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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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lunes, 4 de noviembre de 2013

ESCONDIDOS EN NUESTROS FARISEISMO



Sin darnos cuenta, pero con una inclinación irresistible todos pensamos que lo importante es el cumplir. Y así, sin darnos cuenta otra vez, reducimos todo a un simple cumplimiento de normas y preceptos. Y pobre de aquellos que no los cumplan, porque serán señalados como malas personas.

Esa es la diferencia entre un fariseo y un publicano. Mientras uno es un modelo de buena persona, cumplidora, honrada, hacedor de buenas obras y cumplidor en su familia y trabajo; el otro es señalado como persona no grata, mala y mal mirada por todos. 

Extrapolando ese paralelismo a nuestros días, observamos que hay muchas personas que tienen una fachada de buenas, hacen buenas obras, gozas de un perfil honrado, personas de bien y cumplidora, incluso algunos con los preceptos de la Iglesia. Otros van a misa, cumplen con las celebraciones litúrgicas y también son bien mirados por todos. Difícilmente tienen necesidades. Les gustaría que nada cambiase y que todo fuese al menos como hasta ahora. Se siente bien y satisfechos.

No necesitan a Dios porque el Dios lo hacen ellos con sus cumplimientos. Pero sucede que otros miran y dicen no ser como esos que cumplen y son bien mirados. Nosotros somos publicanos que reconocemos nuestros pecados. Una contradicción, porque ya estoy excluyendo a los otros y alabándome yo al verme como diferente a los otros, que son los malos.

Serenamente y con el corazón en la mano, somos más fariseos que publicanos, y en nuestra manos está el darnos cuenta y reconocernos pecadores. Por eso, sin mediar más palabras escritas te decimos: Señor que tengas compasión de todos nosotros y perdónanos nuestros pecados.

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