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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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domingo, 30 de marzo de 2008

La convivencia del 30 de marzo


Poco a poco, como de costumbre, nos fuimos congregando los que acudimos a reunirnos en torno a ÉL. Podemos atrevernos a decir que estábamos los de siempre y alguno más que por obra y gracia del SEÑOR se van agregando por otros que faltan. De cualquier forma, estábamos los que quisimos estar y responder a la llamada de congregarnos en torno al SEÑOR. Porque una convivencia es es eso: reunirnos en torno al SEÑOR con los hermanos para compartir mesa, mantel y deseos de confraternidad y amor. El SEÑOR nos convoca para que tengamos la oportunidad de amarnos en el respeto mutuo, en la solidaridad, en el cariño, la palmadita en la mano, la escucha y el consuelo, la comprensión y la esperanza. Y eso se nota, porque sabemos que el ESPÍRITU está sobre nosotros y, a poco que nos dejemos llevar, sentimos su fuerza que nos ánima y nos une.

Era el segundo domingo de Pascua y se había sugerido hablar de conversión. El tema era apropiado, porque el momento litúrgico lo demandaba. Iniciamos el camino de resurrección en el esfuerzo de abrirnos y convertirnos un poco más a la acción de ESPÍRITU que esperamos venga sobre nosotros. Y ya reunidos los que estábamos, aproximadamente, a las once y media empezamos la tarea de compartir y celebrar un día más nuestra convivencia de marzo.

Se habló del termino conversión desde el punto de vista del significado de la palabra. Convertirse es caminar de un lugar a otro, es decir, mudarse, transformarse. Oportuno la reciente conversión de un musulmán en estos días aún a riesgo de su vida. Somos cristianos de fe, se dijo, por tradición apostólica, pero esa fe heredada la tenemos que personalizar en un encuentro personal con JESÚS, y esa es la clave: el encuentro.

Según haya sido nuestro personal encuentro con JESÚS, será nuestra progresiva conversión, porque el encuentro nunca termina sino que avanza y crece cada día más. Un encuentro que se pare o termine deja de ser encuentro para ser historia pasada de un encuentro. Un encuentro nace y crece hasta desarrollarse trascendentalmente. Nunca encuentra su fin porque siempre está en crecimiento. Crecimiento que me lleva a experimentar y vivir en mi vida la resurrección de CRISTO y la esperanza de resucitar en ÉL, por ÉL y con ÉL. Puedo entonces preguntarme, ¿que pasa en mi interior? ¿Soy consciente y experimento en mi un cambio que me transforma progresivamente de un hombre viejo al hombre nuevo que nació en el bautismo? ¿O por el contrario experimento en mí una dejación, una rutina, una horinzotalidad que me alinea y me acomoda? ¿En donde me encuentro? Porque donde hay encuentro, hay trascendencia porque se superaron las propias fronteras. Donde hay trascendencia hay Pascua y amor. Donde hay amor, hay madurez, que no es otro cosa sino una participación en la plenitud de DIOS, en quien no existe soledad.

Un cambio no es seguir más o menos igual. Un cambio es una revolución total y sistemática, es decir, poco a poco, pero con paso firme y convencido. Podemos expresarlo en el Salmo 51(50), 12-14:

"Oh DIOS, crea en mí un corazón puro

renuévame por dentro con espíritu firme
no me arrojes lejos de tu rostro

no me quites tu Santo ESPÍRITU.

Devuelme la Gloria de tu salvación

afiánzame con espíritu generoso

Un cambio supone volver la casa al revés. Supone abrir las ventanas, correr las cortinas, cambiar de muebles, trastocar los horarios, cambiar de actitudes, de programas, de valores, superar los miedos, en resumen vivir de otra forma al estilo de CRISTO.

Un cambio es no atesorar en la tierra, donde la polilla y el orín corroen, y donde los ladrones socavan y roban. Atesoren, más bien en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corroen, ni los ladrones socavan ni roban; "porque donde está tu tesoro, allí también está tu corazón" Mt 6, 19-21.

DIOS jamás mirará nuestras acciones cuando son mecánicas y sin corazón sincero.

Por nuestro compromiso de Bautismo y confirmación estamos llamados a la Santidad. El bautismos y la Confirmación nos consagran (consagraciones comunes) para ser santos. Esa es nuestra primera vocación, la segunda será el estado (gracia de estado) donde el SEÑOR nos ha puesto: familia u orden sacerdotal.

Estamos, pues, llamados a seguir a JESUCRISTO. Y, posiblemente, nos falte conciencia de estar vocacionados.

El SEÑOR nos pone retos y en esos retos nos hace crecer si le respondemos y lo aceptamos: "no vale decir, yo no estoy preparado para eso. ÉL te dará la Gracia de estado que necesitas para realizarlo. No nos va a pedir más que lo que nos ha dado.

Si no se tiene claro que la llamada a la Santidad es Cristificarnos, estamos yendonos por otro camino, o quedándonos acomodados: un cristianismo horizontal: ser generoso, buena persona, principios morales o éticos...sin una mística y mirada al SEÑOR no podemos dar los frutos que derivan del amor. Necesito estar injertado en CRISTO para caminar hacia la santidad a la que estoy llamado: "ser perfectos como mi PADRE es perfecto".

