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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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miércoles, 9 de enero de 2013

CENTRO DE NUESTRA FE

JESÚS es el Santísimo Sacramento, la Luz del...

Sólo hay uno, y ese uno es la Eucaristía. Es el lugar donde está Jesús presente en Cuerpo y alma bajo las especies de pan y vino. ¿Difícil de creer? Claro, sería increible si fuese fácil y asequible a todos. No haría falta sufrir ni llegar a una muerte de Cruz, pues para ponerlo tan fácil y evidente.

Posiblemente pasaría como en la parábola del rico epulón, no creerían a nadie resucitado si no lo hacen con Moisés y los profetas. Y evidentemente es así, no creen al propio Jesús, muerto y resucitado, y con una vida de prodigios y entrega por amor. Se necesita tene fe, y la fe exige un alma de niño, de confianza y de fiarse de sus padres.

Ayer hubo en mi parroquia una Eucaristía que, al final, el cura la terminó con una oración Eucaristíca. Fue maravillosa. Claro, para aquellos que creemos que allí está Jesús vivo y presente. ¡No lo entendemos!, pero lo creemos, porque si lo entendiesemos no nos haría falta la fe. Es esa alma de niño la que necesitamos para poder creer. Luego, tenlo por seguro, el Señor te abrirá la mente y los ojos para que veas y creas. Sólo Él puede hacerlo.

Me emocioné dos o tres veces. En algunos momentos mis lágrimas corrieron de alegría por todas mis mejillas. Daba gracias a Dios por esos momentos. El sacerdote avanzó, muy lentamente, por la nave central del templo con el Santísimo y la emoción fue inenarrable. Much@s dejaban escapar alabanzas de gratitud con gestos y palabras. El Señor hace maravillas.

Sin embargo, horas después todo se disipa y queda desdibujado por la algaravia del mundo. Necesitamos estar muy cerca y constantemente junto al Señor. Somos muy frágiles y débiles y mantener nuestra fe en lo más alto necesita de mucha oración y convivencia con Jesús.

En otro orden de cosas, pensé que si en esos momentos, y no dudo que haya pasado, porque fue una cosa sin divulgación ni preparación, cayó por sorpresa. Decía que si en esos momentos, está o entra alguien alegado de la fe y de Jesús, se queda extrañado, sorprendido y alucinado. Y nada extraño que comente en sus ambientes que estos católicos están locos, pues hacian y decían cosas raras delante del Santísimo.

Sólo por la fe pdemos creer en Jesús, vivo, presente y Resucitado, bajo las especies de pan y vino. Sólo Jesús puede transformar nuestro pobre y limitado corazón, en un corazón de niño que cree lo que su Padre le dice.

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