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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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viernes, 23 de septiembre de 2011

HAY RAZONES QUE NO SE PUEDEN NEGAR

1000 RAZONES para CREER
No hace falta explayarse mucho, ni mantener una defensa a ultranza, sólo, simplemente sólo observar quienes somos y a dónde vamos y preguntarnos, pues, qué hacemos por aquí. Así de sencillo, para descubrir que por encima de las cosas de este mundo y de otros, si los hay, hay Alguien a quien no podremos entender nunca, que está muy por encima de nosotros y los otros, y que, una prueba ha dejado, nos quiere mucho por cuanto nos promete la eternidad plena.

¿Por qué me atrevo a decir que nos promete la felicidad plena? Porque sin que nadie me lo haya dicho, es lo que siento y quiero voluntariamente alcanzar. Y creo que tú también, ¿no es así? Todos queremos ser felices y eternos, y renunciar a la existencia de un DIOS que nos ama y nos ha prometido eso, creo que es contrario a nuestra propia esencia de persona. Por eso defiendo que DIOS, mi DIOS, existe y vive.

Ahora, otra cosa diferente es creer que ese DIOS es el PADRE, JESÚS de Nazaret es la Segunda Persona, el HIJO, y el ESPÍRITU SANTO es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Ahí pueden haber muchos que no lo creen. Conozco a muchos amigos que así lo entienden. Sin embargo, JESÚS de Nazaret es un Personaje histórico y extraordinario. De ÉL se ha escrito inmensamente, y su pensamiento no ha dejado, después de 2011 años de ser tan vigente como cuando lo anunció.

Nunca he tenido ninguna duda. Sí, como humano me asaltan, pero no las mantengo. Me rindo humildemente a sus pies. No sabría caminar ni a donde ir sin ÉL. Hace más de treinta años lo grité en una reunión carismática sin saber muy bien lo que decía, pero lo dije: JESÚS, eres un Tío chachi, no sabría vivir sin TI. Ahora no me extraña que esas mis torpes y humildes palabras fueran impulsadas por el ESPÍRITU SANTO.

Y hay una cosa que cada día la tengo más clara. JESÚS, hoy, no ayer, me dice que lo que busco, que lo siento dentro de mí, ÉL me lo ofrece de parte de su PADRE. Su PADRE, que ÉL me lo ha venido a presentar para que lo conozca, me dice que quiere darme eso que siento dentro de mis entrañas: "ser feliz eternamente", y que si yo quiero, confía en mí, me repite JESÚS, ÉL me lo puede dar por encargo de su PADRE. Sólo tengo que confiar y dejarme llevar. La misión parece difícil e imposible, pero en ÉL todo es posible. Sólo es cuestión de creer.

Es curioso. Hace falta hacer un esfuerzo descomunal, que sólo los niños hacen de forma muy sencilla y espontánea. A los adultos nos cuesta mucho más. Pero, resulta que es lo que precisamente quiero y quieren todos. Esa coincidencia que sepa realmente lo que quiero me hace pensar que ÉL es el dueño de la vida y la muerte, y de que, precisamente por eso me la ofrece, ÉL me la puede dar.

Y por esa razón quiero creer, me empeño en creer. ÉL me dará luego, si quiere y lo ve así, no soy nadie para preguntarle, la gracia de la fe. Porque sólo lo que busco puedo esperarlo en ÉL. Ningún otro me la ha ofrecido y ofrece. Nadie se atreve a prometerlo. Y, también resulta, que ÉL todo lo que ha prometido, tanto profetizado en ÉL como prometido por ÉL, se ha cumplido. Desde luego, no es como los políticos de ahora, su Palabra es Palabra de vida eterna.

Siempre está pendiente de mi, de mis problemas. Tiene respuesta para todo y me acompañará donde nadie podrá ir conmigo, a mi propia muerte. Sin lugar a duda, vale la pena vivir con esa esperanza que te colma de paz y alegría y te hace ya feliz. Por eso, con todos mis respetos, me apena aquellos que no creen en ÉL, porque pensando así sólo les espera la muerte y la desolación. El fracaso de la vida es morir.

Y peor y más absurdo es creer en la reencarnación, pues eso si que no tiene fundamento ni razones para creerlo. Su fundamento está apoyado en arenas movedizas que se hunden sin ninguna razón para creerlo. Todo son conjeturas y falacias. Por el contrario, JESÚS de Nazaret se apoya en la Resurrección, vive y está entre nosotros, incluso entre aquellos que todavía lo rechazan. Eso nadie lo puede negar. Sí, son libres para no creerlo, pero no lo pueden negar.

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