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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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jueves, 5 de marzo de 2009

El día de la mujer y los malos tratos.


En el transcurso de mi camino, me he tropezado con los preparativos para una proclamación de los derechos de la mujer. Es el domingo el día elegido para su celebración. Mientras pasaba de prisa hacia mi destino, esos preparativos suscitaron en mí la siguiente reflexión: defender los derechos de la mujer no debe limitarse a una visión de desigualdades, sino también a una visión de igualdades.

Trataré en mi reflexión, vivenciar lo que quiero significar con desigualdades e igualdades. Para poder partir de una realidad tangible y cercana, me voy a referir a un artículo que leí en Alfa y Omega sobre "pedagogía de buen ginecólogo". Llega una mujer muy asustada al consultorio de su ginecólogo, y le dice: doctor, por favor, ayúdame, tengo un problema muy serio. Mi bebé aún no cumple un año y ya estoy de nuevo embarazada. No quiero tener hijos en tan poco tiempo, prefiero un espacio mayor entre uno y otro...

El médico entonces le preguntó: muy bien, entonces ¿qué quiere que yo haga? Ella respondió: deseo interrumpir mi embarazo y quiero contar con su ayuda. El médico se quedó pensando un poco y, después de algún tiempo de silencio, le dijo a la mujer: creo que tengo un método mejor para solucionar el problema y es menos peligroso para usted. La mujer sonrió, pensando que el médico aceptaría ayudarla.

Vea bien, señora, para no tener que estar con dos bebés a la vez en tan corto espacio de tiempo, vamos a matar a este niño que está en sus brazos. Así usted podrá descansar para tener el otro, tendrá un período de descanso hasta que el otro niño nazca. Si vamos a matar, no hay diferencia entre uno y otro de los niños. Y hasta es más fácil sacrificar éste que usted tiene entre sus brazos, puesto que usted no correrá ningún riesgo.



La mujer se asustó y dijo: ¡qué horror! ¡Matar a un niño es un crimen! También pienso lo mismo, señora, pero me pareció usted tan convencida de eso, que por un momento pensé en ayudarla. El médico sonrió y, después de algunas consideraciones, vio que su lección había surtido efecto. Y hasta ahí quería llegar. ¿Dónde empiezan los derechos y donde los deberes? ¿Cómo se puede defender mis derechos a la igualdad y, pisotear los derechos de otros, en este caso los niños, que irresponsablemente le hemos dado la posibilidad de venir a la vida?

¿Es esto un día de reivindicaciones justas y con la misma igualdad de derechos? ¿Derechos para uno y muerte para otros? ¿O no huele esto a electoralismos e intereses partidistas sin importar la dignidad de la persona, en este caso los niños que viven en el seno de sus madres? Hay una y mil preguntas que hacernos y meditar antes de ponerse delante de un micrófono a lanzar verdades a medias y reivindicar sólo una parte y no una integridad que abarca, no sólo a derechos, sino también a deberes.

Somos iguales para unas determinadas circunstancias, pero antes otras no admitimos el derecho de otros y nos proclamamos desiguales, porque si los niños no tienen derecho a nacer, sino cuando las madres quieran, estamos proclamando que no tienen ningún derecho, sino el que las madres querrán darles. Por lo tanto son desiguales. ¿Y esto es lo que nos proponemos a celebrar dentro de unos días: "derechos para uno y muertes para otros"? Da miedo decirlo, pero bien pensado es lo que celebramos.

La conclusión que sacamos es que frente a la pedagogía del buen ginecólogo, nos encontramos con la antipedagogía del político interesado sólo en su beneficio electoral, sin importarle el bien común de la sociedad. Como dice Juan Manuel de Prada: a estas alturas, ya son muchos cientos de miles de mujeres, lo corriente no es lo normal, que han abortado..., y han generado en el círculo de sus allegados un natural movimiento de solidaridad o comprensión.

A estas alturas, ese círculo de allegados ya ha alcanzado el rango de mayoría social: pocas serán las familias españolas que, en un grado de mayor o menor proximidad, no cuentan entre sus miembros con una mujer que ha abortado. Y a esa mayoría social le incomoda que, de algún modo, se le pueda considerar cómplice o encubridora de un crimen. De ahí que los impulsores de esta despenalización del aborto pongan tanto énfasis en que no se puede criminalizar a la mujer que aborta.


