo lo que somos podemos llegar a ser lo que queremos ser.

    Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

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  4. Estoy de acuerdo Rosa, sin embargo, nuestra propia naturaleza gusta de sentir el empuje, el ánimo y la solidaridad del reconocimiento y el aprobado, que nos hace recoger fuerzas y estimulos para continuar.

    Sólo hay que ver los concursos de todo tipo y las pruebas para elegir a los mejores.

    Lo importante está, comparto lo que tu dices, en no engreirnos, en ser y sentirnos humildes, mediadores, administradores de unos dones que tenemos que compartir, que poner al servicio de los demás para el bien de todos...etc.

    Esa es la virtud que en este tiempo la liturgia nos enseña: "siendo DIOS, se abajó y se hizo hombre, de nuestra misma condición, hasta entregarse a una muerte de Cruz por nosotros.

    Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

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