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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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jueves, 8 de marzo de 2012

¡DIOS MÍO, ESTÁN CIEGOS!


Sentado delante de la tele. No suelo verla mucho, pero si me interesan las noticias y los comentarios de lo que sucede a mi alrededor. Estaba encendida y Berta, mi mujer, me llamó la atención sobre un matrimonio con dos niños gemelos singulares, pues mientras uno lucía un estado normal, el otro, aun destacando por su vitalidad y la alegría propia de los niños, yacía sentado en una silla de ruedas, aunque eso no le impedía jugar y moverse de aquí para allá, claro, con la silla.

Eran gemelos, pero diferentes, tanto en estatura como en salud. Sin embargo, ambos lucían la sonrisa y la alegría tanto en los labios como en sus ojos y cara. Sus gestos desenfadados y alegres ignoraban las diferencias, y también, eso lo pongo yo, el peligro posible que habían poder corrido.

Porque, tal como están las cosas hoy, sus padres podían haber elegido dejar vivir a uno sólo, y condenar al otro a morir. No cabe en ninguna cabeza pensar esto al presenciar y ver a ese niño jugando, loco de alegría junto a su hermano. No es posible entender ni pensar que unos padres se puedan plantear eso. 

Y si lo hacen es porque todos nosotros, la sociedad, les empujamos a hacerlo poniendo en tela de juicio que el ser humano lo es en el momento de la fecundación. No después ni en otro momento más tarde, sino en ese momento preciso quedan todas sus características, que componen el ADN de una persona humana, ya nacida en el seno de su madre.

Es terriblemente trágico pensar que muchos niños como ese hayan sido condenados a morir por nacer con alguna anomalía. O incluso otros que, sin tener ningún impedimento, hayan sido víctima del bienestar, la comodidad o la usencia del sacrificio y el amor.

Sin embargo, verlos correr, saltar de alegría y llenos de esperanza, delatan a todos aquellos que continuan matándolos simplemente por evitarse problemas. La vida es la vida, no solo un derecho, sino lo que cualquier ser humano tiene, su vida. Y eso, su vida que nadie se la ha dado, en todo caso han colaborado o se han servido del placer sexual, nadie está facultado para quitársela.


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