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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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martes, 22 de junio de 2010

SENTIMIENTO O CONVICCIÓN.


A lo largo de un día cualquiera de nuestra vida hacemos muchas cosas qué, de forma inconsciente o consciente, nos exigen voluntad, esfuerzo y convicción de realizarlas porque sabemos que debemos hacerlas y nos va la vida en ello. Son nuestras respuestas responsables a unos actos que nos auto - exigimos porque sabemos de sus necesidades y de sus conveniencias para nosotros mismos.

En consecuencia, sin apetecernos, sin sentir deseos ni ningún sentimiento que nos motive e incline nos esforzamos en estudiar, en formarnos, en levantarnos a la hora convenida, en superarnos, en mortificarnos para continuar nuestra perfección y aumentar nuestra preparación. ¡Tenemos que prepararnos! nos auto-decimos, y oímos a menudo en boca de la gente. Es algo imprescindible y de lo que no podemos dejar de lado, porque de hacerlo las cosas no nos irían bien y estaríamos muy disconforme con nosotros mismos.

Buscamos lo que consideramos vital y fundamental para nuestra vida, y, lo primero, es el trabajo, porque depende de ello el poder comer, satisfacer nuestras propias necesidades y muchas cosas más. Pero olvidamos que, todas esas cosas que, ¡sí, es verdad!, hoy necesitamos, mañana no tendrán sentido y habrán desaparecido: "son caducas".

Luego, nos equivocamos cuando sólo vemos lo primero, nuestras necesidades, y hacemos de ellas nuestro fin y meta última. Si son caducas y finitas, no serán lo más importante, pues dejarán de existir un día y, la pregunta cae por sí sola: ¿Qué quedará después? ¿Dónde estaremos nosotros?
¿Desapareceremos también?

Nuestros sentimientos más íntimos nos barruntan que no será así. Unos piensan en la encarnación, otros que hay un no se qué... y otros que habrá una nueva vida. Todos esperamos algo misterioso menos dejar de existir. Y los que lo afirman saben que en lo más profundo de su ser se están engañando, y de ponerle en la tesitura de que se definan, dudaran con toda seguridad.

El hombre es un buscador por naturaleza, lleva su impronta de deseo de... y su inquietud estará constantemente en búsqueda, pero ¿en búsqueda de qué? Esa es la pregunta e interrogantes. Y, a poco que se pare y, seriamente, se esfuerce en responder descubrirá que lo que le importa y busca es su propia salvación. Y, claro está, que en este mundo no la encontramos, porque todo lo que nos rodea es caduco. No somos ni y para este mundo. Pertenecemos a otro mundo. Un mundo donde viviremos eternamente gozosos.

Ahora, a diferencia de nuestro mundo terrenal, en ese mundo espiritual que percibimos como ser y parte de nuestro todo, nos exigimos actuar por sentimientos, y cuando nuestros sentimientos no nos acompaña permanecemos pasivos y no nos esforzamos en movernos y actuar. Nos decimos que no hago esto porque no lo siento, o que esto a mí no me dice nada. En términos más exactos justificamos nuestros actos espirituales según nuestros sentimientos, de tal forma que si no sentimos deseos o ganas de rezar, no rezamos. O si no nos nace de dentro ir a la Eucaristía, no vamos. Todo depende de nuestros sentimientos, y si no lo sentimos no lo hacemos.

No ocurre así en nuestro otro mundo, el humano, como hemos reflexionado antes, sino que allí actuamos por encima de nuestros sentimientos, lo hacemos por convicción. Y esa debe ser la actitud que siempre nos empuje y anime a actuar: nuestras propias convicciones, porque los sentimientos pueden ir o venir y, según entren o salgan, pueden motivarnos a una u otra cosa.

Cuando rezo o participo en la Eucaristía debo, por encima de todo, hacerlo por convicción, porque creo que DIOS es mi PADRE, que me quiere, y desea mi salvación. Y cuando rezo, por la misma razón, debo exigirmelo por convicción, porque sé que mi PADRE DIOS me escucha, me atiende, se preocupa por mí. Y porque, algo dentro de mí, me dice que mi gozo y felicidad está en ÉL.

No son los sentimientos los indicadores de nuestras actuaciones, sino al contrario, es nuestra razón la que debe movernos a controlarlos, por eso hemos sido dotados de libertad y voluntad, para responder responsablemente. Y nuestra razón nos indica a todos que DIOS existe, y que si existe debe de decirnos como y qué debemos hacer para responder a su Amor, y no dejarnos a nuestros propios sentimientos y convicciones limitados y ciegos.

Por eso, nuestra razón, también nos dice que en JESÚS, su HIJO, tenemos el Camino, la Verdad y la Vida. Porque fiarnos de la verdad de los hombres no nos convence a nadie. Ellos se van, cómo nos ocurrirá a todos, y los que aquí continúan, hasta su hora, necesitamos que nos guíen para encontrar el camino. Y sólo JESÚS, que Resucitó nos puede guiar.

2 comentarios:

  1. Interesante artículo Salvador, se nos olvida que los sentimientos no son nada sin la voluntad. De otra forma seríamos hojas al viento.
    Saludos afectuosos. Hilda

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  2. Los sentimientos que nos entran,sin poderlo remediar, son buenos pero también sentimos los malos. Es, entonces, cuando nuestra voluntad y según nuestras convicciones debe actuar para someterlos al bien.

    Gracias por tu visita, querida amiga, y un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

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