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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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miércoles, 11 de febrero de 2015

CUESTIÓN DE SABER QUE ESTÁ CONTIGO



Hay que tener una cosa bien clara: Dios no puede fallar. Todo lo que considero fallo, fracaso, pérdida, vacío...etc., son debidas a mis imperfecciones y pecados. Digamos que caminamos con una losa tras la espalda, y hay tramos de nuestro camino que la losa nos pesa demasiado; otros tramos experimentamos que podemos con ella y la soportamos mejor, y otros nos la tenemos que quitar de encima para descansar.

El peso es siempre el mismo, nuestra naturaleza caída y herida. Y la desesperación nos puede venir por la pérdida de confianza en el Señor. Es posible que tengamos fe, pero no confianza. Eso ocurre cuando las cosas no salen como queremos. Entonces nos revelamos y manifestamos nuestro desacuerdo con el Señor. Es decir, no negamos su existencia, pero le retiramos nuestra confianza. 

Nuestra fe en cuanto a la credibilidad se resiente y perdemos la confianza en Él. No es nada nuevo, pues en el Antiguo Testamento tenemos el testimonio de lo ocurrido con Job. Su lema, "Dios me lo dio, Dios me lo quitó, ¡bendito sea Dos! La fe supone fiarse de nuestro Padre Dios en los momentos suaves, alegres y buenos, pero también en los tristes, penosos y malos. En ambos está Dios, porque Él no se aleja de nosotros nunca. Nos quiere, por eso nos ha creado, y nos quiere siempre a su lado.

Por eso envía a su Hijo predilecto, nuestro Señor Jesús, a salvarnos. Es decir, estamos salvados. No hay duda ni ningún peligro de que eso no suceda. Pero hace falta nuestro concurso. Y ese concurso pasa por ponernos en Manos del Paráclito, el Espíritu Santo. Será Él quien nos guiará por el camino de salvación. Sólo hay que dejarse llevar.

Y ese dejarse llevar consiste en nunca desesperar. Permanecer, aguantar, ser paciente, soportar la oscuridad y el frío del desierto. Saber que Él está cuando tú te descubres solo, perdido, sin saber qué hacer ni a donde ir. No te apures. Descasa en Él. Incluso abúrrete en Él, permanece en silencio con Él. Confía en que pronto tu corazón volverá a arder. El Está y no se ha ido.

Gracias Señor por tu constante presencia y aliento. En Ti pongo todas mis esperanzas y en Ti me apoyo.

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