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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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miércoles, 1 de diciembre de 2010

TODOS QUEREMOS HACER EL BIEN, ¿NO ES ASÍ?

Hacer el bien a los demás posee dos virtudes económicas

Todos deseamos hacer el bien, porque, independiente de nuestros sentimientos, tenemos plantado en nuestro corazón la semilla del bien. De tal forma que, cuando lo hacemos, sentimos paz, satisfacción y un gozo inmenso. Nos sentimos, en esos momentos, orgullosos y muy bien con nosotros mismos. 

Esa experiencia la hemos experimentado todos, y experimentamos, valga la redundancia, que cuando la vivimos y realizamos nos sentimos gozosos y felices. Y, precisamente, en eso consiste el ser libre: "abrazar el bien". La libertad es abrazar el bien y, para ello, se necesita saber dónde y cómo podemos hacer bien.

Esa reflexión despierta el nacimiento de una pregunta en nuestro interior: ¿Quién realmente sabe dónde está el bien? O dicho de otra forma: ¿Quién no se equivoca nunca? Porque eso es lo que todos deseamos, "no equivocarnos nunca", y siempre elegir bien. Porque cuando elegimos mal, lo pasamos mal, y eso nadie quiere vivirlo y trata de evitarlo.

Navegando en este sentido concluimos que saber, conocer y elegir bien es lo que nos hará libre, y no al revés, como alguien ha dicho. No es la libertad la que nos hace verdadero, sino la verdad, el saber elegir lo bueno lo que nos hace libre. Por eso decimos y proclamamos que la libertad consiste en abrazar el bien.

Y se es más libre en la medida que vamos descubriendo donde está el bien y haciéndolo presente en nuestra vida. Porque esa es nuestra meta, conseguir liberarnos de todo apego, de todo vicio, de todo sometimiento en hacer lo que no queremos hacer.

¿A quién no le cuesta levantarse todos los días de la cama? ¿A quién no le cuesta realizar su trabajo cada día? ¿A quién no le pesa trasladarse, hacer ejercicios, incluso, en determinados momentos, hasta comer y...etc. Todo nos cuesta esfuerzo y nuestra vida se transforma en un combate constante por conseguir liberarnos de esas tendencias que nos impulsan y arrastran a abandonarnos y sumirnos en la indigencia de no hacer nada.

A los seres vivientes irracionales les cuesta menos, precisamente porque no son libres y sus actos y esfuerzos están determinados y dirigidos por sus instintos de forma irrevocable. No pueden negarse. Pero nosotros sí, y podemos hacer lo contrario a lo que nos beneficia y debemos hacer. Por eso podemos negarnos a seguir y hacer el bien, pero cuando lo hacemos estamos alejándonos de ser libres y sometiéndonos a la esclavitud.

Necesitamos, lo vemos claro, la ayuda de Alguien que sepa guiarnos, que quiera guiarnos por el camino de la Verdad para conseguir liberarnos y ser libres. Y también la firme voluntad de dejarnos guiar a pesar de sentirnos arrastrados por nuestros apegos  carnales e impulsos egoístas. Todo eso nos somete no nos libera. Y eso lo sabemos todos, aunque muchos lo queramos obviar y esconder, y otros lo tengamos tan oculto y enterrado en nuestro corazón que no podamos verlo.

La pregunta ahora es la siguiente, cae por su propio peso:  ¿Quién nos puede guiar? Sabemos por experiencia, unos dos mil diez años de recorrido, que no hay nadie, por lo menos en este mundo y hasta la fecha, que lo hay hecho bien y que nos de la confianza plena de seguirle. Y a los hechos y situación en la que nos encontramos  me remito. Una simple observación a nuestro alrededor y no sabemos si hemos avanzado o retrocedemos.

Nuestros dirigentes son cada día peores, o buscan sus intereses y su verdad, pero no la verdad que nos acoja y sea para todos. Está claro que aquí en este mundo no se encuentra ese dirigente, luego la pregunta queda en el aire, cada cuál piense dónde y quién puede guiarnos.

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