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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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jueves, 7 de abril de 2016

CIUDADANOS DE TERCERA



Siempre, lo más pequeños, seremos los más pobres y los más desfavorecidos a la hora de gozar de ventajas y privilegios. Los peces grandes se comen a los chicos, y eso siempre ha sido así, pero no por eso es justo ni lo que debe ser. 

Las capitales de provincias, que coinciden con las grandes capitales, estructuran todo en base a los intereses económicos. Y cuando algo no parece rendir lo suficiente, lo borran del mapa sin importarle lo que pueda ocurrir ni las consecuencias que procedan sobre los demás. En el fondo hay un grito como ¡qué se fastidien, no se amortiza ese servicio!

Y digo esto como otras tantas cosas que podríamos decir. Estoy de acuerdo con el alcalde Tinajo que hizo una protesta en esta línea. Lo que quiero contar hoy es que si a usted le ocurre que deja algo olvidado en el aeropuerto de Lanzarote, tendrá que reclamar por email a la siguiente dirección: capucace@aena.es.  Y esto lo consigue tras comunicar por un teléfono que hay, medio escondido, en el aeropuerto.

La pregunta es la siguiente: ¿Y aquellas personas que no tienen email,  qué hacen? ¿Pedir favores? ¿O es que se supone que todo el mundo tiene que tener un ordenador y email? No sé si en todos los aeropuertos ocurre lo mismo, pero de se así me parece que eso no es justo y que se debe poner un servicio de atención al cliente y de reclamación de objetos perdidos. Antes lo había.

En cuanto a las islas pequeñas, las siempre perjudicadas, sufren las decisiones de aquellos que recortan para beneficio de otros o suyo propio, o con el propósito de destacar por lo económico y ahorrados que es. Sin embargo, esas diferencias no se aprecian a la hora de pagar. Para hacienda somos todos iguales, pero para los derechos los hay de primera, segunda y hasta de tercera.

Lo mismo ocurre con las terminales. La de los canarios, los que somos de aquí o viajamos entre las islas, son reducidas y sin todas las comodidades y espacios que hay en las grandes. Todo para los turistas y los hijos de esta tierra aparte, que no se mezclen. A veces siento vergüenza cuando, gracias a Dios son pocas veces, entre las islas. Tengo la sensación de que me meten en un habitáculo aparte.

¿Es que no somos personas? ¿Es que no somos los que trabajamos en esta tierra? ¿Por qué no compartimos los mismos lugares, como sucedía antes, o se dispone de otra forma? ¿Es qué sólo interesa el dinero y prima más que las personas? Eso explica que sucede y como está el mundo.

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