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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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lunes, 20 de enero de 2014

¿Y DÓNDE LA BUSCAMOS?



Seguro que en los hospitales no, ni tampoco en los ungüentos o fármacos existentes en este mundo. La fe es consecuencia de una constante oración de súplica y petición al Padre Dios para que, por su Misericordia y Amor nos la conceda. Creer supone buscar, pues quién no busca no encuentra. La fe es la chispa que te hace saltar en la búsqueda de lo que crees.

Y volvemos a lo mismo. No damos el paso porque posiblemente nos falla la fe. Esa chispa de nuestra fe no es lo suficiente fuerte para encender el motor de nuestro corazón y ponerlo en camino de búsqueda. La salud de nuestro cuerpo sí, la sentimos, y ahí sí que no nos hace falta fe porque lo vemos. La fe supone no ver y necesita confianza y fiarse en quién se cree.

Sin embargo, damos lo que sea por curar nuestro cuerpo, algo caduco y que sabemos que terminará podrido, y no sentimos ni siquiera curiosidad por buscar y conocer a quien nos promete vida eterna. ¿Nos damos cuenta de lo que hacemos? Y más, creemos conocerlo cuando apenas entablamos una conversación seria con Él. Porque cuando rezamos lo hacemos de rutina, sin darnos cuenta ni lo que decimos y sin ningún compromiso.

Porque eso se nota en muchas cosas que están sucediendo y no debían suceder, tal es la eutanasia y el aborto. Un creyente debe saber que su vida está en Manos de Dios, y cuando llega el momento es la cita más importante que se puede tener. Es prescindir ya de la fe porque estás delante de Él.

La vida no hay que buscarla, ya la tenemos. Sólo debemos preocuparnos de conservarla para la eternidad, y eso pasa por vivir injertados en el Espíritu Santo, que nos llevará a la presencia del Padre.

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