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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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lunes, 22 de septiembre de 2008

Vivencia en los Dolores




Nuestra Señora de los Dolores



Al final decidí ir a la peregrinación de los Dolores. No lo hice junto con todos, sino que fui directamente desde la Caleta, pues llegarme hasta Arrecife para tomar la guagua y luego volver allí me pareció algo no lógico. Pero viví lo fundamental de la romería, estar con todos en presencia del SEÑOR.

Y tuvo una gran significación para mí, pues el partir me costó por mi repudio a estos actos comunitarios que encierran, posiblemente, inmadurez y egoísmos que me hacen sentirme desplazado e ignorado inmersos en ellos. Son momentos que exigen esfuerzo y fe en dejarme purificar y conducir.

Sin embargo, lo importante era que estaba allí. Llegué con bastante tiempo de antelación a la peregrinación. No me decidí sentarme en la ermita, quizás por algo de timidez o indecisión infantil motivada por estar oportuno a que me vieran y me eligieran para alguna lectura. Por eso digo que pudiera haber, en lo más profundo, alguna de estas motivaciones.

De cualquier forma, es una posibilidad, que haciendo un acto de sincera humildad no descarto que pudiera ser, más sólo queda ahí como un pensamiento más de los que no puedo dominar y, así como me vienen involuntariamente, los rechazos voluntariamente. Y pido al SEÑOR que me purifique y limpie de todos estos pensamientos impuros y vanidosos.

Doy gracias al SEÑOR porque, por su gracia, me mantuve firme, sin oír nada, a las afuera de la ermita. Me esforcé en estar atento y apercibirme del seguimiento de la Santa Misa por los gestos del celebrante, el padre Miguel, que con ellos me iba indicando las partes de la Eucaristía.

Sentí un enorme deseo de abandonar y regresar mal humorado a casa. Pero resistí esa mala tentación del Maligno y permanecí fiel y firme junto a los demás. Recordé aquellas palabras del SEÑOR: los que quieren ser los primeros, que sean los últimos. Esa sentencia del SEÑOR me infundió paz, esperanza, humildad y fortaleza para permanecer e ir fortaleciéndome cada vez más en la medida que avanzaba la Eucaristía.

Empecé a sentirme invadido de serenidad, paz y humildad. Me di cuenta que estaba no sólo presente, sino que estaba realmente sintiendo la presencia del SEÑOR en medio de todos nosotros. Aguanté, ya con gozo, y participé en una Eucaristía gozosa y de las mejores, cerca, de forma consciente, del SEÑOR. Finalmente pude entrar, a la hora de comulgar, y finalice la Eucaristía junto a todos los demás. Tuve incluso tiempo de encontrarme con mi amigo Armando y le recordé lo del cursillo. También pude saludar al párroco y intercambiar saludos, incluso con el párroco de la ermita.

Fue finalmente un grato momento que creo hacen más unión y acercan más a los feligreses. Se toma conciencia de nuestro ser comunitario y ofrece oportunidad de fijar criterios y hacer labor de pasillo. Es conveniente meditar más en estos tipos de encuentro y de relación que fomenten parroquia y comunidad entre los diferentes grupos de una comunidad parroquial.



2 comentarios:

  1. Apreciado en Cristo Salvador,

    Por mi actividad (soy médico), estpy muy cerca del dolor, y realmente lejos de lo que muchos piensan, los momentos de dolor para muchos son los más importantes de su vida, cuando son aceptados en Cristo.

    Gracias por incluir el botón de nuestro godcast, es un honor.

    Dios te bendiga a ti y a tu familia.

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  2. Ese es el secreto, Jorge, la felicidad se esconde detrás de la Cruz aceptada en el SEÑOR.

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