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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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jueves, 13 de marzo de 2014

CONFÍO EN TI SEÑOR



No es fácil decirlo pero tampoco exige ni compromete mucho decirlo, porque las palabras se las lleve el viento. No obstante, confiar supone esperar que lo solicitado o esperado se cumpla, y en ese sentido todos esperamos y confiamos. En cuanto no fuese así todas nuestras esperanzas terminarían y dejaríamos de reflexionar y escribir en ese sentido.

 Lo haríamos de otras cosas a las que daríamos importancia. Es un motivo más para agradecer la poca fe, pero fe, que tenemos y la inquietud por buscarle y pedir. Ese es el título de este blog y esa ha sido la actitud de crearlo y de sosternerlo, por la Gracia de Dios, hasta el día de hoy. 

Y hoy es oportuno escribir y reflexionar sobre ello. Confieso que al empezar a escribir no pensaba lo que ahora estoy escribiendo y en el Evangelio de hoy. Porque hoy Jesús nos habla de pedir, y nos anima a tocar y buscar porque sólo los que buscan, tocan y piden encontrarán respuesta. ¿Cómo entonces yo me voy a quedar quieto? ¡Claro, que seguiré y sigo pidiendo, buscando y tocando!

Debo decir que en mi pobre experiencia, pienso que el Señor no da las cosas ni rápidamente ni todo de un golpe. Lo da despacio, en el camino y paso a paso, sin ni siquiera darte cuenta. Lo da al mismo ritmo que tú lo pides y con la misma intensidad. Al menos esa es mi experiencia, porque sin darme cuenta tengo que decir que mi fe, hoy es más grande que ayer; que con mi paciencia y mi esperanza ocurre lo mismo...

Y que con Él mi relación es diferente, más confiada, más contenida, más segura, más tranquila, más pausada, más de escucha, de obediencia, de aceptación, de pobreza, de sentirme perdonado a pesar de mis repetidos fracasos y esclavitudes. Supongo que eso será crecer, pero nunca desaparece la inquietud por seguir creciendo, pues cada vez descubres más miserias y más indignidad de no merecer nada...

Experimentas la impotencia de no comprender ese Inmenso Amor de Dios y de sentirte tan pequeño, inútil, cero absoluto ante su Grandeza y Misericordia. Experimentas que las dudas, las tentaciones y tu naturaleza caída siguen ahí y no se han ido. Experimentas que la lucha sigue y que necesitas cada día la oración y el alimento Eucarístico. Y terminas por confiarte y abandonarte en sus Manos ante la debilidad de tu ser y la proximidad de tu recorrido, y te arrodillas ante su Misericordia y pides perdón.

Es el momento de sentirte agradecido y esperanzado en su Bondad y Amor. En tus Manos, Señor, quiero poner todas mis esperanzas y toda mi vida.

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