El joven rico (Mt 19,16+) era un hombre bueno, pero no estaba unido al SEÑOR. Podemos quedarnos en buenas personas, y reducir nuestro cristianismo a un predicación de mínimos: unas horitas de catequesis, la misa diaria o dominical, alguna que otra reunión y a confundirme en la gran masa social de igual forma que los demás. De tal forma que, nadie se da cuenta ni que somos seguidores de JESÚS, AQUEL que dio la vida por todos. No somos fermentos, es más quizás contribuimos más a ser desfermentos. Nos quedamos como si el cristianismo fuera una declaración de derechos humanos como la O.N.U.

¡Y es que necesitamos la masa cristiana para fermentar! ¿Y donde está la masa? Sin ninguna duda: La comunidad. La Palabra de DIOS nos dice en Hechos 2, 42-43: escuchaban la Palabra de DIOS; permanecían unidos; celebraban la Eucaristía(fracción del pan) y hacían oración.

El diablo trata de confundirnos: no quiero con no puedo. Está al acecho, para aprovechando nuestra debilidad carnal tratar de que bajemos la bandera y nos aferremos al no puedo. Es lo lógico y normal: somos débiles y lo normal es que fallemos. Nuestro PADRE DIOS sabe de que materia hemos sido hecho: barro. ÉL nos ha creados y sabe de nuestros desatinos y pecados, pero nos perdona, y ese es nuestro misterio: no entendemos el amor que DIOS nos tiene. ¡Estamos perdonados y llamados a ser santos. Y la Santidad es saber y decir: no puedo SEÑOR, pero quiero SEÑOR porque CONTIGO puedo. Y yo lo creo.

CRISTO y yo mayoría aplastante. Pablo nos dice: "todo lo puedo en AQUEL que me conforta"

Mírate sólo con los ojos de DIOS. No te mires con tus ojos, ni con otros

No tengas miedo en decir:

no puedo con esta piedad...

no puedo con esta hermana/o...

no puedo con este apóstolado...

no puedo con esta Ultreya...

no puedo con mis sentimientos...

no puedo con mis responsabilidades...

no puedo con mis catequesis...

no puedo con mi grupo...

no puedo con mi trabajo...

no puedo con mi familia...

no puedo con mi oración, PERO QUIERO SEÑOR,


Y CONTIGO PUEDO,


SEÑOR, porque TÚ me lo has prometido, y yo creo en TI.

Occidente ha sido más de vida ascética: ejercita más nuestras virtudes, nuestras actitudes y disposición. Eres tú quien conduces y caminas en el SEÑOR.

Oriente, por el contrario, ha sido más místico: ejercita más nuestros dones espirituales: quien conduce es el SEÑOR. Hay un abandono más espiritual a dejarse conducir en el SEÑOR.

La Mística es una vocación común de todos los cristianos y necesitamos tanto la ascética como la mística. Ahí se encierra el misterio de nuestra libertad. Hay que caminar y rezar al mismo tiempo. Hay que ponerse manos a la obra (por algo se nos ha dado unos talentos) y también ponerse en MANOS del que sin ÉL nada podemos. Ascética y mística son ingredientes fundamentales y básicos del componente cristiano. CRISTO, nuestro SEÑOR así nos lo enseñó.

El crecimiento en la unión con CRISTO es conversión. Si no experimento increscendo esa unión con CRISTO; si no experimento que aumenta mi deseo y mi compromiso, algo pasa en mi:


no quiero escuchar

no quiero oír

me molesta todo esto

no quiero complicarme

esto es un infierno

no se puede

la reunión, o la Ultreya o la comunidad es un tostón.

LA CONVERSIÓN ES UN CAMBIO DE CRUZ

CONVERSIÓN no es oír lo que quiero y hacer lo que puedo sin llegar a comprometerme, sino encontrar el camino hacia CRISTO y ese es un camino de Cruz.

SIN CRUZ NO HAY SANTIDAD

SIN CRUZ NO HAY GLORIA

NO HAY SANTIDAD SIN RENUNCIA Y SIN COMBATE ESPIRITUAL

El que asciende no termina nunca de subir, y va paso a paso. ser cristiano y estar en actitud de conversión es no cansarse nunca y estar siempre subiendo (mi carácter, mis miedos, mis faltas de paciencia, mi aburrimiento, mis aficiones, mis diversiones, mis egoísmos, mis comodidades, mis seguridades, mi bienestar, mi renovación, mi empezar de nuevo, mi actualización...) es quedarme despojado de todo para vivir como CRISTO (Cristificarnos). Una tarea inacabable y que no puedo hacer yo solo, sino con CRISTO en mí, por eso necesito la Mística (unión con DIOS) y la Eucaristía.

Forma parte de mi cruz el sentirme que estoy siempre partiendo de cero, que siempre estoy comenzando, que nunca avanzo lo que quiero, al contrario, parece que estoy retrocediendo. No importa sigue adelante.

JAMÁS EL QUE ASCIENDE NUNCA DEJA DE DESEAR LO QUE YA TIENE.

Por último se hablo de que nuestras Eucaristías sean encuentros con el SEÑOR que nos provoquen un espíritu de constante conversión progresiva.

¡Alabado y glorificado sea el SEÑOR!







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