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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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jueves, 27 de noviembre de 2014

RECOGERMOS LA COSECHA QUE SEMBRAMOS



La lógica y la realidad nos descubren que lo que siembras recogerás. Y la responsabilidad nos exige que asumamos los frutos de lo sembrado y cultivado. Sería irresponsable reclamar frutos que no vienen de nuestro trabajo de siembra y cultivo. Suena a ser aprovechado y oportunista.

Igual ocurre en nuestra vida. Recogemos la cosecha que sembramos, y si sembramos una familia que luego cultivamos mal, o la desestructuramos, o  la estropeamos, los frutos, es decir, los hijos, si los hay, serán por pura lógica también malos, desestructurados o podridos. Claro, hay excepciones, pero la lógica nos dice que es lo más probable que eso suceda.

En otro orden de cosas ocurre exactamente lo mismo. Nuestra formación, nuestros hábitos, nuestra cultura, nuestras inquietudes, nuestras búsquedas, nuestros principios e ideologías...etc., serán frutos de nuestro esfuerzo, de nuestro trabajo, de nuestros cultivadores y nuestro bien sentido común. El mundo no es consecuencia sino del trabajo de todos los que lo habitan, y en ese sentido a nosotros nos corresponde nuestra parcela particular.

Deducimos, y eso lo sabemos todos, que si cada cual cultiva bien su parcela, el mundo, o todas las parcelas del mundo, bien cultivadas, darán buenos frutos. Todos nos beneficiáremos y el mundo será mejor. Pero, al parecer no ocurre así. Si bien es verdad que a todos nos gustaría que fuese así, bueno para todos. Existen parcelas mal cultivadas, y, por supuesto, malos cultivadores y sembradores. 

Personas que eluden sus responsabilidades y no se enfrentan con los problemas. Y esos problemas afectan, no sólo a ellos, sino que por el efecto dominó repercuten en todos los demás. Un problema en el colegio, bien con el inspector, director, profesorado, alumnos o padres, afectará a todo el colegio y a la educación en general si no se soluciona y se toman medidas. ¿Responsables? El inspector, director, profesorado, alumnos o padres. 

Vivimos en un mundo donde la libertad tiene un precio, el bien o el mal, dependiendo de cómo se viva, se respete y se realice. Porque, si se emplea para no cumplir responsablemente, se hace mal, y si se responde responsablemente, se hace bien. Así el mundo puede servir como termómetro de como lo estamos haciendo.

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