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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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martes, 13 de agosto de 2013

QUERER CAMINAR POR TU CUENTA NO ES BUEN NEGOCIO



Vale más ir solo que mal acompañado. Eso se suele decir en muchas circunstancias de la vida, pero también es verdad que una buena compañía es algo muy valioso. Lo verdaderamente importante es saber elegir esa compañía, y es ahí donde está la dificultad. Ocurre que por lo dificultoso de la tarea, confundimos que ir solo nos conviene, cuando nadie solo puede caminar.

Sí, en cambio, necesitamos pararnos en nuestro propio silencio, y solos presentar los caminos, pero a la hora de elegir, siempre necesitamos la voz de quien sabe y tiene más experiencia que nosotros y está solícito y dispuesto a ofrecernos su sabiduría.

Sería muy importante reflexionar sobre los caminos para elegir esa buena compañía, porque de acertar, tendríamos asegurado el recorrido del camino. Y eso supone decir como que tendríamos asegurado todo. Primero, se me ocurre pensar que, ser acompañante significa algo más profundo que caminar al lado de otro. Ser acompañante significa ser apoyo y acogida para aquel que camina a nuestro lado prestándole atención, comprensión, escucha y servicio.

Ser acompañante es estar visible, localizado y presto a la llamada del caminante, no solo para ayudarle a solucionar las dificultades del camino, sino también compartirla y vivirla en alegrías o tristezas. Acompañar es también permanecer pacientemente en la oscuridad del camino, para hacerse luz que ayude a alumbrar ese oscuro y difícil trecho del camino.

Acompañar implica estar a las duras y las maduras, y saber cuándo hay que excluirse e incluirse con el fin de ser sostén y báculo para aguantar el maltrecho camino a recorrer. Acompañar es saber respetar la libertad del acompañado proponiendo y no imponiendo. Acompañar es entregarse enteramente por amor, sin ningún interés, para buscar el bien del acompañado. 

Y tratando de buscar entre mis amigos a ese acompañante completo, me doy cuenta que solo existe uno, Aquel que está dispuesto a dar la vida por mí. Mejor aún, Aquel que dio la vida por mí, y la continúa dando cada momento en el camino de mi vida. Tiene un nombre que responde a Jesús de Nazaret.

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