En honor a la verdad, ninguna de las mujeres que han abortado en estos años ha ido a la cárcel ni ha sido criminalizada por la ley; pero allá donde la ley no alcanza, gravita el peso de la culpa. Y lo que se pretende con esta despenalización del aborto es, precisamente, lavar ese peso de la culpa...mediante una suerte de amnistía psicológica. Así, nuestros gobernantes aparecerán ante esa mayoría social como quienes lavaron su conciencia de escrúpulos morales; y esa mayoría social, aliviada, se lo agradecerá en las urnas.

Por éstas, yo coincido totalmente con Juan Manuel de Prada, que continua, y otras razones, es tan necesario hoy formar a "una nueva minoría dirigente que entienda que no hay otro proyecto más capital que engrandecer la patria de todos y ponerse al servicio de la comunidad, sin afectación y sin autoservirse..., un amplio grupo de dirigentes en todos los órdenes, cuya bandera y enseña sea el servicio al Hombre y al Bien común.

Los padres tienen el derecho de ser responsables y no jugar con la vida de los seres que, por el capricho egoísta del disfrute sexual y a su libre albedrío, sacrifican la muerte de muchos inocentes que jamás verán la luz a la que han sido llamados.

4 comentarios:

  1. Es que en ese afán de buscar una igualdad que no existe (los hombres y mujeres no somos iguales, tenemos los mismos derechos al trabajo, trato, estudio, etc., pero físicamente, social, emocionalmente, etc. somos diferentes), en aras de eso las mujeres han copiado los mismos defectos que criticaron en los hombres: vicios, promiscuidad, vejaciones, etc.
    No hay duda que a veces las mujeres son las enemigas de su propio sexo, y el resultado está ahí: aborto, homosexualidad, eutanasia, todo para acabar con elemento base de la sociedad: la familia y por tanto de la humanidad.
    Saludos. Hilda

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  2. Salvador, coincido contigo en todo. Aunque aún no se reconoce jurídicamente el “derecho” a abortar, ninguna de las mujeres que han abortado en estos años ha sido criminalizada por la ley, y todos sabemos que en España se aborta mucho más de lo que se dice. Se superan los plazos, se hacen trampas a la ley, los médicos firman certificados afirmando que existen problemas psicológicos sin haber estudiado el caso, etc.

    Además de hacer sonar nuestra voz a través de Internet u otros medios, es importante unirnos e intentar con nuestro voto dar voz a líderes capaces de defender lo que el Papa llama principios irrenunciables, como son la defensa de la vida, la familia, la libertad de enseñanza y el derecho de los padres a ser los primeros educadores de sus hijos, y la búsqueda del bien común. Esto último, quiere decir que el Estado está al servicio de la sociedad y no al revés. Quien gobierna no está ahí para hacer su voluntad, sino para buscar el bien común, protegiendo a todos, fundamentalmente, al más débil.

    La situación en España es muy difícil por lo siguiente: aquí hay dos partidos mayoritarios, y los dos admiten el aborto. El PSOE quiere la nueva ley de plazos, el aborto libre, el reconocimiento del “derecho a abortar” y el PP, votado mayoritariamente por católicos, acepta la criminal ley vigente argumentando que tiene un “gran consenso social”.

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  3. eligelavida estoy contigo y me sumo a ti. Ya somos dos. Tú y yo estamos dispuestos a dar nuestro voto y a hacer campaña a el grupo católico que esté dispuesto a defender la vida y los derechos de las personas según la Ley Natural y la Palabra de DIOS. Desde aquí, empeñemosno el proclamar esto y animar a nuestros lideres católicos a aunarnos y proclamar la defensa de los derechos auténticos y verdaderos de la persona humana y su dignidad.
    Un abrazo.

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  4. Hilda pensamos de la misma forma y también pienso que en tu patria, Méjico, deben empezar a hacer lo mismo: fortalecer un sólo partido católico para hacerlo fuerte en el Parlamento y luchar en defensa de la vida. Así donde primero empiece será testimonio y motivación para que suceda en otros países.
    Un abrazo.

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