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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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viernes, 13 de julio de 2012

SI BUSCAMOS LA FELICIDAD, ¿POR QUÉ NO VAMOS A SER FELICES?

Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos...
Sería absurdo y descabellado pensar de otra forma. Jesús nos promete ser felices ya, y "ya" quiere decir desde este momento, aquí y ahora. No significa otra cosa, sino lo que realmente quiere decir. Y eso coincide con lo que cada uno de nosotros quiere, piensa y desea.

El creyente busca porque quiere encontrar lo que desea. Y lo que desea es acabar con la tristeza que en este mundo, tarde o temprano, le amenaza. Sabe, por propia experiencia, que en las cosas que este mundo le ofrece no se haya la felicidad. Lo ha experimentado, y lo experimenta en la realidad que contempla a su alrededor.

Conoces a muchos, cuando no por su propia experiencia, que hipnotizados por los espejismos que este mundo le presenta, pronto vislumbran que la realidad es otra. Vale más tarde que nunca, descubren que detrás de las ilusiones se encuentra el vacío, porque todo lo que nos mantiene nuestra ilusión es vano, efímero, caduco y sin sentido.

Se pierde nuestra mirada, no encuentra ninguna referencia que le dé sentido a su vida. Las cosas son eso, simplemente cosas. No van más allá del mero hecho de darte algo de felicidad fugaz, temporal, con fecha de caducidad. Pero, ¿y luego?, porque hay un luego. Aquí no termina. ¿Qué pasará después? ¿Qué me espera?

Volvamos a la Palabra de Dios, la que nos puede indicar el camino. En la 2ª carta a los Corintios leemos (8,7.9.13-15): Hermanos: Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. 
Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad.
Es lo que dice la Escritura. "Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba".

Creo que San Pablo nos deja el criterio muy claro, y más ahora en estos tiempos de crisis. La necesidad de compartir está descubierta.

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