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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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domingo, 9 de enero de 2011

CONTIGO PODRÉ LLEGAR.

Señor, no permitas que me quede donde estoy. Ayúdame a continuar el camino.

Cada año surgen nuevos retos y nuevas promesas. Siempre que se empieza algo, hay como un deseo de borrón y cuenta nueva, de empezar bien y con disciplina, de no volver a cometer los errores del año pasado, de mejorar, de alcanzar nuevas metas, de ser mejor, de tratar de ser más perfecto, de...etc., un motón de proyectos, de ideas, de... que en el acontecer diario de los días, las semanas y los meses volvemos a olvidar o a dar por imposible, y, poco a poco, volvemos a la misma rutina, a las mismas andadas, a ser el de siempre o incluso peor.

Pasada la algarabía de estos últimos días del año pasado, y las ilusiones y fiestas de los primeros del que empieza, todo cobra su ritmo normal y comienza a situarse de nuevo en su acontencer diario. Y los propósitos del nuevo año se empiezan a ver con los ojos de la realidad. La situación no ha cambiado y la ilusión vivida me ha empujado a gastar quizás más de lo debido. Una mirada al futuro y todo está negro, pesimista, sin horizonte. Lo prometido se hace duro y difícil de soportar. Las pruebas se nos hacen cuesta arriba y largas. El largo recorrido del tiempo se nos empina y nos cansa antes de empezar. ¿Cómo vamos a soportar este año?

Todo antes de empezar está vencido y nos disponemos a olvidar lo prometido, lo deseado, las ganas de vivir un año diferente y positivo. Sin embargo, renace la esperanza porque TÚ, SEÑOR, no te has ido, ni eres una ilusión. TÚ, que naciste pobre, sigues ahí, de pie, con esperanza, con firmeza, sin inmutarte, seguro de que vencerás y dispuesto al recorrido. Tienes fe ciegas en tu PADRE, y sabes que con ÉL, todo se andará y se terminará en victoria, en triunfo.

Y me lo ofreces a mí, me lo transmite y me lo propones. Me aconsejas no mirar mucho hacia adelante, sino vivir el presente, el pan de cada día, lo de hoy, el ahora, la necesidad presente y olvidarte de la de después. El PADRE proveerá y nos dará lo que vayamos necesitando cada momento. Ten fe y confianza, y empieza el camino.

Y experimento que así ha sido. Son siete años y medio de camino, de incertidumbre que, de mirarlos a lo largo, no hubiese podido alcanzar. Sin embargo, agarrado al SEÑOR en cada instante, de la mano de mi Madre María, y junto a los hermanos, guiado por el ESPÍRITU SANTO, el camino se hace llevadero, se recorre, se termina. 

Y así quiero empezar este nuevo año. Fuera promesas, fuera propósitos, fuera proyectos. Mis proyectos son los Tuyos, SEÑOR; mis caminos son los Tuyos, SEÑOR, y mis deseos son los Tuyos, SEÑOR, de forma que no tengo que pensar, ni preocuparme, ni angustiarme, sino estar pendiente de tus pasos, de tus señales, de tus ordenes, y, poco a poco, irlas recorriendo contigo, sin soltarme de tu Mano, y agarrado al manto de tu Madre, también mi Madre por tu Gracia, y con los hermanos que siguen como yo esa ruta. Seguro SEÑOR que de esa forma llegaremos al año próximo, y sin no es así, seguro que estaré aún mejor porque me habrás invitado a tu Casa, a tu presencia y, en ningún otro sitio se puede estar mejor.

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