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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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viernes, 8 de abril de 2011

¡CONDENADO!

Primera Estación: Jesús es condenado a Muerte.

Simplemente así, condenado antes de poder siquiera tener nombre. Indudablemente, para DIOS, su Buen e Infinito PADRE, lo tiene, pero para sus padres de la tierra y para el mundo, al que tiene derecho a conocer, no le permiten saberlo ni tenerlo. Es un condenado a "muerte permitida", esa que todos permiten, valga la redundancia, y toleran resignadamente, pero nadie comparte ni la acepta en lo más profundo de su corazón.

Es una condena por conveniencia: no es momento; no estoy preparad@; ahora que tengo trabajo su vida es muy inoportuna; estoy sola y no tengo a nadie, por lo tanto es una carga; no lo tenía pensado, quiero primero vivir y disfrutar de la vida, así que... E innumerables razones más que, ¡ninguna! justifica la condena a muerte de un ser humano. Y lo único que podemos hacer, a parte de denunciarlo, manifestarnos y proclamar el derecho a la vida, es rezar.

Rezar para que la luz se haga en muchas personas, como ocurrió con el Dr. Bernard Nathanson, que defiendan la vida y que acaben con esta cultura de la muerte. Muchos son los inocentes que, arrastrados por los que deciden, seducen y engañan, se ven envueltos en esta ola de crímenes permitidos pero no aceptados. 

La vida es un don que nadie tiene derecho a quitarnos, y hablo de la vida humana y terrenal, porque la del alma, la verdadera y eternamente gozosa y feliz, nadie nos la puede quitar. Pertenece a DIOS, también la humana y terrenal, pero en la del alma sólo DIOS actúa y no permite intromisiones. 

No tengamos miedo de denunciar, de descubrir y de estar presente con nuestro testimonio, por los medios que podamos, como hacen estos compañeros que a continuación describo, porque la vida es de DIOS y aunque ellos arrebaten la humana, nuestro PADRE, en XTO, JESÚS, la Resucita para "Siempre", en cuerpo y alma.

Abortorio Triana: la mirada del miedo

Lunes 4 de abril de 2011 10:11h 

 

De todas las miradas, la que más duele es la de la chica de la camiseta amarilla. Salió primero un chaval y cruzó, después salió ella y se metieron en la mismo coche.
Nos miraba mientras esperaba para cruzar. Tenía cara de ansiedad y llevaba en la mano un sobre blanco, un fino sobre blanco en el que probablemente venía esa información que dan para que reflexione durante tres días.

No sé si quería decirnos algo, no sé cómo se rescata a alguien que piensa que no hay más opciones, lo único que sé es que sus ojos no estaban vacíos, estaban llenos de miedo.

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