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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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miércoles, 12 de septiembre de 2012

¿NO ME CONOCES? ¿ENTONCES...

 - Jesús le replica: “Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me
por qué no me saludas? Soy hijo de Dios, hermano de Jesucristo y coheredero por su mérito, junto contigo de la Gloria de nuestro Padre común. Padre nuestro y Padre de todos los hombres.

Por eso me extraña que habiendo terminado de celebrar una Eucaristía saludes a estas personas y me ignores a mí que estoy con ellas. Sí, sé que no ha sido intencionado, pero deberíamos tener más cuidado y estar más atento a amar, porque eso es amar: "estar atento a la presencia y necesidades del otro".

¡No, no es un cuento!, es algo que me acaba de ocurrir al terminar la Eucaristía de hoy lunes (10/09), y precisamente con el sacerdote que la había celebrado. Y no es que le acuse, simplemente quiero traer a esta humilde reflexión este simple detalle.

Porque, momento antes, estamos todos juntos alrededor del Hijo, en, con y por Él ofreciendo al Padre nuestro sacrificio, y luego a los pocos minutos nos juntamos en la calle y no nos conocemos. Sí, es posible que no tengamos un conocimiento personal, pero, ¿no nos basta con sabernos hermanos en Xto. Jesús? ¿Al menos para mirarnos y darnos un respetuoso saludo?

Esos pequeños detalles pasan desapercibidos y tienen su gran importancia, porque el amor, entre otras cosas, se compone de pequeños detalles, de una simple y agradable mirada, de un cordial y desinteresado saludo, de un apretón de manos o de una disponibilidad a saludarte, escucharte y atenderte.

Si no hay acercamiento no hay posibilidad de comunicación. Y si no hay esa posibilidad, no se podrá transmitir que somos hijos de un mismo Padre, y que por lo tanto somos hermanos, y que sirviéndonos y amándonos estamos haciéndolo con ese Padre que nos ama en la medida que nosotros también amemos.

Por eso, queridos compañeros, empezando por mí el primero, estemos atentos, prestos y cuidadosos en el atendernos, el mirarnos, el saludarnos, el escucharnos, el... y así le estamos diciendo al Señor, no sólo que le amamos, sino que se lo estamos demostrando. Amén.

2 comentarios:

  1. En el día de ayer: martes, 11 de septiembre de 2012, después de misa, me subí al autobús de regreso para casa, ya me había sentido, y alguna parada más adelante, volvió a detenerse el autobús para recoger a más pasajero, y en esto sube un hermano, porque es un hermano, pero en Cristo, un mendigo que se pone en la puerta de otra iglesia, se coloca en unos asientos más atrás, per luego, algo sucede por esa parte, que habiendo otros asientos vacíos, se coloca en el asiento vacío, y comienza a hablarme, es una persona que ama al Señor, nos saludamos y hablamos un poco.

    Este hermano necesitado se interesa mucho por Cristo. Cuando me vio días atrás, en la calle, con el crucifijo, se hizo la señal de la cruz, por su amor a Cristo.

    Luego, por otra parte, también yo he pasado sin saludar a algún sacerdote, en la calle, me llamaba, y se detenía, entonces sí, les saludaba, porque suelo ir por la calle, sin fijarme en nadie.

    A veces, otros casos, como me ha sucedido, que mi mirada, de pronto, se fijaba en una hermana, precisamente, porque vestía, como un hábito penitente, no era religiosa, sino seglar, la vi varias veces.

    No suelo fijarme en la gente como decía, pero cuando alguien lleva a Cristo en su propia vida, es como si mirada fuera hacia esa dirección. Un sacerdote con sotana o clerman, una religiosa, religioso con su hábito dignamente llevado, son verdaderas bendiciones de Dios, y les necesitamos, pues indican que Dios está con nosotros, que Cristo camina en nuestro lado.

    Hay personas que me conocen, me saludan, y otras no lo hacen, pero cuando no lo hacen, yo me siento aliviado, porque tengo al Señor que está conmigo, como también lo está contigo, Salvador, y Él te conoce mejor que nadie, y a cada uno de todos nosotros, y esto sí que lo valoramos en el Espíritu del Señor. La Santísima Madre de Dios también nos conoce.

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  2. Mi buen hermano, y amigo Salvador, feliz día en Cristo Jesús y María Santísima.

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