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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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domingo, 14 de diciembre de 2008

El valor didáctico del juguete.

En los comentarios del artículo el juguete, creo que fue el de Hilda, surgió en mi otra aplicación que contiene en sí el juguete. Y es su valor didáctico. Recuerdo que, en mi época, fui un niño conflictivo en esos momentos. No exteriorizaba mis sentimientos, pero llegué a sufrir al no aceptar de buen agrado el juguete que tenía delante.
Y no se trataba de estar a disgusto y no aceptarlo, sino que la ansiedad por entenderlo y sacarle partido me desesperaba y hacia que, ante la tranquilidad de los otros, me pusiese nervioso e intranquilo. Luego, todo eran justificaciones y pataleos para llamar la atención. También, muchas veces te imaginabas situaciones idílicas o imaginarias que luego no eran así y te desilusionabas y entrabas en confusiones y desespero.

Sin embargo, todo pasaba en pocas horas y volvías a la realidad. Esas vivencias me han ayudado a aceptarme y a encajándolas he ido madurando y dándome cuenta que lo importante son otras cosas y no el objeto en sí. En eso, he tenido la suerte de tener unos hijos que me han enseñado mucho. Sinceramente creo, que, a parte de ellos, mi mujer, su madre, tiene mucha culpa en eso. Ella les ha transmitido con su desapego y entrega el justo valor de las cosas.
Mis hijos nunca han peleado por nada; nunca han pedido nada y siempre se han conformado de buen grado con lo que se les ha presentado; siempre han presentado una sonrisa o un gesto de conformidad con lo recibido; me han enseñado mucho con respecto a eso. Y hoy, en vísperas de este acontecimiento cultural quiero traer al primer plano mis vivencias y consejos, si puedo darlos, sobre ese valor didáctico del juguete.

Es una oportunidad inmejorable aprovechar estas circunstancias para dialogar y dar criterios sobre el valor de recibir lo que otros, en este caso tus propios padres, hayan elegidos, cargados de amor, para ti; los que otros, tus padres, hayan dedicado de su tiempo, de sus tareas y ratos de ocio para dedicarlos a pensar en ti y regalarte lo que creen que te va a gusta y a servirte de utilidad.

Es una oportunidad para aprender a ser agradecido; para darte cuenta que no tienes derecho a recibir nada; para darte cuenta que tienes la vida regalada y el cuidarte y acompañarte a crecer y educarte es ya bastante regalo; para mirar a tu alrededor y observar que hay muchos niños como tú que no tienen ni que comer, y que su mayor regalo sería poder comer caliente ese día.

Es una oportunidad para aprender a compartir, a poner lo tuyo junto al otro y lo del otro junto a lo tuyo; es una oportunidad para aprender a escuchar la alegría y el entusiasmo del otro y a ofrecer la tuya; es un oportunidad para ser agradecido y para agradecer todo lo que tienes y todo lo que te dan.

Son momentos de aprender a aceptar lo que no han podido darte y empezar a comprender que los juguetes son un medio no un fin para servirnos de entretenimiento y ayudarnos a desarrollar nuestra cualidades y habilidades. Son momentos de compartir el sacrificio y la buena voluntad de saberte rodeado por unos padres que piensan y se afanan en darte todo lo mejor que tienen a su alcance; son momentos de comprender que tus derechos tienen unos deberes y como tal tienes y debes corresponder.

Son momentos educativos que debemos contemplar y esforzarnos en regalar a nuestros hijos. Ese sería el mejor regalo, que les ayudemos a hacerse personas agradecidas, generosas, solidarias, dialogantes, pacientes, respetuosas, conformes con lo que reciben, dispuestas a compartir, incluyente, no exlcuyentes, y abiertas a la renuncia de aquello que no está a nuestro alcance o no nos conviene.

El juguete, aparte de tener un componente de riesgo, tiene, de mucha más importancia, un valor didáctico que nos sirve de gran valor para educar a nuestros hijos. Que en estas Navidades sepamos aprovechar esta oportunidad para aprender a compartir y aceptar todo lo que nuestros padres nos regalen con su esfuerzo y trabajo. Y, sobre todo, que pensemos que el Niño DIOS quizo nacer en el silencio, la sencillez y pobreza, eso sí, medios necesarios para llegar a encuentro donde se esconde el verdadero tesoro: la felicidad.

¡Feliz Navidad!

2 comentarios:

  1. Hola Salvador, primero que nada, mil gracias por tomar en cuenta mis comentarios.
    Segundo, me encantó tu post!!
    En esta era de mercadotecnia, de utilitarismo, a los padres se les olvida lo que mencionas, que los juguetes son un medio y no un fin.
    Me gustó mucho tus palabras sobre que podamos aprovechar hasta algo tan sencillo como un juguete para educar.
    Saludos y feliz navidad. Hilda

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  2. Hacer un regalo cuesta. Cuesta buscar lo apropiado, lo útil y lo que necesita la persona destinada a recibirlo. En el caso de nuestros hijos, no sólo cuesta buscar eso, sino que debemos interesarnos para que también ayude a educarlo.
    Un abrazo.

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