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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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sábado, 24 de agosto de 2013

LA RIQUEZA DEL LENGUAJE

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Es hermoso poder experimentar y observar la fuerza del lenguaje. Un lenguaje que se expresa a través de muchas formas y que no es exclusivo sólo de la palabra, sino que también los mudos o sordos pueden escuchar, ver e interpretar.

El lenguaje de la palabra se prolonga en los gestos, en los símbolos, en las miradas, e incluso en los silencios. Experimentar como el silencio habla con una riqueza, profundidad y hermosura al alcance de todos, sin limites gramaticales, fonéticos, prosódicos ni ortográficos. El silencio es el arte de hablar en atenta escucha.

Y qué cosa más importante que el diálogo para entenderse. Pero un diálogo bien entendido, valga la redundancia, porque dialogar es poner frente al otro mi vida tras el escenario de la sinceridad, de la apertura y comprensión. Sin esos protagonistas no podremos poner en escena el diálogo verdadero de mi vida. El que importa y el que merece la pena. Sólo así se puede entender esta hermosa imagen con la que ilustro esta humilde reflexión. Habla por sí sola.

Con todo el cariño, para todos los novios, futuros matrimonios.

1 comentario:

  1. ¿Qué sería de mí, si el Señor no me hubiese ayudado a mejorar mi vida? Pero aún mis imperfecciones son demasiado numerosas. Pero gracias a las Sagradas Escrituras, la doctrina de los Santos Padres y doctores de la Santa Iglesia Católica, y sobre todo, la compasión, la misericordia de Dios en el Sacramento de la Penitencia, de la Eucaristía, para que yo no tuviese un lenguaje ofensivo, vulgar, grosero, perverso.

    No sé que será mi vida en el futuro, desgraciado de mí, por tantas ofensas que he cometido contra mi Bienhechor: Jesucristo, mi Redentor. No me sabré a salvo, hasta que pase de este mundo a la eternidad. Sé que el Señor es bondadoso, y que su Gracia supera la gravedad de mis pecados, pero tengo una total desconfianza en mí mismo. Pero acudo a la Santísima Madre de Dios.

    En el pasado, lo cual me avergüenzo y me desprecio por toda la maldad que cometí, pero jamás proferí una blasfemia. EN mi vida inicua pasada, recuerdo que casi pronuncié una palabra mal sonante. Lo recuerdo como si fuera ayer, ya me había tomado en serio la vida religiosa, pero el Maligno, que no quería soltarme, no sé como ocurrió, que al bajar de la acera, me vino al pensamiento, esa mala palabra, inmediatamente me di cuenta, gracias al Espíritu Santo, y a partir de ahí, ya jamás pronuncié ninguna mala palabra. Porque no deseaba entristecer al Espíritu Santo.

    Al paso de los años, me ha gustado el lenguaje de la contemplación, silencioso, humilde, una preparación en el corazón, en la mente, para saber escuchar la voz del Señor, cuidando, eso sí, que no sea una trampa del tentador, que a muchos ha conseguido engañar; también he sido engañado por nuestro enemigo infernal, pero Dios que es la Bondad eterna, siempre esta al cuidado de todos, también de mí, que en me considero, el más pecador de todo el mundo. Y el Señor sabe por que lo digo, y no engaño, no tengo necesidad de mentir.

    La mentira es algo que no me llevo nada bien, aunque ya me trataron de mentirosos, y como cosa del diablo, también quería que dijese mentiras a un sacerdote piadoso. De todas formas, si hay alguna mentira en mi que no he confesado, que desconozco, que el Señor se apiade de mí. Os suplico, que recéis por mí, por mi conversión verdadera, que me hace falta.

    El Papa Francisco no es el único que pide oraciones para él, también lo hacía todos los Papas anteriores, a quien amamos en el Señor. Ellos necesitaban oraciones, pero me parece, que el que más oraciones necesita, es un servidor. Ya sé que oramos unos por otros, y así debemos continuar. La perseverancia en el Amor y la Voluntad de Dios.

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