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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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martes, 20 de enero de 2009

El sentimiento de autotraición (II)

Quiero sugerir que es aconsejable leer
http://salvadorvivenciasinquietudes.blogspot.com/2009/01/el-sentimiento-de-autotraicin.html antes de adentrarse en esta segunda reflexión. Las implicaciones que de todo esto se derivan están encadenadas y sin tener una idea clara del concepto autotraición se nos puede hacer más difícil entender sus consecuencias.

También, creo que antes de profundizar en esto, deberíamos clarificar el concepto "persona" y el concepto "cosa". Sin caer en la cuenta, lo damos por sabido y asumido, nos olvidamos de que delante de nosotros tenemos personas y también cosas, y muchas veces nos la diferenciamos, confundidos y cegados por nuestros intereses, nuestros valores y el beneficio de lo inmediato.

He experimentado muchas veces sin saberlo, hasta descubrirlo a través de un libro, que leí, que cuando hago un viaje y nos llaman para embarcar, lo primero que pienso es instalarme bien cómodo en mi asiento y a ser posible, sin nadie que me moleste. Es algo instintivo e impulsivo que nace en mi mente de forma espontanea y egoísta.

Había llegado lo bastante pronto como para conseguir una de las primeras tarjetas de embarque. Mientras nos disponíamos a embarcar, oí decir al auxiliar que el avión no estaba completo, pero que sólo quedarían unos pocos asientos vacíos. Me sentí afortunado y aliviado de encontrar un asiento de ventanilla, con el otro libre al lado.

Los pasajeros que buscaban asientos seguían avanzando por el pasillo, evaluando con la mirada la mejor de las opciones cada vez más escasas. Dejé el maletín en el asiento vacío, saqué el periódico y me puse a leer. Recuerdo que miré por encima del borde superior del periódico hacia los pasajeros que se acercaban por el pasillo. antes la menor seña del lenguaje corporal indicativa de que se consideraba como una posibilidad el asiento donde estaba mi maletín, extendía más el periódico, procurando que aquel puesto pareciese lo más indeseable posible.

Mi comportamiento exterior lo puedo resumir en intentar ocupar dos asientos para mi mayor comodidad. Además, disimuladamente, leía el periódico y observaba a la gente que me lo pudiera arrebatar. En ese momento, la gente que amenaza mi asiento las veo, además de una amenaza, como molestias, problemas o algo así. Y, sin embargo, tienen el mismo derecho tan legítimo como el mío.

Pero, mi comportamiento no testimoniaba eso. Al parecer, para mí lo que contaba eran mis propias necesidades, mientras que la de los demás eran, en todo caso, secundarias. Sin embargo, sin darnos cuenta, nos consideramos los reyes del gallinero. Y en ese avión, sí los demás contaban para algo, sus necesidades y deseos eran muchos menos importantes que las mías.

Todo da un giro de 360 grados cuando ocurren cosas que nos dejan perplejos y nos dan el testimonio que, sintiéndolo dentro, está dormido y cegado por las turbulencias de los apegos intereses y egoísmos. Sucedió que en otra ocasión, Nancy y yo viajábamos juntos. De algún modo, se produjo un error en la asignación de asientos y nos encontramos con que no podíamos sentarnos juntos. El avión estaba lleno y la auxiliar de vuelo tenía dificultades para encontrar una forma de sentarnos juntos.

Mientras esperábamos en el pasillo, tratando de hallar una solución, una mujer con un periódico doblado apresuradamente se nos acercó desde la parte trasera del avión y nos dijo: "disculpen, si necesitan dos asientos juntos, creo que el de al lado mío está vacío y a mí no me importaría sentarme en uno de sus asientos". Todo en mí estalló como lava que irrumpe del cráter volcánico e inundó de luz todo mi ser recordando mis experiencias anteriores.

Esa mujer no nos había considerado como molestias o problemas. Al contrario nos había considerado como personas necesitadas de encontrar asientos contiguos. Ella no había dado prioridad a sus propias necesidades y deseos como yo había hecho con los míos. Para ella sus necesidades estaban al mismo nivel que las mías. Eran igual de importantes.

Estoy convencido que todos nuestros problemas nacen de esas apreciaciones y de según qué conceptos tengamos ante la realidad de nuestra vida y de lo que realmente somos. Estoy convencido que nunca, el hombre por el hombre, será capaz de discernir y encontrarse a sí mismo ante la realidad del otro. Siempre habrá enfrentamiento y retos porque no se ve igual y no se da un tratamiento igual. Esa mujer ejemplarizó lo que realmente se tenía que estar haciendo ahora mismo en Gaza, Congo, Palestina, África y... juzguen ustedes.

Por la extensión paro aquí y, al estilo de mi amiga Hilda, seguiremos en otro momento, porque todavía hay mucha tela que cortar. Espero que hasta luego. Un abrazo.

4 comentarios:

  1. Siempre he considerado que lo primero después de Dios es el hombre, en la medida que ese hombre sea el projimo lo haremos mejor y será más facil dejar el asiento del avión para que lo utilice el que lo necesite.
    Gracias por tu reflexión.
    Saludos

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  2. jajajaja, ¿así que estoy imponiendo estilo eh? jajaja

    Muy buen post, eso me ha pasado muchas veces. La rutina de la vida, el cansancio, etc., nos lleva a pensar en nosotros y a veces se nos olvidan los demás. Y nunca falta quien nos demuestre con el ejemplo que sí se puede.

    Curiosamente, hoy puse la segunda parte del post sobre Madagascar 2 y hablaba sobre la importancia de olvidar los problemas de uno para ver para los problemas de los demás. ¿nos habremos telepateado?

    Saludos. Hilda

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  3. profundo tu relato.........
    como el post anterior, nos sirve para reflexionar cuando hablamos de actitudes humana....
    gracias por compartirlas.

    un abrazo

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  4. Ahí está el misterio: esforzarnos en ver en los demás al SEÑOR. Es entonces cuando podemos cambiar de actitu. Gracias por tu comentario ICUE.
    Un abrazo.


    Ahora me paso a leer tu post. Sí, esa es nuestra realidad. Tenemos que estar en constante revisión porque nos autoengamos frecuentemente, y es entonces cuando extraviamos nuestro camino.
    Gracias por tu opinión, Hilda.
    Un abrazo.

    Ese es el objetivo, Adrisol. Apoyarnos para reflexionar e irnos desenmascarando y ser más auténticos.
    Un abrazo.

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