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domingo, 29 de agosto de 2010

EL CUARTO OSCURO


Recuerdo de niño que en casi todas las casas había un cuarto oscuro, al menos, en mi casa lo había, o, por lo menos, se hablaba de eso en muchos cuentos y películas que uno se lo imaginaba en su propia casa. Recuerdo también que de niños jugábamos a entrar en las habitaciones a oscuras a escondernos y a jugar. Eran las diabluras, tan inocentes, de nuestra época de pequeños.

Pero, siempre, el cuarto oscuro ha sido como un mito en las generaciones precedente como las inmediatas posteriores a la mía. Representaba lo oculto, lo misterioso, lo desconocido y el motor por el que te sentías impulsado a crecer y a conocer.

La vida es un proceso de descubrimientos que se inicia, desde el momento de la concepción, en el seno materno y termina con la muerte física aparente, que no real, porque no se acaba la vida, únicamente termina una etapa para empezar la auténtica y definitiva.

Y el cuarto oscuro representa lo que ansias por descubrir y experimentar para comprobar si responde a tus sentimientos y a tus apetencias. Ansías ser feliz y buscas esa felicidad en el cuarto oscuro de tu vida palpando tus sentimientos, tus apetencias, tus conocimientos, tus sensaciones, tus misterios. Quieres experimentar si puedes ser feliz porque sientes en lo más profundo de tu ser esa inclinación. Empiezas a descubrir que has nacido para eso.

Pero, una vez, que descubres la oscuridad que tapaba muchas cosas, empiezas a experimentar que ese gozo y felicidad que has experimentado termina pronto, tiene fecha de caducidad, y llegada la hora vuelves a tener sed de continuar destapando cosas ocultas a tu joven experiencia y a tu búsqueda incesante. Llegas incluso a desesperar en muchos momentos, y puede ser esta la causa de tantas frustraciones jóvenes que deciden terminar pronto con esa búsqueda.

Nació en mí esta reflexión, que ahora medito a la luz del ESPÍRITU, cuando está tarde, un poco impulsado a hacer ejercicio por la amenazante azúcar, me lancé a correr por la playa que baña los pies de mi casa en Famara. En el trayecto empecé a meditar lo que ocurría a mí alrededor. Muchos jóvenes y no tan jóvenes exhibían sus esculturales cuerpos bañados por la lozanía de la juventud y los exponían a la luz del mercado.

Se diría que, sacados del cuarto oscuro, los mercantilizaban para venderlos al mejor postor. Por doquier muchas ofrecen sus mejores galas y las descubren para el deleite de otros. No hay pudor ni intimidad que guardar. Luego, puesto al desnudo sus flamantes cuerpos, su interior, donde yace lo verdadero e importante, permanece cerrado, anquilosado e inmaduro.

El encanto y la curiosidad satisfecha deja desvalorado y desmotivado aquello que tanto había servido para acercarnos y empezar a conocernos. Porque el envoltorio es la primera atracción, pero no lo más importante, puesto que si lo de dentro no tiene vida ni sintonía con la mía, estamos condenados a hacernos la convivencia imposible.

Observar que ya, lo que antes era un aliciente más de atracción y respeto, hoy es una noticia sin valor y un simple manjar fácil de encontrar y consumir, por lo tanto, la demanda del mercado deja desvalorada la mercancía. Y eso lo observas en que todo sigue igual. No por más destetes y exhibiciones, hay mejores resultados y logros. Al revés, todo empeora, se deteriora y se vulgariza, porque la hartura deja la mente y la espiritualidad (los valores) desplazados y ocultos. En una palabra: "Nos animalizamos".

No se trata de sentirnos heridos ni molestos por estas modas sino por llamar la atención a que nos desnaturalizamos y perdemos los verdaderos valores que nos humanizan y nos desarrollan como personas y nos asemejan a los animales. No tiene ningún sentido ni ir medio semidesnudo o desnudo total, no sirve para nada sino todo lo contrario nos hace más incivilizados y más animalizado, que no avanzado ni pogre. ¿Realmente creen ustedes que eso es de personas más pogresistas?

Y no quiero mencionar las enfermedades y complicaciones que pueden acarrear lucir nuestros encantos para otros y a la intemperie, a pleno sol. Eso lo dejo para los médicos que lo pueden saber mejor, pero que intuyo desde mi ignorancia que no debe ser muy bueno tomarse largos baños de sol como suelen hacer.

Y los resultados están a la vista. Las relaciones de los jóvenes de ahora no son mejores que la de los de ayer, diría que peores, porque los egoísmos son satisfechos y el valor de esas apetencias dan al traste con la vida de muchos inocentes.

No tiene sentido vender mi cuerpo ni ponerlo en un escaparate. La relación no debe empezar por ahí, tiene otra dimensión, porque lo corporal, siendo importante, no es lo más importante ni lo duradero. Volvemos siempre a lo mismo, lo bueno, la belleza y lo verdadero se esconden detrás del respeto, de la renuncia, de la entrega, del servicio, del compromiso, de las convicciones, de lo que realmente marca el camino de la verdad y de lo eternamente gozoso y feliz.

El cuarto oscuro ayuda a ir, sistemáticamente, recorriendo un proceso de maduración y de ir sacando, de la oscuridad, las verdades, sombras y luces, que nos irán conformando y madurando como personas y no como animales. Nuestros instintos están para ser controlados y sometidos. De no hacerlos estaríamos más cerca de los animales que de ser persona, lo que realmente somos. Pero, al parecer, ocurre lo contrario. Dense un paseo y reflexionen al respecto.

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