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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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domingo, 15 de mayo de 2011

EN NUESTRO PROPIO CAMINO


La vida da muchas vueltas, ¡y tantas! que llega un momento que ni nosotros mismos nos reconocemos. En ese girar y girar hemos experimentados muchos miedos y temores, pero también firmezas y seguridades. Sin embargo, a pesar de todo eso, el horizonte de compartir un día la muerte con JESÚS nos llena de turbación y de miedo, sobre todo cuando observamos cómo el mundo se hunde en el caos y la muerte.

No llama a la esperanza el rumbo que el mundo va tomando. Ahora, en puertas de unas nuevas elecciones municipales y autonómicas, las disputas por ganar poder y autoridad están por encima de los intereses del bien de las personas. Nada importa con tal de alcanzar la meta del poder. Poder y poder para enriquecerse, para implantar tus ideologías, para matar por egoísmos, para dominar a los demás a tu antojo...etc.

En un mundo así, te asustas y sientes miedo. Tu fe y esperanza empiezan a perderse y sientes miedo de perecer. No comprendes tanto terror y tanta guerra; no entiendes como se puede matar a niños inocentes y no pasa nada. Es el caos, la indiferencia, el sálvese quien pueda. Y JESÚS camina sobre las aguas, y nos da prueba de su poder sobre el mundo, pero sientes miedo, no entiendes como permite que pasen estas cosas.

Sin embargo, todo estaba y está previsto (Salmo 9, 7: "El enemigo acabó en ruina perpetua, arrasaste sus ciudades y se perdió su nombre). Al SEÑOR no se le escapa nada y todo está sometido a sus pies. Si pasan es por algo y para algo. Nada sobra ni pasa sin un por qué. 

“Cuántas veces nuestra vida se parece a esa barca "zarandeada por las olas a causa del viento contrario". La barca zarandeada puede ser el propio matrimonio, los negocios, la salud... El viento contrario puede ser la hostilidad y la incomprensión de las personas, los reveses continuos de la vida, la dificultad para encontrar casa o trabajo. Quizá al inicio hemos afrontado con valentía las dificultades, decididos a no perder la fe, a confiar en Dios. Durante un tiempo nosotros también hemos caminado sobre las aguas, es decir, confiando únicamente en la ayuda de Dios. Pero después, al ver que nuestra prueba era cada vez más larga y dura, hemos pensado que no podíamos más, que nos hundíamos. Hemos perdido la valentía.

Y se nos empina el camino; se no hace difícil y duro recorrerlo. Incluso pensamos abandonarlo, apartarnos a un lado, dejar el blog, terminar con nuestra perseverancia y esperanza; someternos al mundo y a sus leyes y criterios; abandonar la lucha. No podemos más, nos decimos, y deseamos ardientemente dejar de caminar. Pero...

Este es el momento de acoger y experimentar como si se nos hubieran dirigido personalmente a nosotros las palabras que Jesús dirigió en esta circunstancia a los apóstoles: "¡Ánimo!, que soy yo; no temáis".”

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