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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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sábado, 15 de enero de 2011

LA PRESIÓN PUEDE SER OCASIÓN DE MUERTE

El ciclista Alberto León es hallado muerto en su domicilio

Yo no hago mal a nadie, no robo, no mato, ni deseo mal. Incluso, si puedo ayudo a cualquier persona que necesite algo que yo pueda darle. Estas palabras están en boca de mucha gente, de todas, diría, y seguramente la hemos oídos muchas veces al invitar a alguien a cambiar, a tomar un giro nuevo en su vida.

No necesito cambiar, es la respuesta más común escuchada a la invitación de reflexión, al conocimiento de uno mismo, a la búsqueda de lo que deseamos: "La felicidad". Nos autodifinimos felices, suficientes, sin necesidad de nada. Damos gracia, eso sí, a la vida por lo bien que nos ha tratado y se hace difícil encontrar, en una mirada superficial, problemas en la vida de cualquier persona.

Sin embargo, si escudriñamos un poco salen enseguidas más problemas de los que esperamos y conocemos. Si vamos analizando nuestra vida tanto exterior como interior nos apercibimos de mucha inmadurez, limitaciones, vanidad, egoísmos, actitudes que denotan una preocupación egoísta, que generan violencia, encienden venganzas, enfrentamientos, envidias...etc.

El desconocimiento de uno mismo genera soberbia y una persona ensoberbecida actua de forma egoísta y enfrentada a los demás. Porque la soberbia te hace suficiente, más que el otro y te enfrenta al otro, te engríe y te pierde. Todo lo contrario que la humildad y sencilles, que te acerca, comparte y acepta tus propios errores y fallos.

Y todo eso te conduce a la desesperación y desesperado caes en la depresión y de ahí a quitarte del medio sólo hay un pasito (ver aquí). Hemos reflexionado mucho sobre estas conductas humanas, pero mientras no nos toque muy cerca no caemos en la importancia y realidad de ellas. Es por lo que nos sirve, para alumbrarnos y despertar a la realidad el triste suceso acaecido a Alberto León que nos señala que estas cosas que reflexionamos no están desencarnada de nuestra propia realidad.

El desconocimiento de DIOS genera desesperación, porque cuando todo está apoyado en las cosas de este mundo, todo se desmorona cuando hemos caído en la trampa de la vanidad, del placer, de las riquezas, de lo fácil, de lo cómodo y rápida ganancias para el disfrute y... Una enfermedad, un meternos en actos de mentiras, de fraudes, de viciós, de... generan situaciones que nos llevan al precipicio y, si no hay más, desesperados, nos lanzamos al abismo poniendo fin a nuestra vida.

Siempre, como el hijo prodigo, hay esperanza para aquel que cree en su PADRE del Cielo, porque la principal caresteristica de DIOS es su Misericordia, por eso nos ama tanto, y por eso estamos y esperamos ser salvados. Nunca harémos méritos para poder merecer nuestra salvación. Todo es debido a su Misericordia. Por eso, cuando estamos en sus Manos y confiamos en su Misericordia, podemos alcanzar la serenidad, la tranquilidad, el sosiego y, puestos en su presencia, aceptar nuestros fallos, nuestra miserable vida y confiar que en ÉL podemos alcanzar la paz y el perdón.

El sentido de nuestra vida cobra una dimensión de esperanza, de gozo en el perdón y Misericordia de nuestro PADRE DIOS. Seguro estoy que la vida de Alberto León hubiese tomado otro camino, como la pueden tomar todos aquellos que se sientan imputados por sus debilidades y fallos. Delante de DIOS sólo hay comprensión, abrazos y amor Misericordioso para acoger y perdonar a los que quieran aceptarlo. 

Eso fue lo que hizo Dimas, el buen ladrón, y ya conocemos la respuesta de JESÚS. Y esa es mi fe, por la que también he superado mis noches tristes, mis fallos y pecados y mis desesperaciones. Confieso que mi propio vaso de agua estuvo también a punto de desbordarse y por mi cabeza pasó esa posibilidad. Por la Gracia de DIOS, no sin aportar esfuerzo y humillaciones, pude encontrar la esperanza y la paz de regresar al camino de la Casa de donde nunca debería haber salido.

Por eso, de no encontrar un PADRE abierto a recibirme, a no culparme, a no recriminarme, a olvidarse de lo sucedido, de mis culpas, de mis fallos, de mis pecados y... posiblemente no hubiese entrado en la Casa, ni me hubiese decidido regresar. Habría terminado antes.

Y eso debe ayudarnos a pensar que todas esas personas sorprendidas y despertadas de unos sueños irreales, adornados de mentiras, de fraudes, de montañas de cosas caducas, deben ser tratadas con cuidado, asistidas por personas que les den motivos de esperanzas, de que hay un camino de regreso a pesar de lo duro y difícil que puede presentarse, pero lleno de esperanza y de paz.

¿Qué falta hacen los curas o seglares creyentes en JESÚS en estos casos? ¿Cuantas vidas se pueden salvar si hay una atención espiritual interior que de esperanza a este mundo caduco y desesperado? Y, encontraposición, este gobierno nuestro empeñado en desterrar y desaparecer la única vía de esperanza y salvación, "la cruz", donde se pueden agarrar todos aquellos desesperado que por su rumbo extraviado han perdido la esperanza.

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