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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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jueves, 14 de noviembre de 2013

¡QUÉ CIEGOS ESTAMOS!



A nadie se le ocurre desear la muerte. Es más, de hacerlo alguien le tacharíamos de perturbado o desequilibrado psíquico. No es de sentido común pensar así y menos desearla. Todos queremos conservar la vida y pedimos - "¡larga vida!" - Sin embargo, con el corazón de la fe, morir sería vivir, y cuanto más pronto muramos, más pronto estaremos en el verdadero paraíso prometido.

Sí, sabemos que eso no parece lógico ni de sentido común, pero si es bastante razonable desde el ángulo de la fe. Y más para aquellos que la vida le presenta cada día más problemas que gozos; más tormentos que calmas. Y lo lógico es que si somos creyentes tendríamos que pensar de esa forma. Descubrimos que nuestra fe no es lo suficiente grande para atrevernos a sentir y pedir de esa forma.

Ha habido santos que han pensado así. Santa Teresa decía algo al respecto: "Muero porque no muero...", y es que cuando se llega a ese nivel de santidad, lo normal, lo de sentido común es desear partir lo antes posible a la Casa del Padre. No hay más dicha que la de estar en la presencia del Padre Dios.

Y seguimos deseando no partir, quedarnos en este valle de lágrimas. Sin lugar a duda, nuestra fe es tan pequeña que todavía apenas hemos abierto los ojos.

1 comentario:

  1. Hay que ser muy Santo para poder pensar así y tenerlo como vital en tu vida...pero desdeel punto de vista de la Fe, es lo que todos deseamos. UN abrazo

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