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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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sábado, 21 de junio de 2014

INCERTIDUMBRE, INDICISIONES, DUDAS Y FRACASOS.



No sé, me pregunto, como darte a conocer a los demás. Ese es, creo que siempre ha estado dentro de mí, la intención que ha dormido dentro de mí toda mi vida. Ha sido la causa de mis desvelos y desesperaciones, y en muchos momentos la causa de mis penas y tristezas. Vivo sólo para darte a conocer, pero experimento que no doy la talla ni soy digno de ser un buen apóstol. Y temo desesperar porque eso sería mala señal.

Son muy pocos los que se acercan a mí. Ahora mismo hay dos jóvenes, que, supongo, van por intereses propios, pues cuando hay un novio u otro interés por medio, Tú, Señor, quedas excluido, y yo fracaso, ridiculizado, marginado y desvalorado. En mi caso está justificado, pues mi testimonio es malo y mi vida no va acorde con mis palabras. Y estas tampoco son las mejores y buenas para llamar la atención hacia Ti.

Me da vergüenza que mis pecados enturbien tu Palabra y desdibujen tu Imagen levantando un muro que les haga imposible verte. Porque si hay alguien que falla, ese soy yo, un pobre pecador indigno de proclamarte y de transmitirte a los demás. Sin embargo, hoy, que en los cuatro años aproximadamente que voy a la cárcel a presentarte siempre he tenido con quien compartir, hoy, por sólo segunda vez en todo este tiempo me he quedado solo.

 Esto originó este diálogo contigo, que ahora plasmo en este humilde blog. Descubro que tengo algo que darte. Al menos en todo ese tiempo no he fallado, sino, creo recordar dos o tres veces, y de forma justificada por viaje. He estado perseverante y presente para que no se pierda ni un instante de la cita semanal donde Tú, por la promesa de tu Palabra, te reúnes también con nosotros. Es mi pobre aportación, porque los resultados ya lo sabes Tú, y mejor que yo.

Sin embargo, cuando salía, después de estar casi una hora esperando y donde aproveché para hablar contigo este ameno diálogo, que comparto ahora, experimenté una sensación de paz, de gozo y alegría por padecer un tiempo, que aparentemente parece perdido, pero que por mí cabeza nunca pasó esa idea. Tú estabas allí acompañándome y hablándome, y me llenaba de satisfacción la espera baldía que sufrí por la ausencia de los otros.

Padecer por Ti Señor no hiere sino todo lo contrario, llena de paz, experimentas gozo y te invade una suave briza de felicidad que rezuma alegría y serenidad.

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